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Título: Cuba Siglo XXI: ateísmo, religión, revoluciónAutor(es): Vivian M. Sabater Palenzuela
Fecha de publicación: 01 de Junio de 2010
Cuba ha transitado a través de un rico y complejo desarrollo de su actuar y de su pensamiento independentista desde una óptica laica y anticlerical, que se explica a sí misma como hija natural de la férrea actitud de una Iglesia Católica, española en sus orígenes, que desde su establecimiento en < ="la Isla" w:st="on"> la Isla en el año 1518[1], bajo el pontificado de León X, representó y se ubicó, desde su institucionalidad, al lado de la metrópolis[2].
No obstante, sin obviar las diferenciadas posturas individuales respecto a la conquista y el tratamiento de las poblaciones de los pueblos sojuzgados[3], sin intentar subvalorar la asistencia humanitaria de la Iglesia[4], ni olvidar la buena intencionalidad del obispo Diego Avelino de Compostela quien con las fundación en 1688 de los colegios de San Ambrosio[5] y San Francisco de Sales, ayudó a la educación de niños y niñas entre 8 y 14 años[6], ni eclipsar la indiscutible importancia del ilustre Juan José Díaz de Espada y Fernández de Landa[7], a favor del desarrollo intelectual, bajo cuya tutela pudo Félix Varela realizar brillantes y novedosos proyectos a favor de la enseñanza; pese a todo lo referido, se hace imposible desvanecer el sombrío rol desempeñado por la iglesia a favor de la metrópoli que avasalló durante siglos a nuestro pueblo.
El propio Domingo del Monte[8] en 1838 al caracterizar a los sacerdotes de su época comentó que por lo regular se mostraban “inmorales”, “ignorantes”, “sin entusiasmo por su santa misión”, “indignos de entrar en el templo de donde debieron ser arrojados”, acotando que, no obstante, existían algunas excepciones.
Entre estas excepciones puede citarse, entre otros, la fecunda labor de presbíteros como José Agustín Caballero[9], Félix Varela y Morales[10] y del seglar José de < ="la Luz" w:st="on"> la Luz y Caballero[11], quienes lograron ir más allá de los intereses no sacros que defendían las instituciones religiosas a la que pertenecían. Recordemos también, entre otros, al presbítero cubano Francisco Esquembre, quien por bendecir la bandera nacional y predicar con patriotismo su sermón a las tropas cubanas reunidas en Yaguaramas fue fusilado el 30 de abril de 1870.
Otros, sin embargo, mostraron su servilismo a la corona, tal como lo hizo el Gobernador del Obispado de < ="la Habana" w:st="on"> la Habana, Dr. Pedro Gutiérrez, cuando en 1826 sumisamente apoyó al general Francisco Dionisio Vives[12] ante su pedido de vigilar la conducta de los súbditos y de estimular una actitud en ellos a favor de la adhesión al monarca. Para complacerlo, el solícito Dr. Pedro utilizó hasta sus pastorales como medio idóneo para prevenir contra los “enemigos de la religión y el Estado”, estar a favor del “buen orden” ciudadano y afirmar que unos de los preceptos de la religión debía ser la obediencia al rey. De forma similar actuó el presbítero Juan Bautista Casas, Gobernador del Obispado de < ="la Habana" w:st="on"> la Habana cuando brindó su apoyo al Gobernador y Capitán General Valeriano Weyler, ante su decisión de llevar a cabo la cruel reconcentración campesina entre 1896 y 1897, la cual provocó el 20% de disminución de la población total del país[13].
Por adversas circunstancias nacionales numerosos cubanos emigraron a los Estados Unidos. Entre ellos constatamos a múltiples conspiradores contra España. Preferencialmente se ubicaron en Key West y en Tampa, zonas en las que se asentó el movimiento de la emigración integrante de la Liga Patriótica[14], creada por un grupo de revolucionarios entre los cuales estuvo el reverendo Manuel Deloufeu, de < ="la Iglesia Metodista" w:st="on"> la Iglesia Metodista (de la que posteriormente fue miembro el propio José Martí). El propio reverendo Clemente Moya, importante sostén logístico para el Ejército Libertador Cubano durante la década de los 90, participó en las ferias organizados por < ="la Congregaciá¿án Metodista" w:st="on"> la Congregación Metodista Hispano-Americana de Brookling [15] .
Durante el período comprendido entre < ="la Guerra" w:st="on"> la Guerra de los Diez Años (1868-1878) y el inicio de < ="la Guerra" w:st="on"> la Guerra de Independencia (1895) muchos cubanos pudieron regresar a Cuba y continuar su compromiso revolucionario. En 1882 José Martí, ese hombre que trasborda las fronteras de nuestra patria para ser hijo del mundo, confió en la extirpe revolucionaria del emigrado bautista Alberto J. Díaz[16], lo cual se patentizó cuando al retornar al país, con el pretexto de explorar las condiciones existentes para la distribución de biblias en Cuba (para lo cual fue encomendado por < ="la Sociedad Bá¿áblica" w:st="on"> la Sociedad Bíblica Femenina de Filadelfia) brindó su apoyo incondicional a la guerra de independencia[17] y decidió finalmente incorporarse a la lucha mambisa de forma directa.
