Revista Cubana de Filosofía. Edición Digital
No. 29. Noviembre - Junio 2017. ISSN: 1817-0137


 
 

Artículos

Título: La Edad de Oro: germen de la emancipación mental en la filosofía para niños
Autor(es): Miguel Alvarado Arias | Sede del Pacífico - Universidad de Costa Rica
Fecha de publicación: 01 de Junio de 2009

A partir de La Edad de Oro de José Martí, revista de recreo e instrucción dedicada a los niños de América (Martí, 1853-1895/2001g, p.299), el presente trabajo, se propone abordar tres núcleos temáticos de singular importancia que enlaza una trama de relaciones entre filosofía y literatura infantil.   Inicialmente se desarrolla algunas consideraciones contextuales que permiten vislumbrar La Edad de Oro en su conjunto “como un todo orgánico” (Zambrano, 1992, p. 121).  Después se continua con la reflexión sobre la “emancipación mental” de Leopoldo Zea (1978, pp.20-31), imbricada a la concepción de la literatura infantil de José Martí.  Al final, se consideran las convergencias entre la autonomía del pensar que persigue La Edad de Oro y la propuesta de la filosofía para niños.  En los dos últimos apartados, el cuestionamiento de las nociones “niño” y “adulto”, articula −atendiendo las tesis de Mendel (1977) y Kohan (2000)− una posición crítica al adultocentrismo.

Hacia una visión orgánica de La Edad de Oro

Varios autores (Arias, 1989; Callejas, 1989; Frómeta y Velásquez, 2007, Minelli, 1994; Teja, 1994; Zambrano, 1992), han abordado las complejas circunstancias en que se escribió La Edad de Oro.  Circunstancias en que el autor enfrenta una fuerte tensión de la coyuntura política: las pretensiones económicas y hegemónicas del imperio en expansión (de los Estados Unidos hacia América Latina), así como también, de los avatares de una intensa actividad enfocada en la liberación de Cuba, praxis en que Martí combina la escritura con la acción orgánica.

En este contexto, la escritura dirigida al sujeto infantil no puede considerarse como un hecho aislado, más bien forma parte de una visión integradora, La Edad de Oro se concibe como un todo orgánico en que la concepción de nuestra América, surge como conciencia crítica.    La cual parte de una visión inclusiva, donde los niños y las niñas son la base para la construcción de una humanidad que aprende con dignidad a hacerse a sí misma.

Es oportuno considerar que en este caso la escritura martiana está ubicada en una orientación epistemológica (para-con-desde) los niños y no se suscribe únicamente a la revista de La Edad de Oro, sino que, en muchos momentos de su obra ensayística, poética, epistolar, etcétera, le pertenece también al sujeto infantil.   En el libro José Martí. Lecturas para niños de Hortensia Pichardo (1985), hay una selección minuciosa de los escritos martianos con una guía interpretativa que facilita información importante al lector para una mayor compenetración de la lectura.

La intensidad y la diversidad de contenidos que hay en el Martí de la revista infantil, produce la sensación: “…que fuera más de cuatro números los que quedaron de La Edad de Oro cuando se piensa en la riqueza del material abarcado en ellos.” (García Marruz, 1989, p.200).   Al respecto, Salvador Arias (1989, p. 7)  llama la atención:

Son muy raras las publicaciones periódicas que escapan a lo efímero de su existencia, perdurando más allá del tiempo durante el cuál se están imprimiendo y circulando. Sin embargo, aunque sólo cuatro números de escasa tirada pudieron salir de la Edad de Oro en 1889, hoy día esta goza de mucha mayor difusión que cuando apareció por primera vez…ha ido penetrando cada vez más en los lectores a los cuales primordialmente iba dirigida.

Esta situación inusual se explica precisamente por los lineamientos de una concepción del sujeto infantil innovadora que Martí desarrolló al emprender la faena de su escritura.   Sus textos responden a una dialéctica que plantea una red de relaciones entre el texto y el contexto, entre la escritura y la experiencia de vida.  Además, a una estrategia didáctica del aprovechamiento del ocio[2] en el espacio infantil que parte del principio de alteridad, al valorar y respetar la condición del niño como sujeto inteligente, creativo y constructor del presente-futuro.    Aquí el principio ético se configura con una ruptura a fondo de la cultura colonial y es una comprensión nueva de índole epistémico-humanístico.  Las proyecciones que Martí se planteó en las páginas de La Edad de Oro, coinciden con la afirmación que hace Gianni Rodari (s.f., p.9) en su libro Gramática de la fantasía:

Yo espero que estas páginas puedan ser igualmente útiles a quién cree en la necesidad de que la imaginación ocupe un lugar en la educación; a quién tiene confianza en la creatividad infantil; a quién conoce el valor de liberación que puede tener la palabra. “El uso total de la palabra para todos” me parece un buen lema, de bello sonido democrático. No para que todos sean artistas, sino para que nadie sea esclavo (s.f., p. 9).

