Revista Cubana de Filosofía. Edición Digital
No. 3. Mayo - Septiembre 2005. ISSN: 1817-0137


 
 

Artículos

Título: Ética de la comunicación (Ideas para una discusión por venir)
Autor(es): Mtro. Marco Millán
Fecha de publicación: 15 de Mayo de 2005

Pensar que 1300 millones de seres humanos viven con menos de un dólar al día, que la mitad de la población mundial vive en pobreza, que la satisfacción de las necesidades nutricionales básicas en todo el mundo costarían 13000 millones de dólares y en Estados Unidos y Europa se gastan 17000 millones en comida para animales y que 12000 millones de dólares se gastan en perfumes en países desarrollados y que con la mitad de esa cifra la educación básica podría ser universal, nos hacen pensar que nos hemos olvidado del pensar, nos hacen pensar que hace tiempo que no sabemos lo que significa ser humanos, nos hacen pensar que la ética no es una asignatura pendiente, sino una asignatura nunca cursada o, bien, casi siempre reprobada.

Hay pues un acontecimiento que nos llama a la urgencia del pensar. Pensar no significa preconcebir un camino, sino hacer camino y señalar, apuntar hacia posibilidades, abrir terreno a la meditación.

El pensar de la ética debe llamarnos a establecer su morada más allá de la legislación o de la política. El pensar la ética con sabiduría tendría que pensar más allá de códigos deontológicos de profesionistas y profesionales, más allá de justas normas, más allá de moralidades inescrutables e insufribles.

La tarea de la urgencia del llamado de la ética cunde con prisa y precipitación por los linderos de la Comunicación. Los linderos de la Comunicación electrónica y las maravillas inocentes de la red, de la web, reclaman también con urgencia el meditar sobre las profundas condiciones que se imponen desde ideas preconcebidas sobre el espacio y el tiempo. Toda tele-tecno-ciencia de la comunicación marcha, a diferentes niveles, sobre ideas preconcebidas del tiempo y del espacio. ¿Qué condiciones imponen los ritmos del decir, los ritmos de las ganas del decir? ¿Quién impone esos ritmos? ¿Bajo qué parámetros suponemos la idea de rapidez, de concisión, de inmediatez? Todo ello como conceptos ligados al tiempo, a un tiempo determinado, a un espacio determinado, a un ritmo determinado, a miradas determinadas. ¿Qué hemos de pensar del que cree poder ser un intelectual en los medios? ¿Del que cree "como intelectual- poder decir algo a los ritmos del noticiero nocturno?

¿Qué hemos de pensar de los ritmos editoriales, de las propuestas escénicas, de las repetidoras permisionarias y de los permisos de las repetidoras, de las concesiones a la saciedad, del beneplácito de la indiferencia colectiva, de la carencia de pluralidad?

No es consuelo, para nuestra tarea del pensar la ética, el hecho de suponer que hoy existe mayor apertura que antes, por ejemplo en la información y no debe ser un consuelo porque es muy dudoso que esa apertura haya tocado fondo, dudoso que esa apertura haya cambiado significativamente sus formas. Dudoso por supuesto que sea el "mercado", el lugar, la topografía por excelencia, a la que haya que someter nuestros ritmos de las ganas de decir algo. No es cuestión de legislación, es una cuestión de principios, de hábitos. Las leyes se institucionalizan desde los hábitos, si nosotros tenemos hábitos pobremente humanos, la mejor legislación no podrá hacer nada o, quizá, lo más que suscite son mecanismos para su violación sistemática. Los códigos de ética de las empresas pueden ser un gran fiasco ante los hábitos de los empleados, ya sea que estos sean buenos hábitos y vuelven innecesario el "código" o que sean malos hábitos y que vuelvan inoperable el "código". Más tarde hablaré volveré a esta cuestión. Los hábitos se adquieren por costumbres culturales inculcadas, para recomponerlos en caso necesario, hay que aprender ciertas virtudes, a desarrollar virtudes que pueden aprenderse y que reclaman la fuerza del pensar, del pensar auténtico.

El pensar la tarea de la ética nos sitúa en el plano de la formación, de la adquisición de virtudes que funden nuestra posibilidad de acreditar la asignatura pendiente o la asignatura francamente reprobada, aplazada.