Martí confió también en el episcopal[18] Pedro Duarte[19] para realizar la importante encomienda de organizar en Cuba el primer Comité Provincial Revolucionario para < ="la Guerra" w:st="on"> la Guerra del 95, lo cual llevó a cabo en Matanzas en el local que ocupaba su propio templo.
También el reverendo Joaquín de Palma[20] mereció el reconocimiento de José Martí, quien en su periódico Patria, le llamó “hombre sincero que en el destierro ayudó a aliviar las necesidades de los emigrados”, “pastor desinteresado” quien muy meritoriamente desde su púlpito, uniendo cristianismo y patriotismo, había reflexionado acerca de “la hecatombe tristísimo y conmovedora de los ocho estudiantes”
Puede observarse que la actitud ecuménica fluía, en medio de su quehacer revolucionario, de forma espontánea. Juntos, los patriotas cubanos, sin importar sus diferenciadas cosmovisiones, defendieron los valores patrios, los anhelos independentistas.
Durante esta etapa, nuestro cercano vecino, los Estados Unidos, en la última década del s. XIX enarbolaba con fuerzas su “Doctrina Monroe” (1823) y junto a ella su aventurera concepción del “Destino Manifiesto” a través del cual promulgaba su controvertido mesianismo[21].
En medio de la guerra del 95 muchos de sus feligreses se habían diseminado, por lo que entre 1898 y 1900 sólo quedaban algunos dispersos, interesados en reiniciar o comenzar, por vez primera, su trabajo de iglesia[22]. La Iglesia Católica[23] se mantenía hostil a la propagación de diferentes denominaciones protestantes que en oleadas llegaban a la lista.
Para entonces y en medio de múltiples tendencias e interpretaciones, en la década del 90, aparecen afianzadas en algunos sectores las ideas de un “socialismo revolucionario” aún influenciado por el anarquismo. Estas ideas socialistas[24], que paulatinamente llegaron a < ="la Cuba" w:st="on"> la Cuba decimonona, provocaron esperanzas, incertidumbres o rechazos, tal como mostró el obispo Jacinto Mª Martínez Sáez, quien al hurgar acerca del origen de lo que consideró “fenómenos temibles de la sociedad moderna”, léase democracia, comunismo, socialismo e internacionalismo, los consideró como indeseables productos del sistema representativo, de la llamada soberanía nacional, de donde, para él, nacían las huelgas obreras, el comunismo de París y la Internacional[25].
Aunque
las juntas misioneras norteamericanas llegaron en 1899 y los gobernadores
militares norteamericanos que gobernaron el país (hasta 1902 y de
Si
bien en
< ="la Convenciá¿án Constituyente" w:st="on">
la
Convención Constituyente de 1901 quedó aprobada la separación
del estado de
< ="la Iglesia" w:st="on">
la Iglesia
y la enseñanza laica para la enseñanza media y universitaria, no obstante, para
sobrevivir, esta institución milenaria recibió el apoyo financiero de la
burguesía española y de todos aquellos españoles, entre los cuales muchos eran
representantes de la institución eclesiástica (627 sacerdotes y 835 religiosas)
que entraron al país entre los años
Durante esta etapa el proselitismo religioso continuo, junto al catolicismo se constata la presencia protestante y de otras manifestaciones religiosas minoritarias. Los representantes de ambas formas del cristianismo entraban por oleadas al país de forma muy significativa.
Revolución y fe: la lucha por el triunfo revolucionario en el siglo XX
Contradicción, revolución, reacción, temeridad y cobardía, dudas, agravios y desagravios, tejen la compleja madeja del quehacer humano de este fragmento de historia que resalta a los héroes por su entrega incondicional en pro de los más elevados ideales.
Desde cosmovisiones diferentes, desde corazones revolucionarios, la historia teje su trayectoria con hombres y mujeres como el evangélico Frank País, hijo de un pastor bautista, quien murió heroicamente durante el proceso revolucionario, líder fundamental en la lucha contra la dictadura de Batista, con un José Antonio Echeverría católico, un Aracelio Iglesias, abakuá, entre otros conocidos o anónimos.
La propia actividad clandestina, previa al triunfo revolucionario, el arriesgado movimiento de resistencia en las ciudades, fue dirigido por un evangélico, por el presbiteriano Faustino Pérez, quien a su vez fue acompañado por el reverendo Raúl Fernández Ceballos, pastor de < ="la Primera Iglesia" w:st="on"> la Primera Iglesia Presbiteriana de < ="la Habana" w:st="on"> La Habana y secretario ejecutivo del Concilio Cubano de Iglesias Evangélicas de Cuba.
En el proceso de oposición a Batista participaron también, entre otros, el pastor presbiteriano Rafael Cepeda, Mientras que en las montañas orientales capellanes evangélicos convivían con un sacerdote católico y religiosos de múltiples formas traídas desde la lejana África o del llamado Medio Oriente.
