Revista Cubana de Filosofía. Edición Digital
No. 25. Enero - Julio 2014. ISSN: 1817-0137


 
 

Artículos

Título: Qué es la Ilustración?: Repensar la filosofía Kantiana como una actitud crítica. El camino hacia una ontología de nosotros mismos
Autor(es): Yosnier Rojas Capote
Fecha de publicación: 15 de Noviembre de 2011

En uno de los textos más polémicos e importantes del filósofo e historiador Michel Foucault escrito poco antes de su muerte y titulado “Qué es la ilustración”, se argumentaba la idea de que es Kant el que inaugura una nueva interrogante sobre la modernidad”(1), proponiendo quizás de esta forma una vuelta a las ideas del filósofo alemán; cosa que sonaba bien rara en boca de quien había dedicado gran parte de su obra a criticar el discurso filosófico de la metafísica occidental y sus meta relatos históricos, calificados por él mismo como un discurso donde se ponía en el centro un sujeto del conocimiento falseado por un carácter cartesiano y kantiano. Era extraño leer estas palabras por quien hubiera escrito estas otras: “…la idea de que el tiempo y el espacio no son formas del conocimiento, la idea de que pueden preexistir al conocimiento y son, por el contrario, algo así como rocas primordiales sobre las cuales viene a fijarse el conocimiento, es una idea absolutamente inadmisible”(2).
Pero Foucault no buscaba una vuelta a cualquiera de los ideales del filósofo alemán. Desde un comienzo Foucault retomó de Kant para su propio proyecto la visión arqueológica (que no significa “sistemática”) del saber, y por otra parte el sentido crítico de su filosofía, ya que lo entiende como Kant en el sentido de “…análisis de las condiciones de posibilidad de la experiencia o el saber.” (3); por tanto  lo que se aprecia en “Qué es la ilustración” de Foucault no es un simple retomar en el orden metódico. Allí Foucault hace un análisis desde su propio punto de posicionamiento filosófico, pues si bien es posible encontrar en Foucault una arqueología del saber y un análisis de las condiciones de posibilidad de la experiencia y el saber, no lo es desde los mismos presupuestos en que Kant había planteado su crítica; para Foucault esas condiciones de posibilidad en la experiencia y el saber no se fundan en la existencia del conocimiento, sino en el conocimiento de la existencia, donde el lenguaje y la historia ocupan un lugar privilegiado. La crítica es redimensionada por Foucault desde el ámbito histórico-lingüístico, por lo tanto, no se trata de una crítica trascendental a un sujeto de conocimiento normativo y abstracto, sino más bien atendiendo a las condiciones desde las cuales emerge un sujeto histórico dotado de prácticas empíricas-fácticas que afectan su propio acontecer sobre la realidad. En este sentido la estructura misma del pensamiento queda afectada por esta lectura: “Cómo puede el pensamiento, en tanto que tiene una relación con la verdad, tener también una historia?” (4).
Desde dónde, pues, retomaría Foucault a Kant en el problema de la Ilustración?  
Era esta vuelta a Kant una ruptura de Foucault consigo mismo y por lo tanto una traición a su propio pensamiento, o una búsqueda necesaria e inherente a la evolución de sus ideas?
La experiencia de ese texto nos muestra que lo segundo era verdadero, lejos de ser un regreso dogmático e injustificado a las ideas de Kant, Foucault replanteaba el origen del pensamiento moderno en la ilustración y su cuestionamiento. No es casual que Foucault nombrara esta obra con el mismo título que prácticamente dos siglos atrás también lo hiciera Kant, lo que responde a un actualizar de la pregunta kantiana, pero ya desde la condición hermenéutica de la filosofía contemporánea, obligada a reinterpretar los orígenes de su presente y su actualidad, actitud que curiosamente-dice Foucault-ya estaba presente en la filosofía kantiana y en especial en el texto “Respuesta a la pregunta Qué es la ilustración”.
Reconocer que con Kant comienza esta forma de entender la filosofía como crítica, es encontrar  la raíz de dos tradiciones críticas que atraviesan todo el pensamiento moderno. Una de ellas se entiende como crítica, en tanto indaga en las condiciones y posibilidades de un conocimiento formal (analítica de la verdad); y la otra se articula como reflexión histórica de la realidad y sus condiciones desde lo actual, lo finito, condicionado espiritual y materialmente. La primera fue ubicada por Foucault en las tres críticas kantianas a la razón (“Crítica de la razón pura, Crítica de la razón práctica, Crítica del juicio”) y la segunda está presente en la filosofía de la historia de Kant y su texto “Qué es la ilustración” y de la cual son continuadores una inmensa red de pensadores que van desde Fichte pasando por Hegel, Nietzsche, Marx, Weber, Husserl, Heidegger, la teoría crítica de la escuela de Frankfurt hasta la actualidad dentro de la cual se incluye Foucault a sí mismo(5). Esta segunda forma de crítica dentro de la cual se encuentra en un gran diálogo toda la filosofía de la modernidad, es la que llama Foucault una ontología de nosotros mismos; dicha ontología no es ontología en el sentido tradicional del término, la pregunta por el Ser se ve aquí afectada por la dimensión ontológica de la pregunta, el Ser ya no será más una pregunta por la verdad, sino una pregunta por lo real, Qué se es?, Quién es?, Quién habla?
 Aquí lo óntico reclama un lugar por encima de lo lógico, los espacios del cuerpo, los espacios sociales, los espacios económicos, los espacios políticos…etc.   
Una ontología de nosotros mismos que sin embargo busca en la historia las condiciones y posibilidades en que se crearon esos espacios fácticos. Cuando Foucault se refiere a su proyecto filosófico lo hace de la siguiente manera:   
-una ontología histórica de nosotros mismos, en relación con la verdad a través de la cual nos constituimos en sujetos de conocimiento;
-una ontología histórica de nosotros mismos, en relación con el campo del poder a través del cual nos constituimos en sujetos que actúan sobre los demás;
-una ontología histórica de nosotros mismos, en relación con la ética a través de la cual nos constituimos en agentes morales. (6)
Tres dimensiones: saber, poder y moral; vistas desde la historia de un ser ahí o el ser ahí de la historia. Al hacer Foucault un análisis de la pregunta kantiana por la Ilustración y situar esta obra en los parajes de una ontología de nosotros mismos, encontraba en este breve texto un pensamiento de tipo desestructurante “…porque en este trabajo por primera vez un filósofo propone como tarea filosófica a investigar, no sólo al sistema metafísico o a los pilares del conocimiento científico, sino un evento histórico, un evento reciente, incluso contemporáneo.” (7)
La pregunta por la Ilustración es ya de por sí un gesto anti-trascendental que no busca más allá de los límites sino que se encuentra dentro de estos mismos, en este caso el límite de la historia es el presente, los límites del saber de nosotros mismos, los límites del poder de nosotros mismos, los límites morales de nosotros mismos, los límites del mundo como límites del estar ahí del sujeto(s), que ya no puede romper el cerco con la realidad que lo circunda y debe preguntar por ella “Qué somos nosotros? en un momento muy preciso de la historia. La pregunta kantiana aparece como un análisis en dos sentidos, del nosotros y de nuestro presente.” (8)
Dos cuestionamientos serán posibles encontrar en el análisis de Kant con su pregunta por la Ilustración: Qué somos nosotros y qué lugar ocupamos en nuestro presente?