La emancipación sugerida por Rodari, es tema de reflexión que Martí vincula con los valores de libertad, dignidad y justicia entre los seres humanos.   El principio de que los niños sean felices (Martí, 1853-1895/2001g, p.303) responde a una reivindicación inalienable de una infancia sana y libre.  “En este sentido, corresponde al cuento inteligente una significación saludable e higiénica en la estructura de la vida emocional del niño” (Vigostski, 2005, p. 384).   La poética del texto martiano, desata la imaginación del sujeto infantil que alza vuelo al pensar, sin desvincularse de lo real y despierta el ejercicio crítico.    Praxis de una fantasía que en palabras de Fina García Marruz, (1989, p.191): “Lo fantasioso está al servicio de lo verdadero y ayuda a lo imaginario.” y añade:

Martí dice que el arte es una “forma de respeto”, no se refiere sólo al decoro de la forma artística sino sobre todo al respeto a aquello que se pretende reflejar, a que el artista no imponga a las cosas su propio modo de entenderlas, sino que sean ellas las que se manifiestan en lo que tienen de particular. Eso fue en él cuidado constante.

Esta visión de hacer literatura infantil,

…atañe tanto al escritor como a su público, [pues incluye] ...la subjetividad de los niños como punto de interés y fundamento para la escritura especializada. En este sentido, el incluir al escritor y a la dimensión creativa en su obra produce otro efecto en el niño como lector, como ser capaz de transformar y revitalizar las historias creadas para él, convirtiéndose en intérprete y, por lo mismo, en un nuevo actor como resultado de su enfrentamiento con el texto.” (de la Garza, 2000, p. 99).

Las estrategias trazadas por Martí en la escritura de La Edad de Oro, se inserta a una situación dialógica.  Disímiles voces se entrecruzan en la creación del imaginario; el lector se encuentra con un interlocutor plural; la lectura transita por un espacio flexible de interrogación, de consulta, de opinión.   La voz narradora es familiar para los amigos lectores, el tono conversacional resulta evidente:

Se puso a escribir largo el hombre de La Edad de Oro, como quien escribe una carta de cariño para persona a quien quiere mucho, y sucedió que escribió más de lo que cabía en las treinta y dos páginas. Treinta y dos páginas es de veras poco para conversar con los niños queridos… (1853-1895/2001g, p.349).

El carácter dialógico nivela una interconectividad entre el autor y el lector abierta a nuevas posibilidades de aprendizaje, dinámica donde el corazón del niño se enlaza con la razón de una realidad múltiple e histórica.    La palabra desentraña la raíz de la cultura inmersa en el horizonte del lector/lectora. La construcción de la identidad no se ejerce con la exacerbación de lo local.   “Martí, pensador global, no piensa en América sóla, sino la encuadra y trenza en el mundo” (Teja, 1994, p. 147).    De ahí que la afirmación Patria es humanidad (Martí, 1853-1895/2001b, p.468) sedimenta la visión universal.   Universalidad enriquecida por un recorrido sumamente variado en las páginas de La Edad de Oro, en ellas las historias anidan contenidos temáticos que desacralizan los discursos del poder instalados a través de la mitología de culturas antiguas y modernas, así como, la puesta en escena de mundos desiguales que invisibilizan al Otro (y su condición de víctima).   Distintos lugares y circunstancias entretejen lo real, en que el conflicto solicita al lector identificarse con situaciones puntuales.   El niño(a) al hilar cuidadosamente las historias de subjetividades concretas, se empodera de una visión cosmopolita crítica, excéntrica (al desarticular un imaginario de pretensión universal y céntrico con respecto a sus periferias).  Reivindica el sitio ético de la justicia tanto en nuestra América como en las otras regiones del planeta.

A modo de cerrar este apartado, es oportuno incluir las apreciaciones que Alejandra Minelli expone en forma puntual:

Procurando que los destinatarios, los niños, hagan una lectura libre de fatalismos y prejuicios y accedan a las contradicciones de la realidad, Martí pretende desarrollar el espíritu crítico.  La Edad de Oro tiende al desarrollo de las potencialidades necesarias para la elaboración de un proyecto de liberación; por lo tanto se la puede pensar como vinculada a una dimensión utópica del proceso revolucionario martiano… (1994, p.129). [3]

La Edad de Oro: germen de la emancipación mental

José Martí no solamente apela a la potestad y al derecho que tiene el sujeto infantil de pensar por sí mismo, sino que en su escritura implementa estrategias para este fin.   Por ello, la unicidad ética y estética surge de manera creadora en el lenguaje que invita a la producción de un saber crítico.   Sobre el tema, García Marruz explica la maestría de Martí, al indicar que mediante: “Un objeto bello moraliza y mejora como el más acabado sermón. Da al niño, más que ideas hechas, los elementos necesarios para que él las forme por sí mismo a través del lenguaje mudo y elocuente de las imágenes, la forma o el color” (1989, p. 196).

