Revista Cubana de Filosofía. Edición Digital
No. 5. Enero - Mayo 2006. ISSN: 1817-0137


 
 

Artículos

Título: Empobrecimiento de la experiencia humana: ciudades a la venta
Autor(es): Lic. Elizabeth Valencia Chávez
Fecha de publicación: 15 de Enero de 2006

(Edición dedicada a publicar las ponencias presentadas al Colquio Estética y Arte desarrollado en La Habana los días 7 y 8 de julio de 2005)

El siglo XIX con sus innovaciones técnicas en los materiales, en la construcción, pero sobre todo en los medios de transporte, inauguró para los seres humanos una nueva manera de estar en la ciudad: el turismo ¿Cuántas experiencias ha capitalizado eso que tan inocentemente aceptamos llamar "Industria sin humo"?

Desde los tiempos de Haussmann la modernización de las ciudades se ha venido realizando en términos de embellecimientos estratégicos monumentales para lograr apariencias que deslumbren a los extranjeros y hagan sentir orgullosos a sus ciudadanos; lo cuál supone un elevado desarrollo de la riqueza que coloca a las finanzas de la ciudad sobre bases sólidas Un apogeo de prosperidad que confía en que el gasto de dinero público proporcionará trabajo y estimulará la economía de la ciudad: mejoras de las calles proporcionarán un estímulo al mercado de la edificación; el comercio se beneficiará con alojamientos grandes, modernos y el aumento de más clientes potenciales; crecientes oportunidades a la inversión ayudadas por un sistema de crédito y banca de extensión nacional atraerá grandes cantidades de capital de los inversionistas privados; una rica clientela se orientará a los grandes bancos de depósito. Haussmann dijo con orgullo en el Consejo General del Sena en 1857: "Evidentemente, el principal resultado que pretendía el gobierno del Emperador al realizar tales mejoras era orientar a toda la nación por el productivo sendero de la confianza y el trabajo" [1] Todos recibirían los beneficios. Las transfiguraciones de los espacios de la ciudad, darían lugar a nuevos usos humanos experimentándose en el trabajo que promete bienestar y ocio. Tiempo de descanso para poder experimentarse en los grandes almacenes, en la diversión, en los placeres, en el viaje. Los hombres de negocios que vendrían a la ciudad se hospedarían en los grandes hoteles y se divertirían en los cafés y restaurantes que se multiplicaban. "Los turistas ingleses se dirigían a la sección comprendida entre el Boulevard des Italiens y la Rue de la Paix para ver las tiendas más brillantes y los holgazanes más aristocráticos de París" [2]

Con los ferrocarriles, las puertas de París abiertas al mundo daban la bienvenida a sus visitantes extendiéndoles su largos brazos, combinación metafórica que cristaliza la imagen de la ciudad como gran casa protectora que la industria turística todavía explota en países como el nuestro: "México te recibe con los brazos abiertos" ¡Hasta parecería que no hay nada que temer!

Sin embargo, adquirir tiempo ocioso implicaba, necesariamente, la inauguración de los conflictos para su reclamo y conquista, con oportunidades muy desiguales de obtenerlo,

Además, para lograr la imagen de la ciudad deseada había que hacer sacrificios como bien sabía Haussmann

Dotar a la población entera de incalculables beneficios sin que ninguna exigencia fiscal le de pie a nadie para el menor pretexto de queja o de disgusto**; nos habíamos decidido, para empezar, a pedir lo que obtuvieron todas las otras Grandes Ciudades que siguieron el ejemplo de París: la creación de recursos especiales, por medio de contribuciones extraordinarias que formaran de algún modo el precio de esas ventajas.[3]

Mi punto de apoyo, ya lo he dicho, será el Excedente de Recaudación, aún muy modesto, de las Cuentas de la Ciudad. Mi palanca será el aumento gradual de sus ingresos,[4]

El turismo sería una experiencia que cristalizaba en un espejo de contradicciones el encuentro de aquellos que pagaban los costos de los beneficios con los más grandes estafadores, que a título de empresas financieras y contratistas de obras bajo la tutela de Haussmann se dieron cita en París para desencadenar el gigantesco latrocinio que envilecería a la ciudad.

Haussmann presentaba a sus oyentes el cuestionamiento acerca de si París debía ser un municipio o una Gran Ciudad, la Capital del Imperio, la Capital del Mundo Civilizado, dilema que contenía ya la ilusión y la promesa de ofrecer a todos la experiencia de una ciudad cosmopolita. Esto Significaba dejarse penetrar por las gigantescas fantasías del poder imperial, que bajo las condiciones del capitalismo competitivo, los números puros, la abundancia excesiva, el tamaño monumental y la expansión, publicitaban eficazmente el progreso.

