Revista Cubana de Filosofía. Edición Digital
No. 17. Febrero - Junio 2010. ISSN: 1817-0137


 
 

Artículos

Título: Lo latinoamericano como recurso del sujeto social
Autor(es): Roxana Abad Consuegra
Fecha de publicación: 01 de Junio de 2010

A modo de introducción

En “Páramo Andino” Alejo Carpentier escribe:

Allá, detrás de las nubes que lo cubren se alza el eterno helero del Pico Bolívar (…) El Páramo de Macuchíes es uno de los techos de América. Pero es también – ¡es fama!-  uno de los pasos más dramáticos, más aplastantes, más imponentes, de toda la cordillera de los Andes. Hay emociones que recompensan a un hombre de años de lucha, de rutinas, de monótonas limpiezas por el modo de vivir de los demás.[1]

Una “visión de América” resulta en Carpentier algo más que visión simple de pasajes regionales. La descripción carpenteriana no es en este caso el recurso estético. La propia realidad se descubre suficiente riqueza. El autor identifica sensaciones con ideas. La materia que es percibida no pasa a ser descrita y sí nuevamente explorada. El sensualismo no figura. La vivencia cristalizada constituye ahora signo, fuente primaria de transformación. El valor de las ideas persiste, es preservado, en el todo ideal.

Cualquier noción de creatividad no permite descubrir la trascendencia de un resultado creativo particular. Ese tránsito de lo general a lo específico en torno a la creación, incluso la noción que inicialmente se tenga sobre ella, debe corresponderse con una visión esencialmente dialéctica. Inevitablemente la creatividad implica al propio resultado creativo, de modo que este último se define a sí mismo a través del contenido que ha sido renovado específicamente.

L. S. Vigotsky ofrece algunas pistas a la hora de develar la “naturalidad metafísica aparente” que en la Modernidad acompaña el conocimiento del proceso creativo. Esto último, a su vez, le permite ubicar en ese espectro a su carácter esencialmente humano con arreglo a la naturaleza de las relaciones y los sistemas sociales [2] .

 “Con frecuencia la imaginación se representa como una actividad exclusivamente interior que no depende de las condiciones externas o en el mejor caso, que depende de estas condiciones por una parte, precisamente porque estas condiciones determinan el material sobre el cual trabaja la imaginación (…) En realidad esto no es así, desde hace tiempo, en la psicología se estableció una ley según la cual la tendencia a la creación es inversamente proporcional a la simplicidad del medio.” [3]

La imaginación es siempre pensamiento, pero no toda pensamiento es imaginativo. El reconocimiento de la imaginación no siempre garantiza la comprensión plena de su determinante activo. En los marcos de la actividad del sujeto social la creatividad se identifica con aquellas cualidades específicas del producto de la imaginación. En ese conjunto de cualidades del proceso creativo la divergencia constituye un aspecto fundamental, sin embargo, la propia definición del proceso creativo, en tanto producto de la imaginación, requiere de la convergencia[4].

En general el pensamiento convergente refiere la resolución de problemas bien definidos cuya característica es tener una solución única, moverse en una dirección, en un plano. En estos casos se enfrenta a un universo cerrado, con límites definidos, con elementos y propiedades conocidas desde el comienzo, que no varían a medida que avanza el proceso de búsqueda de una solución. En este caso no se construye una respuesta sino que se identifica la correcta.[5]   

El pensamiento divergente no se restringe a un plano único, sino que se mueve en planos múltiples y simultáneos. Se caracteriza por mirar desde diferentes perspectivas y encontrar más de una solución frente a un desafío o problema. Actúa removiendo supuestos, desarticulando esquemas, flexibilizando posiciones y produciendo nuevas conexiones. Es un pensamiento sin límites que explora y abre caminos frecuentemente hacia lo insólito y original.[6]        

Es el sistema de relaciones que subyace a la existencia objetiva de un sujeto social, sin embargo, quien remite a la convergencia y/o la divergencia del pensamiento. Las nociones de pensamiento divergente y convergente se apoyan en la totalidad que representa el pensamiento mismo más que en las manifestaciones particulares de su naturaleza ideal. “Cada nosotros, así como su emancipación, se definen y se redefinen por relación a lo otro. Pero a diferencia del caso del sujeto individual, en lo que se refiere a un sujeto colectivo es más claro que no se trata solamente de otro opuesto: hay también una alteridad hacia el interior del sujeto”[7].

