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Título: La identidad nacional y el socialismo en Cuba. Conflictos en el fortalecimiento de una articulación natural y necesaria en un mundo interdependiente y cambiante?Autor(es): Orlando Cruz Capote
Fecha de publicación: 15 de Enero de 2008
El “Fin de la Guerra Fría ” con la desaparición del bloque socialista de la Europa Oriental y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), entre 1989 y 1991, respectivamente, plantearon a los ideólogos y dirigentes del imperialismo-capitalista industrial y desarrollado [1] - el geopolítico occidente norte y rico - una coyuntura para poder “justificar” y ejecutar, nuevamente, sus planes de dominación, hegemonización y homogenización del mundo. La pregunta de cuál sería el nuevo enemigo fue respondida con distintas denominaciones: el narcotráfico, el terrorismo, los gobiernos “violadores de los derechos humanos”, las guerrillas y los grupos paramilitares enlazados con el tráfico de la droga y las acciones terroristas, así como los “Estados fallidos”, los “Estados villanos”, los “Estados discapacitados” (este nombre se le ha impuesto a Haití), las “izquierdas irresponsables” (Venezuela, Bolivia, Nicaragua y posiblemente Ecuador), los gobiernos y autoridades denominados miembros del “Eje del Mal” (en sus diferentes órbitas de prioridades) y la acción contra los tradicionales y novedosos intentos nacionalistas, populistas, reformistas y radicales. Y, sobre todo, la oposición visceral hacia los nuevos movimientos sociales y políticos, las organizaciones y las agrupaciones que se oponen al Sistema de Dominación Múltiple (SDM) [2] del vigente, hegemónico y unilateral capitalismo transnacionalizado y neoliberal. [3] Y en casi todas esas listas descalificadoras que han elaborado los centros de poder imperiales y, en especial, los Estados Unidos de América, ha estado Cuba, la sobreviviente, revolucionaria y socialista.
Y ese contexto histórico está permeado por el marco doctrinario y el accionar de una política exterior estadounidense, con la anuencia y el consenso de la Unión Europea , Japón y de las transnacionales capitalistas de una guerra o golpe bélico “preventivo” y “humanitario” para defender los “derechos humanos” y evitar la proliferación de armas atómicas y otras de destrucción masiva, entre diversos pretextos. [4] Quizás quien mejor expresó la nueva doctrina política y militar de los Estados Unidos de América, para defender el capitalismo transnacional neoliberal mundial, fue Zbigniew Brzezinski, en 1998, cuando escribió de forma despectiva y brutal que: “(...) los tres grandes imperativos de la estrategia geopolítica son impedir las confabulaciones y mantener a los vasallos dependientes en lo que respecta a su seguridad, conservar dóciles a los que pagan tributo y evitar que los bárbaros se junten”. [5]
Incluso el Pentágono y la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de EE.UU., en los inicios de la década de los 90, programó varios posibles escenarios de guerras que abarcaron hasta algunos países de la Europa capitalista occidental. Pero, en resumen, se pasó urgentemente de la confrontación Este-Oeste a la siempre bien definida confrontación Norte-Sur. Finalmente, el discurso y accionar de los gobernantes norteamericanos se hizo más reaccionario y agresivo, en especial, luego de los atentados terroristas a las Torres Gemelas en Nueva York, el 11 de septiembre del 2001, y su implantación práctica conllevó desde mucho antes, aunque principalmente después, a los bombardeos y las intervenciones militares directas contra diversos países (Panamá, Irak, Yugoslavia (en casi todas sus Estados federados), Afganistán, Haití - por dos ocasiones -, Somalia, Sudán y de nuevo Irak) bajo la justificación de una guerra “humanitaria preventiva y sorpresiva”. Actualmente esa doctrina política-militar de presión, chantaje y amenaza de ataque bélico se mantiene sobre Irán y Corea del Norte, entre otros pueblos del orbe identificados como bases de terroristas que se encuentran “en 60 o más países” y que son denominados como los más “oscuros rincones del mundo”. [6]
A su vez, en el escenario de los años 90, “los nacionalismos encumbrados” y “los monstruos ocultos de las religiones fundamentalistas-radicales” colocaron sobre la agenda de los políticos y los estudiosos de las ciencias sociales, el tema-problema de la Identidad Nacional , el Estado-Nación, los nacionalismos y los regionalismos, tanto a lo interno como a lo externo de los países. En esta etapa crítica de tránsito histórico mundial - época de perplejidades e incertidumbres la denominaron algunos autores - se manifestaron, explícitamente, la existencia de las quiebras de las distintas civilizaciones, ideologías y culturas, incluyendo la modernidad, la errónea y peligrosa aplicación de los vertiginosos adelantos científicos-técnicos que no produjeron el progreso racional de la humanidad, la presencia de los diferentes desarrollos sociohistóricos y culturales, las múltiples religiones actuantes en el orbe, el derecho a la autonomía de los discriminados pueblos originarios (indígenas), las enormes migraciones del campo a la ciudad y de los países pobres a los ricos (aquí estos se mantienen, en muchos casos, como parias indocumentados), la gran acumulación de armamentos de destrucción masiva - tanto nucleares, biológicos, químicos, como convencionales - con la consiguiente y acrecentada carrera armamentista, los conflictos armados internos (nacionales-étnicos, raciales, religiosos, etc.) y las agresiones militares externas, los graves problemas ecológicos acumulados y la presencia activa de las heterogéneas y desiguales comunidades humanas en el mundo contemporáneo. Aunque, sin olvidar, la necesidad de re-construir o continuar destruyendo el viejo-nuevo Orden Económico y Jurídico Internacional existente, incluyendo una posible reforma de la Organización de Naciones Unidas (ONU) - con su anticuado e injusto Consejo de Seguridad -, que no atente (o sí lo haga, como hasta ahora) contra el derecho a la autodeterminación y la soberanía de los países y pueblos.
La polémica teórica-filosófica y política en el escenario internacional.