1.1 El camino que va de las sombras a la luz: La ilustración.
“Y las estrellas del cielo cayeron a la tierra...” (Revelación 6: 13)
“…El hombre, tal como ha salido de las manos de Dios, marcha por el mundo como por un jardín plantado para él.”(J. G. F. Hegel).
Ilustración, Iluminismo, Siglo de las Luces; y de cuantas formas sea posible decirlo, pero una idea que pesa sobre todas las formas en que se exprese: Hágase la luz sobre el hombre.
“El iluminismo, en el sentido más amplio de pensamiento en continuo progreso, ha perseguido siempre el objetivo de quitar el miedo a los hombres y de convertirlos en amos.”(9)
La Ilustración es entonces la búsqueda luminosa del conocimiento que saque al ser humano del dominio y el poder de las sombras, para convertirlo en amo y señor. En las sombras el temor acecha, en la luz se desechan las sombras. Este mito es tan antiguo como el hombre mismo, todas las deidades que veían en el sol y en la luz la salvación creaban simbólicamente su propia iluminación; las sombras siempre fueron el recinto de la ceguera, allí la noche aplastaba a la tierra, la oscuridad aplastaba a los agudos sentidos del hombre, del miedo a lo oscuro nacía la exaltación a la luz. Pero si de esto se tratara la Ilustración como concepto, entonces, Prometeo al robarle el fuego a los dioses para dárselo a los seres humanos sería uno de los primeros iluministas de occidente, Platón con el mito de la caverna nos daría un primer manifiesto ilustrado, e incluso toda la mitología que busca en la luz un símbolo del dominio del hombre sobre sí mismo, sería también parte de esa historia de la iluminación. Sin embargo, algo nos quita el derecho a pensarlo de esta forma, si por ilustración entendemos el momento histórico en que nace una forma de entender el progreso del pensamiento y del dominio del hombre sobre sí mismo.     
Descubrimos así que el miedo de los hombres es miedo hacia algo y que perder ese miedo es para el hombre poder ser amo, dominar, poseer ese algo. Para despejar la incógnita que aquí se nos presenta vasta con introducir dos variables, autoridad y libertad.
La autoridad es para la ilustración lo mismo que decir limitación, incapacidad, dependencia; autoridad significa estar dados y entregados a algo superior que rige nuestras acciones; la autoridad autoriza, delimita, dicta, es la ley y el deber ser.  La libertad no sólo es lo contrario de la autoridad sino que es ella misma pero llevada a lo individual, libertad es voluntad y se entiende por autoridad que el individuo es autor de su propia actividad, de su propia historia y de su pensamiento.
Pero si la Ilustración busca entregarle esa libertad al hombre, de dónde salía aquella autoridad y en qué dimensión puede entenderse esta autoridad que no sea la de un ser humano? Si esa entidad no era la de un individuo, tenía que ser de Dios; y la representación histórico-social de esta concepción que criticaban los filósofos de la ilustración era el sistema de relaciones sociales feudales cuya concepción filosófica fue identificada con el pensamiento escolástico.
La ilustración era el resultado de una vieja sospecha: cómo se da en el ser humano la experiencia del conocer; qué es el conocimiento, una revelación divina o un proceso racional? (10)
Entender el conocimiento como verdad revelada implicaba separar el lugar de donde provenía la capacidad de razonar de la dimensión humana de donde se hacía uso de la razón, era ver en Dios y en la naturaleza un sistema de leyes autómatas, al que sólo podía llegar el hombre por vía de la fe como revelación de la verdad; pero el hombre comenzó a dudar que esas largas cadenas de silogismos aristotélicos fueran una escalera que llevaba en sí la insignia de un creador, el cielo comenzó a develar sus secretos ocultos, que no eran precisamente los de un lugar sagrado e intocable, sino que estaba poblado de luces y de astros, la tierra comenzó a girar en torno a un eje y de su suelo empezó a nacer vida, de una pequeña semilla brotaban rebaños de plantas y bosques. El ser humano comenzó a admirar más que nunca la gigantesca obra de la creación; inspirado en su propio creador procedió a darle nombre a las cosas y a develar el origen de ellas, del miedo pasó al ensayo de esa capacidad oculta que le había sido dada, la experiencia se convirtió en su ciencia y mentor y la Razón en su instrumento. (11)
Las cadenas que habían atado por siglos la razón le sirvieron a ésta para reclamar su lugar en el conocimiento de toda realidad, porque Dios mismo estaba de acuerdo con esto «Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra.»(12)
La contradicción está ahora clara; aquella autoridad que pretendía hacer de la razón un dogma no era Dios, sino más bien el hombre mismo, en otras palabras las autoridades eclesiásticas; por eso el desprecio a esas autoridades no era el desprecio a Dios, al contrario, Dios y su obra  que era la naturaleza empezaron a verse más cerca del hombre, portador también de la actividad de crear y completar la obra  de su creador, poniendo en el centro de la cuestión la relación del hombre con la naturaleza. Poco a poco y con la ayuda de un método, las estrellas del cielo comenzaron a caer sobre la tierra y el hombre tomando el ejemplo de su creador reclamó su lugar activo en el proceso de creación de su propia realidad. Para el hombre moderno la razón comenzaba a parecerse cada vez más a los atributos de Dios, Dios como sustancia y naturaleza (Spinosa), Dios como mónada (Leibniz), Dios como razón, Razón como Dios (Descartes); todas las demostraciones de la existencia de Dios llevaban la insignia honorífica de la razón humana, el hombre pasó a ser Hombre y la razón a ser Razón. Ese sujeto cartesiano capaz de prever y calcular la realidad a través de los números y las ecuaciones matemáticas, autocentrado, omnipotente y racional, estaba imbuido de los mismos atributos de Dios; no menos que la experiencia empírica capaz de atribuirle a la acción de los sentidos sobre la naturaleza una explicación racional del conocer por vía sensorial (El empirismo de Locke y Hume).
La idea de que era imposible conocer por vía empírica y racional se iba disipando con el tiempo. La posibilidad de la libertad y la idea de sojuzgar y dominar la naturaleza desde lo terrenal por medio de la capacidad propia de razonar del sujeto, ser amo de sí mismo e instaurar su propio orden, crear un Estado y una Sociedad donde esto fuese posible, ya no era algo que pudiera impedirse, por lo menos buscando como pretexto la idea de Dios como autoridad. Por esto la Razón es para la ilustración aquello que hace posible en el sujeto esa libertad y es a la vez lo que debe quedar liberado. la Razón es una facultad humana cuya historia es la historia del hombre mismo, razón es configurar la realidad, organizarla y someterla a los designios humanos.
