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Título: Cuba ante los desafíos hegemónicos del ALCAAutor(es): Roberto Muñoz González
Fecha de publicación: 15 de Mayo de 2005
I.- Generalidades
La experiencia de como fue negociado y aprobado el TLCAN, así como los demás TLC firmados en los últimos tiempos entre los Estados Unidos de Norteamérica y determinados países y subregiones de Latinoamérica, confirman la falta de democracia y transparencia socializadora en la firma de dichos tratados, pero sobre todo, la gran falacia en torno a la posibilidad del desarrollo económico y humano por esta vía, cuya filosofía secular fue ideológicamente sembrada por los padres fundadores de la economía política burguesa bajo los términos de laissez faire, laissez passer, que se funda en la conocida "mano invisible" smithina.
En toda reflexión o evaluación que se realice en torno a la aprobación e implementación del área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), es necesario tener en cuenta entre otros factores, al menos los siguientes: el proceso de globalización neoliberal con su dinámica polarizadora en sus múltiples dimensiones; la actual estrategia geopolítica que desarrolla el gobierno de los Estados Unidos, contentiva de acciones guerreristas y posiciones unilaterales de marcado carácter hegemónico, y que le permiten dividir al mundo con brutal arrogancia en dos únicos grupos: los amigos incondicionales en un extremo y el resto del mundo en el otro; y por último es importante tener en cuenta el escenario latino-caribeño en que ocurre el proceso de negociaciones sustantivas sobre la implementación del ALCA, marcado por una profunda y devastadora crisis económica, social y política en la región, la que ha pasado ya por "una década perdida" (la de los 80), otra "semiperdida" (la de los 90), y la actual que no presenta signos distintos a las dos anteriores, sino por el contrario; sólo en términos de distribución de la riqueza, la situación ha empeorado[1]. Tal vez la experiencia de México como parte del NAFTA, sea también de gran utilidad para evaluar y tomar posiciones serias y responsables respecto al ALCA.
En todo caso al evaluar cualquier proyecto de integración comercial o de otra naturaleza, es necesario partir del presupuesto de que ha de existir un beneficio general, lo suficientemente positivo y equitativo entre sus posibles miembros, capaz de proporcionarle un costo de oportunidad, al pasar de su posición individual como países, a una colectiva como bloque.
Resulta necesario considerar que la singularidad de un país, constituye de conjunto el principal y mejor activo que es capaz de ceder, para incorporarse y conformar un todo, en tanto integración, y esto que es esencial, no puede ser enajenado sin reflexión colectiva y socializadora. En este sentido se impone el consenso, pero sobre la base de la discusión no solo en los parlamentos, sino sobre todo en las diversas estructuras de la sociedad civil. No se trata simplemente de que el pueblo vote sí o no en plebiscito a un proyecto como el ALCA, sino que conozca, discuta, opine y proponga. La democracia no solo debe ser representativa, sino sobre todo tiene que ser de participación real del pueblo.
La cuestión es llegar a un criterio válido que asegure que cada nación, por pequeña y subdesarrollada que sea, no desaparezca en la historia y no legue a sus futuras generaciones, bajo el pragmatismo keynesiano de que "en el futuro todos estaremos muertos", un porvenir incierto, sin rostro propio ni soberanía verdadera. Precisamente aquí reside el desafío e importancia histórica del ALCA, de la que ha sido excluida Cuba por mandato expreso de los Estados Unidos de Norteamérica.
Si hace veinte años se entendía la integración como un proceso fundamentalmente de defensa de los mercados internos latinoamericanos, con un sentido tal vez defensivo, ahora con la aplicación desaforada y dogmática del modelo neoliberal, se ha pasado al objetivo de insertarse en las corrientes de comercio y de flujos de capitales en el mundo, y en la práctica se abandona la protección del mercado interno.[2]
Por otra parte la debilidad latinoamericana para sobreponerse al ALCA en condiciones del modelo neoliberal, se encuentran precisamente en el problema de la histórica deformación estructural de sus economías y en las marcadas diferencias en cuanto a niveles de desarrollo entre los países del continente, lo que resulta un asunto clave para entender y hacer viable cualquier intento de integración económica. Las disparidades inclusive son observables, si solo atendemos al lugar que ocuparon en el índice de Desarrollo Humano (IDH) del PNUD en el año 2003, los 34 países involucrados en el proyecto del ALCA. Aunque debemos tener en cuenta que el PIB, como indicador que se utiliza para calcular el IDH de los países, junto a otros, sirve para ocultar muchas veces el verdadero desarrollo humano; de ahí que resulte sospechoso el lugar que ocupan algunos países en las listas anuales que publica el PNUD. En Argentina, por ejemplo, que en el Informe de Desarrollo Humano (IDH) del 2003 aparece en el lugar 34, la pobreza alcanzó a más del 50% de los argentinos a mediados de ese propio año, exhibiendo niños moribundos por desnutrición y millones de desempleados, un país con recursos agrícolas y ganaderos de lujo. Cuba se coloca sin embargo, en el puesto 52, y México, miembro del TLCAN, aparece ubicado en el lugar 55.
Hace poco más de veinte años, la integración latinoamericana entendía como necesario el trato preferencial a los países de menor desarrollo, ahora con el arraigo del neoliberalismo se ha hecho común el uso del no tan nuevo concepto de "reciprocidad", que sólo admite que todos los países lleven adelante una misma política, tal vez con la única diferencia, de que los países más pobres lo hagan a plazos ligeramente diferentes. Digamos que Haití o Bolivia, por ejemplo, demoren algunos pocos años más en hacer lo mismo que México, Brasil o Estados Unidos; como si en el corto plazo se pudiera borrar la brutal deformación estructural de estos países que tiene una larga historia, para de ese modo alcanzar la "reciprocidad". Pensar que esto sea posible resulta poco creíble como argumento.