El compromiso de José Martí con los niños, es condición de susceptibilidad del hombre natural (Martí, 1853-1895/2001c, p.17) y su relación de equilibrio con la naturaleza, no obedece a disfrazamiento o pose de ningún tipo.   Él participa con el niño en un diálogo entre iguales, honra la capacidad pensante de éste, pues es conciente de la mirada propia del sujeto infantil.    Escribe Martí: “Los niños saben más de lo que parece, y si les dijeran que escribiesen lo que saben, muy buenas cosas escribirían” (1853-1895/2001g, p.303).  

En el proyecto martiano de liberación se encuentra inscrito, el proceso de independencia mental de los niños y las niñas.  El autor de La Edad de Oro manifiesta sin ambigüedad sus intenciones:

quisiera yo ayudar…a llenar nuestras tierras de hombres originales, creados para ser felices en la tierra en que viven y vivir con ella, sin divorciarse de ella, ni vivir infecundamente en ella, como ciudadanos retóricos, o extranjeros desdeñosos nacidos por castigo en esta otra parte del mundo. El abono se puede traer de otras partes; pero el cultivo ha de ser conforme al suelo. A nuestros niños los hemos de crear para hombres de su tiempo, y hombres de América (Martí, 1853-1895/2001h, p.147).

La dimensión descolonizadora de la cita anterior, contiene una visión emancipatoria y, forma parte de las ideas claves de Martí.  El problema de la autonomía de pensamiento en los niños, mujeres y hombres de América Latina, desde la perspectiva martiana, es anticipo y germen de lo que más tarde Leopoldo Zea formularía:

A la emancipación política de las metrópolis iberas ha de seguir la emancipación mental. Esto es, el deshacerse de todo pasado, de los hábitos y costumbres que alejaron a los latinoamericanos de la verdadera humanidad, de la verdadera cultura, que les hicieron caer en la infrahumanidad (1978, p. 20).

La reflexión sobre la emancipación en el contexto infantil plantea una serie de intersecciones que abren el tema a nuevos horizontes, cuyas aristas tematizan sobre el abordaje conceptual de la literatura para niños.   La Edad de Oro como dice su autor: “lleva pensamiento hondo” (Martí, 1853-1895/2001h, p.147), la trama de sus historias despiertan el pensar y viabilizan la autoconciencia de nuestra América, para lo cual es condición necesaria la emancipación mental, es decir, la “ruptura con la cultura colonial en que ha sido formada esta América” (Zea, 1978, p. 23).  La filosofía como un pensar auténtico, es tema que a Martí inquieta en el contexto del sujeto infantil, Martí refiriéndose a la pedagogía moral para niños de Adler[4] , rescata “…el sistema de despertar la inteligencia de los niños a pensar por sí…” (Martí, 1853-1895/2001f, p.297).   La  autonomía del sujeto es asumida por Martí al anunciar: “El primer trabajo del hombre es reconquistarse.  Urge devolver los hombres a sí mismos; urge sacarlos del mal gobierno de la convención que sofoca o envenena sus sentimientos…” (1853-1895/2001d, p.230).  El anterior señalamiento da cabida a repensar la propuesta de Thedor W. Adorno (1998, p. 115) sobre la educación para la emancipación:

La exigencia de emancipación parece evidente en una democracia. Para precisar esta cuestión voy a referirme sólo al comienzo del breve tratado de Kant titulado Beantwortung der Frage: Was ist Aufklärung? (‘Respuesta a la pregunta: ?Qué es ilustración?). Ahí define la minoría de edad, y con ella también la emancipación, diciendo que esta minoría de edad es autoculpable cuando sus causas no radican en la falta de entendimiento, sino en la falta de valor y de la decisión necesarios para disponer de uno mismo sin la dirección de otro.

En la interpretación kantiana de Adorno: la minoría de edad, radica, en la falta de valor y de decisión, en que no se dispone de uno mismo.   Para tal caso, la minoría de edad o inmadurez la padecen los adultos.   Considerando esta perspectiva, La Edad de Oro puede asumirse como preparación de la edad emancipadora del  niño-adulto, este aprende a disponerse por sí mismo sin el control del otro.   Por lo tanto, el ser ilustrado entraña el estado de madurez mental, manifiesta la capacidad de compromiso, su desenvolvimiento crítico, el valor y capacidad de decisión, o sea, no padece el miedo a la libertad (Fromm, s.f.).