Ante opiniones como las del autor Marcelo Velarde Cañizares evaluamos la posibilidad de que lo latinoamericano, en tanto identidad, se convierta habitualmente en un recurso para el sujeto social. La propia diferenciación del otro interno a la vez que externo convoca a la abstracción de cualidades ontológicas específicas: En su trayectoria singular la imaginación del sujeto no constituye exclusividad sino especificidad activa. El pensamiento como totalidad se manifiesta como pensamiento imaginativo sólo en los marcos de condiciones objetivas de existencia del sujeto que lo determinan. “La esencia humana, el hombre, equivale para Hegel a autoconciencia. Todo extrañamiento de la esencia humana no es nada más que extrañamiento de la autoconciencia.” [8]

Con el apoyo de tales argumentos nos estamos proponiendo esta vez reflexionar acerca de cómo lo latinoamericano puede constituir un recurso del sujeto social a través de la relación convergencia -divergencia.

El recurso de lo latinoamericano

Las particularidades del imaginario social latinoamericano en la etapa en que se condicionan y tienen lugar las luchas por su emancipación (finales del siglo XVIII y principios del XIX) se manifiestan, a su vez, signo de una nueva etapa. Sin dejar de ser “moderna”, la Independencia Latinoamericana refrendó la existencia de una realidad particular. La diferencia del sujeto latinoamericano cobró cuerpo en la continua búsqueda de su identidad. Este proceso no versaría en la capacidad real del ser individual, pues la incesante búsqueda de una identidad significó sobre todo identificación de esos mismos procesos, de la esencia intersubjetiva de lo latinoamericano.[9] En prólogo a la obra “Pensamiento político de la emancipación”, José Luis Romero señala que “el caudal de pensamiento en que abrevaron los hombres de la Emancipación se constituyó a lo largo de toda la Edad Moderna pero adquirió consistencia y sistematización en la segunda mitad del siglo XVIII.” [10]

Algunas condiciones de existencia concretas del sujeto latinoamericano permitirían evaluar el rigor de este supuesto. La primera etapa de la emancipación –declara el autor- había constituido un conjunto de actos políticos, declarativos; pero las fuerzas de la Metrópoli no estaban derrotadas militarmente y aprovecharon la inexperiencia  y la división de los gobiernos revolucionarios para recuperar sus posiciones.[11]

Es relevante interés de este autor por diferenciar la influencia en el pensamiento pro-emancipador de ese mismo pensamiento. Los proyectos que emprendieron los líderes latinoamericanos, con independencia de su universalidad,  surgen ante condiciones específicas al igual que su acción. Cada proyecto humano surge con arreglo al desarrollo político, económico y social representado por la época histórica en la que tiene lugar[12]. Es en este sentido en el que comprendemos la unidad convergencia-divergencia en el pensamiento imaginativo latinoamericano. Las relaciones coloniales son convergentes en tanto subyacen a las tradicionales contradicciones colonia-metrópoli los condicionamientos de sus propios vínculos. A su vez ellos mismos resultan tan diversos y específicos como histórica resulta la lucha de clases.

“En el orden de cosas del proceso de la conquista y colonización, lo que no encajara dentro del esquema occidental era menester “componerlo”, es decir, “occidentalizarlo”. De hecho, para Edgardo Lander la conquista y la colonización obedeció a un plan de articulación de la modernidad y la organización colonial del mundo, de los saberes, de la memoria y del imaginario[13]. Sólo entonces, la trilogía “comprender-tomar-destruir” se enfrentó a otro esquema: “esclavismo-colonialismo-comunicación”[14].

Los contenidos de la actividad específica del sujeto latinoamericano del siglo XVIII se expresan en el imaginario social. El período histórico que corresponde al desarrollo de las formaciones económico-sociales latinoamericanas se manifiesta en las formas específicas que adopta la explotación del sujeto. La explotación en América Latina trasciende la imposición física de fronteras imperiales y se traduce en una nueva síntesis cualitativa. José Luis Romero, por ejemplo, considera que el sentimiento prohispánico estaba unido al sentimiento católico. Defiende el criterio de que los avances que había logrado la influencia inglesa, promovidos por grupos mercantiles interesados en un franco ingreso al mercado mundial, estaban contenidos por la oposición de los grupos tradicionalistas que veían en los ingleses no sólo a los seculares enemigos de España, sino también a los herejes reformistas.[15]

Al analizar el impacto del comercio de esclavos en las obras de fortificación de la isla de Cuba,  Francisco Pérez Guzmán asegura que  desde los años iniciales de la conquista y colonización, la administración de la Isla consolidaba su condición de promotora, intermediaria, controladora, mediadora, compradora y gran propietaria -hasta 1790 una de las mayores de Cuba- en la estructura esclavista.[16]  Las condiciones de vida del cubano, si se toma en cuenta lo anterior, no solamente era diferenciada según el estatus y la posición que el mismo asumiera en la estructura social, sino que esta misma diferenciación constituía un rasgo particular en sus relaciones de intercambio y por lo mismo una condición de distinción de la actividad económico-social de la isla, respecto al resto de las colonias de América Latina.  