La crisis económica y social que vive la región se ha convertido en las últimas décadas, en crisis permanente, muy a pesar del ínfimo crecimiento de muy baja calidad basado en un conjunto de factores en general endebles y que además tienden a agotarse rápidamente. Entre los factores que han favorecido ese tipo de crecimiento económico es necesario apuntar en primer lugar, la ola de privatizaciones consustanciales al modelo neoliberal [3].
El endeudamiento externo ha servido también de base a ese proceso de crecimiento. Recordemos que en la mitad de la década del ochenta, la deuda externa de toda América Latina ascendía a unos 400 mil millones de dólares; hoy la deuda se ha más que duplicado; sin embargo sólo entre los años 1992 y 1999, la región entregó como servicio de la deuda alrededor de 913 mil millones de dólares. Esa deuda compromete hoy más del 50 % de los ingresos de exportaciones de bienes y servicios de la región, simplemente para pagar esta deuda y para que ella siga creciendo; es el cuento de nunca acabar, pagar más y deber más.[4]
La tendencia a la dolarización de las economías latinoamericanas, refleja también la situación de debilidad y de crisis con la que la región se enfrenta a las trascendentales negociaciones con Estados Unidos sobre el ALCA. La dolarización implica el abandono por parte del Estado de la política monetaria autóctona. En síntesis, se renuncia a un instrumento fundamental de política económica y de soberanía. Evidentemente la alternativa real a la dolararización sigue siendo la integración regional. Esto lo sabe bien el gobierno de Estados Unidos, de ahí que su estrategia de crear el ALCA se mueva tácticamente en dos direcciones básicas que se complementan:
- estimular por todos los medios posibles diversos esquemas para el proceso de dolarización de las economías de la región, y
- lograr acuerdos o tratados bilaterales de libre comercio con países o subregiones de América Latina, para ir minando por esta vía los esquemas integracionistas regionales (por ejemplo ya lo hizo con Chile y Centroamérica, y lo negocia con otros países).
El interés nada oculto del gobierno estadounidense, es atomizar y balcanizar las estructuras económicas y comerciales de la región, para desestimular la integración latinocaribeña y empujar a nuestros países al ALCA, como única alternativa posible capaz de enfrentar los imperativos del proceso planetario globalización-integración.
Es posible mencionar también como uno de sus objetivos, tal vez no tan marginal, aislar a Cuba del comercio bi y multilateral con la región, de la cual nuestro país forma parte histórica y natural, con la pretensión de intentar derrocar por esta vía al régimen cubano, que por su diferencia con el de ellos, lo consideran no democrático.
II.- Cuba y su exclusión del ALCA: Algunos fundamentos
a) El conflicto Estados Unidos-Cuba
Muy tempranamente los Estados Unidos manifestaron el interés de apoderarse de Cuba como parte de su concepción geopolítica, de ahí que la Isla ocupara un lugar de prioridad dentro de la política exterior de ese país durante todo el siglo XIX. Sin embargo en la primera mitad del siglo mencionado, prácticamente las circunstancias lo obligaron a definir una línea de espera paciente hasta que la "fruta madurara"[5]
La Guerra de los Diez Años entre 1868 y 1878 en Cuba, como expresión de la agudización de la contradicción fundamental metrópoli-colonia, introduciría un hito esencial en este problema: la profundización de la conciencia nacional, progresivamente de matiz antimperialista. El proceso nacional liberador continuó contra España y también contra el peligro de anexión a los Estados Unidos. En 1895 estallaría de nuevo la guerra preparada por José Martí, quien fue capaz de organizarla y dirigirla a través de un partido único, el Partido Revolucionario Cubano (PRC).
Son de especial interés las reflexiones de Martí en torno a la Conferencia Americana de 1891 (Conferencia Monetaria Internacional), convocada por los propios Estados Unidos y que constituyó una suerte de prolongación de la llamada Conferencia Internacional de Washington de 1889[6]. En una de sus evaluaciones acerca del suceso plantea: "A lo que se ha de estar no es a las formas de las cosas, sino a su espíritu. Lo real es lo que importa, no lo aparente. En política, lo real es lo que no se ve [...] A todo convite entre pueblos hay que buscarle las razones ocultas [...] los pueblos menores que están aún en los vuelcos de la gestación, no pueden unirse sin peligro con los que buscan un remedio al exceso de productos de una población compacta y agresiva y un desagüe a sus turbas inquietas, en la unión con los pueblos menores [...] Ha de inquirir cuáles son las fuerzas políticas del país que convida y los intereses de sus partidos, y los intereses de sus hombres, en el momento de la invitación"[7]. Refriéndose a las pretensiones particulares de los Estados Unidos sobre Cuba, el propio Martí escribe en 1894 en carta a su amigo Gonzalo de Quesada: "Sobre nuestra tierra, Gonzalo, hay otro plan más tenebroso que lo que hasta ahora conocemos y es el inicuo de forzar a la Isla, de precipitarla, a la guerra, para tener pretexto de intervenir en ella, y con el crédito de mediador y de garantizador, quedarse con ella. Cosa más cobarde no hay en los anales de los pueblos libres: ni maldad más fría".[8]
Históricamente resultan conocidos los acontecimientos que permitieron que Estados Unidos contara con el pretexto con que enmascarar sus verdaderos propósitos, cuando en 1898 interviene en la guerra de independencia de Cuba contra España que había comenzado en 1895. A la primera intervención militar de Estados Unidos en un país de América Latina, siguió la ocupación militar que duró alrededor de cuatro años, los suficientes como para que la independencia de Cuba no fuera otra cosa que un eufemismo. Que Cuba era un interés de carácter estratégico para Estados Unidos, quedó fehacientemente demostrado cuando en esos cuatro años de ocupación militar, avalado posteriormente por la Enmienda Platt[9], fueron establecidas las bases para la instalación del primer enclave militar norteamericano fuera del territorio de Estados Unidos.