Parece imponerse, por ciertos acontecimientos recientes en México y el mundo, pero sobretodo por una necesidad humana fundamental, el reconocer los aportes de algunas de las principales tendencias de la ética contemporánea para contribuir al debate sobre el tema en los estudios de la Comunicación, de la formación del profesional, del estudiante y del que enseña la ética.

Es tarea inaplazable el conformar un discurso sólido que contribuya a orientar la toma de decisiones en políticas públicas en el ámbito de la comunicación social y de entretenimiento. Y ello sólo puede provenir del ámbito de la reflexión, predominantemente académica, donde los ritmos del pensar " afortunadamente - son otros, donde el tiempo es otro, donde el espacio se vuelve liberación de ideas.

Para comenzar dicho camino proponemos, a manera de agenda de discusión revisar algunas de las tendencias relevantes (no exhaustivas) para la fundamentación de la ética en Comunicación, creemos que, al menos, debería situarse discusiones en torno a :

- ética Teológica

- ética del Discurso

- ética de la Liberación

- ética Aplicada (en ámbito empresarial)

Planteamientos-guía

Las discusiones en torno a la ética pueden abordar temáticas muy concretas. Es muy frecuente encontrarnos libros de ética que abordan aspectos históricos, ideológicos y/o moralistas, o bien encontrar vanas discusiones sobre aclaración de conceptos, mientras ahora mismo, en la realidad, sucede algún acontecimiento, que reclama una decisión de carácter ético, por ello creemos que al abordar planteamientos temáticos concretos " como los ahora propuestos - se debe de tener en cuenta el hecho de no caer en simples aclaraciones semánticas, sino, en todo caso, en aclaraciones pragmáticas derivadas de ideas de sólido arraigo filosófico y maduradas en tiempos propicios a la reflexión. La ética no puede rehuir el debate filosófico de alto nivel y no puede más que poner ese debate al servicio de una ejecución de carácter pragmático concreto que oriente la toma de decisiones. Con ese ánimo enseguida justificamos nuestra propuesta. Veamos.

ÉTICA TEOLóGICA

Hace diez años (agosto-septiembre de 1993), se celebró en Chicago el II Parlamento de la religiones del mundo, tomando parte clérigos y laicos de diferentes religiones, arrojando como resultado una declaración de principios que reflejara los acuerdos mínimos que, desde las diferencias, permitieran suscribir los fundamentos de una ética Mundial.

Se trataba de formular un "consenso básico mínimo relativo a valores vinculantes, criterios inalterables y actitudes morales fundamentales" (Küng 2002:31), a través de principios de validez universal :

a) No es posible un nuevo orden mundial sin una ética mundial

b) Condición básica : todo ser humano debe recibir un trato humano

c) Cuatro condiciones inalterables :

- Compromiso a favor de una cultura de la no violencia y respeto a toda vida

- Compromiso a favor de una cultura de la solidaridad y de un orden económico justo

- Compromiso a favor de una cultura de la tolerancia y un estilo de vida honrada y veraz

- Compromiso a favor de una cultura de igualdad y camaradería entre hombre y mujer

d ) Cambio de mentalidad

Estos principios mínimos parten, a su vez, de la siguiente convicción : No puede haber paz mundial sin diálogo entre las religiones.

La posibilidad de pensar en una ética de la comunicación no puede pasar por alto los acuerdos que se han suscrito en el mencionado parlamento y en otros semejantes, porque pueden ser usados para la conformación de códigos deontológicos laicos que no obvien los fundamentos religiosos en los que suelen sustentarse aquellos, con o sin la conciencia del caso.

No hay, prácticamente, ninguna cultura que en sus orígenes y su sustento de identidad no hayan pasado, indispensablemente, por una conformación de carácter místico-religioso. La palabra "religión" no es una palabra afortunada por sus implicaciones plagadas de inocencia semántica y de infantilismos dogmáticos, pero como señala Eliade "desafortunadamente no tenemos a nuestra disposición una palabra más precisa que el término "religión" para describir la experiencia de lo sagrado. Y tal vez sea demasiado tarde para buscar otro vocablo, y "religión" todavía puede ser una palabra útil si tenemos en cuenta el hecho de que no implica necesariamente la creencia en Dios, dioses o espíritus, sino que se refiere sólo a la experiencia de lo sagrado y, por tanto, se halla relacionada con los conceptos de ser, sentido y verdad".

