Revista Cubana de Filosofía. Edición Digital
No. 1. Septiembre - Diciembre 2004. ISSN: 1817-0137


 
 

Artículos

Título: El método de Marx en las redes de la racionalidad moderna
Autor(es): Luis J. Suárez
Fecha de publicación: 15 de Septiembre de 2004

(Mención en el concurso de ensayos de la Revista Temas,  2003)

Atrapado en las redes de la racionalidad moderna ha permanecido el método dialéctico de Marx a lo largo de casi siglo y medio; durante los 136 años que han transcurrido después que en 1867 viera la luz el primer tomo de El Capital. Esa es la respuesta general a uno de los acertijos más persistentes que haya conocido la historia de las ciencias: el acertijo de la inversión materialista que tuvo lugar con la Ciencia de la Lógica de G. F. Hegel en la obra cumbre de Marx, y por el cual Lenin formuló la conocida sentencia:

"Es completamente imposible entender El Capital de Marx, y en especial su primer capítulo, sin haber estudiado a fondo toda la Lógica de Hegel ¡¡ Por consiguiente, a lo largo de medio siglo ninguno de los marxistas entendió a Marx ¡¡". [1]

En lo que concierne a la comprensión del método lógico-dialéctico del materialismo filosófico, la conclusión de Lenin sigue siendo certera y vigente hasta el día de hoy; afirmación que no debe herir susceptibilidades. La cuestión sobre cuya reflexión convoco nuevamente [2] rebasa con creces los límites de nuestras subjetividades individuales, de la erudición y el talento demostrados, del prestigio académico justamente ganado y reconocido. Se trata de un tema lo suficientemente complejo como para haberse apagado, a merced del tiempo, en el interés de la comunidad científica, entre la incredulidad acerca de su real problematicidad y la extraña mezcla de complacencia dubitativa con el tratamiento recibido cuando era un motivo privilegiado del desvelo indagatorio por parte de filósofos, científicos sociales, naturales y matemáticos, ingenieros, educadores y dirigentes políticos. Es, por demás, como siempre se dijo, una tarea digna del mejor organizado esfuerzo transdisciplinar.

Baste recordar que las academias soviética y de otros países socialistas dedicaron aproximadamente 80 años a la tarea de dilucidar la Lógica de El Capital, descifrar el significado de la "Dialéctica" que Marx anunció escribir en "dos o tres pliegos de imprenta" sin que llegara a hacerlo, construir la "Teoría general de la dialéctica materialista" que Lenin augurara en sus apuntes de los Cuadernos Filosóficos denominándola "Lógica’ con mayúscula" [3] , y al cabo de tan extenso e intenso período de investigación no fraguaron estos objetivos, al menos con el carácter convincente y funcional que debían.

No obstante los acercamientos a la clave conceptual para desatar el nudo gordiano deparando una definición clara y consensual del problema, donde destaca la obra de E.V. Ilienkov [4] , los hilos imperceptibles de la red intangible tejida desde la modernidad en los estratos subliminales del pensamiento contuvieron el desenlace exitoso de aquella intelección.

En el área occidental de la reflexión marxista posclásica, George Lukacs se refirió a la lógica dialéctica en uno de sus proverbiales ensayos de Historia y conciencia de clase: "Así nace una lógica enteramente nueva "que es, a decir verdad, todavía muy problemática en el mismo Hegel y no ha sido seriamente elaborada después de él-, lógica del concepto concreto, lógica de la totalidad" [5] . Lukacs avanza una interpretación de la categoría hegeliana de "totalidad" partiendo de la concepción materialista de la historia de Marx que fue bien recibida después por gran parte de la intelectualidad marxista, pero no asumió el problema constatado de construir la "lógica de la totalidad". Posterior a él ninguno de los representantes del llamado marxismo occidental lo hizo; en esta vertiente la asunción de la dialéctica siempre desplazó, o renegó de su consideración como lógica.

Antonio Gramsci reaccionó al planteo de Lenin y a intentos ulteriores de los soviéticos desestimando la necesidad y la posibilidad de construir lo que denominó un "método tipo". Fue su única alusión a la problemática del método dialéctico en el marxismo.

Tampoco las figuras emblemáticas del marxismo occidental de la escuela de Frankfort "Theodor Adorno, Max Horkheimer, Herbert Marcuse, Hürgen Habermas- se detuvieron en este asunto desde el punto de vista de la lógica.  [6]

A los representantes de la filosofía postmoderna no les atrajo mucho la atención "en cuanto a que pudiese augurar alguna novedad intelectual- lo que les barruntara cualquiera de los motivos que alentaron la llamada razón moderna. La sola mención del recurso del método les evocaba la crítica de la "racionalidad instrumental" o de la "racionalidad teleológica", ya emprendida por la mencionada escuela; la aversión hacia los grandes relatos o "metarrelatos" que dan sentido progresivo a la historia legitimando proyectos socioculturales; la crítica de todo universalismo que trascienda lo plural y lo particular; el rechazo a las construcciones de contenido normativo; la crítica de las filosofías del sujeto y la autoconciencia; la renuncia al presupuesto de una razón fundamentadora que garantice sólidas bases para conocer, enjuiciar y transformar la realidad.

La arremetida contra las bases epistemológicas del discurso cartesiano sobre el método, particularmente acentuada por J.F. Liotard desde la primera mitad del siglo XX [7] , no pudo consumar el advenimiento de un espíritu de época realmente alternativo y nuevo, cuando ya Marx había desbrozado el camino. ¿Por qué?

La conformación de la racionalidad moderna, que entiende al sujeto cognoscente y transformador del entorno como entidad absoluta suprahistórica y plenipotenciaria en tanto poseedora del método universal, y al objeto como la inmaculada sustancialidad en sí que oculta su virginidad al conquistador, la sedimentación cultural de esta visión epistemológica, metodológica y axiológica del mundo y la praxis respondía y responde, a fin de cuentas, al posicionamiento económico, político y social específicos de la clase burguesa, signados por la necesidad objetiva dentro de la estructura socio clasista y la costumbre, el interés y el hábito, la altanera "cultura" de dominación  y distanciamiento respecto a "los otros". Y mientras no se barran del escenario sociocultural y no se desentierren las raíces nutricias de esta conducta, cualquier sacudida no impedirá que las flores del árbol del capital sigan reapareciendo en el enramado de su reproducción intelectual.