La Ilustración es entonces un arrojar a la luz de la razón a este sujeto que estaba atrapado en las sombras de una autoridad legitimada por la supremacía del poder de la fe sobre la razón, o como diría Kant:
“La ilustración es la salida del hombre de su minoría de edad. El mismo es culpable de ella. La minoría de edad estriba en la incapacidad de servirse del propio entendimiento, sin la dirección de otro. Uno mismo es culpable de esta minoría de edad cuando la causa de ella no yace en un defecto del entendimiento, sino en la falta de decisión y ánimo para servirse con independencia de él, sin la conducción de otro. ¡Sapere aude! ¡Ten valor de servirte de tu propio entendimiento! He aquí la divisa de la ilustración.”(13)
La ilustración se presenta así como salida, en tanto el hombre se ha planteado esta salida de su minoría de edad o de su “edad media” para llegar a una mayoría de edad, pero esta salida es a la vez reconocer que el mismo hombre es el culpable de su destino y que esta minoría de edad no es más que su incapacidad, sus límites, para hacer uso de su razón y de su entendimiento, y todas las capacidades que le pertenecen. Esta relación límite-salida que se descubre en la ilustración es el contenido de ella misma. La ilustración no sólo se planteaba como momento de superación (positiva), sino que también se miraba a sí misma, su pretensión de hacer concientes a los seres humanos del uso libre de sus capacidades encerraba también como proyecto comprender qué eran esas capacidades, una vez que descubre su salida de los límites no puede ya ignorar la posibilidad de que existen límites en el conocimiento humano.
Sin embargo, sería capaz la ilustración de ilustrarse a sí misma, se interrogaría a sí misma sobre sus propios límites?
Las palabras de Kant invocadas más arriba son quizás un síntoma de esta sospecha, y en caso de que así fuese, habría que remontarse al seno mismo de la ilustración y al pensamiento de quien fuera inducido por esta sospecha hasta el punto de plantearse: Qué es la ilustración.
1.2 La Ilustración entre los límites de la razón y la ilusión del progreso.* (14)
“Una época no se puede obligar ni juramentar para poner a la siguiente en la condición de que le sea imposible ampliar sus conocimientos (sobre todo los muy urgentes), purificarlos de errores y, en general, promover la ilustración. Sería un crimen contra la naturaleza humana, cuya destinación originaria consiste, justamente, en ese progresar.”(Emmanuel Kant: Qué es la ilustración.)
La ilustración ha sido ubicada por la historiografía occidental, como un momento significativo en el desarrollo del pensamiento filosófico, y por ende del proceso de formación del capitalismo como modo de producción socioeconómico y cultural.
Este proceso que comienza en el siglo XVI y atraviesa por el XVII para desembocar en el XVIII (y que se extiende hasta el siglo XIX y en gran parte el XX), no es otro que la modernidad; en la red de estos tres siglos se encuentra entretejido de forma inseparable el proceso de tránsito del feudalismo al capitalismo caracterizado por una inmensa oleada de cambios y transformaciones tanto en la estructura del pensamiento filosófico como en lo social.
.La Ilustración puede ser vista como aquella corriente filosófica que comienza en el siglo XVIII en Inglaterra, Francia y Alemania; y que se presenta como proyecto reformador que aspira a deslegitimar y romper los lazos existentes con el pensamiento y el canon escolástico, mediante una crítica al dogmatismo de la racionalidad que le antecedía, marcada por una búsqueda desde la metafísica a las interrogantes fundamentales del ser humano.
Racionalidad que se caracterizaba por un fuerte arraigo a las relaciones feudales de producción material y espiritual, que cerraba y limitaba el campo de acción y participación del individuo en la sociedad. En este sentido el pensamiento ilustrado se propone redimensionar la razón desde los ideales de libertad social y el contrato social (Rousseau), quiere transformar el modelo político feudal y sus esquemas autoritarios con respecto a la ciencia y el conocimiento; es además un gran promotor del ideal de progreso y de confianza en las actividades económicas, éticas, estéticas, científicas y filosóficas del individuo. Reconoce sus ideales como ideales modernos en contraposición a los antiguos y hacer ver en todo momento desde el ateismo (Voltaire), el materialismo y el naturalismo sus expresiones de rechazo a los ideales de la iglesia como institución que representa las ideas de Dios en la tierra; de ahí que la Ilustración sea como ideología la representación del tránsito del feudalismo al capitalismo llevado a cabo por la burguesía como clase revolucionaria que intenta abrirse paso para entablar un nuevo orden de relaciones sociales que le permita crear nuevos valores culturales e ideo-políticos, en esto radica  la importancia que tuvo para entender el conocimiento desde presupuestos prácticos capaces de transformar en su presente la realidad.
“…] la filosofía moderna se plantea el problema siguiente; rechazar la idea de que el mundo es algo que ha surgido independientemente del sujeto cognoscente (que ha sido creado por Dios, por ejemplo), y concebirlo, por el contrario, como el propio producto del sujeto.” (15)
Aunque estos ideales eran en general válidos tanto para Inglaterra como en Francia y Alemania, nunca se presentaron en el pensamiento filosófico de estos países de la misma manera, y es posible que de estos tres países el más conservador fuese Alemania.
Para Alemania este proceso que hemos venido describiendo de ruptura de la Ilustración con el escolasticismo no se daba con la misma radicalidad que se daban en las restantes naciones (como puede ser el ejemplo de Francia cuya ilustración estuvo encaminada a romper definitivamente con el régimen feudal desembocando en una revolución burguesa que transformó el mundo occidental por completo y terminó convirtiéndose en una lucha directa contra la Iglesia y la monarquía), el proceso de revolución que se dio en este país pudiera decirse que fue teórico-filosófico; así su ruptura con el régimen feudal no fue completa sino que tenía carácter de continuidad. Esta nación, marcada por una fuerte tradición religiosa cuyo único intento por arribar a una revolución burguesa, se había dado bajo el aspecto de reforma religiosa, aún no se encontraba en condiciones reales e históricas de expandir esa reforma a las estructuras socio-económicas que mantenía todavía en una ambigua condición feudal. (16)
Precisamente por la forma reflexiva en que se presentó la Ilustración alemana, además de la limitación que esto representaba para el desarrollo social y la libertad de la actividad del individuo, permitió en gran medida crear una filosofía no sólo ilustrada sino que también lograba ir más allá de los problemas que eran comunes para la época, hasta el punto de llegar a poner bajo sospecha a la misma ilustración y su ideal de progreso.
La filosofía se presenta así para Alemania como una dimensión de gran importancia, dentro de la cual no sólo se pensaban problemas abstractos de la Razón sin conexión alguna con la realidad, lo cierto es que este pensamiento recogió en su seno las grandes paradojas de la modernidad y la ilustración desde la reflexión.  La relación autoridad y voluntad, Hombre y Naturaleza, Sujeto y Objeto, entendimiento y sensibilidad… eran para este pensamiento cuestiones fundamentales que en gran medida concentraban su esfuerzo teórico en comprender Qué era el hombre?, Qué lugar ocupaba en la naturaleza?, y aun más Qué lugar ocupa éste entre los mismos hombres?