Una teología de la Comunicación requiere, indispensablemente, una mirada al problema de la pluralidad de creencias y prácticas religiosas, pues en ellas descansan las vivencias inmediatas de grandes comunidades humanas que, en una vida concreta, alrededor de vivencias cotidianas concretas, hacen posible su relación valorativa en torno de lo cual deciden lo bueno y lo malo. Nadie puede indicar de manera definitiva qué es lo bueno ni qué es lo malo, pero lo que sí se puede es determinar que a través del camino del estudio de las religiones hay respuestas concretas que implican eticidades concretas en mundos de vida determinados cuyas fuentes de valores son, precisamente, las religiones.

La eticidad o moralidad concreta es donde se gestan y se adquieren los valores como formas del hábito, es decir, que en el ámbito de las microestructuras de lo familiar cobran cuerpo las creencias que habrán de perfilar la toma de decisiones concretas de una persona, en una sociedad dada. Una familia incorpora un cuerpo de creencias a través de las cuales se moldean actitudes y se toman decisiones. Es a estas microestructuras a las que suelen enfocarse iniciativas moralizantes vinculadas a empresas de bienes y servicios que ven en la "caridad" una forma de organización de eventos de dudoso altruismo o de dudosa concientización de la direfencia. En estas microestructuras se viven esas experiencias de lo "interior" que están más allá del derecho y que conectan más con el carácter de lo sagrado como experiencia íntimamente humana, que con las meras leyes, pues éstas tiene un carácter "externo" diferente. Y esto, como todos sabemos, puede tener referentes ejemplares muy concretos, piénsese en la enorme cantidad de violaciones a la ley hechas por individuos que, sin embargo eran buenas personas alrededor de esta microestructura.

La ética concreta de la enorme cantidad de grupos reducidos y esparcidos a lo largo y ancho del planeta, se sustenta en microestructuras concretas que viven sus valores en el marco de religiones determinadas, por lo general en barrios pobres desde México hasta Delhi. Estas vivencias éticas concretas no conectan, necesariamente, con la esfera de lo público y menos aún con alguna de las modalidades de la "globalización". Recuérdense los datos dados al inicio de esta exposición.

El debate en torno a un diálogo interreligioso, donde los laicos o no practicantes tomen parte activa, debe ser pensado como un hecho impostergable en el marco de la ética. De no hacerlo las opciones son ya conocidas y poco satisfactorias y van desde las derechas reaccionarias hasta las izquierdas trasnochadas y sin rumbo. El diálogo interreligioso no es cuestión sólo de iglesias, sino de ciudadanos responsables. El papel que en este marco juegue la comunicación será fundamental. La tarea en este terreno es ardua y espinosa, pero por ello absolutamente indispensable. La gente común y corriente no aprende valores en la televisión : los aprende hasta la médula en su casa, la gente no se vuelve violenta por las películas de Tarantino, sino por la violencia intrafamiliar, la gente, el grueso de la gente pobre no lee a Aristóteles y aprende a ser prudente : simplemente no cultiva la prudencia sino la ventaja, la alevosía. Casi siempre todo ello conlleva una forma de religiosidad mal entendida, inocentemente mal dispuesta.

Nos gustaría remarcar la necesidad del Diálogo. Hablar de Diálogo suena prudente y necesario, pero ejecutar un verdadero diálogo debe ser bajo la prudencia y la necesidad : la necesidad de la prudencia. El Diálogo interreligioso es necesario, el Diálogo por sí mismo es, ya siempre, indispensable. No puede haber ética sin diálogo.