Los esquemas teóricos-prácticos de “ La Escuela de Chicago” o de los “Chicagos Boys” fueron el mito creado y utilizado - desde finales de la década del 60 de la pasada centuria - [7] para la arremetida capitalista de nueva especie, que lanzó la consigna de una globalización transnacionalizada mundial, especialmente dirigida para ser aceptada por los países periféricos, bajo sus premisas hegemonizantes neoliberales, homogeneizadoras y unilaterales, tanto en las esferas de la economía, la política, la ideología, el comercio, las finanzas y la propia vida social, como también en la cultural y la informática. Estas dos últimas signadas, desde ese momento, como verdaderas industrias [8] de obtención de enormes ganancias con el fin de construir deseos, gustos y dinero - la enorme burbuja financiera, la “rueda de casino” y los capitales golondrinas -, en la mayoría de los casos con un trasfondo seudo-estético, de entretenimientos banales y con una gran especulación en las disímiles Bolsas de Valores internacionales. Desde tales centros hegemónicos del capital se impuso y se intenta imponer, primordialmente, un pensamiento único [9] ajeno a la diversidad de las realidades sociohistóricas y culturales a escala universal. Este pensamiento se rige por el principio de la supremacía de la economía capitalista sobre todas las esferas de la vida de la sociedad, defendiéndose ese “determinismo” en nombre del realismo y el pragmatismo. Los conceptos claves del pensamiento único son: el mercado, la competencia y la competitividad, el libre cambio, la desreglamentación, la privatización, la liberalización, la moneda fuerte (el dólar, aunque últimamente compartido o devaluado y desprestigiado ese rango con el Euro y con algunas materias primas como el petróleo) y la mundialización. [10] Todo este vocabulario conceptualizador es sometido a la circulación reiterada por los medios de comunicación - mediáticos - con una fuerza intimidatoria que logra anestesiar las conciencias, convirtiéndose en armas de control y parte de toda una ingeniería de la persuasión invisible, mediante la publicidad, los sondeos y el marketing. Las herramientas futuristas de la información y la comunicación sirven más para el condicionamiento y cerco de los ciudadanos que para su emancipación. [11] Noam Chomsky, recientemente, ha expresado que, paradójicamente, “(...) el lavado de cerebros en libertad es más eficaz que en las dictaduras”. [12]
El Consenso de Washington, el primero de ellos, alcanzado en un seminario celebrado en la capital de los EE.UU., en los finales de los años 80 y principios de la década del 90, con la participación del Instituto para la Economía Internacional (IEI), el FMI, el BM, el BID, representantes de la Asociación del Tratado Internacional de Aranceles y Servicios (GATT), luego transformada en la OMC y algunos economistas y políticos latinoamericanos se manifestó por el “(…) redimensionamiento del Estado [en el que se] identifican: la disciplina fiscal, la priorización de los gastos públicos, la reforma tributaria, la liberalización financiera, el régimen de cambio, la liberalización comercial, la inversión extranjera directa, la privatización, la desregulación y la propiedad intelectual, lo cual lo lleva concluir que concurra a una “drástica reducción del Estado y a la corrupción del concepto de Nación”, así como la máxima apertura para la importación de bienes y servicios y a la entrada de “capitales de riesgo” lo cual
implica una “soberanía absoluta del mercado”. [13] Esos presupuestos han conllevado a un proceso de des-nacionalización y des-industrialización de las tradicionales naciones y zonas industriales, produciéndose un traslado o exportación de las empresas productivas y de servicios a los países, regiones y localidades donde la mano de obra es más barata, porque allí se pueden imponer altas cotas de represión abiertas, crueles y desembozadas contra las débiles sociedades políticas y civiles que están, además, muy desorganizadas y, por tanto, desprotegidas.
Con los supuestos teóricos del fin de la historia, las ideologías, las utopías, el choque de las civilizaciones, de la anunciada destrucción y desaparición del marxismo y el leninismo, el surgimiento del postmodernismo de derecha [14] y el ascenso al poder de la ola neoconservadora (los Neocom) en los Estados Unidos de América, [15] se trató de imponer una impotencia que conllevaba a la inercia, el conformismo y la paralización de la lucha revolucionaria. Todos estos actores evocaron, insistentemente, el término de la crítica a la realidad circundante que, a su vez, trataron de omitirla haciendo de la filosofía política una abstracción especulativa y, por lo tanto, promoviendo la edulcoración complaciente del presente. Los pensadores Horkheimer y Adorno lo plantearon de la siguiente forma, “(...) las metamorfosis de la crítica en aprobación no dejan inmune ni siquiera el contenido teórico, cuya verdad se volatiliza”. [16] Además, estas propuestas “(...) erosionan y fragmentan el mito, la ideología, la racionalidad histórica, los sistemas, las síntesis, el sujeto histórico, y todo aquello que conlleve a la formación de modelos, arquetipos, paradigmas”. [17] Es en ese sentido que el concepto de desconstrucción de Jacques Derrida, es una clave para la caracterización del discurso de derecha de la postmodernidad.
La Revolución en ese discurso postmodernista, reformista de derecha y neoconservador desaparece del vocabulario político - por ende de la práctica - y todo lo que se parezca a un salto en la historia es considerado un accidente y/o un azar histórico anormal que pudiera endeudar el futuro. La evolución paulatina, las reformas dentro del status quo son el esquema a seguir; se encubren o desaparecen, como por arte de magia, el papel de las vanguardias políticas, el rol de las fuerzas motrices, las clases o agentes sociales dinamizantes de la sociedad y propiciadores de la transformación social. Al unísono se eclipsan los cambios radicales y se omite la existencia del imperialismo y sus esencias, [18] con las consiguientes secuelas de explotación, enajenación / alienación y opresión socioeconómica hacia los trabajadores asalariados y los pueblos que son cada vez más marginados y excluidos. La lucha de clases, los combates nacional-liberadores y los antagonismos con los centros imperiales pasan a un nivel secundario o no están en el libreto de la obra humana contemporánea. Ha sido y es tanto el peso del ataque ideológico enmascarado o totalmente abierto de tales presupuestos que ya no somos lo que éramos y ya no tenemos los mismos objetivos de lucha. La historia rebelde y la política subversiva han perdido legitimidad y representatividad. Como lo reflejara el escritor uruguayo Mario Benedetti: “Es (...) la No-historia (la) que nos quieren vender”. [19]
Los postmodernistas de derecha, en consonancia con los teóricos del pensamiento débil o blando y los Neocom, generaron y reproducen discursos en los que proclaman al neoliberalismo como la única alternativa y al pensamiento único como el único posible - recordar a la ex primera ministra del Reino Unido, Margaret Thatcher cuando proclamaba triunfalistamente, en los años 80, que “There is no alternative” (“No hay alternativa”) - mientras, por el otro lado, con el “papel de los juegos de lenguaje en la vida política”, “la redescripciones pragmáticas”, “la espectacularidad de la vida” y el asunto de “la realidad como simulacro”, estos elementos reaccionarios cooptan para sí a otros intelectuales, originariamente vinculados de alguna manera a las luchas políticas y sociales, logrando una estratégica victoria a favor de la hegemonía del capital transnacional.