Repensar el papel emancipador de La Edad de Oro contribuye a desmitificar al niño a través del re-conocimiento de su condición de persona.   Pero además, pensar al sujeto infantil conlleva a cuestionar al sujeto adulto, lo implica en una relación de reciprocidad.     No se trata de que el adulto dirija su mirada hacia los niños.    Sino de restaurar la mirada infantil que le es inherente, de abrirse espacio para reconquistar su propia humanidad.

No obstante, “los ejercicios” del poder global/local sigue edificando muros de todo tipo.  En el ámbito del crecimiento y aprendizaje de las personas, es un imperativo eliminar las barreras mentales del adultocentrismo.

… “?qué supuestos e implicaciones tiene la separación de las personas en niños y adultos, aquí y ahora?”, “?cómo se legitima los límites entre ambas categorías?”, “cómo se fundamentan?”, “?cuáles son las consecuencias culturales, económicas, epistémicas, éticas, jurídicas y políticas de ser considerado un niño frente a las de ser considerado un adulto?”. No hay niños por naturaleza. Tampoco hay adultos por naturaleza. Esta categorización social está acompañada de prácticas, saberes y valores que constituyen identidades, encuadran relaciones interpersonales y delimitan modos de vida (Kohan, 2000, p. 15).

La descolonización del “niño”, exige la descolonización del “adulto” y plantea asumir la infancia como “…un estado específico que debe poder desarrollarse a lo largo de la vida, paralelamente al estado del adulto” (Mendel, 1977, p. 263).  Los prejuicios que habitualmente posee el adulto sobre la noción “niño”, son incubados por un imaginario social de una sociedad patológica.  Gerard Mendel al estudiar el lugar que la sociedad moderna ha impuesto al niño, quiebra una parte del paradigma epicéntrico de estructuras excluyentes (el centro-periferia organizado en las más variadas facetas, desde lo cotidiano hasta una globalización atroz de relaciones).  La modernidad ha heredado esta visión perversa de mundo y el capitalismo la ha incrementado a tal grado, que en regiones tercermundistas, las transnacionales con la anuencia de los gobiernos, utilizan la esclavización del trabajo infantil.

Mendel (1977) cuestiona la victimización del niño, proceso en que la negación del niño es también negación del adulto:

El niño, tal como nosotros lo conocemos, es un niño infantilizado, culpabilizado por la sociedad de los adultos. Así como el colonizado no es aquel que podría ser, sino incluso, a veces, su caricatura tal como la ha dibujado el colono, que obliga al modelo a parecerse al dibujo, así también el niño actual, que posee más que en ninguna otra época la capacidad virtual de desarrollar su estado específico, es una caricatura del niño del futuro, si es que llega a ser. En cuanto al adulto contemporáneo, al que su tiempo libre (que él mismo llama tiempo muerto) angustia hasta el punto de que, voluntariamente a menudo, llega a matarse en el trabajo, este adulto, decimos, es la caricatura del niño-caricatura. Para la mayoría de los adultos se ha hecho imposible divertirse como un niño (pp. 230-231).

José Martí es consciente del malestar de la cultura y se cura en salud al entenderse él como niño.   Probablemente, Martí percibía que “Seguir siendo niño y, simultáneamente, convertirse en adulto, sería, a nivel individual, una manera de asumir más plenamente la propia humanidad...” (Mendel, 1977, p. 230).  No es casual que Emilio Roig de Leuchsenring (1958, p. 7) se refiriera al “Martí, niño.”   El autor del Ismaelillo ausculta su humanismo cuando escribe: ¡Hijo soy de mi hijo! / ¡El me rehace! (1853-1895/2001e, p.31), relación de alteridad en que se es con el Otro.  Esta perspectiva es vía de acceso al espíritu creador martiano y de su capacidad en profundizar en el imaginario y la fantasía del niño, con un lenguaje en que el asombro, el descubrimiento y el amor a la vida, armonizan con la creatividad amasada con ternura, con la ética del cuidado y es fusión, del conocer con el sentir.  José Martí desde el Ismaelillo y La Edad de Oro se inserta al mundo del otro como un modo de ser.   La vivencia es experiencia radical que en la escritura se da como álter ego, como afirmación de humanidad y es lugar, donde el otro incluido, crece solidariamente.