Otros murieron en las confrontaciones, como Oscar Lucero y Marcelo Salado. Aún conmueve la lectura del mensaje póstumo del mártir presbiteriano Esteban Morales, maestro del colegio La Progresiva[28], miembro del movimiento 26 de julio, quien fue torturado y asesinado por la dictadura batistiana en abril de 1958: “Miré a mi alrededor y sólo vi miseria, dolor y sacrificio: < ="la Patria" w:st="on"> la Patria estaba enlutada por la sangre de sus hijos; ella también me pedía que subiera los peldaños de la gloria y la inmortalidad para crear generaciones amantes de su ideal”
A pesar de las experiencias de < ="la Cuba" w:st="on"> la Cuba sometida a la corona española y al poder norteamericano y los prejuicios que esto trajo al pueblo cubano, al lograrse el triunfo revolucionario [29] < ="la Iglesia" w:st="on"> la Iglesia católica reflejó, entre otros documentos su posición contraria al proceso revolucionario.
En su boletín de < ="la Provincias Eclesiá¿ásticas" w:st="on"> la Provincias Eclesiásticas de < ="la Repá¿áblica" w:st="on"> la República de Cuba, de enero-febrero de 1960 acotó que el comunismo y “en general todo régimen totalitario socialista” convertía a todos los hombres , por igual, en desposeídos “ya que existe un propietario único que es el Estado” y por ello, para reafirmar sus criterios, este boletín publicó < ="la Declaraciá¿án" w:st="on"> la Declaración del Consejo Episcopal Latinoamericano al clausurar su IV reunión en Colombia, en la que se alertaba contra los “engaños del comunismo” y la “incompatibilidad del comunismo y el cristianismo”, entre otros aspectos.
< ="La Circular Colectiva" w:st="on"> La Circular Colectiva del Episcopado Cubano del 7 de agosto de 1960 expresó claramente: “el Catolicismo y el Comunismo responden a dos concepciones del hombre y del mundo totalmente opuestas, que jamás serán posibles reconciliar”. Estas posiciones fueron acentuándose en la medida que avanzaba la reforma urbana, la reforma agraria y la nacionalización de la enseñanza y si la burguesía expropiada dejaba constancia de su filiación preferentemente católica esta era entonces amablemente acompañada por la jerarquía y el clero católico en un sentido general.
Por su parte, el "Movimiento Social Cristiano", fundado por el Rev. Manuel Viera Bernal de la iglesia metodista y el Rev. Juan P. Tamayo de la iglesia bautista oriental presentaron una "Declaración de Principios” como mensaje a los protestantes cubanos. Este fue adoptado oficialmente por el Concilio Cubano de Iglesias Evangélicas (CCIE) en noviembre de 1960 y en esta declaración se repudiaba igualmente al capitalismo y al comunismo, destacando en este último su secularismo. Por lo cual se pronunciaron a favor de un "orden social cristiano" y una "democracia total" para lograr tener el "pan con libertad", logrado con la participación misionera de los fieles.
Ante la ausencia de la mayor parte de los miembros del Ejecutivo del Concilio de Iglesias Evangélicas dado que habían optado por el exilio, el 26 de marzo del 1960 se hizo un llamado por parte del Comité Representativo de las Iglesias Evangélicas de Cuba[30], para reflexionar acerca de:
a) el tema del comunismo y el cristianismo,
b) las iglesias protestantes y la nueva situación política de Cuba y
c) los medios para desarrollar una cooperación más estrecha entre las iglesias evangélicas en medio de esta nueva situación político-social.
No se llegaron a posiciones anticomunistas, llegaron a la conclusión de que “la mano de Dios está detrás de la revolución cubana guiando a nuestro pueblo y preparándolo para la libertad política y la justicia social, así como para el progreso del Señor Crucificado y Resucitado".
Mientras tanto el Movimiento Estudiantil Cristiano (MEC) de Cuba tradujo y publicó: El Evangelio para Ateos de J. Hromadka, Honestos para con Dios, del Obispo anglicano J. A. T. Robinson y Un pastor en < ="la Alemania Oriental." w:st="on"> la Alemania Oriental.
El propio teólogo italiano Giulio Girardi[31] consideró que si las iglesias, muy especialmente la católica, en un inicio no se movilizaron para defender los intereses de la burguesía y del imperio, sino y ante todo “para defender sus propios intereses políticos y culturales, es decir su supremacía intelectual y moral. No se oponen a la revolución primariamente porque golpee los intereses de la burguesía y del imperio, sino porque propone un sistema de valores, una interpretación de la realidad, una concepción del hombre nuevo y un proyecto educativo que son alternativos a los de las iglesias; y por tanto se presenta como un nuevo sujeto de hegemonía y compite con las iglesias sobre su territorio específico.”[32]
Paralelamente y en medio de todo lo anterior surgió el movimiento cubano “Por < ="la Cruz" w:st="on"> la Cruz y por < ="la Patria" w:st="on"> la Patria” formado por un grupo de simpatizantes de < ="la Revoluciá¿án" w:st="on"> la Revolución, asesorado por el padre Germán Lence, que al ser suspendido ad divinis, provocó, entre otros factores, que el movimiento se fuese debilitando hasta desaparecer.
Sin embargo, es justo reconocer que después de años de tensión y ausencias y bajo la influencia de < ="la II Conferencia" w:st="on"> la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, celebrada en Medellín (1968) y las incidencias nacionales el 20 de abril de 1970 los obispos cubanos suscribieron un comunicado donde denunciaron la injusta situación que provoca el bloqueo norteamericano a la población cubana.