El discurso de la “posthistoria” ha determinado las barreras absolutas entre lo público y lo privado, difuminando lo primero, puesto que sugiere que, incuestionablemente, el Estado-Nación ha agotado todas sus potencialidades como principal agente organizado del desarrollo socioeconómico y que el mercado es uno de los referentes históricos - el otro sería la democracia occidental representativa burguesa - de la legitimidad de la dominación transnacional neoliberal. Las fronteras nacionales se “esfuman”, se habla de una “soberanía limitada” y se teoriza acerca del nomadismo identitario y la transfronterización que, aun siendo reales pero injustos, intentan diluir la Identidad Nacional.
Los filósofos acríticos, preocupados cuando más por la semántica, los valores estéticos vacuos y apartados de la realidad sociopolítica se convierten en profesores e investigadores con grandes salarios y hasta posibles fortunas, mecenazgo que le tributa la burguesía transnacional en el poder. Estos pensadores - algunos agrupados en fundaciones de tanques de pensamientos (Thins Tanks) - padecen del eclecticismo teórico en el uso de los conceptos, la carencia de conceptualizaciones e hipótesis compartidas, han propiciado el retorno de las metodologías empíricas y el uso acrítico de éstas, al subjetivismo extremo que caracteriza la representación de los actores con el fenómeno social, la ausencia (casi completa) del nivel teórico en los estudios e investigaciones, el predominio del ensayismo o la literatura (el testimonio con algo de ficción) dentro de los estudios científicos que renuncian a los requerimientos comprobadores e interpretativos del discurso académico. Por otra parte, se realizan ofertas teóricas huérfanas de base empírica demostrativa, se practica el paralelismo de las investigaciones y la ausencia intencional - parcelación - de referencias a otras esferas de la misma área científica y de otras disciplinas, un marcado pragmatismo y tendencia a convertir las ciencias sociales en tecnología social, entre otras. En esa línea ideologizante, estos representantes y otros intentan despojar a naciones y pueblos enteros de su historia y su memoria, no existe experiencia anterior y todo hay que comenzarlo de nuevo o de la nada (más bien de menos cero), convocan al desmantelamiento del Estado-Nación-Soberano y Popular (el último epíteto se adapta al caso cubano) frente al otro Estado-Nación-Imperial, para de esa forma imponer y consolidar la vieja-nueva dependencia, la ilegitimación de la Identidad (o las Identidades) y el poder nacional-clasista progresista y revolucionario.
La plataforma política e ideológica está diseñada para restablecer la democracia occidental con la fuerza de los cañones y culminar la nueva repartición de las riquezas estratégicas del globo terráqueo, como las energéticas y acuíferas, las forestales y los recursos minerales de mayor valía para la producción de los armamentos y para la industria científico-tecnológica de punta o de avanzada. En ese afán expansionista e invasionista, consumista y derrochador, se está poniendo en crisis la biodiversidad del planeta, en peligro la capa de ozono, los ecosistemas de todo tipo y se ha espoleado una inminente hecatombe ecológica mundial, como el ya evidente cambio de los patrones climáticos que está provocando temperaturas más elevadas, el descongelamiento de los glaciales, el aumento del nivel del mar, la desertificación de las tierras, etc., que están poniendo en juego el destino mismo de la especie humana. Se ha olvidado la máxima de Carlos Marx, de que “(...) sólo cuando la ciencia procede de la naturaleza - es verdadera ciencia. Toda la historia es la preparación del ‘'hombre' para convertirse en objeto de la conciencia sensorial y para que las necesidades del “hombre en cuanto hombre'' se hagan necesidades naturales sensoriales. La historia misma es una parte real de la historia natural: de la naturaleza que viene a ser hombre. Las ciencias naturales llegarán a incluir las ciencias del hombre, lo mismo que la ciencia del hombre incluirá a las ciencias naturales: habrá una sola ciencia”. [20]
Este conglomerado de fuerzas de derecha pretende exigir, presionando salvajemente o de forma sutil, a todos los gobiernos del orbe que se preparen para el acatamiento de los eufemismos de la democracia tutelada, las elecciones supervisadas, el pluripartidismo, así como la tan divulgada libertad de expresión, de reunión, de huelga, en fin, de los sacrosantos derechos humanos occidentales para, a su vez, liquidar las tradiciones patrióticas y culturales, inmovilizar la lucha revolucionaria y antiimperialista, negar la unidad nacional, así como los procesos integracionistas solidarios y complementarios regionales y, con ello, destruir las Identidades Nacionales y declarar la inviabilidad del socialismo como paso superior en el desarrollo de la humanidad. A nombre de una denominada Aldea Global - solo el 20% de la humanidad tiene acceso a Internet y esta minoría es propietaria y consume el 80% de lo que se produce a nivel mundial - se viola constantemente los derechos de la contrapuesta, artificialmente, independencia y autonomía de la Aldea Local , en la que ambas se requieren y necesitan mutuamente, pero sobre nuevas bases si se quiere alcanzar ese mundo mejor posible, necesario e imprescindible en el que todos tengan oportunidades iguales.