Decir que esa relación causal es definitoria "a fin de cuentas", "en última instancia", no es nada accidental u opcional, como no lo fue en el verbo de Marx. Desde la praxis clasista inmediata de la sociedad capitalista hasta su configuración categorial en el discurso teórico, se extiende un enmarañado e hirsuto camino por el que la reconstrucción categorial y conceptual del tejido social va experimentando "placentera y oportunista o anonadada y confundida- la rasgadura y desprendimiento de la lujosa vestimenta y su separación del cuerpo a cuyas medidas realmente se ajusta. Al final queda la desnudez ingenua y pura del espíritu en su plenitud, "que acaba en la ciencia del espíritu su liberación por sí mismo, y halla el supremo concepto de sí mismo en la ciencia lógica, como el puro concepto que se comprende a sí mismo." [8] O queda, en otra dirección del filosofar, la exhaustiva analítica del lenguaje y la comunicación.

Fue afín a la economía política del siglo XIX la gestación de una hermenéutica trascendental filosófica como la de Hegel que confirmaba la lectura del modo de producción burgués mediante códigos categoriales de perpetuidad histórica. Excelente para llover hoy sobre lo mojado y declarar con arrogancia "el fin de la historia", como lo hizo Francis Fukuyama. [9] Ofensivo para la reacción inaugurada por la llamada filosofía irracionalista de finales del siglo XIX - principios del XX y devenida la reseñada conciencia crítica posmoderna "al final vergonzante- contra la hegemonía centrista y monopólica de la razón o de la fe religiosa asentada en el monoteismo. Y tentador para la otra cara de la voluntad impugnadora "el marxismo concebido al este- pues descubrir, de entre el laberinto terminológico de la enigmática construcción hegeliana, con el auxilio de El Capital y la restante producción teórica clásica del marxismo, la panacea metodológica idónea que permitiera afianzar la hegemonía de la clase obrera con esa fuerza más, no era una posibilidad como para desestimar.

Al hechizo y encanto promisorios que en los planos epistemológico y metodológico provocaba la Ciencia de la Lógica de Hegel, se unía la necesidad de acelerar los ritmos de producción científico-técnica en aras del desarrollo, el mejoramiento de los estándares de vida de la población y la demostración de superioridad en la competencia con el sistema capitalista internacional. Se adicionaban los efectos uniformadores y esquematizantes que en todas las esferas de la vida sociocultural suscitaba el carácter excesivamente centralizado de la gestión económica y política. Y se fue sumando con el tiempo la oculta y apenas perceptible aspiración a sostener el poder en el nombre de los obreros, campesinos e intelectuales por parte de un gran grupo social, ya incapacitado "por la inercia de su modus vivendi y operandi- para comprender la necesidad de perfeccionar aun los mecanismos de la democracia socialista en virtud del permanente renuevo de los cuadros y realización del poder "de abajo a arriba", así como de ir cediendo en la práctica de usufructuar "no pocas veces indiscriminadamente- los bienes producidos por los trabajadores (buena parte de los cuales se convertiría en capital tras el derrumbe), permitiendo concretar la socialización inmediata de la propiedad socialista mediante su descentralización.

Tanto más provocadora podría ser la perspectiva de un esquema de pensamiento creador panaceico, si su uso por esa élite burocrática permitiese indefinidamente indicar los ruteros del desarrollo sin la incorporación autoral, subjetual de los trabajadores manuales e intelectuales, de la población en general, que quedaban progresivamente reducidos a la condición de actores, ejecutores pasivos de las disposiciones enviadas desde el pedestal político y administrativo de aquella sociedad.

También en esta variante "subrayo- se trataba de un proceso imperceptible e inadvertido de gradual transmutación de la conciencia, partiendo de los predios de un posicionamiento social diferenciado y privilegiado, hacia la percepción ideológica, teórica y metodológica de la realidad.

Bien por aceptación acrítica de los cánones oficiales, bien por su evasión hacia un lenguaje no comprometedor para no exponer públicamente posturas enjuiciadoras desde los tiempos de la rigurosa censura staliniana, o bien, simplemente, por convicción científica, se impuso y divulgó más en aquel contexto académico una versión instrumental positivista de la dialéctica materialista que persistía en la dicotomía gnoseológica señalada sin rebasarla, producto de lo cual no llegó a ser consecuentemente dialéctica. En definitivas, con otro matiz histórico, se confirmaba la tesis de Marx:

"La concepción materialista de que los hombres son producto de las circunstancias y la educación, y de que, por tanto, los hombres modificados son producto de circunstancias distintas y de la educación modificada, olvida que son los hombres, precisamente, los que hacen que cambien las circunstancias y que el propio educador necesita ser educado. Conduce, pues, forzosamente, a la división de la sociedad en dos partes, una de las cuales está por encima de la sociedad (así, por ej., en Robert Owen).

La coincidencia de la modificación de las circunstancias y de la actividad humana sólo puede concebirse y entenderse racionalmente como práctica revolucionaria.". [10]

La impronta de este acervo marxiano en el método dialéctico de El Capital no fue advertida y consecuentemente la noción del método desprovista de su naturaleza clasista intrínseca (no endosada, no adicionada) consustancial, histórico-concreta y revolucionaria. Lo que el Prometeo de Tréveris anunciara por intermedio de su construcción teórico-metodológica (vocero del ineluctable colapso histórico del oficio y la misión prometeicos): la epopeya revolucionaria del reencuentro consciente y práctico de los seres humanos consigo, con su esencia social en cuanto tributantes y tributarios inmediatos de sí y los otros, fue parcialmente interpretado en la óptica del materialismo histórico y no cual derivación -consustancial a este materialismo- de la lógica dialéctica, que a su vez quedó entendida a la manera de procedimiento para yuxtaponer a cualquier discurso científico, expresión de la concluyente consecución y materialización del ideal moderno del discurso sobre el método.

Así la gran mayoría de los filósofos soviéticos, trabajando para un sujeto epistemológico abstracto, perdieron al objeto esencialmente identitario del designio heurístico que corresponde al método dialéctico materialista, lo que equivale a decir, perdieron la noción, o para ser más exactos, no la encontraron, sobre el verdadero sujeto básicamente gestor y destinatario de este método sui generis: la clase trabajadora asalariada, quien por su vía se reconocería en el estudio y negación activa del carácter enajenado de su propia existencia social convertida en capital; o aún extrañada, representada, delegada en las instituciones estatales y códigos generales de pensamiento y actuación durante el tránsito emancipatorio al comunismo.