A partir de ese momento histórico, la política exterior de los Estados Unidos de Norteamérica incluyó a Cuba como contenido de sus objetivos estratégicos, por lo que consecuentemente, el ejercicio del hegemonismo sobre la Isla devino una necesidad que fue relacionada con la seguridad de aquella nación[10]. Este hecho se potenció luego del triunfo de la Revolución Cubana en 1959. De ahí que sea posible afirmar que más que un diferendo histórico y creciente entre Estados Unidos y Cuba, ha existido [y existe] un conflicto entre el interés de la Isla por constituirse y consolidarse en un estado-nacional soberano e independiente, y la decisión norteamericana de ejercer su hegemonía sobre ella y hacerla pieza del ejercicio de su liderazgo sobre la región latino-caribeña y el mundo.
Bloqueo económico[11], invasión militar mercenaria, aislamiento diplomático internacional, campañas propagandistas de alcance mundial, sabotajes, intento de asesinatos de líderes del país, apoyo financiero y material a los llamados disidentes de la Isla y a las organizaciones contrarrevolucionarias y terroristas que operan contra Cuba desde los propios Estados Unidos, entre otras acciones y medidas, quedaron establecidas como recursos a emplear contra un país de importancia clave en la concepción de seguridad nacional norteamericana que ha osado romper los vínculos de la sujeción.
Independientemente de los vaivenes y matices que han asumido las relaciones entre Cuba y Estados Unidos durante los años de existencia de la Revolución Cubana, ellas siguieron teniendo como sello de identidad a la conflictividad.
Sería ingenuo pensar hoy día que Cuba represente un reto objetivo, en términos funcionales, a la seguridad nacional de Estados Unidos. Lo que sí parece cierto es que en el plano ideológico, la existencia de un proyecto revolucionario independiente en la Isla, funciona como un reto simbólico al hegemonismo estadounidense en América Latina y el Caribe, región desde la que proyecta su poder y liderazgo internacionales.
Al desdibujarse la geografía política y económica mundial de posguerra, y re-ajustarse luego de la caída del llamado socialismo real, y entrar Cuba consecuentemente en una crisis multidimensional inédita hasta entonces (definida por el gobierno cubano como Periodo Especial)[12], el gobierno de Estados Unidos incrementa su política hostil y genocida contra Cuba, la que se orientó fundamentalmente en dos direcciones: recrudecimiento del bloqueo económico, tratando incluso de involucrar a terceros países, y una segunda enfilada a subvertir el orden interno de Cuba.
Así el gobierno de Estados Unidos aprueba en 1992 la conocida Ley Torricelli, rechazada en reiteradas ocasiones por un grupo numeroso de Estados miembros de las Naciones Unidas, debido a su carácter extraterritorial y a las restricciones que supone al libre comercio entre las naciones; posteriormente, en 1996, el presidente W. Clinton firma la polémica Ley Helms-Burton, la que también ha generado amplias discusiones tanto dentro de Cuba y Estados Unidos, como en diversos círculos políticos, académicos y de negocios, en distintas partes del mundo sobre todo debido a su carácter extraterritorial[13]. En los últimos meses, además, el gobierno norteamericano de George W Bush, ha instrumentado nuevas e irracionales medidas contra el pueblo cubano, agudizando aun más la conflictividad de las relaciones entre los dos países, con múltiples implicaciones en las relaciones políticas, diplomáticas y económicas con otros países de la región y el mundo.
b) El problema sobre inversiones / nacionalizaciones
Una razón que de alguna manera explica la exclusión de Cuba del ALCA desde la perspectiva norteamericana, es el hecho de que según ese gobierno, la Isla no ha sido capaz de satisfacer las reclamaciones de ciudadanos estadounidenses por compensación de propiedades expropiadas al triunfo de la Revolución.[14] Los actos de traspaso de propiedad al gobierno que se realizaron en Cuba, adoptaron varias formas; algunas conllevaban indemnización y otras no. La forma de indemnización fue prevista en las leyes de expropiación y la intención de pagarla se ha mantenido durante años; sin embargo, el hecho de que la indemnización ofrecida por el gobierno cubano no haya sido considerada justa por el gobierno norteamericano, lo cual no cambia la naturaleza jurídica del acto, determinó que no fuera considerada como tal. Los Estados Unidos están tratando de evitar legalmente a través del ALCA, una nueva Cuba que defienda el derecho de posesión de nuestros países sobre su patrimonio nacional.
El capítulo sobre inversiones del proyecto del ALCA, intenta introducir en el Derecho Internacional Público, nuevas normativas que tienden a afectar negativamente las relaciones futuras entre los países subdesarrollados y los denominados del "primer mundo". Un importante aspecto que aparece en este capítulo es el relativo al derecho soberano de los Estados a nacionalizar o confiscar propiedades por razones de utilidad pública o interés social. En el Artículo 10: Expropiación e indemnización, punto # 1, se plantea "[1.Ninguno de los Estados Partes adoptará medidas de nacionalización o expropiación o cualquier otra medida del mismo efecto contra inversiones que se encuentren en su territorio y que pertenezcan a inversores de otros Estados Partes, a menos que tales medidas sean adoptadas por motivos de utilidad pública o de interés social, sobre una base no discriminatoria y mediante el debido proceso legal. Las medidas serán acompañadas de disposiciones para el pago de una indemnización pronta, adecuada y efectiva]"[15]
Por debido proceso legal se entiende el conjunto de condiciones y requisitos de carácter jurídico y procesal que son necesarios para poder afectar legalmente los derechos de los gobernados. Este es un principio constitucional regulado esencialmente por las enmiendas cuarta, quinta (procedimientos federales) y decimocuarta (procedimientos locales) de la Constitución de EE.UU. La introducción de este principio en el capítulo de inversiones, garantizaría a los inversionistas norteamericanos en América Latina "que fueran escuchados en tribunales latinoamericanos" ante cualquier medida confiscatoria. Sin embargo, iguales derechos no tienen estos países, cuando se les embargan fondos por hacer transacciones financieras o comerciales con países como Cuba, o cuando se les aplica cualquier legislación con efectos extraterritoriales.[16]
No obstante esta teoría jurídica norteamericana, en la Ley Helms-Burton, dirigida fundamentalmente a sancionar las actividades relacionadas con la inversión extranjera en Cuba, se sanciona a terceros países y en algunas de sus cláusulas se autoriza expresamente al Presidente de Estados Unidos, a disponer la anulación de la asistencia a los países que comercien con Cuba. ¿Será acaso esta una modalidad de libre comercio?. Es preciso recordar las palabras de José Martí, cuando dijo que "lo primero que hace un pueblo para llegar a dominar a otro es separarlo de los demás pueblos. El pueblo que quiera ser libre, sea libre en negocios"[17]
El capítulo dedicado a las compras, contrataciones y adquisiciones del sector público, señala en una de las partes del Artículo VI que lleva como título Denegación de beneficios: "[Una Parte podrá denegar los beneficios del presente capítulo si determina que [la entidad que presta el servicio] [el proveedor] no es una persona jurídica de una Parte del ALCA o no está establecida en dicha Parte, con "conexiones sustanciales" con la Parte, según lo defina la legislación nacional del Estado respectivo.]"
