Revista Cubana de Filosofía. Edición Digital
No. 4. Septiembre - Enero 2006. ISSN: 1817-0137


 
 

Artículos

Título: Diversidad y articulación
Autor(es): Gilberto Valdés Gutiérrez
Fecha de publicación: 15 de Septiembre de 2005

(Ponencia presentada en el V Encuentro Cuba-México de Filosofía. Julio de 2005)


La diversidad ha estado siempre. Pero hoy ha adquirido beligerancia política y visibilidad epistemológica. Así como ella existe, existen sus lecturas. La que intentaremos referir aquí no es, por supuesto, la diversidad virtual que carnavalizan las cientos de televisoras que responden al Canal único del neoliberalismo. Admitamos que la absolutización de un tipo de paradigma de acceso al poder y al saber, centrado en un arquetipo "viril" "competitivo" y "exitoso", en un modelo de hombre racional, adulto, blanco, occidental, desarrollado, heterosexual y burgués (toda una simbología del dominador), ha dado lugar al ocultamiento de prácticas de dominio que, tanto en la vida cotidiana como en otras dimensiones de la sociedad, perviven al margen de la crítica y la acción liberadoras. Nos referimos, entre otros temas, a los millones de hombres y mujeres que son expulsados de la producción, el mercado y la política, que sobran por no ser redituables, a la discriminación histórica efectuada sobre los pueblos y las culturas indígenas, los negros, las mujeres, los niños y niñas y otras categorías socio--demográficas que padecen prácticas específicas de dominación.

Son expresiones de una civilización excluyente, patriarcal y depredadora que el capital encierra en su Pensamiento único. José Luis Rebellato sintetiza lo que queremos expresar con certeras palabras: «Patriarcado, imperialismo, capitalismo, racismo. Estructuras de dominación y violencia que son destructivas para los ecosistemas vivientes».

Hemos abierto los ojos respecto a procesos y espacios de dominación que no conocíamos, y comprendido que el dolor por la discriminación y la falta de reconocimiento puede ser tan terrible como la explotación o la esclavitud, pero hemos comprendido también, que buena parte de las reivindicaciones por el reconocimiento, pueden terminar siendo absorbidas parcialmente, o atomizadas por la lógica del poder si no se insertan en la lucha por la equidad y la justicia.

No hay que olvidar que el multiculturalismo liberal cuenta con herramientas que le permiten sentar las bases para pensar la diferencia en clave de diversidad, y la diversidad en clave de desigualdad natural. Dado que todas las personas contamos con cualidades distintas, con competencias disímiles, la diversidad es en realidad un reflejo natural de las cosas, que se traduce en un marco de igualdad ante la ley y de oportunidades (no de resultados), en desigualdades más que justificadas.

Desde este paradigma, si ya no se sueña con la posibilidad de una sociedad libre, se exige por lo menos la justicia de una manera muy curiosa: que nadie sea menos reprimido que la mayoría. Pareciera que el reconocimiento de las diferencias deviene punto de partida para la constitución de sujetos con equidad entre los géneros y reconocimiento de las identidades respectivas. Mas «lo diferente» puede ser sustantivado de manera que la aspiración a la igualdad y a las identidades compartidas no sea una meta «realista».

Para que la diversidad no implique atomización funcional al sistema, ni prurito posmoderno light de relatos inconexos, es preciso desear, pensar y hacer la articulación, o lo que es lo mismo: generar procesos socioculturales y políticos desde las diferencias. El pensamiento alternativo es tal únicamente si enlaza diversidad con articulación, lo que supone crear las condiciones de esa articulación (impulsar lo relacional en todas sus dimensiones, como antídoto a la ideología de la delegación; fortalecer el tejido asociativo sobre la base de prácticas y valores fuertes (de reconocimiento, justicia social, equidad, etcétera).

No tenemos, en esto, dudas: necesitamos construir una ética de la articulación, no declarativamente, sino como aprendizaje y desarrollo de la capacidad dialógica, profundo respeto por lo(a)s otro(a)s, disposición a construir juntos desde saberes, cosmologías y experiencias de acumulación y confrontación distintas, potenciar identidades y subjetividades. Tal ética ha de moverse dentro de las coordenadas de un paradigma de racionalidad crítica, organizada mediante el diálogo de los sujetos implicados y orientada a descubrir el significado auténtico de la realidad humana.

