Revista Cubana de Filosofía. Edición Digital
No. 3. Mayo - Septiembre 2005. ISSN: 1817-0137


 
 

Artículos

Título: Siete tesis para una crítica política a la práctica ideológica de la racionalidad capitalista hegemónica
Autor(es): Alvaro B. Márquez-Fernández
Fecha de publicación: 15 de Mayo de 2005

Resumen

En estas siete tesis de crítica política, a la práctica ideológica de la racionalidad capitalista, nos planteamos el programa filosófico, social, discursivo e histórico, que se debe llevar a cabo, para superar un modo de vida societal desarrollado en abierta contradicción con los valores y derechos humanos de la mayoría ciudadana. Las nuevas relaciones de dominio que ha logrado establecer la hegemonía neoliberal, a través de la injerencia de la técnica en las decisiones de control político, ha excluido de las reglas del juego de la democracia representativa, a quien debería ser su "razón de ser": el pueblo.

Palabras Clave: Racionalidad capitalista, sociedad, ideología, política.



1.- En la sociedad civil burguesa capitalista avanzada los procesos económicos, científico-tecnológicos, políticos y, sobre todo, ideológicos, siguen siendo procesos inductores de la legitimación hegemónica y la cosificación del ser social.

2.- Al asumirse en la sociedad civil burguesa las relaciones humanas como relaciones condicionadas por el pragmatismo de los sistemas de intercambio y consumo, éstas se despliegan en una tesitura mercantil y objetivista. Los criterios de cuantificación a los que se subordinan el mundo de los valores y las necesidades sociales, empobrece a los hombres en su individualidad, siendo que la estructura clasista de este tipo de sociedad jerarquiza el valor de cambio como un denominador común, a partir del cual el modo de ser humano debe generalizarse. Se propone homogeneizar y despersonalizar el autentico sentido axiológico de la acción humana y de la producción de bienes.

3.- La despolitización de las clases subordinadas-marginales facilita la globalización y aceptación por vía del consenso, de una falible pluralidad democrática que, sin favorecer institucionalmente los mecanismos de discusión y/o participación, y/o disidencia, al interior del espacio público ciudadano, promueve la integración social por medio del discurso ideológico; proceso que, por otra parte, facilita a la sociedad civil burguesa la justificación y administración de las crisis de legitimidad.

4.- Observamos que el ser humano es, en su realidad, el conjunto de las relaciones sociales, pero es evidente que la división social del trabajo, la estructura del mercado y del intercambio, la propiedad privada y la plusvalía, desvirtúan su ser genérico. El hombre como sujeto humano, dicho literalmente, "pierde", en la sociedad civil burguesa, su alteridad; la condición de existenciario original en una auténtica libertad. Queda desprovisto de las mínimas condiciones materiales que le harían posible su plena autorrealización y expresión de ser un ser social. La degradante sumisión que hace la racionalidad burocrática capitalista del mundo humano en aras de una constante revalorización del modo de producción fetichista y reificante de la mercancía, termina por expropiar al ser humano existente de su "esencia" antropológica. El resultado final es una de las alienaciones más severas que se dan en el capitalismo actual: la alienación ideológica del ser genérico; es decir, la disolución de la conciencia del ser-para-sí por una conciencia enrarecida y momificada que el paradigma productivo capitalista instituye, evitando, al restringir la libertad, nuestro encuentro con el otro. El llamado "mundo de vida" en el que se origina la conciencia de ser para... en convivencia con los otros, en el que a través de la conciencia de sí se conceptualiza, representa y simboliza la realidad del(os) mundo(s) intersubjetivo(s), acaba sustraído y demolido por la fuerza de la territorialidad de un Yo dominador que nos surca e invade, colonizándonos.