El marxismo occidental de la escuela de Frankfort, al elaborar la teoría crítica de la sociedad capitalista "partió de la falta de unidad (identidad) de sujeto y objeto; ya que de concordar, la razón se convierte en instrumento de una realidad ‘irracional’, deformada y mercantilizada, puesto que con el orden existente el pensamiento se pragmatiza…" [11] , pero  en consonancia con su postura negativista y nihilista perdió al sujeto desde cuyo posicionamiento clasista era solo posible la negación (autonegación) teórico-dialéctica auténtica del capitalismo, de lo que derivó que igualmente quedara en un plano abstracto, extrínseco, de  la reflexión dialéctica.

De Hegel a Marx se fractura y desplaza el tipo de racionalidad asentada y enclaustrada en la dicotomía de sujeto y objeto externos. Hegel identificó el planteamiento teórico de esta dicotomía en lo que denominó "reflexión exterior" [12] , y mucho antes de que apareciera toda la producción epistemológica y metodológica actual que se ubica dentro de la denominada "racionalidad no clásica" [13] , señalaba él sobre su método:

"El punto de vista esencial es que se trata sobre todo de un concepto nuevo del procedimiento científico. La filosofía, si tiene que ser ciencia, no puede (…) tomar en préstamo para este fin sus métodos de otra ciencia (…), como sería la matemática; ni puede tampoco contentarse con las aserciones categóricas de la intuición interior, ni puede servirse del razonamiento fundado sobre la reflexión exterior. Solamente la naturaleza del contenido puede ser la que se mueve en el conocimiento científico, puesto que es al mismo tiempo la propia reflexión del contenido la que funda y crea su propia determinación" [14]

Al precisar que la filosofía no puede "contentarse con las aserciones categóricas de la intuición interior", Hegel insinúa el concepto de "intuición intelectual" que aparece en la filosofía de la identidad de F. Shelling para caracterizar la supuesta instancia del pensamiento en que se percibe o contempla la identidad absoluta, la totalidad de todos los fenómenos materiales y espirituales de la realidad. Y cuando agrega: "ni puede servirse del razonamiento fundado sobre la reflexión exterior" tiene en cuenta los sistemas filosóficos de la modernidad que le precedieron, incluyendo a I. Kant y a F. Fichte, y que intentaron reproducir en su discurso metódico la "reflexión exterior" inherente a la cognición científica convencional y sus métodos (que distancia de forma radical al objeto del sujeto como entidades recíprocamente externas desde el punto de vista de sus esencialidades).

Su rechazo a la "intuición intelectual" obedece a la concepción de que el tratamiento filosófico-metodológico del nexo sujeto-objeto debe sustentarse por principio en el razonamiento lógico y no en la intuición o la fe, que no son proyecciones demostrativas del conocimiento. Y para el caso "que especialmente interesa en este análisis- de fundar el método en la perspectiva de la "reflexión exterior", el rechazo se apoya en la concepción de que el procedimiento metódico propiamente filosófico supone necesariamente a un sujeto que es, esencial y sustancialmente, el objeto, o viceversa. Consiste en un conocimiento-construcción del objeto idéntico como proceso al autoconocimiento-autoconstrucción del sujeto: "es la propia reflexión del contenido la que funda y crea su propia determinación". El movimiento y desarrollo del contenido y los actos de su aprehensión y transformación a través del método constituyen un mismo movimiento y acto único.

Si al comienzo de la Fenomenología del Espíritu y de la Ciencia de la Lógica los factores objetivo y subjetivo ( el "ser" y la "esencia"; la "lógica objetiva" y la "lógica subjetiva" ) parecen fijaciones categoriales extrínsecas, dicotómicamente contrapuestas, al final de ambos tratados secuenciales Hegel plantea el carácter autorreferencial, autocognoscente y autotransformador del proceso cognoscente y transformador protagonizado por una mística "Idea" en su relación con el mundo supuestamente exterior, hasta que ella toma conciencia de ser sujeto y sustancia simultáneamente. Se revela que "…la desigualdad del yo con respecto a su objeto, es también la desigualdad de la sustancia con respecto a sí misma. Lo que parece acaecer fuera de ella y ser una actividad dirigida en contra suya es su propia acción, y ella muestra ser esencialmente sujeto." [15]

Con la extensión del estudio sobre la cognición humana en sí al dominio de lo a priori para convertir en método sus resultados, Enmanuel Kant, por un lado, resuelve la contradicción de la teoría del conocimiento que le antecedió, la cual reducía el estudio de las condiciones de posibilidad del conocimiento al ámbito de lo psíquico, y por otro lado agota las probabilidades y argumentos de la pretensión -en la historia de la filosofía- a una esquemática metódica trascendental que margine el contenido del pensamiento, comparada sarcásticamente por Hegel con la intención de "enseñar a nadar fuera del agua".

En la filosofía hegeliana ya estaba contenida de cierta manera la esencia del paradigma no clásico de racionalidad emergente desde la segunda mitad del siglo XX que en general apunta al doble carácter constructivo-autoconstructivo de las actividades gnoseológica, comunicativa o axiológica. Se puede comprobar esto si comparamos tan sólo las ideas anteriormente citadas de la Lógica y la Fenomenología con formulaciones básicas de la "epistemología de la complejidad" desarrollada a partir de Edgar Morín, el "constructivismo radical" de Heinz von Foerster, el "principio de indecibilidad" de Gödel, el de "indexicalidad" de Garfinkel, la teoría de sistemas autopoiéticos que inauguran Maturana y Varela y se extiende por otros autores al análisis de la cognición y la comunicación humanas, véase el caso de la "autopoiesis indexical" que plantea Fernando Robles [16] , y se podrían mencionar muchas otras propuestas dentro del amplio espectro que en los últimos tiempos ha sido identificado como "Epistemología de las Ciencias Sociales" [17] .  

Sobre Foerster señala el doctor Carlos Delgado: "Independientemente de la valoración final que reciba el constructivismo radical, es indudable su contribución al análisis epistemológico de los límites culturales del saber y la objetividad científicos, a la reconsideración del papel de la subjetividad y los valores en el concepto de objetividad científica compleja, entendida como cierta objetividad subjetivada" [18]

Claro está, que el carácter idealista de la propuesta de nueva racionalidad teórico-metodológica elaborada por Hegel la despoja casi totalmente de su virtual novedad paradigmátima, dejándola encerrada en los marcos trazados por el discurso sobre el método de R. Descartes, habida cuenta que la Idea absoluta, sumun fundante y autoconstitutivo de la totalidad material y espiritual, transita históricamente por la naturaleza y por la actividad cognitiva, valorativa y comunicativa de los seres humanos utilizándolos "no a sabiendas de ello pero complacida- para arribar al concepto sobre sí, al concepto sobre sus dominios epistemológicos y prácticos puros donde se encuentra en definitivas colocada a priori, por encima y más allá del devenir de la historia natural y humana, en calidad de su Demiurgo.