En julio de 1978 durante la celebración en Cuba, del XI Festival Mundial de < ="la Juventud" w:st="on"> la Juventud y los Estudiantes, Monseñor Francisco Oves, que en aquel entonces era el Arzobispo de < ="la Habana" w:st="on"> La Habana y el Presidente de < ="la Conferencia Episcopal" w:st="on"> la Conferencia Episcopal de Cuba, como representante oficial de la iglesia católica cubana expresó la esperanza de que se desarrollara una:
… relación vital revolución-creyente, revolución-iglesia. Ella ha dicho no al bloqueo... porque entiende, evangélicamente, que desde una moral social internacional es una violación de la justicia internacional; ha dicho sí a la vida, al derecho a la vida y, consecuentemente, no al terrorismo; ha dicho sí a la participación, compartiendo las responsabilidades en la construcción de esta, nuestra nueva sociedad.[33]
El debate recorría no sólo las “arterias” eclesiásticas y pastorales sino también las estatales, recordemos que en diciembre de 1971 el comandante Fidel Castro, en medio de su visita al presidente chileno Salvador Allende señaló la necesidad de la “alianza estratégica” entre marxistas y cristianos en Cuba y que en 1977 reconoció que entre religión y socialismo no percibía contradicciones. Después de su visita a Nicaragua, en julio de 1980, Fidel resaltó el rol revolucionario de los cristianos en América Central. En ese mismo año durante la visita a Cuba del pastor Jesse Jackson, fue acompañado por el comandante en un acto en recordación a Martín Luther King. En el año 1985 se publicó el libro “Fidel y < ="la Religiá¿án" w:st="on"> la Religión”.
Aunque se considere desde el catolicismo que en Cuba no ha existido un pensamiento teológico original y que en su defecto ha existido un eclecticismo permisivo, a veces en conflicto con las expresiones teológicas elaboradas, desde la vivencia protestante se considera que, hija legítima de más de un siglo de lucha, Cuba revolucionaria ha expuesto una interesante reflexión teológica, elaborada, fundamentalmente desde el sector evangélico, compañera fiel de los azares del proceso cubano, desde posiciones críticas y revolucionarias.
El proceso cubano ha manifestado una compleja relación entre la fe religiosa y la militancia revolucionaria, pese a la historia de construcción conjunta de los caminos que llevaron a la victoria revolucionaria y tras los cuales, por múltiples incidencias posteriores, se anudó una compleja madeja de interrelaciones que pasaron de ser entre instituciones para cobrar vida entre estas y los individuos. Al respecto Giulio Giraldi ha reflexionado:
En el caso de Cuba, la búsqueda para muchos creyentes tiene como punto de partida una crisis de identidad, provocada en la contradicción entre dos fidelidades, a la iglesia y a la revolución “marxista leninista”... algunos llegaron a la conclusión que entre fe y revolución había que escoger: escogieron la fe y abandonaron el país o se quedaron con una actitud polémica. Otros optaron por la revolución y se vieron en la necesidad de abandonar su fe, o por lo menos de ocultarla, practicando una doble moral.
Pero la experiencia más rica y profunda, humana y teológicamente, es la búsqueda de los que apostaron y apuestan por la posibilidad de superar la contradicción y de vivir armónicamente la fidelidad a la fe cristiana y al compromiso revolucionario...[34]
Al acercarnos al quehacer teológico cubano debemos de recordar, lo que expuso el teólogo y presbítero Sergio Arce[35] cuando fue invitado por los profesores del Departamento de Filosofía Marxista de < ="la Universidad" w:st="on"> la Universidad de < ="la Habana" w:st="on"> la Habana (1965) comenzó así una lúcida exposición con ideas que aún hoy guardan una total actualidad: “...Si el marxista-leninista da por sentado dogmáticamente que el decir Cristianismo, Biblia, Protestantismo, Teología, Fe, significamos necesariamente metafísica, idealismo, cuando no sea reacción, anti-historicismo, anti-ciencia, creo que poco o nada podremos sacar en claro de positivo y de valor en nuestra conversación...” [36]
Una vez expuestos sus criterios sobre el hombre y la sociedad concluyó: “...estamos muy lejos de haber agotado nuestro tema. Pero me parece que es suficiente por hoy para que no quepa duda de que el pensamiento bíblico es capaz de crear a un integrado a su medio social ... en la construcción de una sociedad mejor ... en esta aventura creativa que es nuestra Cuba Socialista y Revolucionaria: Patria o Muerte Venceremos”[37]
En agosto del 1965 al hablar en el Departamento de Iglesia y Sociedad del Concilio Cubano de Iglesias Evangélicas (CCIE) sobre La misión de < ="la Iglesia" w:st="on"> la Iglesia en una sociedad socialista, una exposición teológica del proceso cubano. Reflexionó acerca de la necesidad de aceptar la revolución marxista-leninista, de la misión de la iglesia en Cuba. Al señalar semejanzas entre la teología cristiana y la ideología marxista, propuso que "La iglesia debe comenzar por destruir ideológicamente, proféticamente sus propios ídolos". Finalmente reflexionó acerca del ateísmo marxista y señal+o que el cristiano genuino es un ateo, es decir, que no cree en el dios inventado por los filósofos, y que tanto el marxismo como el cristianismo rechazan los dioses falsos creados por la filosofía idealista.