En ese ambiente de predominio de la ola contrarrevolucionaria neoconservadora mundial de los años 90, la mayoría de los partidos comunistas - y otros de izquierda - comenzaron a cambiar de denominación, muchos marxistas y leninistas realizaron un strip tease político - fueron conversos - y transitaron a la derecha o la centro-derecha. Algunas de las llamadas izquierdas, ni que expresar acerca de gran parte de la socialdemocracia institucionalizada, se desesperanzaron y se desdibujaron, castradas por sus propias insuficiencias, errores y la copia mecánica-seguidista de modelos extemporáneos, perdiendo sus plataformas programáticas principistas. Otras, simple y llanamente, naufragaron en la amnesia ideológica, la frustración, el nihilismo y el apoliticismo; volvieron a dividirse, subdividirse y algunas dejaron su identidad ideopolítica en el más inusual y extraño combate: se rindieron sin disparar su arma de la guerra y, en muchos casos, ni siquiera utilizaron el arma de la crítica y de la resistencia. Y en ese maremagnum de problemáticas y dificultades se encontraba como un baluarte (in)-extinguible, [21] la Cuba socialista.
Solo a partir del año 1998, comenzó un proceso de recuperación real de las fuerzas de izquierda, fundamentalmente, en América Latina y el Caribe. El triunfo de Hugo Rafael Chávez y la Revolución Bolivariana en Venezuela; la realización de los Forum Sociales Mundiales, celebrados desde 1999, [22] en los que se dieron cita los recuperados y nuevos movimientos sociales y políticos del mundo: los antideuda externa, los altergobalizadores anti-neoliberales, los anti-ALCA y anti-TLC, los indigenistas, los feministas, los homosexuales, los antibélicos, los ecologistas, los comunitarios, los barriales, los sin tierra, los piqueteros, los de las empresas recuperadas, los de la teología de la liberación, las madres y abuelas de la Plaza de Mayo, etc.; así como el triunfo de José Inacio Lula, en Brasil, la victoria en las urnas de Nestor Kirchner y Evo Morales en Argentina y Bolivia, respectivamente (Cristina Fernández, de Kirchner, en el 2007), la llegada al gobierno de la Michel Bachelet , en Chile, la victoria electoral de Rafael Correa, en Ecuador y de Daniel Ortega, en Nicaragua, fueron signos - aunque diversos en sus contenidos específicos - de los nuevos tiempos que se avecinaban. El desafío al imperialismo-capitalista transnacional neoliberal fue retomado y relanzado desde las tierras de Simón Bolívar y José Martí, sin negar que este reto está preñado de grandes dificultades a lo interno y ante las posiciones asumidas por la reacción internacional.
Cuba: su Identidad Nacional y el Socialismo ante los nuevos retos.
La importancia de revisar la nueva etapa de la Identidad Nacional en la Historia de la Nación y de la joven Revolución Socialista Cubana, pasa por varios puntos histórico-teóricos básicos. El tema adquiere cada vez mayor interés científico, social, cultural, ideopolítico y educacional, que se deduce también de las nuevas políticas educativas-culturales integrales impulsadas por la propia vanguardia del proceso revolucionario en este nuevo período, las cuales han asumido la construcción de la Identidad Nacional , además de patriótica y socialista, antiimperialista y latinoamericanista, también como tercermundista, internacionalista, integracionista y humanista-universal como uno de sus principales objetivos para este siglo XXI que recién comenzó.
La recurrencia hacia la cuestión de la Identidad Nacional en la Mayor de las Antillas esta signada, tanto por necesidades prácticas existenciales, así como por los cambios de la vida actual, consecuencia del despliegue de las tecnologías informáticas de la globalización transnacionalizadora capitalista neoliberal y por el giro epistemológico que ha sufrido el pensamiento social contemporáneo. El enfoque transdisciplinar y complejo - herencia de las mejores tradiciones fundacionales marxistas - es una de las concepciones que más ha trabajado este tema y está aportando nuevas definiciones y una nueva comprensión de la realidad objetiva y subjetiva. [23] Desde el análisis complejo, la Identidad Nacional , Cultural y Social del sujeto es también el resultado de una dinámica singular de adaptación y cambio para la búsqueda individual y colectiva del equilibrio con el cambiante entorno natural y social, internacional y regional, así como con el Yo, nosotros mismos (lo nacional y lo local al interior de la nación). Pero desde los inicios, la evolución y desarrollo de este proceso ha estado marcado por la auto-transformación, la creatividad y la relatividad de la práctica social y el propio conocimiento, que se ha dado a través del diálogo, aunque también en la polémica crítica, hasta contradictoria y antagónica, la comunicación y el intercambio, para lograr el acuerdo y el compromiso (o no), de la diversidad y la diferencia con los Otros o el Otro.
Ello supone la realización de nuestra propia libertad de elección y autonomía personal relativa [24] que cuenta, además, con una autoestima y autosuficiencia suficiente en la que, específicamente el cubano, no se siente menor en cuantía ni valía ante cualquier otra nacionalidad. Porque, además, lo distingue en su carácter e idisiosincracia, el sentido de resistencia, la alegría y el optimismo, siempre dispuesto al humor constante - recordar los rasgos más positivos del choteo cubano reseñados por Jorge Mañach - [25] en el momento más difícil pero más oportuno, como vía de desplegar las tensiones y enfrentar cualquier grave o complicada situación que se presente con responsabilidad y ética, voluntad y determinación, audacia y valentía.