No escapó Hegel a la percepción teleológica del decursar histórico con que se refleja a sí la modernidad europea, creída de ser inspirada y misionada por la providencia divina. Pero la inversión materialista emprendida por Marx sobre esta hermenéutica epocal mistificada, debía deparar el advenimiento de una verdadera, raigal y consecuente racionalidad posmoderna. Ello no ocurrió. ¿Qué sucedió con la continuidad de su pensamiento al cabo de media centuria de sus descubrimientos?

Lenin, pese a que estudió en profundidad toda la obra hegeliana y casi toda la marxista, tampoco alcanzó a percatarse de algo definitorio en la inversión materialista de la dialéctica de Hegel: la conservación de la racionalidad autorreferencial del sujeto, que mantuvo Marx en el fundamento "por mediación esta vez de una concepción materialista de la historia- de su crítica a la enajenación del trabajo en el capital, del trabajo vivo en el trabajo pretérito, o, expresado en los términos de la Ciencia de la Lógica, "del sujeto en la sustancia". Crítica teórica construida desde las posiciones del auténtico sujeto epistemológico y práctico-político emergente que desplazaría al sujeto-capital para que su actividad, otrora dirigida en contra suyo, mostrara ser su propia acción, esta vez a su favor, tratándose de la identidad conquistada entre el trabajo, sus productos y las relaciones sociales de su intercambio. Marx sólo representó dicho sujeto autorando El Capital cual catalizador de su conciencia teórica de clase.

Quizás de haber topado con los Manuscritos económicos y filosóficos de 1844 Lenin hubiese culminado su comprensión del concepto marxista del método, pero esto es sólo una especulación considerando que dicha obra fue bien conocida por los especialistas que lo continuaron en la URSS.

En la década del 60 los filósofos franceses Jacques Ranciere y Etienne Balibar hacen interesantes análisis de El Capital e intuyen la presencia en su método de la racionalidad alternativa apuntada, sin embargo, al final la consideran una reminiscencia idealista del joven Marx de los Manuscritos en la obra madura. Sus prejuicios positivistas y estructuralistas les interfirieron la cabal comprensión. Tiempos atrás George Lukacs en los ensayos arriba mencionados sugirió la idea del proletariado como sujeto-objeto idéntico: "La unidad de la teoría y la praxis "planteaba- no es más que la otra cara de la situación social e histórica del proletariado, desde el punto de vista del proletariado, el conocimiento de sí mismo y el conocimiento de la totalidad coinciden; el proletariado es al mismo tiempo sujeto y objeto de su propio conocimiento" [19] , pero esta idea no tuvo resonancia ni recepción ulterior, ni desarrollo por él mismo desde el ángulo de la lógica.

En los Manuscritos de 1844 de Marx, llama la atención un breve fragmento de la interpretación materialista "presentada como constatación de los aspectos positivos- de la Ciencia de la Lógica hegeliana:

"La supresión como movimiento objetivo de retrotraer la alienación dentro de sí misma. Esta es la visión interior, expresada sin la enajenación, en relación con la apropiación de la esencia objetiva a través de la eliminación de la enajenación; es la visión interior enajenada dentro de la objetivación real del hombre, dentro de la apropiación de su esencia objetiva a través del carácter enajenado del mundo objetivo, a través de la anulación del mundo objetivo en su modo de ser enajenado". [20]

Hay en esta cita una pista de inestimable valor para la comprensión del método dialéctico de El Capital: Marx está diciendo que en la Lógica de Hegel tiene lugar la adivinación idealista de lo que sobrevendría con la revolución comunista emprendida por el proletariado. Hegel adivina la desenajenación anulando ilusoriamente el carácter enajenado del mundo objetivo del trabajo; y solo "adivina" porque lo hace dentro de un discurso lógico que es una expresión más de la enajenación; entiéndase la lógica de la enajenación ideológica, o de la "falsa conciencia", depurada y sublimada al extremo. La supresión de la enajenación tiene lugar en el discurso hegeliano de forma idealista, es decir, retrotrayendo la enajenación real dentro de sí misma. Por eso la apropiación por el hombre de su esencia objetiva, anulando prácticamente (de manera práctica) el carácter enajenado del mundo objetivo, queda en Hegel solo como "visión interior" de su discurso. El método dialéctico estaba, a lo Hegel, en contradicción con el sistema lógico de su exposición. En el caso de Marx la realización del método dialéctico, y por tanto la solución de la contradicción entre el hombre del trabajo y su esencia social objetivada como capital, se encuentra en contradicción con el sistema de la praxis social vigente. En contradicción, por ende, con su lógica, que es la lógica expresada en el discurso de la economía política burguesa y más abstractamente en la Ciencia de la Lógica. A través de la crítica de la primera Marx -representando la conciencia teórico-crítica del proletariado- estaba haciendo la crítica de la segunda.

En correspondencia con lo expresado, podemos afirmar que la lógica de El Capital consiste en la crítica por transición de la Lógica hegeliana y de toda virtual lógica que pretenda avanzar un sistema categorial dialéctico del pensamiento en sí, en general, abstraído del cuerpo vivo de los hombres que habrán de comprender y protagonizar su desenajenación, y con ella la de toda la humanidad. La postura de distanciamiento y  no comprometimiento epistemológicos con la perspectiva de ese sujeto autorreferente  muy específico, invalidaría la posibilidad de reconstruir la lógica de El Capital como movimiento categorial del pensamiento teórico de lo abstracto a lo concreto, que contemplara de forma tácita la dialéctica externa de lo subjetivo y lo objetivo observable, cual apariencia, en la historia de la cognición humana en general, y a la cual se redujo la "teoría del conocimiento" marxista más tarde diseñada en la URSS.