5.- En la sociedad civil burguesa la hegemonía ideológica es la cosmovisión de la burguesía, que presenta su propio "punto de vista" como el interés de todas las clases. Ello se logra por los diversos tipos de controles superestructurales, reforzados hoy día por el casi absoluto dominio mediático, del que dispone la clase dominante para ejercer, además del poder material, el poder simbólico; y también, por el hecho de que estas clases se religitiman innovando constantemente el tradición del imaginario social. Lo que da como resultado que la hegemonía se llegue a expresar y aceptar en términos de ideas dotadas de racionalidad intrínseca y vigencia transhistórica. Así, la ideología es otro instrumento más de la hegemonía, ya que produce el momento de la apropiación del mundo material en su forma simbólica, definiendo y haciendo aceptable a través de sus particulares sistemas de significación, aquellas conductas normadas y autorreguladas que deben practicarse en concordancia con los intereses comunicacionales de las clases que aspiran a perpetuarse en el poder. El lenguaje ideológico como sistema de representación global de la hegemonía hace posible re-codificar y re-interpretar los diversos discursos sociales de acuerdo a los intereses generalizables de su racionalidad y de su sensibilidad, promoviendo consciente e inconscientemente, la "lectura" de un sistema de relacionalidad social que se presenta como imponderable.

6.- Los principales problemas que la hegemonía histórica del capitalismo ha creado a la sociedad moderna, han resultado del avance científico y tecnológico. Y ello ha sucedido así por la situación de exclusión en la que ha quedado la ética y la moral de la práctica científica, queriéndose afirmar con esto que la ciencia es sólo ciencia; que al poder prescindir de las valoraciones del mundo de la subjetividad, entonces la ciencia se hace neutra y exacta. El principio de "neutralidad valorativa" le otorga al conocimiento científico la categoría de "conocimiento objetivo". Lo que quiere decir, prima facie, que el conocimiento que se obtiene de cualquier objeto, resulta de su propia y única condición de objetualidad de "ser y estar" en un exclusivo estado "objetivado". Quiere decirse de esta manera que el objeto es sólo objeto de mi conciencia, y que su referencia práctica al sujeto es apenas pura reminiscencia, es decir, que aquél siempre está en una condición de "objetividad", o sea, objeto de sí mismo. La objetivación del objeto por parte del sujeto terminará distanciada y extraña al propio sujeto. La ideología cientificista, a grosso modo, parte del dogma reduccionista de que toda intelección de lo real es posible gracias a la racionalidad analítica, o como lo diría Kant a la razón pura, fundando con ello el apriorismo cognoscitivo y el dualismo ontológico entre fenómeno y noúmeno. Entre ciencia (razón pura) y metafísica, moral, ética, religión(razón práctica). Entre lo cognoscible y lo incognoscible, el más acá y el más allá. Creándose de esta manera dos mundos irreconciliables. ¿Pero es posible supeditar todo conocimiento, incluso el mismo conocimiento racional, a la fría prueba de la analiticidad formal y abstracta de la razón pura que es, a su vez, fundamento "natural" para cualquier tipo de conocimiento? Pareciera que la razón entra en contradicción consigo mismo, y quizás no pueda ser de otra forma mientras que se mantenga el reduccionismo por el cual el propio sujeto racional queda alienado en su acto de razón.

Tanto Marcuse como Habermas han señalado que el exceso de racionalidad de la razón histórica del capitalismo moderno, al querer reducir todo el ámbito político y público de la razón práctica a la razón pura del pensamiento tecno-científico, lo que hace es contribuir al cierre del universo ontológico del hombre, negándosele su acción libertaria y de transformación y cambio sobre el mundo.

Una ciencia y una técnica pura al servicio del dominio político no hace más que reflejar la incidencia de la ideología en la formación de espíritu científico de una época determinada.

La tesis del cientificismo tecnológico es una propuesta ideológica. Pues, al contrario de lo que propone, el pensamiento y el conocimiento científico no pueden dejar de ser productos humanos. Suponer una ciencia neutra y avalorativa es suponer un conocimiento sin condicionamientos antropológicos. La única ciencia "realmente" objetiva y pura sería entonces una ciencia no-humana, sin subjetividad. Y quizás esto es lo que estamos comprobando en el tratamiento ideológico que recibe la ciencia y la técnica como poder; al ver los resultados de los descubrimientos científicos y la función operativa de la técnica al servicio de intereses pragmáticos que entran en flagrante contradicción con el concepto de dignidad y derecho a la vida de todos los seres humanos, nuestra apreciación se hace más que evidente.