La Edad de Oro y la filosofía para niños

Anteriormente se ha señalado el propósito de La Edad de Oro: de que los niños y niñas piensen por sí mismos.   Además se hizo referencia a la mirada inclusiva, que suscita el respeto a las diversas culturas y visibiliza la persona-niña (matriz de una línea de pensamiento que evolucionó con las ideas feministas).   La escritura de José Martí dirigida a los niños(as), cultiva el espacio gnoseológico mediante el pensar acorde al sujeto infantil, impulsa su autonomía y afirma la actitud responsable frente al mundo.   Esta síntesis del pensamiento martiano encaja  con los postulados de la filosofía para niños.

La filosofía para niños es hoy un proyecto del filosofar en el contexto del sujeto infantil con experiencias pedagógicas enriquecedoras y diversas.  Aunque se considera a Matthew Lipman su fundador, existe en la filosofía para niños, concepciones y puntos de vista diferentes e inclusive tensiones importantes con respeto a sus planteamientos y abordajes metodológicos.

Este trabajo, no se inscribe en una propuesta en particular, más bien, supone una visión amplia de la filosofía para niños, retomando aportes y aproximaciones que nutren los fines perseguidos por la escritura martiana para niños y niñas.   En la dirección que apunta el texto martiano, los niños no están aprendiendo en el sentido estricto filosofía, ellos están pensando filosóficamente (Kohan, 2000, 19) a través del potencial creativo que produce la lectura.   Para Kohan el reto es crear las condiciones del “surgimiento de las filosofías de los niños” (2000, p.20), él comenta:

Serán los niños quienes construirán sus filosofías y sus modos de producirla. No es mostrando que los niños pueden razonar como adultos que vamos a revocar el destierro de su voz, las voces de los sin voz, los in-fans. Por el contrario, en ese caso las habremos cooptado, lo que constituye otra forma de silenciarlas. Más bien, deberíamos prepararnos para escuchar voces diferentes: aquella voz históricamente silenciada por el simple hecho de emanar de personas estigmatizadas en la categoría de niños, los no adultos (2000, p.20).

La escritura martiana prepara al lector a la difícil travesía o senda de la heteronomía a la autonomía (Freire, 1998, p. 69), el horizonte narrativo de La Edad de Oro libera a la persona niño/niña para que construya su propia mirada [5], allí, la palabra transita ya poseída por el imaginario infantil.   Estos elementos, presentes en la literatura infantil, son parte de una concepción pedagógica de las tesis martianas, Ana María Teja refiriéndose al objetivo trazado por la revista, comenta:

El objetivo de la revista es la formación global del niño americano.  Lo característico del pensamiento martiano es que no razona en categorías de exclusión, sino de inclusión. Abarca al hombre en sus tres dimensiones: entrevera lo racional, lo emocional y lo estético. Así enseña el niño a pensar, estimula su sensibilidad artística y moral, le da criterios nuevos, le despierta la conciencia (Teja, 1994, p. 145).

Razonar en categorías de inclusión se suscribe a un principio ético de la filosofía para niños que incorpora también lo racional, lo emocional y lo estético.   El aprendizaje no se limita a categorías abstractas, sino que el niño desarrolla su pensar y sentir el mundo en forma concreta.   Ann Margaret Sharp explicita que: “La investigación ética comienza por el hecho de la interrelación humana dando igual peso a la subjetividad y a las relaciones sociales objetivas.  Los niños comienzan a investigar mediante la construcción mental de alguna escena real de interacción humana” (2000, p. 56).   

Las relaciones sociales objetivas José Martí las aborda en sus contradicciones, en la raíz de los problemas.   El aprendizaje de la realidad cumple la función: conocer es resolver (Martí, 1853-1895/2001c, p.18).   El develamiento de lo real se coloca en yuxtaposición con lo ideal, provocando en el niño modos de ver y de hacer mundo.   La verdad se presenta tal y como es, se sitúa problematizada, la trama no encubre el conflicto y apela del lector, una reacción, la búsqueda de sentido.    Por ejemplo, el acento que Martí pone sobre la interioridad ética del lector al narrar la historia Tres héroes de La Edad de Oro, demanda acciones concretas frente a la escena real:

Libertad es el derecho que todo hombre tiene a ser honrado, y a pensar y a hablar sin hipocresía. En América no se podía ser honrado, ni pensar, ni hablar. Un hombre que oculta lo que piensa, o no se atreve a decir lo que piense, no es un hombre honrado. Un hombre que obedece a un mal gobierno, sin trabajar para que el gobierno sea bueno, no es un hombre honrado. Un hombre que se conforma con obedecer a leyes injustas, y permite que pisen el país en que nació los hombres que se lo maltratan, no es un hombre honrado. El niño, desde que puede pensar, debe pensar en todo lo que ve, debe padecer por todos los que no pueden vivir con honradez: debe trabajar porque puedan ser honrados todos los hombres, y debe ser un hombre honrado.  El niño que no piensa en lo que sucede a su alrededor, y se contenta con vivir, sin saber si vive honradamente, es como un hombre que vive del trabajo de un bribón, y está en camino de ser bribón (Martí, 1853-1895/2001f, pp. 304-305).