Brito Figueroa por su parte, refiere que en los últimos 50 años de dominación colonial en Venezuela, se constata el incremento del capital -concentrado lentamente en términos de acumulación original o primitiva- en manos de un pequeño porcentaje de ricos propietarios criollos y españoles. Esta masa de capital se orientaba hacia dos tipos de actividades: al comercio en condiciones usurarias, y al préstamo e interés no solamente a los grandes hacendados sino a los artesanos, pequeños comerciantes y pequeños productores[17] .

Al principio en la diferenciación de la actividad de los grupos o sectores sociales parece haber jugado un papel importante el control de la Iglesia. La riqueza social no era percibida como un resultado directo sino alternativo al propio  proceso de producción. Siguiendo la investigación del autor podemos decir que la Iglesia contaba con una renta constante que se incrementaba anualmente en la medida que se desarrollaba la economía nacional. La Iglesia consideraba pecado mortal no pagar los diezmos a los párrocos, o a los prestamistas a quienes generalmente se los arrendaban con un interés del 25%. [18]

La acción de la Iglesia en Venezuela constituyó una forma específica en la que se objetivaron las mediaciones convergentes coloniales. Su carácter institucional-mediático permitió mantener el status quo de la colonia en el sistema de las relaciones internacionales que se instituye durante el siglo XVIII, al mismo tiempo que contribuir con la radicalización de aquellas formas específicas de la actividad del sujeto que podían garantizar mayores niveles de productividad.

Como consecuencia de las particularidades de la acción de la Iglesia descritas,  la usura era practicada igualmente por los laicos, pues el control de la riqueza social de Venezuela por parte de las instituciones eclesiásticas trascendía las relaciones afiliado-institución y convocaba incluso a la propia actividad del sujeto, sujeto que podía hallarse previamente excluido de esa misma relación por razones históricas incluso. “La usura (bajo la forma general de préstamos sobre hipotecas y apoyada  en la coerción extraeconómica religiosa espiritual), absorbía el plusproducto que los terratenientes extraían a esclavos y campesinos enfeudados.”[19]

“La presencia de instituciones como la Guipuzcoana confirma la existencia de una masa de capital mercantil-usurario que se hacía sentir en la estructura económica de Venezuela colonial. Sin embargo, aludidos por la magnitud de esa masa de capital, llegan a tipificar la formación económica como de orden capitalista.” [20]

La diferencia que Brito Figueroa advierte en la Compañía Guipuzcoana respecto al resto de las formaciones económicas capitalista, no excluye a esta entidad del sistema de relaciones capitalistas que se halla en pleno apogeo en esta etapa. Su divergencia, sin embargo, puede explicarse según la lógica de “la demanda exógena” de Werner Sombart. [21]

Según Sombart, las ventas de las mercancías producidas en forma capitalista durante la época del capitalismo naciente fueron hechas, en lo esencial, a compradores extracapitalistas. “La situación continúa siendo la misma en los tiempos del apogeo del capitalismo. Y son también los primeros compradores los que, en primer término, hay que tomar todavía en consideración”.[22]

Según este autor existen diferentes capas de compradores extracapitalistas, una de las cuales son las entidades públicas. Cuando las entidades públicas -refiere Sombart- después de la percepción de las sumas debidas al impuesto o al empréstito, aparecen en el mercado en calidad de compradores, el resultado es este: la acumulación del capital ha sido impedida por tanto- al menos pasajeramente-, y la demanda endógena ha sido transformada en demanda exógena.

El surgimiento de la Compañía Guipuzcoana como resultado de la acumulación de capital usurario en la región parece corresponderse con una lógica distinta. Sin embargo, al interior de su propia clasificación, Sombart prevé que otra de las capas de compradores extracapitalistas son los pueblos exóticos, nombrando así aquellos pueblos en los que el Mercado fue introducido por medio de la violencia. Para ejemplificarlo refiere que en la etapa del apogeo del capitalismo (referente las dos guerras mundiales) Inglaterra promovió la quiebra de la industria textil india por medio de medidas fiscales y aduaneras.

La Compañía Guipuzcoana, siguiendo la tipología de Sombart, parece corresponder tanto a una como a otra forma “extracapitalista”. Las posibilidades para el análisis que nos ofrecen estos argumentos no se orientan a demostrar cómo la Guipuzcoana, respecto al resto de las compañías creadas por España en la etapa,[23] se diferencia de las formas capitalistas de manera esencial.

Aún cuando la clasificación de Sombart no se define en los marcos particulares de la Guipuzcoana, la divergencia que ella misma devela sí constituye, a su vez, una particularidad atribuible al sujeto  político que la instituye, en este caso el sujeto latinoamericano.