Propiciar el diálogo interreligioso es una tarea indispensable desde los medios, pero ¿los ritmos del tiempo de la televisión lo permiten? ¿lo permite la etiqueta de lo "complicado" de lo "difícil"? ¿un intelectual debe permitirse someterse a los tiempos de la televisión?¿es admisible que un teólogo intelectual se le permita disponer del tiempo de la televisión para exponer ideas sobre el diálogo interreligioso? Y bien, el camino del pensar la ética mundial desde el diálogo interreligioso no es ajeno a los caminos de la comunicación de masas. Así lo constató el propio Häns Küng no sin contratiempos de producción. Se propuso hacer una serie de televisión llamada "En busca de nuestras huellas", no sin el temor a los grandes presupuestos por parte de las corporaciones y además sobre un tema muy delicado. El proyecto se produjo, sin embargo, con entusiasmo, eso importa muchísimo, pero nos importa destacar algunas observaciones del afamado teólogo en relación a la producción de la serie . Küng señala que " seguramente ha quedado ya claro que yo, en cuanto especialista en religión, no me acerque a este proyecto a la manera de un periodista de televisión. Yo no podía limitarme a hacer grabar secuencias gráficas actuales o interesantes para escribir después unos comentarios sobre esas imágenes. Tuve que elegir otro acercamiento distinto, que a los profesionales de la televisión puede parecerles harto complicado" (Küng : 2004) Subrayamos que es desde su calidad intelectual de especialista en religión hay una negativa a someterse a los ritmos de la producción en televisión, de tal forma que al grabar en situ algunas escenas prescindió de teleprompters y de paneles con texto escrito y esto con la seguridad de tener por cierto que "quien dialoga con otros sin conocer la propia posición, más que facilitar, confunde" Y sólo para rematar este apartado cito otras palabras de Küng en torno a la realización de la serie y que, en nuestra opinión dignifican el papel del intelectual, del académico, del profesional que no se deja medir por la tábula rasa de la imposición de ritmos, de miradas, de tonos y de tiempos : "Antes de la realización yo estaba ingenuamente convencido de que los intereses del autor y del director eran por supuesto los mismos. Pero pronto quedó claro que el director y el operador partían de la idea de que el texto debía adaptarse lo máximo posible a las imágenes, mientras que yo, como autor, estaba y estoy convencido de que las imágenes tenían que adaptarse lo máximo posible al texto y de que sólo así llegaría a realizarse el plan trazado por mí. Al fin y al cabo yo no era una especie de autor de tramas policíacas que entrega un texto con el que después el director y el operador realizan lo que les parece que tiene más intriga e interés"(Ibid)

ÉTICA DEL DISCURSO

Del amplio espectro de las discusiones contemporáneas sobre ética, es de especial relevancia para los estudios de la comunicación, los fundamentos filosóficos de la ética del Discurso. Kart-Otto Apel se ha referido explícitamente a "el a-priori de la comunidad de comunicación y los fundamentos de la ética" y Jürgen Habermas ha intitulado su principal obra : "Teoría de la acción comunicativa". Ambos, aunque con diferencias notables, son los máximos representantes de una ética basada en la racionalidad argumentativa, que sustenta la premisa de que sí es posible alcanzar acuerdos racionalmente motivados en una comunidad de afectados en sus intereses. La ética discursiva es procedimental, lo que significa que el énfasis de sus construcciones teóricas está en el cómo. Alcanzar acuerdos sobre asuntos relevantes requiere de un procedimiento con pretensión de aplicabilidad universal que tenga validez universal.

Para quien por alguna razón aún se crea ajeno a un debate esclarecedor sobre religión y su relación con moralidades concretas, podría apelar a la ética del discurso. Esta perspectiva defiende la idea de que son los argumentos los que permiten el diálogo desde las diferencias, para lo cual, en la versión de Habermas se sustentan las llamadas "pretensiones de validez universales" :

La pretensión de verdad, referida a los hechos que de manera objetiva se puede defender sustentados en evidencias justificadas racionalmente.

La pretensión de veracidad, referida a la convicción interna, sincera, franca, que de manera subjetiva está puesta como orientadora de la pretensión de verdad, bajo la convicción de que se puede estar en un error, pero que no permitirse la mentira deliberada. La veracidad nace de una profunda convicción, previamente meditada, de que es mejor, para la colectividad en su conjunto, evitar el engaño con fines instrumentales previamente calculados.

La pretensión de normatividad, referida al hecho de que nos conducimos bajo normas, leyes, reglamentos o códigos que hemos asumido como reglas mínimas de la convivencia y del diálogo ético. Si, en determinado momento, esa normatividad no garantiza la mínima convivencia se debe poner a discusión argumentativa bajo la premisa de acordar lo que es mejor para la mayoría como comunidad concreta de afectados en sus intereses.