De la misma manera que Marx construye la crítica de la economía política mediante la demistificación de sus propias categorías (mercancía, trabajo, dinero, salario, renta, capital, etc.), poniendo de relieve la trama real y contradictoria de su corpus social que estaba oculta, así también la lógica que construye con su teoría va deconstruyendo tácitamente y demistificando el sistema categorial planteado por Hegel, con lo cual describe aproximadamente su mismo derrotero en cuanto a exposición de principios, categorías y leyes dialécticos. Por ello en la carta que escribiera a Engels el 14 de enero de 1858 aludió al "fondo racional del método que Hegel ha descubierto, pero que al propio tiempo ha mistificado", y diez años después, el 9 de mayo de 1868, le aclaraba a José Dietzguen: "cuando yo me libere de la carga económica escribiré la ‘Dialéctica’. Las verdaderas leyes de la dialéctica están ya en Hegel, claro, en forma mística. Es necesario liberarlas de esa forma…" [21]

Hay una gran similitud formal entre la concepción idealista y la materialista del método en cuestión, puesto que se trata de dos caras opuestas de una misma moneda. La "moneda" es el proceso histórico y contradictorio del desarrollo social en cuyo curso los hombres producen su propio ser, pero la propiedad privada sobre los medios de producción, sobre todo la capitalista, provoca que los individuos productores devengan enajenados de sí como enajenados de su ser social esencial, al ser privados de la apropiación de su trabajo. Esa contradicción objetiva se revierte en que el ser social, concientizado en las formas sociales de conciencia y representado en las instituciones, aparezca transfigurado en ideas así como en las entidades políticas, jurídicas o civiles que de forma ilusoria ofrecen la solución de los conflictos y desgarramientos de la vida material. Y aparezca representado en los objetos-mercancías. La apropiación o reconocimiento por los individuos de estas formas fetichizadas de su verdadero ser, supuestamente ha significado la verdadera autoapropiación o autorreconocimiento de éstos, en la identidad de su existencia individual con su esencia social.

Lenin percibió la marcada coincidencia, dada por la forma general de exposición, entre la lógica dialéctica materialista y la lógica dialéctica idealista. No es casual que Marx expresara en la carta del 1858 arriba citada: "En el método de elaboración de la cuestión, algo me ha prestado un gran servicio: by mere accident (por pura casualidad) había ojeado de nuevo la Lógica de Hegel…" [22]

Pero Lenin no evadió totalmente la trampa tendida por la modernidad, ocultada y camuflajeada con el sólido andamiaje del esoterismo lógico-ideológico hegeliano, cuando apuntaba que "la dialéctica de Hegel es una generalización de la historia del pensamiento. Seguir este trabajo en forma más concreta y con mayor detalle en la historia de las diferentes ciencias parece ser una tarea extraordinariamente compensatoria. En la lógica la historia DEBE, en general, coincidir con las leyes del pensamiento". [23] El caso es que de lo anterior deduce: "Tal debe ser también el método de exposición (respective de estudio) de la dialéctica en general (puesto que en Marx la dialéctica de la sociedad burguesa es sólo un caso particular de dialéctica)". [24]

Mostró convencimiento en la idea de que la continuidad de las obras de Hegel y de Marx radicaba básicamente en la reconstrucción de un supuesto esquema dialéctico materialista del pensamiento en general, o esquema general del pensar dialéctico que pudiese funcionar para otros eventos particulares de dialéctica con independencia del caso específico de la crítica a la sociedad burguesa, de la crítica a la enajenación del trabajo.

Las tareas inmediatas para encaminar la toma del poder político y la intensa labor política posterior a la toma del poder lo obligaron a interrumpir el trabajo netamente teórico dirigido a la construcción de la "Lógica". Pero en el terreno práctico no abandonó jamás el propósito, de lo que dan fe los múltiples artículos redactados en este período y entre los que destaca especialmente "Otra vez sobre los sindicatos…", escrito en el año 1921.

Seis años después de haber realizado el meticuloso estudio de la obra de Hegel compilado en los Cuadernos filosóficos, emplea el término "lógica dialéctica" en el mencionado artículo:

"La lógica dialéctica exige (…) que para conocer realmente el objeto, es necesario abarcar, estudiar todos sus ángulos (…) Esto en primer lugar. En segundo, la lógica dialéctica exige tomar el objeto en su desarrollo (…) En tercero, toda la práctica humana debe entrar en la ‘definición’ completa del objeto, como criterio de veracidad y como determinante práctico del vínculo del objeto con aquello que es necesario al hombre. En cuarto, la lógica dialéctica enseña que no hay verdad abstracta, que la verdad es siempre concreta". [25]

Sin negar la valía y legitimidad de estas reflexiones leninianas sobre el método lógico-dialéctico, porque sus conclusiones seguramente deben tributar de forma subsumida a la reconstrucción de la lógica de Marx, si pensáramos que la cosmovisión dialéctico-materialista, o cultura del pensar dialéctico-materialista constituye la expresión general-abstracta del método marxista, es necesario reconocer que en ellas no se rebasaron los límites del tipo de asunción de la dialéctica que Hegel denominó "procedimiento extrínseco" [26] , aunque esta vez fundado en una posición filosófico-general materialista.

En el año 1922 el líder de la revolución de Octubre publica "Sobre el significado del materialismo militante", donde trasmite una serie de indicaciones a la comunidad científica del joven Estado socialista percibiendo quizás que no dispondría ya del tiempo necesario para el trabajo teórico. Este artículo trasluce diáfanamente la preocupación por no poder en lo personal finalizar con éxito la empresa iniciada, cumplir con el objetivo de demistificar explícitamente la lógica hegeliana. Así lanza la iniciativa de formar con los redactores y colaboradores de la revista Bajo la bandera del marxismo una especie de "sociedad de los amigos materialistas de la dialéctica hegeliana", los que deberían profundizar el conocimiento de la obra de Hegel. En su concepto esto posibilitaría encontrar allí respuestas a muchos de los problemas planteados por el desarrollo contemporáneo de las ciencias naturales enfrentando además con éxito los embates de las ideas burguesas. [27]

Confiaba en la posibilidad de que la lógica dialéctica tributase todo su potencial heurístico-metodológico a las diferentes esferas del conocimiento científico (donde el objeto, decíamos, permanece todo el tiempo en la conciencia cognitiva en tanto alteridad, otredad, exterioridad), con independencia de que también lo podría hacer en relación con los problemas surgidos en la praxis sociopolítica de la construcción del socialismo. Si la sólida cultura de pensamiento dialéctico, alcanzada gracias a sus estudios histórico-filosóficos, su saber general y su experiencia revolucionaria le habían permitido esclarecer las raíces gnoseológicas de una supuesta "crisis de la física" a finales del siglo XIX y principios del XX, así como enfrentar el revisionismo y el eclecticismo en virtud de orientar la actividad práctico-política por el camino más consecuente que demandaba la revolución obrero-campesina, es comprensible que abrigara la esperanza de una mayor eficacia de las acciones científicas y prácticas diversas para cuando el método de El Capital fuese revelado en calidad de "Lógica con mayúscula".