Como bien planteó Marx:

el litigio sobre la realidad o irrealidad de un pensamiento aislado de la práctica, es un problema puramente escolástico (…) // La teoría de que los hombres son producto de las circunstancias y de la educación, y de que, por tanto, los hombres modificados son producto de circunstancias distintas y de una educación distinta, olvida que las circunstancias se hacen cambiar precisamente por los hombres y que el propio educador necesita ser educado” [24]

En acuerdo con lo planteado por el propio Sombart[25], el carácter novedoso, aparentemente original, que le imprimen tales formas de institucionalización a la realidad del sujeto político radica en el hecho de que “en vez de afluir directamente hacia los trabajadores asalariados- por vía de la acumulación- las cantidades correspondientes han ido a parar a manos de las administraciones municipales[26] o a manos de la administración del Estado y aparecen ahora en forma de sueldos de funcionarios que se traducen en demandas de medios de producción”. Lo decisivo en este proceso, a juicio del autor, es que esta demanda de medios de producción, correspondiente con un nivel de desarrollo determinado de las fuerzas productivas en el capitalismo, ocurre sin que el acto de demanda esté ligado directamente, como en otros casos, al acto de producción.

Otros autores han tratado esa bisociación como un rasgo que distingue al producto de la creación en América Latina. Jorge Enríque Adoum describe esta contradicción analizando la doferencia entre el  destino material que refrenda la creación y su reflejo. El autor transita en el análisis de lo general a lo específico sin perder de vista la diferencia entre creación y manifestación artística: “Que el arte es oficio lo saben todos los creadores, y aunque es obvio que la literatura, por ejemplo, requiere igual grado de profesionalización que la plástica, esta se halla más cerca de la artesanía, del trabajo manual, o sea de las clases populares impregnadas de esa “indignidad social” que le atribuyó la Sociedad de la Colonia”. [27]

La desproporción que existe –refiere Adoum- entre el tiempo individualmente necesario para pintar un cuadro o escribir un libro, así como para recaudar el producto de uno y otro como mercancía, puede ser la razón que explique por qué en el continente prácticamente no se puede hablar de escritor profesional[28]  (escribe una vez que ha terminado su jornada de trabajo como profesor o periodista, empleado de ministerio o de biblioteca…), en tanto que el artista puede dedicarse más enteramente a su obra y realizar, de manera accesoria, otras actividades casi siempre relacionadas con ella. “Ese grado de dominio del hombre sobre su ser, que posibilita la cultura, se expresa a su vez como control sobre su conciencia”. [29]

Al comparar el siglo XVIII cubano con el venezolano se convierte en un criterio válido la idea de que, así como la acción de la Iglesia constituyó un importante instrumento de control y distribución de la riqueza de la Metrópoli en Venezuela, la perspectiva geoestratégica a partir de la cual se instituyó en Cuba la concepción defensiva del Imperio Español determinó de manera particular la cotidianidad cubana del siglo XVIII.

“En Cuba, el Estado, inmerso en al estructura esclavista, engendró un comercio de fabulosas ganancias que traspasaba la compra, el alquiler y la venta de acuerdo con las necesidades económicas y proyectos militares y civiles. Estas actitudes encontradas alertan sobre el trasfondo real del esclavismo estatal generador de mecanismos de acumulación de dinero.” [30]

Por una parte la excavación de fosos exigía de cientos de hombres fornidos capaces de resistir jornadas intensas que se prolongaban meses y años. Al experimentar dificultades en hallar mano de obra presidiaria forzada, libre y esclava alquilada de forma perenne, se recurrió a los esclavos del rey[31]. La naturaleza del imaginario social respondía más que a las contradicciones colonia-metrópoli, cotidianamente identificadas por el sujeto, a la emergencia de una contradicción mucho más específica: La contradicción entre la dependencia colonial de España y el relativo proceso de diversificación de la actividad productiva del sujeto social del que Cuba fue escenario.

En el intento de comprender el ejercicio del imaginario social a través del análisis de los tipos de practicidad Charles Wright Mills señala:

“Es fácil ver que la mayor parte de las cuestiones sociales entrañan un revoltijo y errores de hecho y de conceptos difusos, así como de conceptos confusos, así como de prejuicios valorativos. Únicamente después de haberlas desembrollado lógicamente es posible saber si dichas cuestiones implican en realidad un conflicto de valores”[32]

Determinar si existe o no ese conflicto –supone Wright Mills- y si existe separado el hecho del valor, constituye, desde luego, una de las primeras tareas que con frecuencia emprende el investigador social.[33] Casi reiterativamente Wrigth Mills enfatiza en el papel determinante que asume el componente clasista en este proceso cuando afirma que  “cuando hay valores sustentados tan firme y consecuentemente por intereses verdaderamente opuestos, que el conflicto no puede resolverse por el análisis lógico y la investigación de hecho, entonces parece haber llegado a su fin el papel de la razón en aquel asunto humano.”[34] Esto último puede ayudar a comprender por qué las realidades coloniales de Cuba y Venezuela proyectan resultados específicos distintos.