La voz del texto tiene como interlocutor al niño que le brinda pistas sobre el problema ético del sujeto (adulto/niño).   Salvador Arias (2003), explica que Martí supo encontrar el tono preciso para comunicarse con los niños (p.7), tono que es parte de las estrategias de La Edad de Oro.   Agrega que en la revista infantil no puso límites a sus posibilidades expresiva y conceptual (p.7) y más adelante analiza la organización del texto, donde se estructuran tensiones mediante contrastes que él llama la presentación binaria de opciones (p.8).   “Es de señalar que junto a la tendencia binaria de oposiciones electivas, existe en La Edad de Oro otra que pudiéramos llamar ternaria, que deviene también en principio compositivo de algunos de los textos” (Arias, 2001, p.64).

Atendiendo la anterior valoración, cabe señalar que en la cita de Tres héroes, se revelan oposiciones entre libertad y honradez, entre honradez e hipocresía, entre justicia y ley, cuestionamientos entre el ser adulto y el ser niño.   La organicidad del texto martiano responde a la unidad temática que despierta la conciencia de América.

El carácter multidimensional de la escritura martiana, no sacrifica, a costa del ejercicio del pensamiento autónomo, el ambiente lúdico de la revista.  ?Acaso no hay juego en La Edad de Oro?, ?Acaso el lector no goza con la actividad de la imaginación, con la destreza de discernir?   El lenguaje es el instrumento más sutil del pensamiento (Vigotski, 2005, p.382),   al niño no se le paraliza ni la cognición, ni la fantasía, precisamente por que no se le sirve fórmulas hechas.   La escritura convive la realidad emocional de lector(a) porque no está hecha de soluciones cocinadas.  “Y si hay algo realmente repulsivo e insoportable en la literatura y en el arte infantiles, es precisamente la falsa adaptación del adulto a la psiquis del niño” (Vigotski, 2005, p.382).   La fuerza mayor de lo indirecto (Martí, 1853-1895/2001a, p. 87) es una de las sutilezas del lenguaje; se respeta el ingenio, la conformación de criterio y el re-crearse.  La Edad de Oro combina lo lúdico con el pensar, a través de la interacción de lo uno y lo otro, surge el poder de la imaginación.

Si bien es cierto, la revista esta dirigida a los niños y las niñas, también, el adulto puede encontrarse en ella, en su conciencia histórica.    Así cómo rescatar, el niño que lleva dentro.   El volver a aprender a vivir de otro modo (Baili, Edwards y Pintus, 2003, p. 51).

La actual sociedad de consumo, cuya lógica de competitividad atraviesa la economía y la cultura simbólica, somete al adulto a un cúmulo de tensiones y lo obliga a abandonar ¡ese niño!, que lleva adentro.    El “Homo oeconomicus”[6] de la racionalidad instrumental desecha al niño que vive en el ser humano, está situación crea un ego que fragmentiza al sujeto.   Fragmentación que convierte al adulto en un ser infantilizado.  Su infantilización hace de la vida, un absurdo; del mundo, una creación irracional.  ?No es un infantilismo la ambición?, ?Las ansias de poder?, ?El deterioro ecológico?, estos infantilismos y otros son trágicos porque la persona misma es víctima y victimaria.

Cualquier intento de humanización, exige cambios a nivel de las estructuras mentales de la época y requiere serias transformaciones sociales. El reconocimiento del niño-adulto y el sentido de la infancia, cuestiona implícitamente la condición de la persona-adulta.  Si la persona no cuida al niño de su interior, esto le origina una serie de malestares psíquicos y el desmoronamiento espiritual.  Reintegrar al niño perdido o abandonado del adulto, contribuye a fortalecer los lazos afectivos y la comunicación necesaria, marcada por una actitud de respeto hacia el sujeto infantil y hacia los demás.

Leer la Edad de Oro en el siglo XXl, invita a caminar la utopía, a emanciparse de las viejas y nuevas colonialidades, a la soberanía de pensamiento, a des-territorializar el poder y quebrar la institución del patriarcado (de su adultocentrismo y la presencia de éste en el inconsciente), a re-encontrarnos con el otro orden simbólico[7] que nos amamantó en los primeros pasos de la infancia.   Parte del reto es crecer en el espíritu creador y radical de la mirada y en la razón intercultural/social que José Martí heredó a todos: niñas y niños, mujeres y hombres.