La pretensión de inteligibilidad, en referencia a una circunstancia indispensable : la claridad en lo que se dice. La defensa de una postura, de una idea, de una investigación ha de encontrara una forma del lenguaje que conecte claramente con los afectados en una toma de decisión colectiva. Aquí no habría que subestimar ni sobrevalorar a nadie. No se trata de caer en los excesos del habla coloquial ni en los del habla intelectual, sino en el justo medio.

Estas pretensiones presuponen un indispensable principio ético : la intersubjetividad. Ello significa el reconocer que no puede haber ética donde no hay Otro, porque la ética es, por definición, colectiva. Toda acción o decisión que tomamos tiene una afectación en algún Otro incluyendo las que creemos muy personales. No hay idea del "si mismo" si no parte del Otro.

Con respecto a Apel, éste defiende un replanteamiento del imperativo categórico kantiano, a saber, mientras que para Kant cada uno debería actuar conforme a la máxima de sus virtudes con la pretensión de que formara parte de una legislación universal, para Apel tal imperativo es aún solipsista y arrastra los prejuicios de un sujeto individualista, razón por la que piensa que hay que reformularlo. La versión propuesta por Apel indica que "no puede argumenta el que no reconoce al otro como igual y racional", siendo este nuevo imperativo irrebasable para cualquiera que pretenda generar un consenso entre afectados en sus intereses. Este imperativo sólo recoge el núcleo de la fundamentación ético-filosófica, pero Apel alude asimismo que es indispensable sumar a este imperativo, al momento de su aplicación, la parte vivencial concreta de una comunidad históricamente determinada. La suma de ambas partes representaría lo indispensable para marchar en la ruta de esta ética procedimental.

La ética discursiva reconoce por un lado (A) la necesidad de fundamentación de principios universalizables y, por otro (B) la necesidad de que dichos principios sean aplicados contrafácticamente a una comunidad real de comunicación. Veamos, rápidamente cómo esta ética puede tener una aplicabilidad concreta. Enfoquémonos a nuestra principal tarea académica : el proceso enseñanza-aprendizaje, tanto en un aula como en la vida profesional.

Como académico que enseña algo, antes de ese algo que enseña explícitamente a través de un temario, enseña con el ejemplo, ¿con qué ejemplo? Un profesional de la comunicación antes de redactar la nota, de hacer el reportaje, de aplicar la entrevista, es decir antes de mostrar su trabajo, debe de antemano considerar la posibilidad de ser ejemplar ¿qué tipo de ejemplaridad? En ambos casos yo puedo hacer uso, a priori de las pretensiones de validez o del a-priori de la comunidad de comunicación. Antes de dar una clase, e independientemente del tema del que se trate, debo de considerar que frente a mi hay un interlocutor que es capaz de dialogar con pretensión de decir algo verdadero, con pretensión de sinceridad, con pretensión de ajustarse a una normatividad aceptada en lo general y con pretensión de inteligibilidad. Sin estas pretensiones en juego o al fallar alguna de ellas, sencillamente no habrá cumplimiento de principios éticos dialógicos mínimos e indispensables, por ejemplo, si falla la pretensión de inteligibilidad, no hay condiciones de apelar a la mera normatividad, recuérdese el lenguaje ininteligible de políticos que entienden su labor como "organización de fiestas" y donde las sanciones legales correspondientes " si las hubiera- simplemente no surtirían efecto. Lo mismo ocurre en el ámbito profesional : si un periodista o comunicador no presupone el desempeño de pretensiones de validez, bajo su propio riesgo, sólo encontrará un interlocutor ficticio, vacío.

En cuanto al principio ético de la argumentación, como forma irrebasable del discurso que pretende consensos de las diferencias, es un principio práctico perfectamente adaptable al mundo académico y al mundo profesional. Aquel que expone una clase, que da un seminario, que imparte un saber, debe considera a-priori "al otro como igual y racional", es decir como alguien capaz de argumentar, sabiendo que la pretensión de argumentación no puede ser superada sin incurrir en contradicción performativa. Lo mismo hay que decir para el caso de los profesionales de la comunicación.