Por otro lado, en los últimos años, ha ido creciendo el consenso en cuanto a reconocer que el problema de la Identidad Nacional tiene una expresión individual raigal en cada individuo y en cada colectivo por pequeño que sea, pero que posee también una naturaleza relacional-social muy determinante en la sociedad como un todo. De esta forma se incrementaron los estudios sobre la Identidad Nacional y de las otras identidades, como las multiculturales y multirraciales, que se producen en las provincias, los municipios, las comunidades y los barrios cubanos, así como en las esferas-problemáticas de las relaciones raciales, las sexuales y las etáreas, incluyendo las intergeneracionales, además de las manifestaciones de las políticas culturales aplicadas sobre los diferentes grupos en general y las espontaneidades - estas siempre bajo alguna influencia - que surgen desde la vida cotidiana, desde abajo o desde lo local, desde lo comunitario o lo barrial, donde se aportan nuevas prácticas, conceptos y enfoques. En este sentido, ha habido un aporte interesante en y desde las historias provinciales y municipales elaboradas por los responsables de historia del partido comunista a estos niveles, las regionales y locales desarrolladas por la Unión Nacional de Historiadores de Cuba (UNIHC), las investigaciones desplegadas por las instituciones y agencias del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) y los estudios que llevan a cabo las Oficinas del Historiador de las ciudades, allí donde se han creado, así como también las que elaboran, constantemente, los centros e instituciones culturales en todo el país.
En la actualidad y en el contexto de la multiculturalidad se destaca la importancia de entender la Identidad Nacional y Cultural no como una defensa a ultranza del tradicionalismo - que no significa lo tradicional -, o desde la similitud y/o desde la diferencia extremas, por el contrario es necesario mantener este equilibrio inestable entre lo particular y lo universal, entre el pasado, el presente y el futuro, entre la tradición, el cambio y la transformación. El concepto de redes sociales aportado por el nuevo pensamiento social, desde el ángulo epistemológico y metodológico, es muy valioso a la hora de entender como se ha formado una nacionalidad como la cubana: unietníca, aunque multicultural y multirracial, [26] que ha sufrido por siglos una fuerte imposición y penetración cultural e ideológica, a través de diferentes símbolos y valores ideológicos ajenos, discriminatorios, desintegradores, desestabilizadores y negadores de su identidad autóctona. El papel de las diferentes formas de combates sociales y de liberación nacional, anticolonial y antiimperialista, de lo que se llaman prácticas identitarias alternativas de resistencia y de lucha, ha sido, en muchos casos, decisivo para el proceso de la conformación de una Identidad Nacional y Cultural propia.
En este marco teórico conceptual y del análisis histórico y lógico, debemos enfocar los anteriores y los novedosos estudios e investigaciones, porque hay que partir de que la Identidad Nacional en Cuba es un proceso de construcción social compleja, contradictoria, dinámica y abierta, de creación objetiva y subjetiva, no lineal y que ha variado históricamente, recomponiéndose constantemente y que, de hecho, ha atravesado por distintas etapas, reelaboraciones, estancamientos relativos, retrocesos y avances, en tanto ha sido un proceso en permanente crisis, desequilibrio y reajuste significando que el movimiento y las tensiones activan el florecimiento y el fortalecimiento de la cubanía y la cubanidad auténtica y legítima. La vida real y la interpretación de la dinámica y la tirantez entre valores que compiten y/o se complementan y las visiones alternativas han conformado ese proyecto de Cuba como Nación y lo Cubano como Nacionalidad e Identidad Nacional.
En los nuevos escenarios, las recientes investigaciones han traído como resultado que el estudio contemporáneo del significado de la Identidad Nacional en Cuba, en su sentido más amplio, se han estado saturando de variados contenidos conceptuales y metodológicos (aunque no todos acertados o válidos), de nuevas y múltiples cargas semánticas, simbologías y mitos. Los conceptos que abarcan la esencia y los fenómenos, con sus mediaciones necesarias, de la Identidad Nacional , el Estado-Nación (Estado-Nación-Popular y Socialista, después de 1959-1961), la Nación , la Nacionalidad y el Nacionalismo - la anteriormente denominada “ La Cuestión o el Problema Nacional” - [27] han sido corregidos y, tal vez, revisados por los impactos de los diversos y asimétricos procesos globalizatorios, [28] en especial, el transnacional capitalista neoliberal. Otros factores, principalmente exógenos, que han estado incidiendo en las investigaciones cubanas son la crisis económica y social, denominada Período Especial en Tiempos de Paz, [29] que tienen por causa principal el derrumbe del socialismo en Europa Oriental y en la URSS y por el recrudecimiento de la política agresiva de los gobernantes de Washington contra la Revolución Cubana. [30]
Y aunque fueron las grandes eclosiones nacionales y sociales de los siglos XIX y XX en las que se conformaron, de manera decisoria y constante, la Nación y la Nacionalidad Cubana , hubo otros instantes y procesos que ayudaron a esa consolidación. Estamos mencionando, en primer lugar, la Guerra de los Diez Años (1868-1878), en la cual cristaliza el proceso de formación de Nación y Nacionalidad, junto a su epopéyica “Protesta de Baraguá”, en la que se mostró la intransigencia patriótica de luchar hasta su definitiva independencia, con su consecuencia mediata: la abolición de la esclavitud en 1886; la Guerra Chiquita (1879-1881); la tregua fecunda (1881-1895); la Segunda Guerra de Independencia (1895-1898); y en el siglo XX, el re-despertar de la conciencia nacional - la también denominada “década crítica” (1920-1930) -, la Revolución del 33 (1930-1933-1935), la renacionalización de la Nación Cubana (1940-1952) [31] y, la última etapa, en la que se desarrolla la lucha insurreccional armada y política, popular y cívica - también ética-emancipatoria - en la Sierra y el Llano (entre 1953 y 1956-1958), [32] así como el triunfo de la Revolución Cubana el Primero de Enero de 1959, como hitos épicos esenciales de ese proceso, que no han agotado ni mucho menos el proceso de conformación y reconfiguración de la Identidad Nacional que continúa hasta nuestros días.
Y en segundo lugar, porque en Cuba se ha demostrado la presencia de una fuerte tradición filosófica e histórica, ideopolítica y social, educacional y cultural que, aun siendo contradictoria, no lineal y compleja, ha sido y es autóctona, continua y bien estructurada, con persistencias y rupturas, que contribuyó, indudablemente, a la definición de los principios teóricos y prácticos, éticos e ideológicos de la labor social, familiar, escolar - pública y privada -, laica y religiosa, [33] comunitaria e institucional para mantener en el cubano la conciencia de su cubanía y cubanidad en el afán por mantener la independencia y soberanía nacionales de su Patria.