El primero de estos filósofos en tratar estos problemas de forma crítica, fue Emmanuel Kant; quien alcanzó para su época una visión profunda y de abierta crítica a la racionalidad anterior y a la vez también a la de su propio momento histórico.
“Es Kant quien inaugura una nueva interrogación acerca de la modernidad”. (17)
Interrogar a la modernidad significa para Kant cuestionar su racionalidad, y esto es poner a la razón en el tribunal de la razón “La más difícil de sus funciones, a saber: que de nuevo emprenda su propio conocimiento….” (18)
Se trataba de un nuevo comienzo y, de un redimensionar a la razón humana, pero de la forma en que ya se advierte, sin arbitrariedades, donde descubre Kant un presupuesto dogmático de la ilustración, que aún naciendo como crítica al dogma no ve que incorpora en sí misma lo que rechaza.
“…si se nos preguntara vivimos ahora en una época ilustrada? responderíamos que no, pero sí en una época de ilustración. Todavía falta mucho para que la totalidad de los hombres, en su actual condición, sean capaces o estén en posición de servirse bien y con seguridad del propio entendimiento, sin acudir a extraña conducción.”(19)
El conocimiento no es un acto, es un proceso, una experiencia; la diferencia de vivir en una “época ilustrada” y una época de ilustración salta a la vista.
Precisamente este englobar históricamente al sujeto dándolo ya como ilustrado, una misión que es la que debe perseguir la humanidad y no la que ya ha alcanzado, es la sospecha kantiana de que aún quedaban restos de la antigua “barbarie”.  Escapaba a Kant en gran parte el ver el desenlace de esta experiencia (la traición de la ilustración a sus mismos ideales) pero no a su crítica.
De cualquier forma el plantearse la ilustración como una interrogante, tal como él mismo nombró a una de sus obras “Qué es la ilustración?”, era un síntoma implícito de sospecha; por esto Foucault tiene razón cuando percibe en Kant una nueva forma de cuestionar a la modernidad y a su ideal de progreso (20). Para Kant hay ilustración ahí donde la razón como facultad teórico-práctica del individuo es capaz de someterse a una crítica.
Pero remitámonos ahora a comprender más de cerca lo que encierra este signo de interrogación.
Si atendemos bien a la estructura del ideal de razón bajo las características de la filosofía escolástica razón es igual a Dios, pero Dios es el alfa y el omega, lo inmutable, eterno y absoluto, autocentrado e independiente, es en sí mismo la totalidad, es el Ser por excelencia y sus verdades son de un carácter metafísico. Para el siglo XVII Razón es igual a Sujeto que es para esta nueva forma de entender el conocimiento una categoría más cercana al ser humano, pero no cambia aún la estructura de la antigua Razón, sólo que se ha trasladado al hombre como centro, es un traslado no una revolución. El problema estriba en que una vez que la Razón es puesta como facultad humana que no está ya mediada por un principio divino que la rija, entra a jugar un papel importante la subjetividad y el discurso filosófico se ve obligado a reconocer la relación hombre-naturaleza, sujeto-objeto, alma-cuerpo, entendimiento-sensibilidad. El ser humano se ve obligado a reconocer su actividad sobre el mundo, pero ya no tiene a un Dios que garantice las explicaciones primeras y últimas de la realidad y lo diluye en la razón como principio rector: La Diosa Razón. (Razón como mito).
“Las autoridades, presuntamente, fueron destronadas; pero en el plano filosófico reaparecen en la forma de conceptos metafísicos.” (21).
A estas autoridades que reaparecen bajo la forma de conceptos metafísicos las llamó Kant dogmáticas. Por esta razón los sistemas filosóficos del siglo XVII que en su pretensión de establecer el origen de las leyes que rigen el conocimiento desde lo empírico o lo racional, no obstante la importancia que tuvieron por haberse planteado esta cuestión colocando al sujeto como centro de sus reflexiones y a la razón como ideal de conocimiento, no sólo separaron el conocimiento sensorial del conceptual sino que las formas en que demostraban y probaban el origen del conocimiento y sus leyes no se planteaba la relación sujeto-objeto como algo que tenía que ser explicado. Tanto para los filósofos empiristas como para los racionalistas el método de las matemáticas y la geometría y después la física, se convirtieron en la garantía formal y objetiva de conocer el objeto, la realidad y la naturaleza. La filosofía se apropiaba de estas formas de construcción tanto por inducción como por deducción para conocer el mundo como totalidad.
Pero el hombre que es el que conoce “es algo más que una máquina” (22).
Esta forma de entender el conocimiento que tuvo sus principales exponentes en Descartes con su método deductivo-matemático y después en el método inductivo de la física newtoniana (mecánica de Newton) a pesar de sus diferencias cualitativas, daban como sobrentendido que se podía conocer la realidad y el contenido de ésta de manera absoluta.
“La cuestión de saber por qué y con qué derecho el entendimiento humano conceptúa precisamente a tales sistemas de formas como su esencia propia (por oposición al carácter «dado», extraño, incognoscible de los contenidos de esas formas), es una cuestión que no se promueve. Se acepta la cosa como sobrentendida.”(23)
El proceso de traspaso de los rasgos de Dios a la razón se cobraba caro, porque no era sólo “Razón pura” sino Razón “pura” humana. La ilustración no estuvo exenta de estos límites y su ideal de progreso, de emancipar y liberar al hombre no era puro, tenía un defecto: El hombre.  Los límites de la razón eran los límites de la razón humana, la ilustración como proyecto que quiere romper con las cadenas que la fe le ponía a la razón transmodernizó su propia realidad.
“En el origen de la lucha contra la dependencia de autoridades, tal como se desarrolla en los tiempos modernos, ya está comprendido el que esa misma lucha pueda trocarse de súbito en exaltación de la autoridad en cuanto tal.”(24).
Descubrir como lo hizo el pensamiento ilustrado el origen del dogmatismo no significó eliminar este dogmatismo. El hombre había desenmascarado aquello de lo que él mismo era producto, sin embargo devolverse a sí mismo era también reconocer en el plano de la realidad social que el poder no es algo que sale de la nada sino que es el sujeto el que ejerce poder sobre sí mismo y sobre los demás. El hecho de que la razón fuera inherente a todo ser humano significaba por un lado que éste era capaz de racionalizar todo cuanto pudiera y por otra parte que era esta misma racionalidad la que producía sus monstruos. Esta doble verdad creaba otra máscara tan potente como la anterior y aún más poderosa. En esta doble verdad también se debatió la filosofía y fue además la representación de esta realidad, porque si la ilustración partía de una crítica a la estructura dogmática de la razón y sin embargo absorbía ese dogmatismo y lo ponía en la ciencia como ideal de progreso como representación de que es el hombre el portador del método, la crítica era valida para todo dogmatismo futuro aunque cambiara su punto de referencia. Se trata de la ilustración como ilustración dogmática que no logra ver más allá de sí misma o de la contra ilustración como ilustración que no pierde de vista su propia condición crítica. Para esta última crítica representada ya en Kant y en Rousseau el ideal de progreso no podía terminar dejando ciego al hombre de lo que el mismo había logrado ver.