[2. Una Parte también podrá denegar los beneficios de este capítulo a un proveedor de servicio de otra Parte cuando el servicio está siendo suministrado por una compañía que es propiedad o está bajo control de nacionales de un país no Parte, y la Parte que niega los beneficios]"
[a) no mantiene relaciones diplomáticas con el país que no es parte, o]
[b) adopta o mantiene medidas con respecto al país que no es Parte que prohíben transacciones con la compañía o que serían infringidas o eludidas si se acordaran a la compañía los beneficios contemplados en este capítulo.]"[18]
Esta disposición que aparece también en otros capítulos del ALCA, no hace más que garantizar la exclusión o el no reconocimiento de las disposiciones del ALCA a países como Cuba o a entidades "con intereses cubanos". En otras palabras, las restricciones impuestas a terceros países por los EE.UU., se mantienen invariables.
A través de malabares y eufemismos jurídicos, Estados Unidos pretende maniatar a los gobiernos latino-caribeños que negocian el ALCA, para que ni siquiera el Estado pueda cumplir con sus obligaciones de carácter eminentemente social, con un fin de desarrollo, y por otra parte, enrolar jurídicamente a esos países en el bloqueo contra Cuba. Resulta sospechosa la posición norteamericana cuando al referirse a las compras del sector público, introduce por un portillo, la idea de que se deben evitar los "monopolios oficiales", debiendo preferirse las empresas que tengan mayor experiencia y giro de negocios, lo que garantizaría eficiencia y competitividad, y esto claramente, daría amplios privilegios a las empresas norteamericanas, con perjuicios para las mayorías desposeídas de nuestros países.
c) La falacia de la democracia
Resulta interesante y curiosamente significativa, la relación que los voceros norteamericanos establecen entre el ALCA y la democracia. Aunque desde la Primera Cumbre de las Américas celebrada en Miami en 1994 se hablaba y manipulaba el concepto de democracia, no es hasta la Tercera Cumbre celebrada en Québec, Canadá, en abril de 2001, donde se adopta una llamada cláusula democrática, a tono con el discurso de la Carta Democrática Interamericana aprobada por los miembros de la OEA[19]. Lo cierto es que dicha cláusula, sin definición operativa de lo que se considera una democracia, parece estar concebida para servir como instrumento unilateral de Estados Unidos para, entre otras cosas, mantener a Cuba fuera del bloque comercial por un lado y por el otro para ser usada contra cualquier otro país que trate de romper las reglas del juego establecidas bajo esos puntos de vista.
Por supuesto que el sistema político de Cuba no se ajusta a los cánones de la democracia representativa que caracteriza las sociedades capitalistas, por lo que Estados Unidos y sus seguidores, no la consideran a Cuba apta para pertenecer al ALCA, ya que ese tipo de democracia constituye una condición per se, para que un país sea incluido en el proyecto mencionado.
La Revolución Cubana, como proceso permanente e inacabado de transformaciones, ha realizado un gran esfuerzo por eliminar las diferencias económicas, sociales, de sexos y razas que existían antes de 1959, para constituir la base esencial de una nueva democracia que es representativa, pero más que nada participativa. Es un proceso que va de abajo a arriba y luego a la inversa, en una dialéctica que permite un nexo constante y permanente entre los que gobiernan y los gobernados. Esa es la clave de que la gran mayoría del pueblo apoye el sistema social cubano, que por ser tan participativo, es más justo y equitativo, y por tanto está más cerca del ideal de sociedad a que aspiraron Cristo, Bolívar, Martí y Carlos Marx, que al que nos tratan de imponer, donde el poder y la libertad se sustentan en el dinero, y donde por tanto, la democracia está controlada por el capital. Lo peor de todo es que el "divino" sistema democrático liberal, ha sido bendecido en el nuevo milenio por el emperador, quien a nombre del imperio, impone esa democracia a base de dinero, chantaje y fuerza militar, y en muchos casos, utilizando instituciones supranacionales como el FMI, el BM, la OMC y hasta la ONU, en especial su Consejo de Seguridad; instituciones que supuestamente fueron creadas para contribuir al desarrollo de las naciones, así como para lograr el equilibrio del mundo y la paz entre los hombres y los pueblos.