El
reverendo Sergio Arce, animador incansable durante varios años de las Jornadas
Camilo Torres iniciadas en el año
En la celebración de la tercera jornada Camilo Torres (1973) afirmó:
Hoy podemos ya decir que la conciencia del cristiano promedio no necesita tanto que se le muestre la pertinencia cristiana y evangélica de hacer la opción de un enfoque socialista en su pensar y de una acción revolucionaria en su hacer, como que nos invite a una reflexión comunitaria y a una acción científicamente generalizada que, sobre fundamentos fideístas de lo cristiano, nos obligue a marchar juntos y unidos con los no cristianos, identificados plenamente con ellos hacia la realización plena del proyecto histórico del Comunismo Marxista...[38]
Posteriormente, en 1979 elaboró un artículo referido a lo que dio a llamar Teología en Revolución, en ella recordó que en 1965 ya había escrito un ensayo titulado < ="La Misiá¿án" w:st="on"> La Misión de < ="la Iglesia" w:st="on"> la Iglesia en una sociedad socialista. Un análisis teológico de la vocación de < ="la Iglesia Cubana" w:st="on"> la Iglesia Cubana en el día de hoy en la que exponía una novedosa forma de reflexionar desde los parámetros de la teología.
Rompiendo los viejos cánones y creando una herética salida conceptual expuso que su Teología en Revolución era “materialista” en el sentido que deseaba resaltar su visión del hombre en medio de su contextualidad espiritual y material. Ante todo anticapitalista.
Durante estos años también fue muy importante la constructiva labor de Raúl Fernández Cevallos, su significativa labor en < ="la Campaá¿áa" w:st="on"> la Campaña de Alfabetización y desde su columna del periódico El Mundo titulada "Notas Evangélicas" publicadas hasta 1967.
Otro incansable hacedor de constructivas reflexiones al respecto lo fue el Rvdo. Rafael Cepeda[39]. En julio este pastor presbiteriano publicó en la revista Bohemia un artículo titulado "Fidel Castro y el Reino de Dios" considerado como el primer intento protestante de asentar una interpretación teológica de la situación cubana. En este artículo escribió una frase que fue muy polémica: "yo tengo la convicción,… que Fidel Castro es un instrumento en las manos de Dios para el establecimiento de su reino entre los hombres. Esto es aparte de que tenga o no una fe religiosa".En 1962 y a petición del MEC[40] de < ="la Habana" w:st="on"> la Habana este pastor reflexionó acerca de los aspectos positivos de la revolución Cubana, desde la teología y bajo el título de Iglesia en Revolución afirmó que no hay que tener miedo del comunismo sino del pecado, de los prejuicios, la cobardía y la abulia.
Posteriormente, escribió acerca de “la conducta cristiana en una situación revolucionaria” como un tema a debatir con integrantes del Movimiento Estudiantil Cristiano (MEC) donde destacó la importancia de que se acepte la revolución marxista-leninista, de que se entienda que la misión de la iglesia es servir y que el cristiano debe de interesarse por el bienestar social, fundamentando la compatibilidad entre la fe cristiana y el marxismo leninismo desde le punto de vista bíblico-teológico. En abril del 1965 vuelve Cepeda al MEC de < ="la Habana" w:st="on"> la Habana para reflexionar acerca de "La conducta cristiana en una situación revolucionaria". Fue allí donde afirmó que las "revoluciones son un aspecto de la historia de la acción redentora de Dios para la restauración del ser humano al orden creado por él", por tanto la revolución "está en Dios y con Dios”
En 1967 en su artículo Soy como soy afirmó que el ser revolucionario era para él “un deber cristiano” y por tanto él podía también afirmar: “dejar de ser antes de dejar de ser revolucionario”
Clara evidencia del compromiso anteriormente expuesto se vio reflejado en el siguiente trabajo del año 1974, de este pastor presbiteriano, quien fue rector honorario del Instituto Superior de Estudios Bíblicos y Teológicos (ISEBIT) cuando, bajo el título Socialismo y Fe Cristiana, aparecieron sus reflexiones en una interesante recopilación de varios autores protestantes cubanos:
...Personalmente, tratando de ubicarme de tal manera que satisfaga todos mis impulsos y apetencias, pero sin afiliarme a la reacción, he decidido intentar ser un socialista crísticomartiano. Esta rara clasificación tiene su sentido, aunque no lo parezca de primer momento. Es indispensable aclarar de inmediato que ello no implica el abogar porque la revolución cubana abandone sus tesis marxistas, porque yo creo honradamente que son las que le convienen para la liquidación total de una sociedad caduca y la construcción de una nueva sociedad. Estoy pensando en los que mantenemos- en medio de una general militancia ateísta- una fe cristiana imbatible, renovadora y creadora, y que al mismo tiempo vemos en el socialismo la apertura hacia un mundo mejor...[41]
En 1977 un grupo de teólogos cubanos, pastores de sus iglesias evangélicas se unieron para redactar un interesante documento bajo el título Confesión de Fe 1977 de < ="la Iglesia Presbiteriana" w:st="on"> la Iglesia Presbiteriana Reformada de Cuba, bajo la dirección del teólogo reformado Adolfo Ham[42] donde, entre otras ideas, expresaron: “La iglesia vive gozosamente en medio de < ="la Revoluciá¿án Socialista" w:st="on"> la Revolución Socialista, ya que esta ha inaugurado concreta e históricamente una serie de valores de las relaciones humanas que posibilita poner todo el desarrollo técnico-científico moderno al servicio de la plena dignidad del ser humano” [43]
En el libro Christian-marxist Unity[44]del reverendo Raimundo García Franco[45] planteó que la base común “de la plataforma para la acción de cristianos y comunistas es el humanismo”.