La relación convergencia - divergencia es tan operativa como las propias diferencias temporales que existen en las luchas por la Independencia de ambos países. La emancipación real del sujeto social, sin embargo, es comprendida con el apoyo de la convergencia y la divergencia si aludimos a las condiciones de influencia de un sistema de relaciones mediato. La propia explotación colonial en ambas realidades es promovida por mecanismos intermediarios similares, ya fueran estos concebidos en el estricto control de los recursos económicos de la Iglesia para el caso venezolano, o en la capacidad negociadora de los funcionarios de la Colonia para el caso cubano.

El prestigiado intelectual cubano Manuel Moreno Fraginals afirmaba en 1969 que durante el devenir industrial del ingenio cubano en central azucarero “la economía cubana reproduce de manera colonial y subdesarrollada uno de los aspectos más típicos de la revolución industrial inglesa”[35] la acuñación de monedas privadas. El  “token”  o moneda privada es uno de los productos alternativos  más representativos  del inmanente comercial que acompaña el desarrollo del sistema capitalista mundial.

Después de la Restauración (1661), siempre que los reyes se mostraron incapaces de satisfacer las demandas de circulante, reaparecieron las moneas privadas que hacía posible el enorme volumen de operaciones minoristas. Por su escasez, y las especulaciones de que fueron objeto, la emisión de monedas oficiales de cobre de un cuarto de penique (cooper farthings) se convirtió en un lucrativo negocio para aquellos que obtenían la licencia especial de acuñación, especialmente a partir de la etapa final de los Estuardos.[36]

A diferencia de lo ocurrido en Inglaterra, si embargo, la acuñación de monedas privadas por parte de los nuevos empresarios industriales cubanos no tuvo, al parecer, la misma intencionalidad que en el período de desarrollo de las relaciones de producción capitalista en Inglaterra. El propio Moreno Fraginals asegura que “los nuevos empresarios industriales, rompiendo una tradición secular, necesitaron incorporar obreros blancos a los ingenios azucareros, y crearles nexos de dependencia.” [37]

Este rompimiento, sin embargo, particulariza las propias formas reproductivas cubanas de aquellos procesos de acuñación de moneda fraccionaria en Inglaterra, pues a diferencia de lo ocurrido en la construcción de fortificaciones, en las cuales los negros esclavos podía aspirar a la adquisición de su libertad y de una experiencia cultural mínima, “por razones discriminatorias dentro de la política socioeconómica de la época, los negros esclavos o libertos, fueron excluidos del trabajo industrial en los ingenios y centrales.”[38]

La aparición del token azucarero cubano declara la existencia de una forma específica de actividad productiva durante la etapa en Cuba que viene a expresarse de manera objetiva en la naturaleza del imaginario social. La acuñación de monedas privadas en Cuba es sólo un ejemplo de la presencia directa de un resultado nuevo, aparentemente distinto al resto de los resultados de la actividad, pero subyacente a la organicidad misma adquirida por el capital.  Hacia 1883, prácticamente abolida la esclavitud y cuando ya los tokens se empleaban exclusivamente con obreros asalariados, el sistema de explotación establecido era tan eficiente, que pasado el quinto día del pago mensual, más del 90% del dinero pagado en tokens había retornado al ingenio[39].

A pesar de las profundas analogías que el autor de la obra “El token azucarero cubano” descubre entre las monedas del central azucarero cubano y los “trade tokens” ingleses, resultan igualmente significativas las diferencias epocales en las que ambos procesos tienen lugar[40]. Si bien la actividad específica puede reflejarse desde diferentes “formas de practicidad” sin que necesariamente el resultado reflejo sea un resultado directamente observable en la práctica, la disposición del período histórico preserva de manera implícita la lógica que cualquier análisis de la naturaleza de lo ideal pretenda articular.

El despliegue de algunas formas alternativas de desarrollo de las relaciones de producción capitalistas, como es caso de las monedas privadas en los ingenios cubanos, ocurre en un período histórico en el que ya América Latina había alcanzado su segunda independencia. Las propias diferencias con que se manifiesta en el orden político, económico y social, la emancipación cubana respecto a la venezolana representan un modo particular de conferirle universalidad a la emancipación del sujeto latinoamericano de manera general[41].

Por todas estas razones y a modo de conclusión parcial consideramos que la expresión del imaginario social latinoamericano se expresa como particular productivo. La divergencia del producto en las distintas regiones resulta a la vez convergencia del sistema colonial que determina los rasgos particulares de sus economías.  El propio imaginario social latinoamericano revitaliza el interés por investigar en la cotidianidad del sujeto social el devenir del pensamiento así como del carácter universal de su circunstancia.

Conclusiones

1.     Existe referencia histórica de la novedad en el producto  latinoamericano del siglo XVIII. Dicha referencia permite afirmar que el imaginario social se expresa a su vez como particular productivo. La actividad socialmente condicionada del sujeto en esta etapa refleja la presencia objetiva de un pensamiento imaginativo.