Los presupuestos racionales de esa Lógica concebidos por Lenin dentro del paradigma de una "dialéctica externa" de tipo materialista, fueron respetados en lo fundamental por toda la producción teórica de la academia socialista, respetándose por transición los presupuestos de la racionalidad moderna y su concepción metodológica, que también produjo discursos dialécticos antes de Hegel, e incluso de Kant, y hasta materialistas.

Esto es importante sacarlo a la luz definitivamente, porque la cierta (aunque no absoluta) esterilidad heurística a que fue condenado el método dialéctico materialista por este lapsus epistemológico sutil, condujo en buena medida a que otras destacadas figuras de la historiografía marxista no prestaran la debida atención al tema de la lógica en el método de Marx; abonó el criterio de la obsolescencia del método de El Capital y por tanto de su necesaria sustitución por otros recursos más novedosos de la actual epistemología en virtud de descifrar la nueva complejidad del capitalismo transnacional; condujo a que muchos economistas se adentraran en los múltiples detalles categoriales de la micro y la macroeconomía del modo capitalista de producción, extraviando, tras la descripción positiva de la nueva anatomía burguesa, la dimensión negativa, de crítica orgánica clasista inherente a El Capital; ocasionó que en nuestros programas docentes del pregrado y el postgrado universitarios de filosofía marxista se abandonara paulatinamente durante la década de los años 90 la enseñanza de la lógica categorial del método dialéctico materialista, en el esfuerzo también por renunciar a la división artificial de la teoría en el "diamat" y el "histmat"; hoy prácticamente ha hecho despedir de las editoriales "salvo en aislados capítulos de libros [28] - y de los eventos científicos el abordaje mismo de  la lógica y el método dialécticos de Hegel y de Marx; ha obstaculizado a las ciencias sociales para dar el paso adelante necesario respecto al amplio espectro de propuestas metodológicas, antes referidas, inspiradas en una racionalidad no clásica que no llega a concretarse consecuentemente como tal, no obstante  el inobjetable valor heurístico específico de tales metodologías.

El sistema de la Educación Superior cubana recién ha iniciado la cuarta etapa del perfeccionamiento continuo de sus planes y programas de estudio (Planes "D"), y se ha tomado la decisión de rescatar a la enseñanza de la filosofía el tema aquí abordado: el sistema de principios, categorías y leyes del método dialéctico de Marx, virtualmente desplazado de nuestras aulas cuando se procuraba insertar su contenido de forma parcelada en la explicación de otros temas, para integrar "como apunté- las preteridas "partes" de la filosofía marxista, pero sin alcanzarse los resultados didácticos y pedagógicos deseados. Ha sido particularmente un reclamo de los profesores universitarios que imparten la Economía Política del capitalismo, pues la práctica docente les ha demostrado la gran dificultad que genera esta carencia para enseñar y aprender el contenido de El Capital.

El riesgo de que también en este caso "se llueva sobre lo mojado" es obvio. Los únicos referentes didácticos con que se cuenta son los manuales y monografías otrora elaborados en la Unión Soviética, algunos textos de autores nacionales que en lo fundamental reproducen aquella matriz de pensamiento, y aisladas publicaciones electrónicas en internet que, o bien padecen el mismo mal, o tratando de vadearlo enrevesan excesivamente la materia sin atrapar la esencia del asunto, mostrando a la larga su concesión al tipo de racionalidad moderna.

Es vital, insisto, que nos despojemos del prejuicio y la aspiración a una lógica trascendental del pensamiento y comprender que la forma lógica general del método dialéctico de El Capital (y como tal del marxismo) por cuya vía la dialéctica de Hegel fue puesta "sobre sus pies", se debe concebir teniendo como referente de su despliegue categorial la lógica concreta de la enajenación del trabajo "en cuanto a descripción positiva del objeto- y la razón simultánea de su negación teórica y práctica "en cuanto a la actividad subjetiva revolucionaria contentiva.

"En la inteligencia y explicación positiva de lo que existe "decía Marx- , se abriga a la par la inteligencia de su negación, de su muerte forzosa". [29]

Se trata aquí de una concepción no formal del pensamiento y la lógica que reproduce las categorías de un contexto sui generis de la actividad humana histórica, aprehendido en su "totalidad", cuando se da la posibilidad real de que la solución a las contradicciones de la vida material disuelva y haga desaparecer, incluso de la vida cotidiana el espejismo de una existencia independiente del pensamiento y sus formas en relación a su contenido sustancial real: la praxis objetiva del intercambio social del trabajo.

El sistema dialéctico hegeliano reconstruyó la historia del pensamiento y la actividad práctica humanos hasta principios del siglo XIX, resumiéndola con gran precisión en un sistema de categorías filosóficas que, como bien indicara Lenin, expresan "regularidades de la naturaleza y del hombre" [30] ; habría que agregar que son al unísono "peldaños de identificación del hombre con su ser social esencial". Para Hegel se trataba de peldaños en la aproximación de una espiritualidad no humana a sí misma en el camino de su desenajenación. Y a través de semejante autoapropiación ilusoria trascendental también los seres humanos podrían apropiarse de sí, una vez que se adentraran en el estudio filosófico de este movimiento.

En efecto, históricamente los hombres se han apropiado de su condición esencial humana a través de la conciencia social de cada época. Las diferentes formas de la conciencia social aparecidas con la división de la sociedad en clases, han tributado a la solución del antagonismo entre individuo, grupo y sociedad, pretendiendo el estatus de conciencia genérica siendo en realidad conciencia clasista, y las filosofías, que según Hegel y Marx significaran la "quintaesencia espiritual de cada época", cumplieron la misión cultural de brindar la máxima expresión ideológica e ilusoria de la universalidad humana, de la identidad entre su diversidad individual o grupal y su unidad natural y social.