En la actualidad y como correlato de los impactos exteriores - el derrumbe del Muro de Berlín con sus consecuencias y el arreciamiento de las agresiones y del bloqueo norteamericano contra la Isla - se ha producido un redimensionamiento y una reestructuración de la economía nacional que ha necesitado de una apertura a la inversión extranjera, de la tecnología de punta o de avanzada y de la búsqueda de mercados para poder insertarse en el mundo capitalista transnacional, con cierto nivel de competitividad. Y aunque este proceso ha tratado de estar planificado, controlado y regulado por el Estado Nación Popular y Socialista cubano, como por su vanguardia política: el Partido Comunista de Cuba (PCC), ha traído como consecuencia una transformación de la estructura y organización económica - industrial y productiva, comercial y monetaria - así como socioclasista de la sociedad, [34] con un crecimiento notable en el sector terciario, una reformulación de las formas de propiedad (estatal, extranjera, mixta, cooperativista, privada y cuentapropista), con la influencia inevitable y paradójica del Fast World de la informatización, la mediática y la sociedad del conocimiento y el intercambio incesante de saberes.
En este escenario internacional y regional, la población cubana hacia su interior varió en la composición cuantitativa y cualitativa de sus clases, grupos y sectores, segmentos y estratos sociales que abarcan también los etáreos, [35] los de géneros, razas, los de una mayor preparación educativa, ideopolítica y cultural, de la consolidación de su libertad en poseer creencias religiosas [36] y de un aumento organizativo y funcional de la sociedad civil, [37] etc. Pero las dificultades acumuladas, por las razones externas e internas, han traído la aparición o el resurgimiento, en algunos casos, de desigualdades e inequidades que la Revolución en el poder había reducido a su máxima expresión. Las tensiones contradictorias y dinámicas, así como los conflictos de valores [38] crecieron en la sociedad cubana en una etapa de verdadera supervivencia para el país y la Revolución. [39]
Por ende se han re-conformado y re-creado diversos grupos identitarios que, sin abandonar su condición de cubanía y sin extraviar definitivamente su conciencia de que la nación y ellos deben transitar hacia el socialismo, están representando formas de comprender y aprehender esta Identidad Nacional desde otros ángulos de recepción y percepción específicas, así como de autoreconocimiento propio sin importar si son minoritarios dentro del cuerpo societal. Y la sociedad se diversifica porque el socialismo no es expresión de homogeneidad ni de unanimidad, sino una verdadera práctica popular democrática y participativa, directa y representativa, en la que los intereses individuales y el de los distintos grupos - de familia, trabajo y de las comunidades -, así como de géneros, edades, razas, religiones y culturas en general, se realizan de forma complementaria, aunque contradictoria, con los intereses de la sociedad en su conjunto. Y unos no deben excluir a los otros, sino que deben y pueden coexistir y ser siempre inclusivos.
Una socióloga cubana lo expresa de la forma siguiente: “(...) En el caso de Cuba, a pesar de las diferencias de nuestra situación nacional con respecto al resto del mundo, los cambios en los estilos de vida, las nuevas diferencias sociales, los conflictos de valores, la escisión entre comportamientos públicos y privados, las vicisitudes de nuevas identidades, la precariedad (en la encrucijada de la pertenencia y la otredad), el efecto de la “desmentida de la realidad” que se observa en algunas realizaciones de los medios, las dificultades en el trabajo educativo (como es la difícil conciliación de disciplina con iniciativa y creatividad, masividad con calidad, nuevos profesores emergentes e integrales y su capacidad de transmitir con efectividad los nuevos conocimientos con las técnicas de la televisión, el video y la computación), junto a otros problemas actuales, no nos permiten estar a salvo de la crisis; sobre todo, cuando el país entero parece haber atravesado, también, su crisis de identidad (y no lo digo sólo en su connotación negativa, sino como posibilidad de repensarnos) (...)”. [40]
Apuntes sobre el pensamiento acerca de la Identidad Nacional.
Ese debate cubano, [41] entre 1989 y el 2007, acerca de la Identidad Nacional se produjo como un ciclo en espiral en el campo de la disciplina histórica, [42] aunque se dimensionó extraordinariamente en la esfera ideológica, ahora acompañada por otras ciencias que intervienen, complementan y se apropian, en muchos casos, de su campo de acción desde los estudios socioculturales, en especial de la llamada culturología, la psicología-social, la etnología, la antropología-social, la filosofía, la politología y la siempre omnipresente sociología, y hasta de la influencia de las diversas miniescuelas teóricas norteamericanas y europeas como la etnometodología, el interaccionismo simbólico, el neopositivismo, el neoparsonianismo, entre otras muchas.
Los nuevos resultados han arrojado, [43] por una parte, la eliminación en algún sentido la parcelación de las investigaciones, los ángulos empíricos simplificados (simplistas o reduccionistas), superar en algo la crisis epistemológica, obviar la unilinealidad absoluta de los procesos y fenómenos - “la marcha inexorable hacía el progreso” -, variar las aristas de los procesos con “regularidades predefinidas”, lo que no quiere decir que predomine la relativización, además, se han abordado nuevos procesos, acontecimientos y personalidades de la vida nacional, etc. Pero, por otra parte, en algunos escritores y sus obras, parecen haberse olvidado u obviado al marxismo y la dialéctica materialista, autoestimándose en demasía, traspolando palabras, vocabularios y conceptos de otras disciplinas, doctrinas o cuerpos teóricos, hasta re-inventando neologismos que pretenden ser atractivos. Al unísono, reaparecieron en este nuevo debate, como “ave fénix”, las “viejas” escuelas, tendencias y corrientes positivistas, neopositivistas, estructuralistas, construccionistas y deconstruccionistas, las fenomenológicas, las idealistas objetivas y subjetivas, etc., así como el resurgimiento, en el escenario ideopolítico del anarquismo, el anarcosindicalismo, el socialismo utópico y el trotskismo, la permanencia del marxismo-leninismo de vieja factura soviética, sin olvidar al maoísmo, la ideas y prácticas de la socialdemocracia, el liberalismo burgués y las doctrinas sociales de las religiones, en el caso específico cubano, la católica.