Sin embargo en las circunstancias actuales, ningún actor político desea prescindir del adjetivo "democrático" para su proyecto de gobernabilidad; pero sabemos que lo principal no radica en el término como tal, sino en el contenido del proyecto en cuestión y en su realización práctica. Resulta evidente que una política económica que excluya en la práctica a las mayorías, no puede ser compatible con otra democracia que no sea la de los ritos y mitos electorales, que permite votar para que todo continúe igual y a veces peor; algo así como una democracia de elección y "representación" y no de participación decisional en la marcha de la vida económica, política y social de los pueblos. "La negociación del ALCA "nos comenta el conocido especialista argentino en relaciones económicas internacionales Luis Dallanegra Pedraza- se orientará a facilitar y consolidar las disciplinas del GATT y la OMC, en ningún caso a favorecer el desarrollo ni el bienestar social de los países de América Latina, a disminuir su pobreza o resolver sus problemas graves de desempleo; a disminuir su situación de endeudamiento. Consolidará las "democracias controladas", pero no favorecerá democracias participativas comprometidas con la satisfacción de los derechos humanos, la salud, la educación, empleo, vivienda digna, seguridad, libertad de expresión"[20].
Pudieran apuntarse algunos ejemplos de incongruencias de la democracia que intentan imponernos. El TLCAN y los TLC que ahora se negocian entre EE.UU. y otros países, en muchos casos los parlamentarios están ausentes de esos procesos, y eso es lo de menos ¿dónde está la participación democrática del pueblo? En Estados Unidos se le ha dado a Bush la facultad del llamado fast-track, o vía rápida: es decir que el Congreso renuencia a su facultad de control, le autoriza al Ejecutivo a que negocie el acuerdo y que después se lo presente para que el Congreso diga sí o no. Es posible que el Congreso lo apruebe o no, pero lo que no puede hacer es enmendarlo, cambiarlo, no puede intervenir en sus contenidos, ni en su proceso de negociación. ¿Qué pasa con el pueblo, con los trabajadores, con los ecologistas que tienen opinión y no la pueden dar para ser tenidas en cuenta?
Según la Administración norteamericana, no puede haber acuerdo de libre comercio con Cuba hasta tanto la "libertad" no haya sido restablecida en la Isla. El bloqueo económico, las Leyes Torricelli y Helms-Burton, la incitación y el apoyo a la llamada disidencia interna cubana para subvertir el orden constitucional del país, se cuentan entre las tantas medidas "democráticas" que Estados Unidos ha utilizado para que Cuba alcance "su libertad". Cuando supuestamente ocurra, entonces los emperadores certificarán la entrada de Cuba a los esquemas hemisféricos de integración económica. Las "certificaciones" son el nuevo estilo de los emperadores para avalar muchas cosas, pero sobre todo para decir si un país es o no democrático, es o no terrorista.
III.- No es interés de Cuba pertenecer al ALCA
Además de las razones ya explicadas y otras, que excluyen de facto la participación de Cuba en el ALCA y que están sustentadas esencialmente en el diferendo y conflictividad histórica entre Estados Unidos y Cuba, y en la particular filosofía del gobierno estadounidense sobre los Estados y economías nacionales, es menester plantear un conjunto de motivos, que desde la óptica cubana, hacen imposible que nuestro país tenga algún interés en ser miembro de una asociación integracionista hemisférica concebida, dirigida y dominada por el gran septentrión americano, que tanto daño ha hecho al pueblo cubano y al resto de los pueblos de nuestra América.
Tal como se proyecta el ALCA, expandirá las reglas del NAFTA sobre todo el continente. Todo intento de regulación estatal, así esté fundado en criterios de desarrollo económico local o nacional, progreso social, bienestar de la población o protección del medio ambiente, pueden ser cuestionados con éxito por el gran capital transnacional, a tono con el torcido discurso del Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI), cuyas negociaciones tampoco han sido nada democráticas; las reglas del juego de la Organización Mundial de Comercio (OMC), el FMI, el BM, y tantas otras instituciones supranacionales, que con el pretexto de la mítica "mano invisible" smithiana, pueden llevar al mundo a un estado de ingobernabilidad insospechada, si se sigue actuando y pensando más en el mercado, el dinero y los consumidores que en los seres humanos.
Cuba no está dispuesta, bajo ninguna circunstancia, a renunciar a sus conquistas sociales, especialmente en el campo de la seguridad laboral, la educación, la salud, la cultura, el deporte y la ciencia, las que constituyen un ejemplo de lo que un país puede lograr cuando existe voluntad política de sus gobernantes, consenso popular y un uso verdaderamente racional de los recursos con fines sociales. Los logros alcanzados por Cuba, país pequeño, insular, subdesarrollado, de escasos recursos naturales, bloqueado por más de cuarenta años por la potencia más grande del mundo, y que le han costado al país pérdidas calculadas en alrededor de 79 mil millones de dólares, es una prueba fehaciente de que es posible la construcción de un proyecto alternativo al capitalismo desde la periferia que dignifique a la persona humana, en medio de este mundo tan hostil, desigual e injusto en que vivimos.
Según Osvaldo Martínez, Director del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial (CIEM), de Cuba, "hay un hilo lógico que permanece como una constante: la dimensión cultural del desarrollo como forma de solución al subdesarrollo; y como teoría de la construcción socialista"[21] Tal vez en la administración y utilización estratégica de los recursos, de manera planificada por parte del Estado cubano en bien de las mayorías populares, esté la clave de los altos índices alcanzados por Cuba en el desarrollo humano.