2.     La convergencia y la divergencia manifestadas en el sistema de relaciones del siglo XVIII constituyen contenidos representativos del sujeto social de esa etapa. El pensamiento imaginativo latinoamericano no constituye un rasgo exclusivo al interior del sistema de relaciones capitalistas de producción. Las condiciones específicas de su determinación corresponden a condiciones específicas de explotación capitalista.

3.     El carácter colonial de las relaciones tipifican la unidad convergencia-divergencia en el pensamiento imaginativo latinoamericano. Las particularidades del producto en regiones tan distantes como Cuba y Venezuela durante el siglo XVIII se manifiestan como relativas atribuciones de la misma explotación de recursos, ya fueran naturales o humanos.

4.     El pensamiento imaginativo latinoamericano, en tanto emerge como resultado específico de la actividad del sujeto social, puede devenir en productos alternativos a las tradicionales contradicciones Colonia-Metrópoli. Tanto la Compañía Guipuzcoana como el token azucarero cubano refrendan por un lado la existencia concreta de este producto alternativo y por otro el proceso objetivo de síntesis de una relación de producción específica en un modo de producción universal.

5.     Lo latinoamericano constituye un recurso del sujeto social. La diversificación de la actividad productiva no constituyó en la totalidad de los sectores implicados un espacio de realización del sujeto como sujeto social. La abstracción en torno a las cualidades representativas de esa actividad forzosamente diversificada instituye el cánon de lo latinoamericano; o de lo que igualmente significaría una oportunidad de realización para un sujeto determinado y de acuerdo a determinadas condiciones de su inmanente social.

Referencias bibliográficas

1.      Adoum, Jorge. E; “La indignidad social del artista” En: Bayón, Damián; (1974) América Latina en sus artes UNESCO. Siglo XXI editores. Buenos Aires

2.      Brito Figueroa, F; (1972) “Historia económica y social de Venezuela” La Habana. Editorial Ciencias Sociales.

3.      Carpentier, Alejo; (2004) “Visión de América” La Habana. Editorial Letras Cubanas.

4.      Duharte, E; (2006) Teoría y procesos políticos contemporáneos. Editorial Félix Varela. La Habana.

5.      Fraginals, M (1969) “El token azucarero cubano”. Museo Numismático de Cuba. La Habana.

6.      Guadarrama, P; (1997) “Humanismo y autenticidad en el pensamiento latinoamericano”.  Oficina de Publicaciones UNNICA. Santafé de Bogotá.

7.      Guzmán, F; (1997) “ La Habana clave de un imperio”. La Habana. Editorial Ciencias Sociales.

8.      Imaginario, Andrea; (2002) Del imaginario prehispánico al imaginario colonial: aproximaciones. En Internet www.analítica.com

9.      Kohan, N; (2004) “El Capital: historia y método -Una introducción-”. Félix Varela. La Habana.

10. López Ricardo, (2009) “Prontuario de la creatividad” En Internet: http://www.udp.cl/comunicacion/magcom/docs/ProntuarioCreatividad.pdf

11. Marx, C; (1844) “Crítica a la dialéctica hegeliana y a la filosofía de Hegel en general.” En: “Manuscritos económicos y filosóficos” (2001). Biblioteca Virtual Espartaco. Tomado de Internet el 13 de septiembre de 2009: http://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/manuscritos/index.htm

12. Marx, C y Engels, F. (1981) Compilación “Sobre la religión”. Editora Política. La Habana

13. Velarde, M; (2008) “El nosotros latinoamericano y su emancipación: Alteridades, imaginación y memoria”. En Internet: http://www.cecies.org/articulo.asp?id=93

14. Vigotsky, L.S (1960) “Historia del desarrollo de las funciones psíquicas superiores”. Científico Técnica. La Habana.

15. Vigotsky, L.S; (1983) “Imaginación y creatividad en la infancia”. Editorial Pueblo y Educación. La Habana.

16. Sombart, Werner; (1946) “El apogeo del capitalismo”. Editorial Fondo de Cultura Económica. México.

17. Wrigth Mills, Ch; (1969) “La imaginación sociológica” Edición Revolucionaria. La Habana.



[1] Ver Carpentier, Alejo; (2004) “Visión de América” La Habana. Editorial Letras Cubanas. p.54.

[2] Ya en 1960 Vigotsky alerta sobre la imposibilidad de la ciencia moderna de visualizar  todo el espectro de singularidades que subyace en la propia naturaleza del pensamiento. Exalta la importancia que revestía para la historia de la ciencia “ver en la totalidad del punto de vista  sobre los procesos de la conducta un rasgo de diferencia esencial entre la investigación psicológica y la fisiológica” y refiriéndose a una corriente psicológica moderna de tanto impacto como fue el behaviorismo, reconoce su valor solo en la medida en que tales variantes de interpretación “se eleven hasta la consideración de las totalidades complejas, precisamente como totalidades”. Ver. Vigotsky, L.S 1960 “Historia del desarrollo de las funciones psíquicas superiores”. Científico Técnica. La Habana.