Es Kant quien sentó las bases de esta crítica imbuido de todos los adelantos científicos y filosóficos de su época. El pensamiento de este filósofo a pesar de los límites de su tiempo pudo ver una salida más allá de una razón perpetua y pura de todo error y mancha humana; ya que supo comprender a través de la filosofía que el acto de conocer la realidad y de transformarla es un proceso cuya finalidad no es una meta que la razón y sus estructuras puedan dar por sentada y realizada.
Muestra de eso es la forma que tomó su crítica a la Aufklärung(Ilustración), lejos  de plantearse el problema bajo un lenguaje abstracto y formal, Kant había detectado ya con esta crítica el cuestionamiento histórico de tres zonas fundamentales que sostenían el edificio de la racionalidad de la  modernidad:
1-Una facticidad (que como sabemos, luego devendría positivismo)   en las ciencias que promulgaba un ideal de progreso y confianza basado en la utilidad y el valor de las ciencias naturales como paradigma incuestionable y un sofisticado mecanismo de poder sobre el hombre y la naturaleza, pero que sin embargo estaba atravesado de parte a parte por una visión mecanicista de la relación del hombre con la naturaleza y consigo mismo, por lo cual se mostraba ya su poder para segmentar la realidad y dualizarla. Pragmatismo que a pesar de mostrarse optimista sobre el lugar central del ser humano en el proceso de conocer y transformar la realidad, no era capaz de ver que el hombre y la sociedad no eran una máquina que encerraba en si misma y in ready toda la verdad. Sobre esta positividad diría Hegel:
“Dios, la naturaleza, el entendimiento, la sensibilidad, etc.; son tomados sin examen como base, dándoles por conocidos y valederos, como punto fijos de partida y de retorno.”(25).
2--Un Estado que se presentaba como el portador de una racionalidad de sí mismo y de la historia, capaz de instaurar un sistema coherente, de organizar una sociedad que racionalizaba con instrumentos de dominación tanto lo económico como lo social.
3.- En la unión de esta facticidad-pragmática científica y el estado como sistemas que construyen la realidad mecánicamente y dogmáticamente, se da como resultado una racionalización como operación o cálculo de domesticar la libertad del pensamiento tal y como lo había logrado la escolástica, pero esta vez de forma invertida y por primera vez declarando al hombre y no a Dios como el centro de todo.
Estos tres momentos en los que se constituye la actividad humana de la modernidad encajan con los tres ejemplos que pone Kant al referirse a los tres estados en que se puede permanecer en la minoría de edad: “Es tan cómodo ser menor de edad. Basta con tener un libro que supla mi entendimiento, alguien que vele por mi alma y haga las veces de mi conciencia moral, o un médico que me prescriba la dieta, etc., para que yo no tenga que tomarme tales molestias. No me hace falta pensar, siempre que pueda pagar, otros asumirán por mí tan engorrosa tarea.” (26)
No se plantea aquí el problema de la coincidencia o no de cada uno de estos registros en específico que describe Kant de su propia época, los ejemplos del libro (o del tutor como en otro momento él mismo señala), ese alguien que vele por la vida espiritual de los otros (el sacerdote) y finalmente un médico (pero que puede ser entendido perfectamente como una representación de los avances de la ciencia) no son más que variaciones de lo que luego serían en la historia ese positivismo de las ciencias en el dominio de lo real por la hiperacionalización, un Estado que se cree portador del poder del individuo y la sociedad, y lo que luego podría llamarse el dominio sobre el individuo, su autonomía y su querer ser. Tampoco es difícil detectar aquí las mismas dimensiones de una ontología de nosotros mismos a la que hace alusión Foucault, se trata del poder, el saber y la moral.
Estas dimensiones, como se ve, se encuentran entretejidas entre sí, puesto que cada una ejerce sobre la otra cierto influjo, cuyo resultado es que un individuo permanezca en un estado de minoría de edad, pues minoría de edad no es otra cosa que el no poder de un individuo sobre sí mismo  dirigir su pensamiento, engorrosa tarea pero único medio para poder ser libre.
He aquí, por lo tanto, lo que podría llamarse la necesidad de una revolución en el pensar, que no excluye una revolución como rebeldía de una muchedumbre llena de riendas y sin su propio poder en el pensar, sino que lo supone, en tanto premisa de educar a la humanidad, pues un Sapere aude no es tan sólo una cuestión que se debe resolver en teoría sino también en la práctica ya que “…la Ilustración es algo sencillo en teoría, pero que resulta muy arduo y lento de poner en práctica.” (27)
El problema de los antiguos o nuevos prejuicios comprenden la labor lenta y práctica de sacar a la humanidad (nosotros mismos) de la ciega conducción ajena, se trata entonces de una ontología de nosotros mismos a través de la cuál nos constituimos a nosotros mismos por medio de una autonomía. Como es el hombre el culpable de su propia minoría de edad “…pese a que la Naturaleza los haya liberado hace ya tiempo de una conducción ajena (haciéndoles físicamente adultos.” (28), el dilema de ilustrarse a sí mismo es un problema que comprende en primer lugar ese revolucionarse (crecer) a sí mismo que comienza en el pensar, dimensión que remite a una segunda naturaleza que va más allá de lo físico, el hacerse físicamente adulto le viene dado por la naturaleza, ahora bien el hacerse humanamente adulto es una tarea del pensar, pero como ya se ha venido diciendo, sólo si ese individuo se da a sí mismo (autónomamente) su propia libertad en el pensar.
He aquí un momento ideal para comprender las condiciones que plantea Kant para realizar la Ilustración, y las condiciones limitantes para lograrlo, dice Kant: “Para esta ilustración tan sólo se requiere libertad y, a decir verdad, la más inofensiva de cuantas pueden llamarse así: el hacer uso público de la propia razón en todos los terrenos. Actualmente oigo clamar por doquier: ¡No razones! / El oficial ordena: ¡No razones adiéstrate! El asesor fiscal: ¡no razones y limítate a pagar tus impuestos! El consejero espiritual: ¡No razones, ten fe!... Impera por doquiera una restricción de la libertad.” (29)
La libertad se presenta así bajo la forma de un uso público de la razón, esto es lo que públicamente (socialmente) es un derecho de todo ciudadano, puesto que todos nacieron con el mismo poder del que la naturaleza físicamente les dotó, de hacerse docto y ser educado, cosa que para nada en la pluma de Kant significa un privilegio único y privado de una minoría o de cierta élite, ya que la naturaleza es ingenua y no tiene pretensiones, y es ella la verdadera matrona del hombre . La libertad, la más inofensiva de las cualidades naturales del ser humano, debe extenderse en todas las dimensiones de la actividad humana, el desarrollo de las facultades que con una larga práctica ha hecho del ser humano un ente racional, no pertenecen a una dimensión privada; y sin embargo por todas partes se escucha un grito de mandato represivo: ¡No razones!, pon por encima de tu autonomía natural y tu libre albedrío la orden de un oficial, las limitaciones que imponen las leyes económicas, y una fe ciega que quiebra la identidad en ti para ensalzar no ya lo espiritual sino los intereses de la iglesia; tales son los límites de un uso de la razón privado, expresión patriarcal de lo que simbólicamente es ser un rebaño manipulado por los intereses de una minoría que retrasa la hora del Sapere audet ( atrévete a volar) que debería abordar en una mayoría de edad. Esta edad, que no es una época determinada, es un conócete a ti mismo de Sócrates, una salir de la caverna Platónico y finalmente un retorno a la naturaleza falseada y escondida por la sociedad del ser humano que vio Rousseau.