Según un estudio comparativo realizado por la Alianza Social Continental (ASC)[22] en relación con el Borrador Oficial del ALCA, al evaluar críticamente la cuestión de los servicios señala: "El propósito oficial es liberalizar progresivamente el comercio en servicios (todos, desde servicios financieros, de telecomunicaciones y turismo, hasta salud y educación). Esto significa abrir los mercados locales de servicios a las empresas extranjeras y restringir o prohibir políticas gubernamentales que interfieran en el mercado. El énfasis en servicios dentro de la OMC, el TLCAN y ahora el ALCA, ha despertado temores de que las reglas comerciales llegarán a paso veloz hasta las políticas de privatización promovidas por el Banco Mundial y el FMI que suelen dar ganancias a los dueños pero reducir el acceso a la calidad de los servicios sociales para ciudadanos, especialmente para los pobres"[23]
Cuba, que en ese terreno es prácticamente una excepción no sólo en América Latina y el Caribe, sino en todo el mundo subdesarrollado, de ninguna manera cometería el error de incluirse en el ALCA, pues por la propia esencia de su proyecto social que tiene como centro de sus realizaciones la dignificación verdadera del ser humano, ha venido desarrollando, con resultados dignos de admirar e imitar, un programa social estratégico muy creativo y participativo sobre todo en las esferas de la salud, la educación, la cultura, el deporte y las ciencias de avanzada.[24]
El impacto en el sistema de salud pública cubano del desarrollo, producción y aplicación de los resultados de la investigación en la esfera de la biotecnología y de la ingeniería genética, por ejemplo, puede resumirse en los siguientes aspectos:
Disponibilidad de vacunas. Se producen en Cuba diversas vacunas a partir de procesos recombinantes, que aseguran una amplia cobertura para toda la población (toxoide tetático, antitifoidea, antimeningocócica B y C (creadas en Cuba), contra la hepatitis B, antileptospírica, etc)
Programas de diagnóstico prenatales y neonatales, que incluyen la detección temprana de defectos del tubo neural, síndrome de Down, enfermedades heredo-metabólicas y otros tantos programas de salud y prevención de enfermedades.
Disponibilidad de nuevos medicamentos, entre los cuales se desatacan el interferón, utilizado en el control de enfermedades virales; la estreptoquinasa, aplicada en hospitales, que permite sobrevivir al infarto cardiaco; los anticuerpos monoclonales, en particular el MoAb-T3, utilizado en el programa de transplante de órganos; el PPG o ateromixol, un producto natural derivado de la caña de azúcar que reduce el nivel de colesterol en la sangre; productos de medicina nuclear y derivados de la sangre, entre otros.
En los indicadores de la calidad de vida en Cuba, que supera en su mayoría al resto de los países de América Latina y el Caribe, los que graciosamente están dispuestos a entrar al ALCA para supuestamente lograr el desarrollo, se aprecia nítidamente el impacto de las políticas de desarrollo social de nuestro país en el bienestar humano. La educación y la salud constituyen un símbolo de la Revolución Cubana; más allá del desempeño económico, reciben un trato especial como sucede también con la actividad deportiva y cultural.
CUBA: indicadores del desarrollo humano Cuba / América Latina /2001

Fuente: Discurso del Presidente cubano Fidel Castro Ruz. Primero de Mayo / 2002. Tomado de la Revista del Banco Central de Cuba, BCC, Abril, 2002. Año 5, No. 2, p.10
La incorporación de Cuba a los esquemas de integración propiamente latino-caribeños, podrían ser de amplio beneficio para los países miembros, dado los notables avances logrados en el desarrollo social, en los que primaría, como lo está demostrando actualmente en la colaboración médica, educacional, deportiva y científica con varios países de América Latina y el Caribe, la solidaridad y el interés de contribuir a mejorar la calidad de vida de nuestros pueblos hermanos[25].
La creación del ALCA como ya hemos apuntado, prohibiría prácticamente a los gobiernos a evaluar a los proveedores con criterios distintos a los de calidad y precio, ya que cualquier otro criterio considera que representa "barreras innecesarias para el comercio". De esta manera, aunque las evaluaciones no sean discriminatorias, pueden ser rebatidas como barrera desleal para el comercio. No se tendrá en cuenta como mecanismo de socialización o derecho. No hace falta explicar lo que esto significa para la soberanía y la dignidad nacional. El Estado pierde la autoridad sobre la política educativa que tanto valor tiene en la cultura de los pueblos, lo mismo ocurrirá con el sector de la salud, lo que conducirá decididamente a la reducción del financiamiento de dos sectores claves en la vida de nuestras naciones, en las cuales los Estados tienen la responsabilidad legal y moral de velar por los intereses y el bienestar real de sus ciudadanos.
Por esa y por muchas otras razones, Cuba se autoexcluye deliberadamente también del ALCA, pues ésta no es sólo un proyecto hegemónico, sino sobre todo una estrategia del gobierno estadounidense, para hacer desaparecer progresivamente los Estados y economías nacionales de los países que conforman la región latino-caribeña. La historia dirá la última palabra.
Sabemos que una América Latina y Caribeña unida e integrada todavía es posible mediante la coordinación, organización y movilización de todas las fuerzas que sienten esta tierra en el corazón. Mucho tienen que hacer todavía en nuestra América Bolívar y Martí; mucho tienen que hacer por sus pueblos y la integración latino-caribeña los gobernantes dignos que existen y están por venir, y mucho tiene que hacer contra la anexión que significa el ALCA, la Alianza Social Continental y toda la sociedad civil de la región.
Nuestro país batalla en dos frentes fundamentales: uno es la lucha contra el hegemonismo del proyecto por todos los medios y vías posibles, incluido el trabajo a través del Capítulo Cubano de la Alianza Social Continental que ya ha organizado varios encuentros hemisféricos de lucha contra el ALCA en la Ciudad de La Habana, así como en otros foros internacionales; y un segundo frente dirigido a cooperar y apoyar todas las formas de integración regional y subregional habidas y por haber, contribuyendo como miembro de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI) a una mayor coordinación de los organismos estatales y del sector empresarial cubanos en la atención, el seguimiento y la participación en las actividades que desarrollan las diferentes instancias, comisiones y consejos de la Asociación que coordinan políticas en diferentes esferas, como son el Consejo y la Comisión Asesora para Asuntos Financieros y Monetarios, el Consejo de Turismo, el Consejo Asesor de Financiamiento a las Exportaciones, la Comisión Asesora de Nomenclatura, la Reunión de Directores Nacionales de Aduanas y las reuniones empresariales por sectores; seguir trabajando también con los países miembros del CARICOM con los que sostenemos estrechas y excelentes relaciones de hermandad, solidaridad y cooperación en múltiples esferas, que constituyen un ejemplo de relaciones entre países pequeños y en desarrollo. Además de las diversas formas bilaterales de cooperación y colaboración mutuamente ventajosas, con el resto de los países de la región.