[3]  Si tomamos en cuenta que el corpus teórico y el sistema categorial utilizado por él es precisamente el de la Psicología, con este principio Vigotsky deja planteada la polémica visión de que la propia psicología se torna, en correspondencia dialéctica, fuente y reflejo de alienación. Ver Vigotsky, L.S; (1983) “Imaginación y creatividad en la infancia”. Editorial Pueblo y Educación. La Habana.

[4] Ver “Fluir creativo: pensamiento convergente y divergente” En Internet: www.fluircreativo.com.ar  Basado en López Ricardo, (2009) “Prontuario de la creatividad” En Internet: http://www.udp.cl/comunicacion/magcom/docs/ProntuarioCreatividad.pdf

[5] Ibídem

[6] Ibídem.

[7] Velarde, M; (2008) “El nosotros latinoamericano y su emancipación: Alteridades, imaginación y memoria”. En Internet: http://www.cecies.org/articulo.asp?id=93

[8] El extrañamiento de la esencia humana es la noción de conciencia utilizada por Marx. Cuestiona el principio hegeliano pero preserva la legitimidad de la autoconciencia como concepto asumiéndola  como fenómeno específico y no exclusivo de la reflexión humana sobre la existencia de otros. Marx, C; (1844) “Crítica a la dialéctica hegeliana y a la filosofía de Hegel en general.” En: “Manuscritos económicos y filosóficos” (2001). Biblioteca Virtual Espartaco. Tomado de Internet el 13 de septiembre de2009: http://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/manuscritos/index.htm

[9]á¿Qué es la verdad entonces como intersubjetividad? Es aquella concepción de Hegel según la cual la verdad no está recluida dentro del sujeto, como en Kant, ni tampoco depende de una concepción ontológica estática o a lo sumo trascendentalista de la realidad. “Trascendentalista” en el sentido de que para Aristóteles la realidad misma  y su movimiento no tiene la razón de desarrollo dentro de ellos, de forma absolutamente inmanente –como en Hegel-, sino fuera de ellos, de forma “trascedente” Ver Kohan, N; (2004) “El Capital: historia y método -Una introducción-”. Félix Varela. La Habana. p.139

[10] Romero, J.L; (1985) “Pensamiento Político de la Emancipación”. Tomo I. Editorial Ayacucho. Caracas, p. XI.

[11] Uno de los criterios que esgrime José Luis Romero para reforzar la anterior afirmación es que la Europa de la Santa Alianza era hostil a la América rebelde y era previsible que apoyara un intento formal y vigoroso de España para recuperar sus colonias. Otras obras como es el caso de “El Token azucarero cubano” del reconocido historiador Manuel Mereno Fraginals demuestran que si bien las predisposiciones subjetivas debieron jugar un papel importante, condiciones concretas de la actividad específica del sujeto de las colonias españolas reproducían aspectos representativos de las revoluciones burguesas de manera precaria, como formas alternativas del escaso avance de la metrópoli española en el naciente sistema capitalista mundial.  Ver Fraginals, M (1969) “El token azucarero cubano”. Museo Numismático de Cuba. La Habana.

[12] Tal argumento es consecuente con la concepción materialista de la historia aplicada al principio de la multicondicionalidad del los proyectos sociales, Ver Romero, E; “El proyecto sociopolítico cubano” En: Duharte, E; (2006) Teoría y procesos políticos contemporáneos. Editorial Félix Varela. La Habana.

[13] La autora se refiere a la obra de Edgardo Lander “La colonialidad del saber: eurocentrismo y Ciencias Sociales”. Ver Imaginario, Andrea; (2002) Del imaginario prehispánico al imaginario colonial: aproximaciones. En Internet www.analítica.com

[14] Ibídem.

[15] Ibídem.

[16] Según el autor todos  esos matices los hallamos definidos  en el proceso que se prolongó hasta la culminación de la plantación. La experiencia esclavista del Estado era amplia y profunda. Su origen y continuidad se fundamentaban en la necesidad de satisfacer la demanda que exigían las fortificaciones,  minas de cobre, haciendas estatales, artillería, arsenal, construcciones civiles y la servidumbre doméstica en las residencias los altos funcionarios gubernamentales. Además, las instituciones estatales reclamaban esclavos para cubrir algunos puestos de trabajo. Ver Pérez Guzmán, F; (1997) “ La Habana clave de un imperio”. La Habana. Editorial Ciencias Sociales, p.69.