Con la pregunta por la Ilustración Kant pone a la Ilustración cara a cara consigo misma; resultado de hacer una pregunta en los límites históricos de un presente finito, que pertenecen a un sujeto finito, y que finalmente lo que determina esa finitud es un preguntarse a sí mismo por eso que él es o proyecta ser. Por otra parte, con la oposición entre el uso público de la razón y el uso privado, con la inclinación de Kant por la primera como único medio de abordar a una mayoría de edad y el reconocimiento de los límites reales que lo impiden, en el segundo como forma de conservación de la autoridad sobre la libertad, no se puede pensar menos que hay aquí una ontología de nosotros mismos, un ser ahí de la historia ahí en que nos constituimos en nosotros mismos. No se trata de ver  en Kant una sagacidad crítica que no le perteneció para comprender el desarrollo del capitalismo como modo de producción, sino más bien de prestar atención a lo que podría llamarse una actitud crítica ante el nuevo dogma que nacía en la modernidad intentando desplazar a otro, se trata aquí de ver en Kant el creador del pensamiento crítico, tampoco se trata de tomar tan sólo de su crítica el aspecto de los límites de la Razón, sino de comprender que sólo partiendo de los límites es posible encontrar una salida no dogmática a las contradicciones que se le presentan al ser humano en el plano teórico y el práctico.(30).
“Aunque se comprobara que el género humano, considerado en su totalidad, ha estado avanzando y progresando durante mucho tiempo, nadie, sin embargo, que justamente ahora, en virtud de disposiciones físicas de nuestra especie, no se iniciara la época de su retroceso; e, inversamente, si retrocediera y con acelerada caída se encaminara a lo peor, no por eso debiéramos desanimarnos, pues quizás entonces encontráramos el punto de conversión (punctum flexus contrarii) en el cual, por las disposiciones morales de nuestros género, su marcha volvería a girar hacia lo mejor. En efecto, hemos de encontrarnos con seres que actúan libremente.”(31).
La mayoría de edad no es algo que pueda alcanzar el ser humano de forma absoluta, precisamente en su condición de actuar libremente necesita guiar sus pasos, pero esto no significa que el mapa esté ya creado, esta salida lejos de sacarlo de la incertidumbre no hace más que “salir”, dejando atrás pero también hacia delante lo que no pudo superar. La idea de que la modernidad ha superado todas las contradicciones de la Razón es un mito, una vez que se pone en el centro una actitud crítica “aunque para ello sea menester destruir las más queridas y encantadoras ilusiones” (32), la Razón se ve comprometida consigo misma y no puede ya ajustar y configurar la realidad dogmáticamente.
1.3- Replanteamiento de la filosofía kantiana como una actitud crítica.
“Las preguntas son caminos para una respuesta”
Martín Heidegger.
Con esta interpretación que se ha dado de Kant y su cuestionamiento por la Ilustración, "no se nos muestra acaso un nuevo horizonte desde el cual interpretar la filosofía kantiana"?
Lo que caracteriza esta nueva interpretación que de la filosofía kantiana podemos ver en “Qué es la Ilustración?” es, que esa forma en que Kant pregunta qué somos y el modo en que nos construimos en la historia como sujetos reales atravesados por circunstancias sociales, culturales, económicas, etc., devela un sentido y una estructura temporal humana, donde lo que tiene de relevancia es la actividad humana que el hombre ejerce sobre sí mismo. Esta otra forma de crítica que se inaugura con la pregunta de Kant por la Ilustración, y que llamó Foucault una actitud crítica cuando decía sobre su significado “…por actitud crítica quiero decir un modo de relación con respecto a la actualidad; una elección voluntaria que hacen algunos…una manera de pensar y de sentir, una manera también de actuar y de conducirse que, simultáneamente, marca una pertenencia y se presenta como una tarea.” (33), no es acaso una superación de la filosofía kantiana sobre sí misma?, no devela esta actitud crítica, por lo tanto algo más que un bosquejo crítico del conocimiento humano, sino más bien un cuestionamiento por la actividad práctica de la libertad del ser humano?
Si el planteamiento kantiano en “Qué es la Ilustración” supone una superación de lo que hoy se llama una filosofía normativista o analítica de la verdad, Qué sucedería con la creencia bien fundada hoy de que la filosofía moderna es sólo una mera filosofía de la conciencia o de la reflexión?
Lo que llamó Foucault en su trabajo “Qué es la Ilustración” como una ontología de nosotros mismos a diferencia de una analítica de la verdad  muestra esta distinción que de la filosofía de Kant podríamos hacer a la hora de valorar la crítica kantiana a la Ilustración. Foucault con esta distinción asume a Kant desde una perspectiva que sería de suma importancia analizar, cuando éste nos incita a ver en “Qué es la Ilustración?” el comienzo de una nueva forma de preguntar y cuestionar nuestra propia realidad, actitud crítica, como postura, punto de posicionamiento ante la realidad que se forja en el instante vivido, ontología de la existencia histórica ahí, un ser ahí de la historia que se hace en el instante: intuición creadora. La pregunta que en este sentido nos podríamos hacer sería si es preciso seguir viendo en Kant un crítico inflexivo de la ilustración. Podemos seguir creyendo como Horkheimer y Adorno en su “Dialéctica de la Ilustración”, pese a toda la importancia que tiene hoy su crítica, que para Kant  “La ciencia no tiene consciencia de sí misma, es una herramienta? Pero la Ilustración es una filosofía que equipara la verdad al sistema científico. El intento de fundamentar esta identidad, que Kant todavía llevó a cabo desde una intención filosófica, condujo a conceptos que no tienen sentido desde el punto de vista científico porque no son meras indicaciones para manipulaciones de acuerdo con las reglas del juego. El concepto de que la ciencia se comprenda a sí misma está en contradicción con el propio concepto de ciencia. La obra de Kant transciende la experiencia en tanto que mero operar, por lo que hoy la Ilustración reniega de él por dogmático siguiendo sus propios principios.” (34) Era Kant realmente ese dogmático que planteaba un ideal de Ilustración donde se equiparaba una identidad entre verdad y ciencia sin medir las consecuencias?