Por su parte, el reverendo Raúl Suárez escribió al referirse a los aportes de la sociedad socialista a la vivencia de la fe cristiana que a través de ella a adquirido “una mayor conciencia de la dimensión social del pecado, en especial frente a las distintas formas de injusticia y desigualdad” precisamente porque ha “enseñado a dar por justicia lo que antes se daba por caridad”[46]
Desde el quehacer católico, un teólogo de origen francés, el padre René David, presentó, en los inicios de la década de los 80, su teología de la reconciliación. Como opción frente a < ="la Teologá¿áa" w:st="on"> la Teología de < ="la Liberaciá¿án" w:st="on"> la Liberación de la que no veía resonancia en nuestro país. El padre David estipulaba que los católicos cubanos debían “reconciliarse con la realidad marxista” y evitar situaciones de rechazo y oposición con los marxistas.
Desde el propio catolicismo también surgió la llamada Teología de < ="la Comuniá¿án" w:st="on"> la Comunión, propuesta por el cardenal Pironio, que presidía una de las sesiones del ENEC, apreciada por Jaime Ortega como subyacente y explícitamente plasmada, finalmente, en el documento final del ENEC. Ella emergió en el Concilio Vaticano II y se considera que aún esta presente hoy en Cuba. Se conceptúa como la unión-común entre los obispos, sacerdotes y fieles para alabar, bendecir y dar gracias a Dios nuestro Padre en unión con Cristo, movidos por el Espíritu Santo y es precisamente a este momento de la unión personal con Cristo en < ="la Eucaristá¿áa" w:st="on"> la Eucaristía y a través de Él con los hermanos lo que se llama Comunión. Comprendiendo que la vocación de cada cristiano en < ="la Iglesia" w:st="on"> la Iglesia es < ="la Comuniá¿án" w:st="on"> la Comunión y por ello es fundamental la unidad por encima de las separaciones y divisiones, pues obispos, sacerdotes, diáconos, consagrados y laicos deben tener como fundamental la ayuda solidaria entre los hombres.
Epílogo
Frente a este intento de rescate del socialismo, encontramos las más variadas actitudes, Las ideas del socialismo, de sus caminos, de sus especificidades, de su viabilidad siguen siendo y será siempre un tema recurrente para los hombres de pensamiento progresista que busquen, a partir de sus diferentes cosmovisiones filosóficas, el camino de la realización del amor eficaz por el cual, junto al Che Guevara y Camilo Torres, tantos hombres y mujeres han ofrendado y ofrendan sus vidas. Esta es una tarea de hoy imposible de prorrogar porque del reflexionar y el actuar revolucionario de los tiempos de hoy depende nuestro mañana.
Es justo resaltar el esfuerzo de todos aquellos que desde posiciones constructivas y guiados por el sentido patrio y el deber revolucionario incursionaron e incursionan en una reflexión teológica desde el centro mismo de nuestras realidades sociales.
Es fundamental destacar los perennes nexos de toda manifestación teológica sistematizada que surge a “partir de su estrecha vinculación de carácter comunitario” en pro a la construcción social socialista. Formas teológicas que según el propio teólogo Adolfo Ham representan la “comprensión y la comunicación de la fe para apoyar y ahondar el compromiso de la cristiana y el cristiano con su realidad”
En el Encuentro Internacional de Economistas “Globalización y Problemas del desarrollo”, efectuado en < ="la Habana" w:st="on"> La Habana, en enero de 1999, Frei Betto aportó las siguientes ideas:
Es hora entonces de hablar de la globalización de la solidaridad contra la globo colonización neoliberal, que es ese su verdadero nombre... Necesitamos rescatar el proyecto socialista... definir lo que entendemos por socialismo. De ahí la importancia de realizar una profunda crítica a las causas del desmoronamiento del socialismo en el este europeo, pero profundizando y rescatando el contenido del socialismo como una etapa superior de la civilización humana, como la posibilidad de crear una sociedad donde la economía no sea un concepto centrado en la moneda,..., sino centrado en la demanda de las gentes, en la vida de los pueblos... No hay rescate del socialismo sin rescate de nuestras tradiciones culturales, étnicas e históricas.
En medio de esta magna tarea, muchos se preguntan con inquietud si Cuba aumenta su religiosidad, ante lo cual pudiera responderse, tan sólo por apreciación empírica, de modo afirmativo.
Pero ante esta preocupación puede responderse que lo que debe de importarnos es, ante todo, cómo el proyecto revolucionario en Cuba puede enriquecer su índice de aceptación y compartimiento de los principios solidarios y revolucionarios. Cómo puede el revolucionario cubano delinear nuevas rutas en la construcción de un socialismo real eficaz, participativo, económicamente triunfante y humanamente abocado a crear las condiciones reales en pro del desarrollo integral del hombre. En fin una sociedad mejor desde todos sus aspectos.
No podemos adosarnos el error histórico de magnificar aspectos no fundamentales en pos de un ideal (que puede ser cuestionable) y dividir, en la práctica cotidiana, los esfuerzos revolucionarios.