En la Comunicación hay que hablar de diálogo para que nuestros códigos no se transformen en meros actos de fe irracional y acorde a la moda del best sellers del momento y, en cambio, sean verdaderos mecanismos procedimentales, no vacíos de aplicabilidad concreta.

ÉTICA DE LA LIBERACIóN

La ética de la liberación es una ética de la vida. La vida es el fundamento último e irrebasable de toda postura ética, estética, política, económica o pedagógica, etc. No se pueden suscribir principios éticos mínimos sin este principio máximo común a toda religión o cultura; no se pueden alcanzar acuerdos argumentativos que pongan en entredicho la vida; no se puede pensar en discusiones morales y/o religiosas sin este principio rector indispensable. La ética de la liberación parte de la exclusión del 85% de la humanidad que participa como víctima de un orden mundial económico-bélico que da sentido paradójico a la época de la "globalización". Asimismo esta ética latinoamericana participa de un debate vivo y activo entre las posturas relevantes a los estudios de la especialidad en el mundo. Hablar de liberación es hablar de la opción ética por los pobres con todo y sus cruces teológicos.

Esta ética nos recuerda un hecho fundamental : que toda actividad humana, toda cosmología y cosmogonía, que toda cultura o civilización, que toda norma moral o positiva, tiene su fuente en la permanencia de la vida humana. El principio ético del que parte es que "debemos producir, reproducir y desarrollar la vida humana", lo cual presupone que esa vida tiene su manifestación más evidente en el otro que me sale al encuentro como corporalidad. Siendo que la miseria, el hambre o la enfermedad no puede ocultarse o esconderse como las ideas o las intenciones subjetivas. La vida del otro me impone, ya siempre, una responsabilidad. Más aún si su vida está en peligro. La comunicación implica, para poder ser, el desarrollo de la vida. Aquí puede notarse cómo el "no matarás" del decálogo, si bien es necesario, no es suficiente, pues puede conducir a la indiferencia y a la estrategia de la simple caridad o a la subasta de la política.

La ética de la liberación, implica una liberación de la miseria contemporánea, sin embargo : "la ética de la liberación no quiere aparecer como novedad. Querría aparecer como puesta al día de una tradición milenaria, pisoteada por el cinismo del capitalismo globalizador, que se pretende el máximo exponente de la ciencia y la razón, siendo en verdad una decadencia ética, irracional e insensible al dolor de la víctimas" La puesta al día de una tradición milenaria, habla de una tradición ética milenaria, por ejemplo desde el capítulo 125 del "libro de los muertos" de la antiquísima tradición egipcia, que es "el relato de la presencia de la presencia del que ha muerto en la gran sala de Maat (la ley del Universo)…el capítulo se inicia con las famosas declaraciones de inocencia (No cometí maldad contra los hombres. No maltraté a las gentes…). En un momento central del texto podemos leer los siguientes criterios éticos, que el muerto con pretensión de resurrección proclama públicamente en la gran sala de Maat :

Satisfice al dios cumpliendo lo que deseaba. 1) Di Pan al hambriento, 2) agua al sediento, 3) vestí al que estaba desnudo y 4) una barca al náufrago.

Una de las tantas influencias históricas de este texto se deja ver 23 siglos después del origen de la escuela memfita, en un texto hebreo de Isaías 58, donde se escribe :

El ayuno que yo quiero es éste: (…)dejar libres a los oprimidos, romper todos los cepos; 1) partir tu pan con el hambriento, 2) hospedar a los pobres sin techo, 3) vestir al que ves desnudo, y no cerrarte a tu propia carne.

Siete siglos después el fundador del cristianismo se refiere nuevamente a los criterios éticos de Osiris, en Mateo 25 se dice :

1) Porque tuve hambre y me dieron de comer, 2) Tuve sed y me dieron de beber, 3) era forastero y me dieron hospitalidad y 4) estaba desnudo y me vistieron" (Dussel : 1998)

Como es notorio efectivamente esta ética sólo recoge una tradición ancestral y milenaria, que tiene como primera exigencia ética "dar de comer la hambriento" ¿Qué hacen los medios de comunicación por las víctimas? ¿cómo y bajo qué argumentos los someten a sus tiempos de producción? ¿quién dice cómo debe aparecer el rostro del hambriento? ¿cómo dejaremos de jugar con el pobre en televisión? Sin el pobre tendremos, seguiremos teniendo, pobres medios.