Debe tenerse presente que la única manera que una región en desarrollo tiene de sobrevivir con personalidad y autonomía propias en el actual mundo globalizado, es mejorando y profundizando sus procesos de integración y de cooperación, no sólo en el plano comercial, sino también en las otras dimensiones del proceso, como el desarrollo de la infraestructura, la cultura, y la capacidad científica y tecnológica. En estos terrenos Cuba puede aportar mucho, debido al potencial científico-técnico alcanzado por el país, sobre todo en la biotecnología, la industria médico-farmacéutica, la ciencia de la educación y en otros campos, que mucho han tenido que ver, como ya hemos señalado, con los altos índices de desarrollo humano, comparables muchos de ellos, a los mejores del mundo. Creemos que solo esas, son razones suficientes para que Cuba no desee entrar al ALCA; aunque esa misma exclusión pueda conducir a que el resto de los países latino-caribeños, no puedan aprovechar, en bien de sus respectivos pueblos, esos avances que han colocado a nuestro país como ejemplo de lo que es posible hacer desde el subdesarrollo, cuando existe voluntad política, unidad popular, sentido de soberanía y vergüenza nacional.
"Los cubanos somos excluidos del ALCA, pero no nos sentimos contrariados, sino orgullosos de serlo. No tenemos interés o deseo alguno de recibir la distinción de ser anexados a Estados Unidos. Desde nuestro presente de independencia nacional, solidaridad social y resistencia [...], vemos al neoliberalismo como una aberración de la que nos libramos"[26]
Quisiera finalizar con un llamado que hiciera José Martí a la unidad de nuestros pueblos a finales del siglo XIX, y que hoy es más vigente que entonces, porque el peligro que advertía se ha multiplicado, y amenaza con desaparecernos en nuestro ser identitario: "Ya no podemos ser el pueblo de hojas, que vive en el aire, con la copa cargada de flor, restallando o zumbando, según la acaricie el capricho de la luz, o la tundan o talen las tempestades; ¡los árboles se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas! Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes."[27]
Anexos # 1 y 2 

Fuente: José Antonio Ocampo, Secretario Ejecutivo de CEPAL: Informe Panorama Social de América Latina 2002-2003.
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Citas y referencias
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[1] Ver Anexo
[2] El llamado "Regionalismo Abierto" parece convertirse peligrosamente en "hemiferismo abierto" bajo el ala del águila imperial, que por su influencia y poder, puede devorar a las palomas del sur del Río Bravo.
[3]Ver Informe al Parlamento Cubano, sobre los resultados económicos del 2002 y el Plan Económico y Social para el año 2003, leído por el Diputado José Luis Rodríguez, Ministro de Economía y Planificación de Cuba/Dic.2002.
[4] Ver intervención del Diputado Osvaldo Martínez, Presidente de la Comisión de Asuntos Económicos del Parlamento Cubano/Dic.2002.
[5] Con la teoría de la "fruta madura" Estados Unidos dejaba claro que era sólo un problema de tiempo, el que Cuba cayera bajo su dominio. La Doctrina Monroe con la que Inglaterra fue advertida de que América era de los americanos (1823) y la proclamación del Destino Manifiesto, en el que quedaba establecido como principio de política exterior el expansionismo agresivo (1845), fueron hitos de una política de Estados Unidos hacia America Latina en la que Cuba ocupaba el singular papel de plataforma desde la que se abalanzaría sobre las jóvenes repúblicas vecinas del sur. Así la Isla se constituía en escenario del choque de los intereses ingleses y norteamericanos con respecto a América Latina.
[6] Sin duda la primera gran acción deliberada para la instauración del dominio neocolonial sobre la región. En ambos cónclaves quedaron dterminados los fundamentos de un panamericanismo que tiene como como eje los intereses exclusivos de los norteamericanos.
[7] José Martí. O. C., Tomo 6, p. 158.
[8] José Martí. O. C., Tomo 6, p. 128.
[9] Al constuirse la República de Cuba el 20 de mayo de 1902, ésta quedaba supeditada a la onerosa Enmienda Platt, prácticamente como condición obligada para que las tropas de ocupación yanqui se retiraran del territorio de la Isla. A manera de ejemplo veamos lo que dice en su letra el artículo primero de dicha Enmienda a la Constitución cubana de 1902: "Que el Gobierno de Cuba nunca celebrará con ningún Poder o Poderes extranjeros ningún Tratado u otro convenio que pueda menoscabar o tienda a menoscabar la independencia de Cuba ni en manera alguna autorice o permita a ningún Poder o Poderes extranjeros, obtener por colonización o para propósitos militares o navales, o de otra manera, asiento en o control sobre ninguna porción de dicha Isla". Como puede apreciarse la suerte de Cuba estaba sellada: de colonia de España pasaba a colonia yanqui.
[10] Para más información puede consultarse el libro escrito por un colectivo de autores cubanos, El conflicto Estados Unidos-Cuba. Edit. "Félix Varela". La Habana. 1998, pp. 9-12,
[11] El bloqueo que el gobierno de Estados Unidos ha impuesto a la Revolución Cubana por cuarenta años, constituye un ejemplo notable en las relaciones internacionales de persistencia de una política agresiva, seguida por un Estado contra otro, con el propósito de subordinar a sus intereses la soberanía de las naciones pequeñas. A pesar de su esencia económica, el bloqueo tiene un carácter coercitivo y transnacional, inspirado por una política agresiva e intolerante, fundamentada en una visión histórica sobre Cuba como patrimonio de los EE.UU.