Pero las escuelas filosóficas en general, y particularmente las que antes de Marx revelaban la dialéctica de la naturaleza o la dialéctica del pensamiento reflexivo, no captaban el hecho de que sus representaciones, no obstante que objetivas por el contenido transindividual expresamente revelado, han estado presupuestas por la forma de relación práctica, dialécticamente contradictoria de los individuos con la totalidad social, y esta relación a la vez mediatizada por los objetos incorporados a la cultura material, así como por las estructuras de su percepción subjetiva: representaciones simbólicas, ideologías y conceptos (los conceptos de existencia o los de valor sobre la otredad material, y los conceptos de existencia o los de valor sobre la praxis intersubjetiva).

En el discurso lógico-dialéctico de Hegel fragua la reproducción más consecuente posible de la autoemancipación ideal inconsecuente de los hombres, o apropiación abstracta (por reducida a su ser mediático) del ser social esencial.

El lado positivo de la Ciencia de la Lógica: el devenir lógico de la historia natural y de la cultura espiritual enajenadas respecto al corpus de su identidad esencial o "idea absoluta", en el fondo reproduce la situación social del trabajo enajenado en el capital en tiempos cuando aún la aristocracia semifeudal era la tributaria privilegiada de las riquezas generadas por el trabajo. A través de su filtrado andamiaje categorial Hegel, sin proponérselo, refleja la situación histórica de aquella endeble burguesía en Alemania comprometida con el Estado prusiano. Esta posición social intermedia, vacilante y por ende conservadora, provoca que el lado negativo o crítico la Ciencia de la Lógica "el resultado concreto de la exposición lógica, o sea, el método dialéctico [31] - resuelva la contradicción y enajenación entre el sujeto productor y la sustancia producida dentro los predios del discurso lógico (y no en la historia real) a manera de "idea absoluta", concepto de sí de la idea absoluta , es decir, "verdad absoluta" (total identidad entre sujeto y objeto), y "espíritu absoluto" (total identidad de lo individual, lo particular y lo genérico).

Tal construcción lógico-ideológica representaba la revolución filosófica de la burguesía contra el Estado feudal, hermana ideológica mayor (aunque cronológicamente nacida después) de la revolución política que esta clase realizara en la Francia de 1789 bajo los estandartes de la libertad, la igualdad y la fraternidad.

Ninguna de estas dos revoluciones estaba capacitada para llevar hasta el final su vocación liberadora universal, toda vez que la propiedad privada solo pasaba de manos de la aristocracia feudal a la clase burguesa, y el tributo se convertía en capital. Con el desarrollo del modo capitalista de producción, la sustancia social del trabajo y sus productos quedaría enajenada a manera de "valor que crea valor", valor que "lanza al mundo crías vivientes, o al menos pone huevos de oro", [32] si recordamos la expresión con que ironiza Marx la percepción por la economía política burguesa de esta fetichización objetiva, ocurrida con el proceso de producción y reproducción ampliada de la vida social gracias a la explotación de la fuerza de trabajo asalariada.

El método hegeliano reprodujo de forma abstracto-teórica (en calidad de "falsa conciencia") dicho proceso trasmutado de autoapropiación humana a manera de apropiación de dinero y capital; o de individuación humana mediante la apropiación privada de la sustancia social del trabajo. Es posible interpretar la "Idea absoluta" como la consumación -en la representación lógica mistificada y conservadora- de la tendencia a la concentración del capital cada vez en menos manos, tendencia que en nuestro siglo continúa. La dialéctica de este movimiento histórico-social y su contradicción es lo más importante de lo que Hegel adivinó en la dialéctica de los conceptos, amén de haber adivinado, a decir de Lenin, "la dialéctica de las cosas" [33] .

La "hermana mayor" de la revolución política de 1789 estaba fecundada por el espíritu inicial libertario, romántico, iluminista y revolucionario de la naciente burguesía, y junto a la lógica positiva indicada portó también, en estado fetal, el método dialéctico de una nueva revolución más radical. La criatura venía invertida en el vientre del sistema lógico; no podía nacer de parto natural. Marx efectuó el corte epistemológico a la lógica idealista con su teoría crítica de la economía política burguesa.

Este parto, el más sufrido y aplazado, aún no ha concluido. Entre otras cuestiones las "pinzas" para cortar el cordón umbilical con la praxis y la racionalidad de la era capitalista no debieron entenderse "haciéndole el juego a dicha racionalidad- como un instrumento separado del cuerpo vivo de los virtuales sujetos revolucionarios: el método lógico dialéctico como aditamento aleatorio de la teoría construido previo a ella y factible de ser aplicado de forma supergeneral (que no es lo mismo que universal) e indistintamente, con independencia del campo específico de la indagación teórica y del condicionamiento social del sujeto, al estilo de aquella filosofía moderna o de la lógica formal.

En realidad después de Hegel, debió quedar exclusivamente para la lógica formal aristotélica con sus adiciones posteriores, más las variantes de lógica matemática, modal, temporal, borrosa, etc., y las analíticas del lenguaje y la comunicación, ocuparse de las innegables posibilidades heurísticas que aporta el estudio y ordenamiento de las estructuras formales abstractas del pensamiento. Convertir en método el modo de pensar dialéctico abonado por la historia de la cultura, sólo sería posible formalizando, "logizando" "en el cuerpo categorial de una teoría crítica de la enajenación- el proceso histórico-social actual, la totalidad sintetizada del "mundo de la vida" de hoy y su contradictoria separación o dicotomización inherente entre existencia particular y esencia general humanas, así como entre sociedad y naturaleza, que se revierten en el hecho de la contraposición ser social-conciencia social, fermentando la apariencia de una sustancia del pensamiento separada de la actividad práctica material e histórico-concreta, o también conduciendo a la identificación absoluta de lo ideal con los objetos de la cultura producidos como mercancías.

La forma lógica de exposición de este contenido contradictorio debe resumir la historia de la contraposición individuo-género humanos, ser social-conciencia social, sociedad-naturaleza, tomando en calidad de referente "repito- su expresión contemporánea en el capitalismo; y el criterio para su despliegue de lo abstracto a lo concreto, es decir, el criterio de su concreción, únicamente lo puede intelegir un sujeto necesitado vitalmente de dialéctica, que toma por objeto de crítica práctica y teórica el desdoblamiento real de su propia existencia, la contradicción entre las determinaciones indicadas que la signa.