Lo que se ha venido interpretando hasta ahora del ideal de ilustración planteado por Kant en “Qué es la Ilustración” no coincide con estas premisas.
Pero si esta actitud crítica no fuera suficiente para replantearnos hoy la filosofía social Kantiana, entendamos con ojo crítico a lo que podría nombrarse como un tránsito de una analítica de la verdad a una ontología de nosotros mismos. Hemos comenzado planteando el problema de la crítica llevada a cabo  por Kant a la Ilustración como momento clave de formación de la racionalidad moderna y de crítica a ésta, modernidad que es en parte origen de nuestra actualidad. De allí, a través de un análisis que junto con Foucault y otros hacíamos, asumimos que con Kant se fundaba en la modernidad una nueva forma de preguntar en la filosofía, en este sentido era posible plantearse el origen de un discurso crítico que ya no era tanto una analítica de la verdad, en el sentido de preguntar cómo es posible el conocimiento, sino una ontología de nosotros mismos, donde lo que tiene aquella pregunta por el Ser, esta vez desde la historia, es el acceso a preguntarse por eso que somos en la actualidad que vivimos y cómo debemos conducirnos en esa actualidad. Pero lo cierto es que aún  lo que interpreta Foucault como una analítica de la verdad es sólo una apariencia que nos llega de la lectura que hiciera el positivismo traduciendo a un kant epistemológico, siendo así su obra crítica un análisis del conocimiento que trasciende cualquier compromiso social y ético con la humanidad, y por ello podría interpretarse su pregunta por la Ilustración como un mero apartado de todo su pensamiento. Contra todo dogmatismo asumimos la filosofía Kantiana más allá de una división entre analítica o pensamiento social, y demostramos que lo que existe en ella es un tránsito crítico de la teoría a la praxis proponiendo el siguiente camino a reflexionar (35):                 
Al final de la “Crítica de la razón pura” se puede encontrar: “La razón es empujada a salir de la experiencia, para ser lanzada, en su uso puro, y con el auxilio de simples ideas, hasta el último límite de todo conocimiento, sin que encuentre reposo sino en la conclusión de su círculo, en un todo sistemático que subsiste por sí mismo. Y debemos preguntarnos: está fundada esta tendencia solamente sobre su interés especulativo o sobre su interés práctico?” (36)    
Desde este momento, Kant está preparando las condiciones de un tránsito de lo teórico a lo práctico, cuanto más, si luego nos dice:
“Todo interés de nuestra razón, así especulativo como práctico, está resumido en estas tres preguntas:
1. Qué puedo saber?
2. Qué debo hacer?
3-Qué puedo esperar?” (37).  
Saber, hacer y esperar, el saber es especulativo, el hacer se dirige a lo práctico, y el esperar es el fin que se espera alcanzar, un horizonte. Kant afirma que el hacer es lo moral, en cuanto a esto, anuncia que tiene que ver con el modo en que nos conducimos (la conducta) en la vida; y esto es lo mismo que el problema de la libertad, ya que la conducta es un hacer o no hacer, y además “…los principios morales, podrían hallarse en la historia del hombre.” (38)
Tenemos aquí algunos elementos que pueden mostrar el camino ontológico-social de la filosofía kantiana.
Kant ha concluido con el problema de una razón práctica, no la saca por los pelos, el discurso teórico lo anuncia; el sistema de la razón exige que estas tres preguntas sean realizadas en los ámbitos humanos del conocer, el hacer y el esperar.
Por otra parte Kant en su “Lógica” plantea estas tres preguntas y una cuarta: Qué es el hombre. (39)   
Con esta pregunta, que no es más que el resumen de las tres primeras, la filosofía entra en el ámbito de una disposición humana.
Kant define lo práctico diciendo “Práctico es todo lo que es posible mediante la libertad” (40)
Conducirse libremente es un acto finito, en el Yo pienso se da la voluntad de ese pensar, busca dirigirse hacia el mundo y el mundo se le ofrece, porque el hombre está ya arrojado en este mundo.
Vemos a Kant decirnos en la “Fundamentación de la Metafísica de las costumbres”, “Obre de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre como un fin al mismo tiempo y nunca solamente como un medio.” (41)
Hay que reconocer en este momento un tránsito de un Yo pienso a un pensarnos a nosotros mismos, un tránsito del Yo al nosotros. Sean cualesquiera las limitaciones de un imperativo categórico, lo que este pone en el centro como fundamento de la moral es la humanidad, y el uso de esa humanidad compete a todos.
El horizonte creador humano, la mirada desde la cual el hombre se ve arrojado en el mundo, sufre una desgarradura cuando lo que le sale al frente, ahora, es un dirigir la vista al  otro , “El ente es el hombre, y sólo en cuanto prójimo es el hombre accesible, sólo en cuanto rostro.” (42)
Lo otro que nos sale al frente ya no es un ente entre entes, sino un ente humano.
La pregunta por el hombre debe sufrir una transformación, y agregar un sentido plural: Qué somos nosotros mismos.
Se trata del respeto al otro, aceptar su espontaneidad y autodeterminación como ser ahí. Este respetar humano al otro es el horizonte desde el cual toma sentido un darnos a nosotros mismos la espontaneidad que no afecte la libertad; y este dar es un dar al otro.
“El respeto se aplica siempre sólo a personas, nunca a cosas.” (43)  
Se trata ahora, con toda propiedad de una ontología de nosotros mismos; las tres preguntas que se hacían con respecto al hombre, asumen la intersubjetividad del discurso práctico:
Qué nos está permitido saber
Qué  nosotros mismos podemos hacernos.
Qué nos está permitido esperar de nosotros mismos.
El nosotros tiene un carácter investido de mayor importancia, La perplejidad de la libertad de todos y cada uno de nosotros mismos.
El movimiento ontológico no sólo transita de una razón teórica a una razón práctica (vital); sino que se ve obligado a considerar su contenido desde el horizonte humano hacia otro horizonte: la otredad. Una radicalización de la finitud del conocimiento humano, que ahora no es sólo conocer, sino conducirse, esta vez desde el hacernos ahí humanos.
Será posible una profundización más en la finitud humana?
Qué otro horizonte será más finito, y hasta dónde puede agotar la finitud su estar ahí humano?    
En un texto como “Qué es la Ilustración”, Kant nos muestra el camino de esa radicalización.


Citas y notas.
1- Michel Foucault: “Qué es la Ilustración?”, en: Saber y verdad, Ediciones de la Piqueta, Madrid. pp. 198 y 200.
2-Michel Foucault: “La verdad y las formas jurídicas” (Versión digital)
3- Véase en “Sobre la ilustración” de Michel Foucault el estudio preliminar de Javier de la Higuera, Editorial Tecnos (Grupo Anaya, S.A.), 2003.Pág. XVIII.
4- Ibíd. Pág. XX
5-Ibíd. Pág. XXVII-XXVIII.