[12] Los ajustes para enfrentar la crisis del Periodo Especial tuvieron como fundamento central, el de sobrevivir y conservar las conquistas alcanzadas hasta ese momento. Contrario al modelo neoliberal, la Revolución Cubana respondió con su inveterado enfoque social y humanista: distribuir equitativamente la crisis entre todos sin excepción; discutir y buscar el consenso popular en todas y cada una de las medidas que progresivamente hubieron de tomarse; mantener la seguridad del empleo e ingresos nominales de los trabajadores, a pesar de la parálisis y cierre de fábricas; prestar especial atención a los jubilados y pensionados; mantener los logros en la educación, salud, la cultura, el deporte, así como en otras esferas de la vida nacional. Los niños y ancianos siguieron siendo los privilegiados de la nación. Este enfoque, -imposible de comprender por los neoliberales y enemigos de la Revolución, incluso por algunos amigos-, reafirmó la unidad nacional y el patriotismo del pueblo cubano.
[13] Por presiones electorales del entonces Candidato Presidencial William Clinton, el 23.10.92 el Presidente Bush firmó la "Ley para la Democracia Cubana" o Ley "Torricelli", la cual impuso mayores restricciones al bloqueo aprobado desde 1961 contra Cuba. Esta legislación prohibió los negocios con Cuba a las subsidiarias de empresas norteamericanas y negó la entrada a sus puertos de aquellas naves que tocaran puertos cubanos, en momentos de euforia ante la debacle del socialismo en Europa Oriental y la creencia de la inminente caída de la Revolución Cubana. Ante la continuidad del proceso revolucionario y los síntomas de recuperación económica, la extrema derecha cubano-americana de Miami y los sectores políticos norteamericanos más conservadores aumentaron sus presiones para tomar medidas más efectivas, fundamentalmente contra la inversión extranjera en Cuba. De ese interés surgió el proyecto de Ley "Helms-Burton", que es la unión de varias legislaciones propuestas al Congreso entre 1994 y 1995, fundamentalmente por los Representantes cubano-americanos Ileana Ros, Lincoln Díaz-Balart y Robert Menéndez. En general, la ley es el resumen de las posiciones más agresivas contra Cuba y representa la estrategia más revanchista que la extrema derecha cubano-americana de Miami ha diseñado para tratar de destruir a la Revolución Cubana.
[14] En el caso de las leyes de nacionalizaciones cubanas, muchas expropiaciones fueron acompañadas por alguna forma de compensación; sin embargo los tribunales de los Estados Unidos nunca han determinado la justeza de la compensación ofrecida por Cuba, lo único que hicieron fue rechazarla por considerar "ilusoria" la compensación que ofreció la Ley 851 de 1960.
[15] Capítulo de Inversiones del ALCA. Segundo Borrador de Acuerdo ALCA . http://www.ftaa-alca.org
[16] Michelle Abdo Cuza: "El área de Libre Comercio de las Américas: ¿Para unir los Estados de América o para los Estados Unidos de América?".Revista del Banco Central de Cuba (BCC), marzo/2002/Año 5,p. 32.
[17] José Martí. Obras Completas. "Conferencia Monetaria Internacional Americana" Tomo 6.Edit. Ciencias Sociales, La Habana, Cuba. 1975. p. 160
[18] Capítulo sobre Compras del Sector Público. Segundo Borrador de Acuerdo ALCA . http://www.ftaa-alca.org
[19] La llamada Carta Democrática Interamericana fue aprobada en el Vigésimo Octavo Período Extraordinario de Sesiones de la OEA, en la Primera Sesión Plenaria, celebrada el 11 de septiembre de 2001 Lima, Perú. En la letra del articulado de la Carta, aparece lo que debería ser, pero no lo que sucede realmente en las "democracias controladas" de la mayoría de nuestros países, donde al parecer los derechos al trabajo, la salud y la educación, no entran dentro de los conceptos "democráticos" de los derechos humanos.
[20] Luis Dallanegra Pedraza: "Acuerdos de integración en el hemisferio ¿integración o desarancelamiento? A propósito de un informe de la OEA sobre el tema". http://www.geocities.com
[21] Martínez, Osvaldo: Neoliberalismo en crisis. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1999. pp. 207-208
[22]ASC es una coalición de grupos laborales, campesinos, indígenas, mujeres y organizaciones y redes ciudadanas que a lo largo de las Américas, se han comprometido para elaborar una alternativa a la globalización corporativa, con apoyo a los derechos humanos, la democracia y la sosteniblidad ambiental.
[23] "El borrador oficial del ALCA "vs- alternativas para las Américas". http://www.alcaabajo.cu
[24] En el año 2002 los gastos presupuestados en Cuba se incrementaron en algo más de mil millones de pesos respecto al año 2001, incluyendo aumentos en la educación por 420 millones, en la salud por 140 millones y 100 millones adicionales para pagos a jubilados y pensionados. Al desarrollo de la cultura, el deporte y la ciencia se destinaron 150 millones de pesos más que en el año anterior. (Informe presentado por Osvaldo Martínez, presidente de la Comisión deAsuntos Económicos del Parlamento Cubano, en la Asambela del Poder Popular de Cuba, diciembre/2002)
[25] Además de los miles de médicos y maestros que han prestado y prestan colaboración en América Latina y el Caribe (y áfrica), en Cuba se han graduado también cientos de médicos y personal paramédico de los países de la región. También desde hace algunos años funcionan en Cuba la Escuela Latinoamericana de Medicina y la Escuela Latinoamericana de Deportes, las que son ejemplo de lo que es posible hacer en términos de colaboración y en la perspectiva de una integración solidaria, como forma de inhibir los efectos de las normativas que se negocian en el ALCA contra el bienestar de nuestros pueblos.
[26] "Cuba sobre el ALCA".Intervención de Osvaldo Martínez, Director del Centro de Investigación de la Economía Mundial, (CIEM) de la Universidad de La Habana y presidente del Comité Organizador del II Encuentro Hemisférico de Lucha Contra el ALCA. La Habana, nov. 2002
[27] José Martí. Páginas Escogidas. Selección y prólogo Roberto Fernádez Retamar.Edit. Ciencias Sociales, La habana, 1991, p. 158