La filosofía marxista, en su crisis de superación, está teniendo un rol cada vez mayor en la polémica, aunque es deseable y necesario que formule valoraciones generales y universales, diagnosticadoras y propositivas, basadas en las diversas realidades sociohistóricas y políticas concretas de la vida real. Sobre su situación real en Cuba, la filósofa cubana Isabel Monal, argumentaba, en 1995, qué “(...) Concomitantemente se ha producido en Cuba un proceso de desocialización del marxismo y el leninismo (al que no son ajenos los medios masivos de comunicación, ya por la desaparición referencial al mismo como por la supresión de su terminología). Los últimos años se han caracterizado precisamente por el avance de este proceso cuya gravedad parece innecesario resaltar aquí. Nada justifica, en realidad, que la necesaria inserción del país en el mercado internacional conlleve a una dudosa “inserción” en la producción ideológica”. [44]
Por su parte, otro destacado politólogo, Fernando Martínez Heredia afirmaba, en ese propio año, que “(...) mi impresión es que el viejo “marxismo-leninismo” aun funciona, como una rueda cada vez más suelta, en unos casos desvaído y en otros ligeramente remozado y mezclado con ingredientes “occidentales” (...) lo más visible es una suerte de vacío ideológico aparente. Me preocupa mucho que la agonía vergonzante del “marxismo-leninismo”, que durante 20 años fue confundido con todo el marxismo, aumente el desaliento y la confusión actuales. Hay que evitar que esa ideología arrastre en su caída a todo marxismo posible”. [45] El filósofo cubano José Ramón Fabelo, ha expresado que eran muchas las limitaciones de aquellas formas de interpretar el marxismo y el leninismo como la “(…) excesiva dependencia de la política, exagerado optimismo histórico, limitado filo crítico hacia la realidad socialista, elementos de teleologismo y de universalismo abstracto, visión cerrada y conclusiva de la teoría de Marx, Engels y Lenin, negación absoluta de todo posible aporte realizado en los marcos de filosofías no marxista, etc.” [46]
Y aun en nuestros días, luego de cerca de 20 años de Período Especial, se puede percibir que el marxismo auténtico y creador - o los marxismos - ha perdido relativamente el espacio hegemónico intelectual y político en el seno de la sociedad y la cultura política cubana, con una repercusión inmediata en el sistema de enseñanza nacional y en los procesos formativos de las nuevas generaciones de cubanos, así como su presencia en las interpretaciones y análisis de los problemas históricos, también en otras disciplinas y en la propia política ejercida que, aunque enuncie su profesión de fe hacia el mismo, su brújula por instantes, coyuntural o de mediano plazo, parece apuntar hacia otras cosmovisiones y cuerpos teóricos-filosóficos o hacia un eclecticismo muy paradójico o contraproducente para el socialismo que construimos.
En la contemporaneidad la Identidad Nacional , no solo en Cuba, está siendo cuestionada en sus posibilidades de ser el núcleo esencial, [47] capaz de fungir como sustrato orientador frente a la inconmensurabilidad de cambios amenazadores, provenientes tanto del exterior como desde el interior de los cuerpos societarios modernos. [48] Ello refuerza como cierta la afirmación que “(...) La identidad sólo se torna una cuestión cuando está en crisis, cuando algo que se supone como fijo, coherente y estable es dislocado por la experiencia de la duda y la incertidumbre”. [49] Es lo que la escritora y pensadora española María Zambrano solía también expresar, pero en otro sentido también válido al advertir que, una catástrofe sólo es verdaderamente catastrófica si de ella no se desprende algo que la rescata, algo que la sobrepasa.
Unido a ello, se ha hecho hincapié en la índole dinámica-conflictiva y tensional de la cuestión identitaria, particularmente en regiones como America Latina y el Caribe, en la que están coincidiendo una hibridación entre formas e instituciones tradicionales y manifestaciones socioculturales (post)-modernas o modernas tardías, como algunos la han llamado, en virtud de la diversificación de interacciones transnacionales e incluso, del resurgimiento de lo Hispanoamericano desde las Cumbres Iberoamericanas iniciadas en 1991, [50] así como de los variados intentos de integración regional, en los que algunos Estado-naciones, como actores significativos, están configurándose como potencias capitalistas emergentes. A la dificultad para conformar identidades densas nacionales y regionales - fuertes y resistentes - se une la existencia de una pluralidad de medios de identificación antes homogeneizados por la política o por sistemas holísticos de creencias que, a la vez, aparecen como atomizados y desvinculados. A la ola de homogeneización se une una avalancha desintegrativa, partes de la misma estrategia y táctica del Sistema de Dominación Múltiple del Capital.
A pesar de los desgastes evidentes en el discurso ideopolítico acerca de la Identidad Nacional y el Estado Nación en muchas partes del planeta como consecuencia de los preceptos neoliberales, en el caso cubano, el cuerpo societal ha logrado, en momentos determinados, que el discurso político valorice en su justa medida sus opiniones porque, en ocasiones, este expresaba el “deber ser” en contraposición con el “ser” de la realidad y, a la inversa, en no pocos instantes básicos el discurso político advirtió, siempre que le fue posible, las potencialidades de tendencias o cambios que se avecinaban. Un ejemplo clásico de esa fuerza premonitoria de la vanguardia fue cuando el Comandante en Jefe Fidel Castro, desde 1987, 1988 y con mayor fuerza en 1989, anunció en intensos y valientes discursos públicos que, en caso de que despareciera el socialismo en Europa Oriental y hasta la mismísima Unión Soviética, Cuba socialista resistiría y existiría luego de esa hecatombe geopolítica. Este hecho se repetiría, el 17 de noviembre de 2005, cuando el propio líder de la Revolución , reflexionó acerca de la posibilidad de la irreversibilidad del socialismo en Cuba, por errores e insuficiencias propias. [51] El actual proceso de debates, discusiones y polémicas públicas que transcurre en Cuba, sobre la base del discurso del Vice-Primer Presidente del Consejo de Estado y de Ministros, Segundo Secretario del CC del PCC y Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), el General de Ejército Raúl Castro Ruz, [52] son parte de la retroalimentación y la interacción permanente y necesaria entre las masas populares y la vanguardia política.