ÉTICA APLICADA

A pesar o precisamente a raíz de la "globalización", se hace indispensable pensar en que las empresas, de todo tipo, requieren para su correcto desarrollo, es decir, para su competitividad, principios éticos mínimos indispensables. Las empresas a las que deberemos prestar particular atención son aquellas vinculadas a la comunicación. Las empresas de comunicación y sus anunciantes, deben ser partícipes de la implementación de una ética de validez universal, donde los recursos humanos sean vistos y valorados, ante todo, como humanos. Ello supone acabar con una buena cantidad de prejuicios y asumir que, para las empresas, la ética se traduce en confianza. La ética deberá ser implementada al interior de las propias empresas, pues sólo del interior nacen las auténticas convicciones éticas. Las empresas de comunicación cada vez asumen y fortalecen compromisos éticos a través de códigos, pero éstos serán insuficientes si se ven como parte de una legislación externa a ellos mismos por parte de la empresa. Si bien los códigos son necesarios no son suficientes. Hay que fortalecerlos con constantes encuentros dialógicos entre los participantes donde se puedan abordar, al menos, los tópicos propuestos líneas arriba. Los códigos de ética de las empresas pueden aparecer como simples buenas intenciones mientras no se parta de una auténtica reflexión de su necesidad colectiva y eso presupone mucho conocimiento, mucha participación y mucha apertura a la Otredad : mucha apuesta por la VIDA.

La ética empresarial no puede pensarse como el "negocio de la ética", porque sería desvirtuar su necesidad colectiva. Siguiendo a Adela Cortina, suscribimos que " la ética de la empresa consistiría…en el descubrimiento y la aplicación de los valores y normas compartidos por una sociedad pluralista al ámbito peculiar de la empresa, lo cual requiere entenderla según un modelo comunitario, pero siempre empapado de posconvencionalismo" (Lozano:2004).

El nivel posconvencional de conciencia moral tiene efecto cuando existe un reconocimiento de determinados deberes y valores universales, que están por encima de intereses particulares concretos, en este sentido, hablaríamos de que las empresas " y particularmente las dedicadas a la Comunicación - tienen que atender la demanda civil de respeto a los derechos humanos y la promoción de valores éticos. Y ello sin desatender lo delicado que puedan significar eso de "valores éticos universalizables", razón por la cual el diálogo entre religiones, el diálogo argumentativo y la atención a las víctimas, no puede pasar desapercibido para el ámbito empresarial. Desde luego que la atención a las formas de regular tiempos y ritmos habrá de hablar, claramente, de cuál empresa de Comunicación va teniendo un perfil ético y cuál no.

Las ventajas de adopción de la ética en las empresas representa ventajas competitivas que se traducen en : Mejora de la imagen empresarial, Capacidad de innovación, Cohesión en la identidad ante entornos cambiantes, el evitar conflictos y casos de corrupción, y la atracción de trabajadores mejor calificados, etc…

Con respecto a los "códigos deontológicos", creemos que estos no pasarán de ser listas de buenos deseos absolutamente inútiles, si no son plenamente suscritos por una comunidad de afectados a través del diálogo intersubjetivo con pretensión de consenso, y no impuestos de manera vertical y unilateral por temor o por mezquindad o por confusión caritativa.

Las empresas modernas están ante un inevitable momento histórico donde hay males universales y no meramente particulares, como son : el daño ecológico, la corrupción, el hambre, el desempleo y la guerra. Los grandes males alcanzan dimensiones planetarias y demandan soluciones planetarias y una ética que tienda a abarcar el titánico esfuerzo de reducción de esos males. Las empresas saben que ya no es posible desatender estas prioridades y se notan esfuerzos por situarse en esa perspectiva y entonces vemos pulular las fundaciones humanitarias, que son bienvenidas y necesarias, pero aún insuficientes. Los problemas de fondo no están del todo tocados (algunos de ellos señalados en lo escrito arriba). Para las empresas de Comunicación esto es aún un compromiso por resolver.