6- Citado por Claudia Möller en: “Entre Foucault y Chartier: Hacia la construcción del concepto de apropiación.” Conferencia dada en el marco de las “II Jornadas de reflexión sobre el pensamiento de Michel Foucault”. Universidad Nacional de Mar del Plata. Octubre de 1996. Pág. 3. Revista digital: http://clio.rediris.es/tiemposmodernos02.
7- Michel Foucault: “El sujeto y el poder”. (Traducción de Santiago Carassale y Angélica Vitale). www.campogrupal.com/poder.html. Pág. 8.
8- Ibíd. Pág. 8.
9. HORKHEIMER; M. Y ADORNO, T. W: “Dialéctica de la Ilustración”. Versión digital, www.philosophia.cl / Escuela de Filosofía Universidad ARCIS.
10. Se trata de la problemática filosófica del nominalismo llevada a cabo por Guillermo de Occan y Duns Scott en el siglo XVI contra los principios filosóficos de la verdad revelada de la escuela tomista, donde se establece una contradicción entre verdad revelada y racionalidad. Esto no fue más que el preludio de lo que en el siglo XVII fue conocido por la problemática del Empirismo y el racionalismo cuyos principales exponentes fueron Descartes, Hobbes, Leibniz, Spinosa y Locke entre otros, y que sirvieron como premisas de la ilustración.
11. Nos referimos aquí a los grandes descubrimientos científicos que fueron posible por el empleo de la experimentación como método para indagar en la naturaleza y comprender sus leyes que comenzaron en el renacimiento con Francis Bacon, Galileo y Copérnico como exponentes del método científico y que son los que inician el proceso de la revolución científico y técnica que va desde el siglo XVI hasta el siglo XIX.
12. La santa Biblia (VERSIÓN BIBLIA DE JERUSALÉN, 1976)
13- Emmanuel Kant: Qué es Ilustración? (Versión digital).
14- Ver la tesis de diploma “La Razón permanente: Los motivos de la salida ilustrada” de Yanet Martínez Toledo; y también La tesis de diploma “Modernidad, Postmodernidad y América Latina” de Alejandro M. López Muñoz.
15- Georg Lukacs: “Historia y conciencia de clase”, Editorial Ciencia sociales, La Habana, Cuba.1980, p. 137.
16- Ver para una mejor comprensión de esta idea “Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana” de Federico Engels en el primer capítulo, donde este autor hace un breve análisis de esta “limitación” de la filosofía clásica alemana; y ver además “La Ideología Alemana” en el primer capitulo.
17-Michel Foucault: “Qué es la Ilustración?”, en: Saber y verdad, Ediciones de la Piqueta, Madrid. pp. 198 y 200.
18- Emmanuel Kant: “Crítica de la razón pura. Critica de la razón practica.” Editorial C.S, Instituto cubano del libro. P. 15.
19- Emmanuel Kant. Qué es Ilustración? (Versión digital).
20- Ver más sobre esta re- interpretación y re-valorización de la crítica kantiana además del libro de Foucault que ya citamos, de Martín Heidegger: “Kant y el problema de la metafísica”, FCE, México-Buenos Aires, 1954; J. Derrida: “Qué hacer de la pregunta Qué hacer? ”(Versión digital). De Jacques Derrida y Alain Minc, «Penser ce qui vient», Le Nouveau Monde (París), 92 (1994), pp. 91-110. Traducción de Bruno Mazzoldi en El tiempo de una tesis. Desconstrucción e implicaciones conceptuales, Proyecto A Ediciones, Barcelona, 1997, pp. 29-39.
21- Max Horkheimer: “Autoridad y familia”, en Teoría crítica, Amorrortu editores
Buenos Aires- Madrid. 2003. p. 105.
22. Emmanuel Kant Qué es Ilustración? (Versión digital).
23- Georg Lukacs: “Historia y conciencia de clase”, Editorial Ciencia sociales, La Habana, Cuba.1980, p. 138.
24- Max Horkheimer: “Autoridad y familia”, en Teoría crítica, Amorrortu editores
Buenos Aires- Madrid. 2003. p.103.
25- J. G. F. Hegel: “Fenomenología del Espíritu”, Editorial de Ciencias Sociales. Pág. 23.
26-Emmanuel Kant: Qué es la Ilustración? Y otros escritos de ética, política y filosofía de la historia. Edición de Roberto R. Aramayo. Alianza Editorial, S. A., Madrid, 2004, 2007. Pág. 83-84.      
27- Citado por Roberto R. Aramayo sacado de la “Crítica del discernimiento” en su estudio preliminar “Una filosofía moral de la historia” que pertenece al texto citado más arriba. Pág. 7.
28-Ibíd. Pág. 83.
29-Ibíd. Pág. 85-86.          
30-Véase más sobre estos tres rasgos de la racionalidad y la sospecha de Kant sobre estos en “Sobre la ilustración” de Michel Foucault la conferencia: Qué es la crítica? (Crítica y Aufklärung). Editorial Tecnos (Grupo Anaya, S.A.), 2003. p. 15.
31- Emmanuel Kant: “Filosofía de la historia”. Editorial Nova. Buenos Aires. p. 138.
32-Emmanuel Kant: “Crítica de la razón pura. Critica de la razón practica.” Editorial C.S, Instituto cubano del libro. P. 15. (Segundo párrafo).
33- Michel Foucault: “Sobre la ilustración”, Editorial Tecnos (Grupo Anaya, S.A.), 2003.Pág. 81.
34-Citado en “Kant y la Ilustración” de Claudio de la Rocca. Universidad de Génova.ISEGORÍA,      Nº 35 julio-diciembre, 2006. pág. 116, donde el autor afirma: “…a Kant se le han exigido responsabilidades por una forma de racionalidad ilustrada que nunca propugnó.”, y para especificar esas responsabilidades cita al pie de página la frase de “Dialéctica de la ilustración”.
35- Al problema de un posible tránsito de una teoría del conocimiento a una filosofía crítica de la sociedad moderna en la filosofía kantiana estuvo dedicada nuestra tesis de diploma “El problema analítico-ontológico en Kant: El camino hacia una ontología de nosotros mismos”.
36-Kant, Inmanuel: “Crítica de la razón pura. Critica de la razón practica.” Editorial CS, Instituto cubano del libro. Pág. 422.
37- Ibidem pág. 425.
38-Ibidem pág. 425.
39- Martín Heidegger: “Kant y el problema de la metafísica”, FCE, México-Buenos Aires, 1954.p.173.
40-Ibidem. Pág. 219.
41-Emmanuel Kant: “Fundamentación a la Metafísica de las costumbres”. El Ateneo Editorial, Florida 340 buenos Aires. 1951. Pág. 511.
42- Emmanuel Levinas: «Entre Nosotros. Ensayos para pensar en otro», Pre-Textos, Valencia, febrero de 2001, pp. 13-23.
43- Martín Heidegger: “Kant y el problema de la metafísica”, FCE, México-Buenos Aires, 1954.p.136.

  Comentario Fecha
- “Cómo puede el pensamiento, en tanto que tiene una relación con la verdad, tener también una hi... 2012-01-12 16:59:27

 

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