Pero lo cierto es que, entre 1989 y el 2007, los intelectuales orgánicos, los científicos sociales y el discurso político retomaron y redimensionaron con la mayor fuerza posible la Historia de la Nación y de la Cultura Cubana , de la Nacionalidad , el Estado-Nación y la Identidad Nacional como respuesta lógica y razonable al complejísimo escenario internacional que se configuró y que hoy día continua recomponiéndose. Al esfumarse el paradigma y referente histórico que significaban la construcción socialista en la Europa del Este y, en especial, en la Unión Soviética y, ante el oportunismo agresivo de los círculos de poder de Washington, en la Mayor de las Antillas se profundizó y se continua profundizando en las tradiciones históricas revolucionarias, democráticas y progresistas de la historia nacional, en las incesantes luchas por la total independencia y soberanía nacionales en estrecha conjunción con los combates por alcanzar una justicia social más plena.
Cuatro artículos que fueron publicados tempranamente en la prensa nacional, dos de ellos en el diario Granma, Órgano Oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y otros dos en la revista Casa de las Américas, definieron diáfanamente el curso del debate que se desarrollaría en la Isla a lo largo de más de una década. Los autores de tales ensayos histórico-políticos y filosóficos fueron: Armando Hart Dávalos, [53] Miguel Barnet, [54] Jorge Luis Acanda [55] y Fernando Martínez Heredia. [56] Sin embargo, el título de los trabajos de los dos primeros escritores, marcaron las pautas de la nueva fase de la gran batalla de pensamiento que se avecinaba para salvar a la Nación , la Patria y el Socialismo cubano: “Cultura e Identidad Nacional” (en tres partes) y “La historia: nuestro bastión, nuestra brújula”. Más tarde, en los años 1990, 1992 y 1994, se sumaron cuatro nuevos artículos que fueron elaborados por Armando Hart Dávalos (1990 y 1994), Cintio Vitier (1992) y Roberto Fernández Retamar (1994) denominados: “Ciencia y conciencia” (en tres partes), [57] “Martí y el desafío de los noventa”, [58] “Cuba defendida. Contra otra leyenda negra” [59] y “Una pelea cubana contra viejos y nuevos demonios” [60] que también delinearon la posición de principios, orgánica y científico-revolucionaria de los intelectuales, del liderazgo del país y de su pueblo. Aunque todo ello tuvo sus antecedentes en décadas anteriores. [61]
La mayoría de los trabajos y las polémicas científicas e ideopolíticas - en algunas participaron “los que se fueron” y los emigrados en general, aunque nunca los contrarrevolucionarios - fueron publicadas en las revistas especializadas y divulgativas en la esfera de la cultura y, también, en la prensa partidista y aquella perteneciente a las organizaciones políticas y sociales, de los jóvenes y de los trabajadores. Esto se debió por la correcta política, ideológica-cultural de la dirección de la Revolución , sus instituciones y de sus organizaciones de la sociedad civil y política. Porque, una y otra vez, la raigal Cultura Nacional, incluyendo las mejores tradiciones políticas, patrióticas y revolucionarias de todos los tiempos, se convirtieron en un factor esencial de la resistencia popular patriótica y antiimperialista, latinoamericanista, solidaria e internacionalista, así como en el valladar ético más importante para la salvaguarda de la Identidad Nacional , la Independencia y Soberanía Nacional, la Nación , el Estado- Nación Popular y Socialista cubano. En esos años Fidel lo resumió en una frase: "Una revolución solo puede ser hija de la cultura y las ideas”. [62]
Todo se produjo en paralelo a la necesaria búsqueda de una utopía, de un ideal siempre por alcanzar, de un sueño “imposible” pero realizable, sujeto a permanente perfeccionamiento y renovación. Esta percepción de que, lo que existe nunca está completamente conquistado y, por eso, urge revitalizarlo con superiores metas originales y creativas, hace del proceso cubano de conformación de la Identidad Nacional de un dinamismo singular. Y este desarrollo a lo largo de la historia, en esencia dialéctico, no renuncia a los pilares básicos de sus mejores tradiciones revolucionarias, sino que las refuerza. Ese discursar y la propia realidad cotidiana y trascendente que es, ante todo, emancipatoria y ética-revolucionaria que rechaza al conservadurismo quietista y evolutivo - de cualquier fuerza y movimiento social e ideopolítico - ha hecho reafirmar a un politólogo cubano que en Cuba, “(...) esta específica nación surja no sólo como plasmación de realidades preexistentes sino como sobre todo como un proyecto”” [63] que, a su vez, es corroborado por otra investigadora cuando expresa “(...) Nuestra conciencia de Nación por razones históricas y culturales, es más expectativa de liberación que consagración del orden, más horizonte e invención que tranquilizadora y pesante estructura.” [64]
Un año más tarde, en 1996, Cintio Vitier escribía, en su ya prolifera obra ensayística, “(...) Lo que mejor nos identifica, pues, nuestra más creadora identidad, no puede ser únicamente un catálogo de “logros”, de realizaciones, de paradigmas. Sin desdeñarlos, la identidad está más cerca de la utopía que de la consagración. La identidad no es un hecho consumado”. [65] Y por su parte, Eduardo Torres Cueva planteó que “(...) lo esencial de la definición de la cubanidad es el resultado de fases y etapas diversas en la formación de un pueblo. Ese fondo profundo que condiciona actitudes, aspiraciones, sentimientos, modos de ser y de vivir, y sobre todo, esa compleja amalgama que conforma lo más profundo de la mentalidad cubana. Profana, libérrima, alegre, fuerte, y siempre situada en el límite de todos los límites. En la necesidad de ser y en la obligación de buscar su deber ser, porque de lo contrario podría sería su no ser”. [66]
Estas aseveraciones que no descansan en subjetivismos abstractos, se verifican en la propia Historia de Cuba, cuando analizamos que todos l