[17] Para fortalece esta hipótesis el autor constata que en Caracas, la Guaira, Maracaibo, Puerto Cabello, etc. los beneficios ordinarios de los comerciantes que se detallaban en los archivos de la Iglesia son del 25 al 30 por ciento, que pasaban íntegros a la bolsa de los comerciantes monopolistas en tanto sus tiendas sólo se sustentan a partir de créditos que los comerciantes están obligados a abrirles. Ver Brito Figueroa, F; (1972) “Historia económica y social de Venezuela” La Habana. Editorial Ciencias Sociales, p. 96

[18] Ibídem, p.94

[19] Para explicar esta contradicción Brito Figueroa se refiere que el cinco por ciento de que se paga al rey sobre la renta, por el derecho de alcabala y los diezmos no acarrean tantos perjuicios a la agricultura como las hipotecas, porque no se perciben sino sobre los productos y por consiguiente están en proporción a ellos; mientras que los intereses son siempre los mismos. Ibídem p.95

[20] Ibídem, p.98.

[21] Sombart, Werner; (1946) “El apogeo del capitalismo”. Editorial Fondo de Cultura Económica. México.

[22] Ibídem.

[23] La fundación de la Compañía Guipuzcoana el 25 de septiembre de 1728, según refiere Brito Figueroa,  constituyó otro de los tantos eficaces instrumentos de incremento de la masa de capital acumulado en condiciones primitivas. Aunque la Guipuzcoana, especialmente, surge por iniciativa de los ilustrados criollos con cierta participación en el gobierno, España constituyó varias de este tipo que tuvieron por campo de acción las colonias latinoamericanas, así como la Real de Comercio de Barcelona y la Real de Filipinas. Ver Brito, F. Ob.cit. p. 98

[24] Marx, C. (1845) “Tesis sobre Feverbach” En: Marx, C y Engels, F. (1981) “Sobre la religión”. Editora Política. La Habana p. 61.

[25] Ver Sombart; ob. cit. p.503

[26] La estructura institucional de la Iglesia, según la cual los obispados se constituyen representativa,  unidad el control social.

[27]Adoum, Jorge. E; “La indignidad social del artista” En: Bayón, Damián; (1974) América Latina en sus artes UNESCO. Siglo XXI editores. Buenos Aires. p.210

[28] Se refiere al escritor latinoamericano del siglo XVIII. Ibídem.

[29]  Ver Guadarrama, P; (1997) “Humanismo y autenticidad en el pensamiento latinoamericano”.  Oficina de Publicaciones UNNICA. Santafé de Bogotá. p.11

[30] Según Pérez Guzmán se encuentra explícita en los artículos que  conformaban las contratas de introducción de esclavos, la inclusión de otras mercancías que, como la harina, eran complemento comercial de incidencia en el precio de los esclavos vendidos al Estado, así como sufragar los derechos de Almojarifazgo y Armada. También el Estado compraba y revendía esclavos a crédito con el marcado fin o pretexto de fomentar las labores agrícolas. La insistencia de las autoridades de la Isla de importar mano de obra forzada negra, al parecer por la evidente reclusión de la ganancia, era constantemente observada por el rey. Ver Ob.cit; p.69.

[31] Esta vertiente abrió las posibilidades al esclavo a largo plazo, así como aprender oficios que le permitieron ocupar un lugar reconocido en la comunidad laboral. El Estado seleccionaba a quienes consideraba más aptos. De manera simultánea se eles enseñaba el idioma castellano y a ser carpinteros, albañiles, sobrestantes, canteros y picaderos. Decenas de estos del rey al comprar su libertad, continuaron las labores constructivas en los majestuosos palacios, conventos e iglesias que caracterizaron el siglo XVIII cubano. Ibídem, p.70.

[32] Wrigth Mills, Ch; (1969) Tipos de practicidad. En: “La imaginación sociológica” Edición revolucionaria. La Habana. p.93-94.

[33] En la lógica del propio autor “podemos aclarar el sentido y las consecuencias de los valores, podemos hacerlos congruentes entre sí y averiguar a cuál corresponde realmente la prioridad, podemos rodearlos de hechos; pero al fin quizás nos encontremos reducidos a meras afirmaciones y contrafirmaciones, y entonces sólo podemos alegar o persuadir. Y en el fin mismo, si se llega al fin, los problemas morales se convierten en problemas de poder, y en último extremo, si se llega al último extremo, la forma definitiva de poder es la coacción.” Ibídem, p.94.

[34] Ibídem.

[35] Ver Moreno Fraginals, Ob cit.

[36] Ver

  Comentario Fecha
 No se han hecho comentarios sobre este artículo.

 

NOTA: Su comentario no se mostrará en la página hasta que no sea revisado y aprobado por el administrador.


Menor contraste Mayor contraste Valores por defecto Texto más pequeño Texto más grande