Los valores humanos revolucionarios trascienden la pregunta ontológica elemental de á¿Dios existe? Para situarse en la interrogación fundamental de cómo se puede crear, mantener y enriquecer la bondad y el humanismo imprescindible para la construcción de un mundo mejor para el ser humano, sin que subvaloremos la imprescindible importancia de ser capaces de adoptar, aún desde diferentes cosmovisiones, los principios básicos científicos referido ante todo a la construcción social, tal como lo expresa esa interesante unidad, en muchos hecha realidad, que parte de la unión de cristianismo y marxismo.
Ante el cuestionamiento inicial de este epílogo, al menos en un primer intento de reflexión, debemos de responder firmemente que debemos de preocuparnos ante todo por construir un mundo mejor que está abocado a ser, al menos en su momento temporal, a ser socialista, pero no necesariamente ateo.
[1] En el segundo viaje de Colón (1493) fue cunado trajo consigo a un grupo de sacerdotes y monjes, ellos fray Ramón Pané, autor del primer libro sobre este Nuevo Mundo. Algunos estudiosos consideran que cuando < ="la Habana" w:st="on"> la Habana fue quemada (s. XVI) por el corsario francés, Jaques de Sores, por primera vez se ofrecieran en ella servicios evangélicos, durante el mes que duró la ocupación, al ser este un activo hugonote, es decir, un protestante calvinista.
[2] En los primeros tiempos de la conquista del llamado Nuevo Mundo, se propició la creación del real Pratonato de los monarcas españoles sobre la estructura eclesiástica.
[3] Recordemos la polémicas al respecto en la junta de Valladolid entre el padre Las Casas y Juan Ginés de Sepúlveda
[4] Creación de hospitales, asilos, orfanatos, entre otras acciones caritativas.
[5] Convertido posteriormente en el Real y Conciliar Seminario de San Carlos y San Ambrosio
[6] Naturalmente que no ha todos pues entre los requisitos estaba ser de “linaje puro”, no ser un hijo ilegítimo, no proceder de negros, mulatos o mestizos, no proceder de judíos, moros o católicos recién convertidos, entre otros requisitos para obtener la beca.
[7] Quien rigió la diócesis Habanera desde 1802-1832
[8] (1803- 1853) Nació en Venezuela. Llegó Cuba en 1811. Doctor en Derecho (1827)
[9] Se considera figura relevante de la reforma ecléctica en Cuba. Escribió la primera obra filosófica cubana, Philosophia Electiva (apareció manuscrita en 1797)
[10](1788-1853) Diputado en las Cortes de Cádiz, pidió la autonomía y la incapacitación de Fernando VII. Al ser condenado a muerte se exilió en los Estados Unidos. Su pensamiento y su actuar estuvieron junto al movimiento revolucionario independentista cubano.
[11] (1780-1862) filósofo y educador
[12] Tomó posesión del mando superior de < ="la Isla" w:st="on"> la Isla en 1823. Hizo abortar la conspiración de los Rayos y Soles de Bolívar. Creó las Comisiones Ejecutivas Militares Permanentes, como tribunales de excepción que condenaban a los cubanos revolucionarios a la pena de muerte en garrote vil.
[13] El padre Arocha se opuso a sus métodos y por ello estuvo a punto de ser sumariamente ejecutado.
[14] Desembarcaron en las costas de Camagüey, bajo las órdenes del general Rafael de Quesada formaron < ="la Compaá¿áá¿áa Rifleros" w:st="on"> la Compañía Rifleros de < ="La Habana." w:st="on"> La Habana.
[15] En Cuba, desde la década de 1870 ya empezaban a celebrarse, de manera regular, los servicios religiosos para extranjeros protestantes. Se considera que fue en la década de 1880 cuando esta manifestación religiosa se advirtió como un amplio movimiento dentro de < ="la Isla." w:st="on"> la Isla.
[16] Alberto J. Díaz, fundó la primera Iglesia Bautista en < ="La Habana. Ejerciá¿á" w:st="on"> < ="La Habana." w:st="on"> La Habana. Ejerció su ministerio pastoral. Conspiró contra España; sufrió prisión por su auxilio a los reconcentrados. Recaudó fondos para los movimientos armados separatistas. Alcanzó el grado de capitán del Ejército Libertador.
[17] Aparece en la carta (16 de julio de 1896) que le envió A. Maceo, en ella se alaba su patriotismo y le da las gracias por sus gestiones a favor de la lucha en pro de la independencia.
[18] El primer misionero episcopal llegó a Cuba en el año 1871.
[19] Pedro Duarte, primer ministro episcopal. Logró que se aplicaran en Cuba disposiciones sobre tolerancia religiosa. En Cayo Hueso, como miembro de la directiva del Club San Carlos, históricamente vinculado al Partido Revolucionario Cubano desarrolló una intensa actividad política.
[20] En la primera guerra de independencia, fue Delegado del Gobierno de < ="la Repá¿áblica" w:st="on"> la República en Armas, en < ="la Junta" w:st="on"> la Junta de Nueva York.