La articulación, si bien presupone reconocimiento de la diversidad en lo interno del sujeto subalterno o dominado, implica un esfuerzo supremo de unidad consensuada desde abajo, pues sin la construcción de coaliciones estratégicas no podrán enfrentarse, con posibilidades de éxito, los grandes poderes globocolonizadores, enemigos tanto de la justicia económica y política, como del real ejercicio de la autonomía cultural de los diversos grupos humanos. Aprender a buscar a los afines, a negociar, a sumar voluntades, a construir alianzas, a sintonizar nuestros movimientos, nuestras acciones, frente a los antagónicos. El aprendizaje de la tolerancia, como la entendía Pablo Freire. Sin perder la diversidad, en medio de ella.

El neoliberalismo cuestiona y desafía nuestra capacidad de organización. Hay que re-aprender a re-organizarse. Pero con "arte", con gracia, con placer, disfrutando.

Si hablamos de contrahegemonía, estamos obligados a crear tal vez no un nuevo pensamiento, pero sí un nuevo modo de pensar y actuar, que nos conduzca hacia nuevos ejes articuladores de acumulación política en el seno del movimiento social-popular. Esto presupone, al menos:

· El reconocimiento de la especificidad cultural y la competencia simbólica y comunicativa de cada sujeto o actor social, la realización de acciones comunicativas de rango horizontal, que permitan develar las demandas específicas, sin preterir las de otros sectores. Aquí es importante concebir no solo las problemáticas fundamentales de los trabajadores formales y no formales (ocupados y no ocupados), de los excluidos/as del sistema, sino la aparición, o nuevos desarrollos, de problemáticas antes no consideradas por las fuerzas contestatarias: las de género, las étnicas, el cuestionamiento de la moral tradicional, la politización de ciertos movimientos juveniles, etc. Sigue vacante la construcción de una articulación política para todas esas líneas de iniciativas populares que se forman en torno a diferentes cuestiones particulares y evolucionan, en muchos casos, hacia un cuestionamiento global del sistema económico, social y cultural.

· La aceptación de la pluralidad de maneras de acumular y confrontar, propias de cada tradición política dentro del movimiento popular.

· La necesidad de un modo horizontal de articulación de los movimientos sociales, de los partidos y otras fuerzas sociales y políticas de la sociedad civil, sobre la base de la confrontación teórica y práctica con las formas de dominio de clase, género, etnia y raza. Lo cual no quiere decir renunciar a la organización, sino a la concepción elitista, verticalista de ella. De lo que se trata es de imaginar el movimiento político como una organización que debe asumir la doble tarea de promover el protagonismo popular y contribuir efectivamente a crear las condiciones para que sea posible, como una fuerza nueva capaz de integrar las más diversas tradiciones y las formas organizativas más variadas.

La diversidad no es un lastre a superar, ni a nivelar violentamente en aras de una ideología productivista y depredadora. Es una riqueza natural, social, cultural, humana para proteger, potenciar y articular. No tratemos de negar las discrepancias, incomprensiones y visiones diferentes sobre diversos asuntos. No busquemos consensos fáciles ni tramposos. La diversidad es un aprendizaje. Pensemos qué nos une, qué podemos aprender de unos u otros movimientos y perspectivas liberadoras, qué retos comunes enfrentamos y qué compromisos históricos claman por nuestro accionar.

Ello nos permitirá, en principio, ensanchar la noción de sujeto social-popular alternativo con la diversidad de movimientos sociales (barriales, feministas y de mujeres, étnicos y campesinos, de trabajadores excluidos, sindicales, ambientalistas, juveniles, contraculturales), de identidades y culturas subalternas amenazadas por la homogeneización mercantil y la «macdonalización» del entorno y el tiempo libre; cosmologías preteridas, perspectivas liberadoras que se enfrentan, cada cual desde su propia visión y experiencia de confrontación, al pensamiento único del neoliberalismo global. Se ha dicho, con razón, que los atributos del mundo que es posible conquistar son tantos como los frentes de lucha de los movimientos que participan en la nueva Babel: dignidad para personas y pueblos, equidad y justicia social, igualdad de género, protección del medio ambiente, diversidad sexual, multiculturalismo, biodiversidad. ¿Se habrá convertido el programa máximo en programa mínimo?

Reivindiquemos la alegría, no solo por el fin buscado, sino por el placer mismo del caminar juntos.

  Comentario Fecha
 No se han hecho comentarios sobre este artículo.

 

NOTA: Su comentario no se mostrará en la página hasta que no sea revisado y aprobado por el administrador.


Menor contraste Mayor contraste Valores por defecto Texto más pequeño Texto más grande