Referencias:

Adorno, T. (1998). Educación para la emancipación, Madrid: Ediciones Morata.

Arias, S. (1989). La Edad de Oro cien años después. En Acerca de La Edad de Oro, Arias, S. (Comp.), (pp.7-32), La Habana: CEM-Editorial Letras Cubanas. (Trabajo original publicado en 1980).

Arias, S. (2003). Estrategias martianas en La Edad de Oro. En: Educación, n. 108, pp. 5-10.

Baili, E., Edwards, E. y Pintus, A. (2003). Filosofía apta para todo público, Santa Fe: Homo Sapiens.

Callejas, B. (1989). El ideario latinoamericano en La Edad de Oro y las crónicas sobre el Congreso Internacional de Washington. En Acerca de La Edad de Oro, Arias, S. (Comp.), (pp. 364-372), La Habana: CEM-Editorial Letras Cubanas. (Trabajo original publicado en 1980).

De la Garza, M. (2000). Filosofía y literatura: una relación estrecha. En Filosofía para Niños. Discusiones y propuestas, Kohan, W. y Walkman, V. (Comp.), (pp. 95-100), Buenos Aires: Ediciones Novedades Educativas.

Díaz, A. (2003). Educación y género. Colección Pedagógica Universitaria, 40. Consulta el 11 de abril de 2009 en: http://148.226.9.79:8080/dspace/bitstream/123456789/5601/1/Eb%20alba%20diaz%20genero%20educaci%c3%b3n.pdf

Dierckxsens, W. (2007). La transición hacia el postcapitalismo: el socialismo del siglo XXI. San José: DEI- Ruth Casa Editorial.

Freire, P. (1998). Pedagogía de la autonomía (G. Palacios, Trad., 2ª ed.). México: Siglo XXI (trabajo original publicado en 1996).

Frómeta, A. y Velásquez, A. (2007). Educación y filosofía en La Edad de Oro. En Ada B. Frómeta y Alberto Velásquez, Filosofía de la educación en José Martí, (pp. 116-128), Las Tunas: Editorial Sanlope.

Fromm, E. (s.f.). El miedo a la libertad, Buenos Aires, (G. Germani, Trad.) Editorial Paidós.

García Marruz, F. (1989). La Edad de Oro. En Acerca de La Edad de Oro, Arias, S. (Comp.), (pp. 185-201), La Habana: CEM-Editorial Letras Cubanas. (Trabajo original publicado en 1980).

Kohan, W. (2000). Filosofía e infancia. La pregunta por sí misma. En Filosofía para Niños. Discusiones y propuestas, Kohan, W. y Walkman, V. (Comp.), (pp. 11-24), Buenos Aires: Ediciones Novedades Educativas.

Martí, J. (1853-1895a). A Tomás Estrada Palma. Centro de Estudios Martianos (Comp.), Obras Completas (Vol. 04, pp. 86-87) [CD]. La Habana, Cuba: Centro de Estudios Martianos-Karisma Digital.

Martí, J. (1853-1895b). La Revista Literaria Dominicense. Centro de Estudios Martianos (Comp.), Obras Completas (Vol. 05, pp. 468-469) [CD]. La Habana, Cuba: Centro de Estudios Martianos-Karisma Digital.

Martí, J. (1853-1895c). Nuestra América. Centro de Estudios Martianos (Comp.), Obras Completas (Vol. 06, pp. 15-23) [CD]. La Habana, Cuba: Centro de Estudios Martianos-Karisma Digital.

Martí, J. (1853-1895d). Carta a Manuel Mercado. Centro de Estudios Martianos (Comp.), Obras Completas (Vol.07, pp. 221-238) [CD]. La Habana, Cuba: Centro de Estudios Martianos-Karisma Digital.

Martí, J. (1853-1895e). Ismaelillo. Musa Traviesa. Centro de Estudios Martianos (Comp.), Obras Completas (Vol. 16, pp. 26-32) [CD]. La Habana, Cuba: Centro de Estudios Martianos-Karisma Digital.

Martí, J. (1853-1895f). La Opinión Nacional, (1882, mayo13). Centro de Estudios Martianos (Comp.), Obras Completas (Vol. 16, pp. 297-298) [CD]. La Habana, Cuba: Centro de Estudios Martianos-Karisma Digital.

Martí, J. (1853-1895g). La Edad de Oro. Centro de Estudios Martianos (Comp.), Obras Completas (Vol.18, pp. 299- 503) [CD]. La Habana, Cuba: Centro de Estudios Martianos-Karisma Digital.