A los efectos de la Lógica hegeliana y la de Marx, el tener por objeto inmediato del método dialéctico a la totalidad particular del modo de producción material y espiritual capitalista, proporciona la posibilidad de reconstruir simultáneamente la dialéctica general de la actividad pensante y práctica humana mediante las categorías filosóficas, porque dichas Lógicas definen la teoría crítica de una situación históricamente única y oportuna, donde resulta necesaria e inminente la universalización, o solución a la contradicción secular entre lo singular, lo particular y lo general que ha connotado el devenir de la civilización.

El criterio de referencia para la reconstrucción-deconstrucción categorial de lo abstracto a lo concreto, estaría dado por el proceso histórico-concreto de la revolución comunista en cuyo curso ha de ocurrir la progresiva desenajenación del trabajo, la paulatina liberación o universalización, resultado de la cual los individuos planifiquen de forma cooperada la producción y reproducción social de sus vidas; las formas de pensamiento social vayan perdiendo su abstracta y falsa universalidad según desciendan al lenguaje inmediato de la vida cotidiana enriquecidas por toda la historia precedente de la creación humana espiritual; los objetos de la cultura transparenten relaciones sociales basadas en la cooperación justa y solidaria perdiendo así su forma fetichizada y demiúrgica; y la naturaleza abandone, ante los ojos de su reconstrucción-construcción científica y tecnológica, la apariencia de exterioridad contrapuesta con que ha sido vista por siglos.

La modernidad europea concibió en Inglaterra y Francia fundamentalmente una epistemología y metodología que absolutizaban el proceder instrumental del sujeto para con los objetos de la realidad "exterior", no sólo porque su revolución técnico-industrial y científico-experimental propiciaban y estimulaban esa actitud hacia la naturaleza desde posiciones de supremacía, sino también, y básicamente, porque ya en estos países -más avanzados que Alemania- maduró la estructura socioclasista basada en la explotación del trabajo ajeno asalariado. Del lado opuesto del Rin crecía la clase, el cuerpo social, cuya conciencia crítica y teórico-metodológica: la dialéctica de la emancipación, se gestaba dentro de la filosofía clásica alemana. En materia de pensamiento aquella porción europea más desarrollada no podía no aportar una economía política inglesa y una ideología liberal legitimantes y conservadoras del status quo, y por otra parte un socialismo utópico francés portador de una filantropía pequeño burguesa que le impedía ver en la clase obrera a un hacedor revolucionario del destino propio, al percibirla en definitivas no más que como "otredad" dominada y explotada, análoga a la naturaleza.

Marx, al tiempo que miraba con ojos de águila hacia el futuro comunista, impredecible en la perspectiva histórica pero inmediato en la lógica del movimiento real auscultado, comprendió el punto débil de las tres fuentes principales de su estudio crítico que habrían de integrarse por la vía de su deconstrucción en el acontecimiento histórico de la revolución (más que en un nuevo sistema teórico dividido en tres partes como devino a posteriori), por eso escribió tempranamente el augurio más general y todavía impreciso de lo que debía concretarse por mediación de El Capital, de su estudio y de la solución práctico-histórica a la contradicción que conceptualizó:

"… semejante a como la filosofía encuentra en el proletariado su arma material, así el proletariado encuentra en la filosofía su arma espiritual (…) La cabeza de esta emancipación es la filosofía, su corazón lo es el proletariado. La filosofía no puede convertirse a la realidad sin la eliminación del proletariado, el proletariado no puede eliminarse a sí, si no convierte la filosofía a la realidad". [34]

El término "filosofía" asumía en este texto una semántica desdoblada y contradictoria, pues se trataba de una reflexión transicional del idealismo al materialismo dialécticos a través del humanismo antropológico feuerbakiano: por un lado representaba a la Lógica hegeliana, donde de forma invertida, transfigurada, adulterada ocurría la desenajenación del trabajo sin que el filósofo idealista tuviera conciencia de ello; el proletariado debía realizar esta solución enajenada de la enajenación real convirtiéndola en hecho auténtico; por otro lado Marx al designar a la filosofía "cabeza de esta emancipación" ya estaba fraguando, apenas intuitivamente, su propia teoría crítica, su método dialéctico distinto del de Hegel que según expresé firmaría a nombre del sujeto proletario, fundido a él en corazón y conciencia.

Así como en la Ciencia de la Lógica funge el concepto concreto de la Idea Absoluta -que es el concepto de la totalidad teórico-práctica- en calidad de categoría referencial para el ordenamiento precedente de toda la Lógica, así a los efectos de El Capital la emancipación del trabajo concretaría la unidad de pensamiento y acción en el sujeto histórico humanizado, verbi gracia la solución a la contradicción entre las preteridas lógica objetiva y lógica subjetiva.

La dialéctica de lo objetivo y lo subjetivo en la obra de Marx, no es exactamente la que tiene lugar entre realidad material y pensamiento, aunque contiene a ésta implícitamente; las categorías filosóficas de la lógica objetiva son las que se identifican, en el discurso político-económico, del lado del trabajo (Ej. valor de uso, trabajo concreto, forma relativa de la mercancía, trabajo vivo, clase obrera asalariada), en tanto las que denotan la lógica subjetiva se identifican del lado del capital (Ej. valor, dinero, plusvalía, renta, ganancia, capital, clase capitalista). En este caso el término de lo subjetivo no funge para designar la actividad pensante psíquica individual, sino para denotar el lado activo de la lógica en la totalidad del movimiento y que corresponde al sujeto identitario del sistema: el capital y los capitalistas. Se comprueba, por ejemplo, cuando Marx explica que el contenido objetivo del proceso de circulación "la valorización del valor- es lo mismo que su fin subjetivo actuante como capitalista, como capital personificado dotado de conciencia y de voluntad. [35]

El movimiento contradictorio tiene su momento inicial más abstracto en el doble carácter de la mercancía (lo que en Hegel era la categoría del "ser") valor de uso-valor de cambio, contrapunteo que inmediatamente aparece como valor de uso-valor, al revelarse que el valor de uso en cuanto a tal no tiene importancia desde el punto de vista de la economía política, pues las propiedades físicas, objetuales, funcionales de las cosas que satisfacen determinadas necesidades del consumo no les confieren per se el carácter de mercancía. O sea, que fuera del intercambio mercantil los bienes de producción y consumo humanos no son mercancías. Dicho en los términos de la Lógica "el ser es idéntico a la nada", la mercancía lo es y no lo es al mismo tiempo, "las mercancías son para su poseedor no-valores de uso y valores de uso para los no poseedores" [36] , consecuentemente su verdadero ser acontece en el â€

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