CONCLUSIONES

1.- Estas líneas han estado atravesadas por la necesidad de pensar la cuestión del tiempo como cuestión indispensable de la ética. No como el tiempo cronológico de los ritmos de la producción mass mediática, sino el tiempo como la toma de decisiones prudentes y responsables. No Kronos, sino Kairós.

2.- Los laicos, e incluso los ateos, debemos entrar al diálogo razonado de carácter interreligioso. Los medios deben de entrar también, pero con conocimiento de causa, quizá así sepan " productores y realizadores - que una cosa es la manifestación histórico cultural de los dioses y otra, muy diferente, la búsqueda humana de lo Sagrado, que es universalizable. Otra vez : una cuestión de perspectiva temporal. Una cuestión de ética mundial.

3.- A dialogar se invita por doquier. El dialogar será una invitación al soliloquio de emisores y receptores, que si no consideran el componente ético de la racionalidad argumentativa, entonces seguirán pensando que hablar es simplemente dar puntos de vista sin ninguna pretensión que la de hablar para expresar un punto de vista, así con la fuerza de la redundancia. Aquí sólo cabría recordar que opinar no es igual a argumentar y que el reclamo ético desde la racionalidad, es por los argumentos y no por las meras opiniones. Desde luego que argumentar se lleva su tiempo. Dejemos que esta cuestión de lo temporal nos revele todas sus facetas, por el bien de la discusión ética.

4.- Todas las cifras aquí mencionadas y las no mencionadas, que son muchísimas más y más escalofriantes, nos obligan a pensar en la VIDA como el único criterio inaplazable para ética y ciertamente no sólo para nuestra época, sino por la tradición milenaria. Ejemplo contundente de que el Tiempo no es medida, sino irreductible acción humana a favor de la vida. Tiempo como Kairós.

5.- No habrá empresa verdaderamente a la altura de su tiempo, que no es el tiempo de la automatización, sin componentes éticos, sinceramente aceptados. La ética no es un negocio, se puede llevar a los negocios y puede responder a las demandas de la historia. Si lo hace, entonces habrá algo éticamente inamovible a pesar de los cambios y de la innovación técnico.planetaria. Ese algo es intemporal, humano, ético universal. No el tiempo de la producción, sino de la decisión, del acontecimiento que siempre nos revela lo que somos a pesar de todo.

6.- Por último la formación de periodistas y comunicadores universitarios. Creemos que la ética contribuye a la formación desde la puesta en acción de la racionalidad argumentativa. Quien argumenta, ya siempre, muestra un respeto por el otro, por sí mismo y por la razón. Decir la verdad con veracidad e inteligibilidad nos pone en el camino del pensar. El pensar que orienta a que cada vez seamos, ojalá, más divinos y menos animales. Animales de razón lo somos, sí, pero antes, somos seres que cultivan el agradecimiento, que conmemoran, que edifican, que hablan. Pero no puede haber seres de razón sin la razón del olvidado. No permitamos que los medios, que la enseñanza de la comunicación, glorifique las fechas que nos ofrecen los victimarios porque seguiremos cediendo el tiempo vital de los otros acontecimientos que no tienen cabida, ni conmemoración. No permitamos, como académicos, que los ritmos de la meditación del saber, sean cambiados de golpe por la vorágine de la velocidad del vacío de las producciones que no piensan. El mercado no debe imponer los ritmos al pensar universitario, ni su mirada, ni su tiempo. No dejemos que nos roben el Tiempo. Pensemos y actuemos. Dejémonos dignificar por la alta responsabilidad ética.

Bibliografía mínima:

Apel, K-O; (1985) La transformación de la Filosofía, Madrid, Taurus. (2 tomos).
Dussel, E; (1998) ética de la liberación. En la época de la globalización y la exclusión, Madrid-México,Trotta-UNAM-UAM-I.
Habermas, J; (2003) La ética del Discurso y la cuestión de la Verdad, Barcelona, Paidós.
Küng, H; ( 2002), Reivindicación de una ética mundial, Madrid, Trotta.
Küng, H; (2004) En busca de nuestras huellas, Barcelona, Debate.
Lozano, José; (2004) Códigos éticos para el mundo empresarial, Madrid, Trotta.

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