[21] Recomendamos la lectura de las ponencias de los presbíteros Rafael Cepeda y Adolfo Ham en el encuentro celebrado en Matanzas (1984) editada bajo el rubro La herencia misionera en las iglesias cubana, D. E. I. ; Costa Rica, 1986
[22] A finales del s. XIX y principio del XX en Cuba se habían enviados misioneros de las siguientes denominaciones:
Sociedad de los Amigos (Cuáqueros) Iglesia Metodista del Sur Iglesia Bautista del Norte
Iglesia Presbiteriana del Norte Iglesia Discípulos de Cristo Iglesia Bautista del Sur
Iglesia Presbiteriana del Sur Iglesia Episcopal Iglesia Congregacional
[23] En septiembre del año 1898, un grupo de 52 sacerdotes criollos emitió un manifiesto del clero cubano, en el que denunciaban la actitud del clero español ante el incipiente número de clérigos cubanos, pidiendo al Vaticano que interviniera en esta deplorable situación
[24] La existencia de una clase operaria se evidencia en Cuba, desde mediados de la década del 30 en los talleres tabacaleros, ello se vio reflejado en su primer periódico “ < ="La Aurora" w:st="on"> La Aurora”. El fundador del Partido Socialista Cubano fue el poeta Diego Vicente Tejera (1848-1903). Se recomienda la lectura de la obra de Ariel Hidalgo Orígenes del movimiento obrero y del pensamiento socialista en Cuba, Colección Pluma en Ristre, Editorial Arte y Literatura, < ="la Habana" w:st="on"> La Habana, 1976.
[25] Citado por José Luciano Franco en su obra La reacción española contra la libertad, Ed. Ciencias Sociales, < ="la Habana" w:st="on"> la Habana, 1988, p.60
[26] Aunque evangélicos militaban en cualquiera de esos tres grupos sin preferir a uno sobre el otro como comunidad, la juventud se fue entusiasmando con la lucha antimachadista. Uno de los que más se destacó fue el profesor Justo González, fundador (décadas después) de ALFALIT, que aunque era un pastor metodista y maestro de escuela, sintió por algunos años la vocación política y llegó a ser uno de los dirigentes del movimiento ABC que, de los grupos revolucionarios de entonces, era el más activo en la confrontación armada y en el terrorismo. Al caer Machado hasta se dio el caso de algún pastor evangélico invitado por los revolucionarios a ocupar "pro-tempore" la alcaldía de una ciudad más o menos importante.
[27] En el censo de 1899 de 283 sacerdotes, sólo 93 eran cubanos
[28] Colegio Presbiteriano, inaugurado por Robert L. Wharton el 11 de noviembre de 1900.
[29] El laico católico cubano Raúl Gómez Treto (1932-1992) en su obra < ="la Iglesia Catá¿álica" w:st="on"> La Iglesia Católica durante la construcción del socialismo en Cuba reflexionó acerca de las diferentes etapas por las cuales ha pasado la relación Iglesia-Estado.
[30] Presidido por el Dr. Alfonso Rodríguez Hidalgo.
[31] (1926- ) Nace en el Cairo. Durante 1962-65 participó como experto en el Concilio Vaticano II , colaborando en la redacción de la Gaudium et Spes En el período de 1965-69, participó en el diálogo cristiano-marxista, a nivel nacional e internacional
[32] Ver Giulio Girardi: Cuba después del derrumbe del comunismo. á¿Residuo del pasado o germen de un futuro nuevo?, Madrid, editorial Nueva Utopía, 1994, Pág. 109.
[33] Aparece en la revista de < ="la Iglesia Presbiteriana" w:st="on"> la Iglesia Presbiteriana Reformada “El Heraldo Cristiano”, año 1978, No.9 y 10, pp. 16 y ss.
[34] Giraldi Giulio, “Tras el derrumbe del comunismo, el ahora de Cuba, tras el viaje de Juan Pablo II”, Ed. Nueva Utopía, España, 1998, Pág.292
[35] Nació en marzo, 1924. Pastor de < ="la Iglesia Presbiteriana" w:st="on"> la Iglesia Presbiteriana Reformada. Se incorporó a < ="la Resistencia Cá¿ávica." w:st="on"> la Resistencia Cívica. Fue rector del Seminario de Matanzas y vice-presidente de < ="la Conferencia Cristiana" w:st="on"> la Conferencia Cristiana por < ="la Paz" w:st="on"> la Paz para el área Latinoamericana y del Caribe. Es diputado a < ="la Asamblea General" w:st="on"> la Asamblea General del Poder Popular. Se considera influenciado por el teólogo Karl Barth, miembro del Partido Socialista en Suiza, quien expuso su oposición como cristiano a la ideología y la práctica del fascismo alemán (a su producción teológica se le conoce como “teología de la crisis”), además, se considera influenciado por Paul Tillich y Dietrich Bonhoeffer, ambos comprometidos en las luchas sociales.
[36] Revista trimestral “Mensaje” #1, Órgano del Consejo de Iglesias Evangélicas de Cuba p.9
[37] Ídem p.16. En ese mismo año expuso sus ideas respecto a la misión de < ="la Iglesia" w:st="on"> la Iglesia en la sociedad socialista, en el Dpto. de Iglesia y Sociedad del CCIE.
[38] Palabras de apertura pronunciadas en < ="la III Jornada" w:st="on"> la III Jornada Nacional Camilo Torres, en el año 1973 por el Pbto. Sergio Arce Martínez, aparece en el libro “Cuba: un pensamiento Teológico Revolucionario