Martí, J. (1853-1895h). Carta a Manuel Mercado. Centro de Estudios Martianos (Comp.), Obras Completas (Vol.20, pp. 146-148) [CD]. La Habana, Cuba: Centro de Estudios Martianos-Karisma Digital.

Mendel, G. (1977). La descolonización del niño, Barcelona: Ariel.

Minelli, A. (1994). La Edad de Oro y su fusión en el proyecto político de José Martí. En José Martí. Actas. Primer Congreso de Estudios Latinoamericanos, (pp. 123-130), La Plata: Universidad Nacional de La Plata.

Pichardo, H. (1985) José Martí. Lecturas para niños, Santiago de Cuba: Editorial Oriente.

Rodari, R. (s.f.). Gramática de la fantasía. Introducción al arte de inventar historias, México: Ediciones COMAMEX.

Roig de Leuchsenring, E. (1958). José Martí. La Edad de Oro, La Habana: Cultural, S. A.

Sharp, (A.). (2000). Experiencia, sentido y lo deseable, En Filosofía para Niños. Discusiones y propuestas, Kohan, W. y Walkman, V. (Comp.), (pp. 51-58), Buenos Aires: Ediciones Novedades Educativas.

Teja, A. M. (1994). La urdimbre de La Edad de Oro, el juego escondido. En José Martí 1895/1995 Literatura – Política – Filosofía – Estética.  Ette, O. y Heydenreich, T. (Eds.), (pp. 143-170), Frankfurt am Main. Vervuert Verlag.

Vigostki, L. S. (2005). La fábula [y el cuento para niños]. En Liev Semionovich Vigostki, Psicología pedagógica, (378-385). Buenos Aires: Aique Grupo Editor.

Zambrano, G. (1992). Ejercicio del lector y función del crítico en La Edad de Oro de José Martí. En José Martí en Venezuela y Nuestra América, (pp. 115-127), Mérida-Venezuela: Universidad de Los Andes.

Zea, L. (1978). La filosofía en Latinoamérica como problema del hombre. En Leopoldo Zea, La filosofía americana como filosofía sin más, (6ª ed.), (pp. 20-31), México: Siglo XXI. (Trabajo original publicado en 1969).



[1] El presente artículo  corresponde a una  versión modificada  que se presentó como ponencia  en el "Coloquio  Internacional:  José  Martí  y  las  Letras   Hispánicas",   organizado  por   el  Centro  de Estudios  Martianos  en  la Ciudad de La Habana, los días del 13 al 15 de mayo de 2009.   El autor del  artículo  es  profesor de  Filosofía  en  la  Universidad de  Costa  Rica.  Su  correo  electrónico: garabatoes@yahoo.es

[2]  Léase ocio: momento en que se ejercita el ingenio.

[3]            … lo utópico martiano ubicado en un espacio y  tiempo históricos, presenta una dimensión conceptual y analítica de la realidad y concreta un movimiento dialéctico entre el plano ideal   y el  plano real,  exigiendo la acción  sobre  los procesos  históricos,  es decir una praxis de transformación de lo real  (Minelli, 1994, p. 129).

[4] Pedagogo norteamericano (1851-1933), entre sus obras, está el libro: Educación moral de los niños.

[5]   “El niño es completamente capaz de una interpretación real y veraz de los fenómenos, aunque, por supuesto, no puede explicar de golpe todo y enteramente” (Vigotski, 2005, p. 382).

[6]              Sobre la base de un “Homo oeconomicus” se concibe que las “necesidades” sean ilimitadas y abstractas. […] Los deseos sin límite nacen de la lógica de la creación perpetua de valor y plusvalía. Son impuestos, a menudo, a partir de la reducción de la vida de todo lo que nos rodea.  Las “necesidades ilimitadas” son una construcción cultural compulsiva generada a partir de la publicidad, a fin de aumentar cada vez más la rotación de capital (Dierckxsens, 2007, p. 51).

[7]           … para  Luisa Muraro, feminista  de  la  diferencia,  el  cambio  en la familia,  la escuela  y la sociedad, sólo sería posible con el reconocimiento del orden simbólico de la madre, respetando su autoridad y la lengua materna con la cual cobra sentido el mundo; y de ese modo, a partir de nuestra experiencia como mujeres, pensar, hablar, y actuar en el mundo (Díaz, 2003).

  Comentario Fecha
- el articulo referido a la filosofia de los niños atraves de La Edad de Oro fue muy bueno por ... 2009-09-07 11:18:57

 

NOTA: Su comentario no se mostrará en la página hasta que no sea revisado y aprobado por el administrador.


Menor contraste Mayor contraste Valores por defecto Texto más pequeño Texto más grande