La respuesta antihegemónica está en la liberación de la ciencia y la técnica de sus compromisos e intereses dominadores, y el uso del poder político debe estar orientado a propiciar y satisfacer las necesidades sociales. Por liberación técnica debe entenderse una teoría social dentro de una concepción socialista, donde el trabajo esté organizado de un modo no alienado, es decir, fuera de toda relación de producción de plusvalía. De modo que -como dice Marx- las relaciones de los hombres en su producción social ya no se presenten como "valor de objetos". El fin de la alienación sólo podrá lograrse mediante un cambio estructural donde la técnica se use para liberar al hombre del "reino de la necesidad".

En una totalidad social capitalista no se puede pensar la técnica sin tomar en cuenta el sentido político de las relaciones de producción con el campo ideológico. La alternativa propuesta a la técnica existente, como dice Habermas, es decir, el proyecto de la naturaleza como participe y no como objeto, remite a la alternativa de otra estructura de acción: ella remite a la interacción dominada por símbolos en oposición a la actividad racional con relación a un fin.

7.- El proyecto emancipador de la crítica política está orientado por una reflexión filosófica antihegemónica del poder como dominio. O sea, por una comprensión dialéctica de las estructuras de opresión y represión que la racionalidad capitalista produce y reproduce ideológicamente. En este sentido la praxis antihegemónica es, por una parte, conciencia social posible, conciencia de la contradicción, es decir, del momento en el que el ser social emergente asume su praxis histórica. Y, por la otra, el pensamiento antihegemónico, deviene filosofía política, como dice Gramsci: "en la fase de la lucha por la hegemonía se desarrolla la ciencia política", pues, el carácter político de la misma significa que es ineludible la denuncia de la sociedad burguesa como una sociedad basada en el conflicto y en el egoísmo de clase. La denuncia de la sociedad civil como abstracta busca constituir la conciencia para sí del colectivo subordinado, por medio de una racionalidad progresiva que quiebre la genealogía del conflicto y suprima los excesos de la racionalidad científica, dando una visión más completa y verdadera de la realidad. Los individuos ya no aparecerán en sus relaciones humanas fragmentados y desvirtuados por efecto del proceso ideológico, con lo cual se revierte el proceso de alienación contenido en todo proceso ideologizador, pudiendo el hombre asumir su presente histórico. El sujeto reificado por el conflicto interno que fractura su ser concreto, como por el extrañamiento del complejo de relaciones sociales que componen a una sociedad basada en la plusvalía, finalmente encontrará su proyecto de humanización social y equidad material.

Pero mientras no se llegue a la fase de desarrollo de la comunidad donde la conciencia de los hombres no esté determinada sino por la cohesión humana, nacida de las condiciones económicas mismas y de la solidaridad del desarrollo libre de todos, el proyecto de la filosofía antihegemónica se caracterizará por: 1) una practica anti-ideológica de las estructuras discursivas que organizan el campo de las representaciones que inducen a sublimar las necesidades originarias insatisfechas de los individuos atrapados por los procesos de producción e intercambio (económicos como lingüísticos); 2) por configurar a los excluidos, en cuanto que clase referida, como una estructura de producción donde su situación es de plusvalía material y plusvalía ideológica; 3) porque la crítica al concepto de razón y racionalidad científica sea cada vez más radical, ya que la idea de la ciencia moderna es identificar conocimiento con dominio, y en el Estado capitalista actual la misma representa una reificación de la propia razón; 4) y, finalmente, que la comunidad en cuanto complejo de relaciones materiales no conflictivas, es una solución de continuidad de la sociedad civil, aunque el proceso dialéctico que la integra sea, al mismo tiempo, construcción y realización de todos los valores y riquezas que se han producido en las sociedades de clase. Sin embargo, "el rebasamiento de la sociedad civil y el advenimiento de la comunidad persociada" -como lo señala J.M. Delgado Ocando- no podrá alcanzarse por medio de un funcionamiento rectificado de la superestructura de la sociedad burguesa; sino, por una transformación radical de las relaciones de producción capitalista hegemónicamente instauradas hasta el presente.

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Alvaro B. MáRQUEZ-FERNáNDEZ.

Profesor titular de la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad del Zulia. Doctor en Filosofía por la Universidad de Paris I, Panthéon-Sorbonne (Francia). Director de la revista internacional de Filosofía Utopía y Praxis Latinoamericana, y coordinador de la Red Internacional de Documentación e investigación sobre Filosofía Iberoamericana y del Caribe (REDIFICA, CONDES-LUZ).

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