Si uno tuviera que definir en una palabra, el nuevo espíritu que iba a presidir la transformación de París, uno lo llamaría "megalomanía".

"París será el mundo, y el universo será París (…) París ascenderá a las nubes, trepará al cielo de los cielos, construirá sus distritos más allá de los planetas y de las estrellas"

"El universo no hace otra cosa más que recoger las colillas del cigarro de París" [5] 

Proporciones cósmicas entretejidas entre lo material y lo imaginario en grandes perspectivas, monumentos, estaciones de ferrocarril, museos, jardines, palacios de deportes, grandes almacenes y bulevares diseminaron las fantasmagorías urbanas por todo París. La experiencia de la exhibición alcanzaba formas grandiosas. En el cielo abierto de los bulevares la sociedad parisiense del siglo XIX se experimentaba paseándose, mirando, siendo mirada y divirtiéndose. Así se había creado un espectáculo viviente: pasen y vean. La ciudad luz que borraría la oscuridad de la noche con lámparas de gas, luego con electricidad y más tarde con luces de neón estaba transfigurando a los seres humanos en espectáculo y amenazaba con devolverles su imagen únicamente en la experiencia del consumo. Como las prostitutas, la ciudad se había embellecido para ofrecer sus servicios al mejor cliente.

Las Exposiciones Internacionales fueron el primer destino del turismo internacional masivo. con su combinación de maquinaria tecnológica, galería de arte, cañones militares, negocios y placeres sintetizaban en los espacios de sus pabellones nuevas y fascinantes experiencias humanas que degeneraban desde su raíz también en el espectáculo fantasmagórico de la mercancía: las ferias internacionales como festivales populares del capitalismo eran lugares donde el entretenimiento de masas llegó a ser un gran negocio

En 1867, los 15 millones de visitantes a la feria incluían a cuatrocientos mil obreros franceses que habían recibido entradas gratuitas, mientras que los obreros extranjeros recibían alojamiento a cuenta del Gobierno Francés. Las autoridades alentaban al proletariado a realizar el "peregrinaje" a estos altares de la industria, y a contemplar las maravillas que su propia clase había producido pero que no podía permitirse poseer, o a maravillarse frente a las máquinas destinadas a desplazarlos. [6]

Las ferias internacionales fueron los orígenes de la "industria del placer" que "refinó y multiplicó las variedades del comportamiento reactivo de las masas. En ese sentido, preparó a las masas para la publicidad" [7] Las multitudes fueron condicionadas en su principio "Mire pero no toque" reduciendo la experiencia sensorial a la mirada que ya solo experimenta los placeres del espectáculo.

Benjamín describió como "fantasmagoría" al espectáculo de París "la linterna mágica de la ilusión óptica, con su alteración de tamaños y formas--Marx había utilizado el término "fantasmagoría" para referirse a la apariencia engañosa de las mercancías como "fetiches" en el mercado. Para la filosofía de la experiencia histórica de Benjamín la clave de la nueva fantasmagoría urbana radicaba no tanto en la mercancía-en-el-mercado como en la mercancía-en-exhibición, donde valor de cambio y valor de uso perdían toda significación práctica y entraba en juego el puro valor representacional. [8]

Ayer como hoy la ciudad se ponía de moda pagando el precio de lo Kitsch*.

La estructura construida para la feria de París en 1867 fue comparada con el Coliseo: "Parecía como si tuviéramos ante nuestros ojos un monumento construido en otro planeta, Júpiter o Saturno, con un estilo que no conocíamos, y en colores a los que nuestros ojos aún no se acostumbraban. [9]

Y los pabellones extranjeros ofrecían culturas en exhibición para el consumo visual. En el mismo año, el "barrio oriental" ganó la atención de los visitantes, Egipto tenía su puesto en un edificio construido según el modelo de sus templos. Esta vez empobrecimiento de la experiencia humana por medio de estereotipos que pretenden acercarnos las lejanías reduciéndolas, simplificándolas al máximo. Hoy, incluso cuando se va a cada ciudad ésta se engulle por la cercanía de bienes y servicios que se nos ofrecen sin la necesidad de recorrer sus calles. Benjamin señala la tendencia cada vez más extendida del servicio a bordo para la venta de recuerdos. "La ciudad no se visita, se compra." [10] El conocimiento de las tradiciones de cada lugar es ignorado y olvidado. El matiz, la diversidad de lugares y gentes que hacen rico al mundo queda en la penumbra.

Hoy se suman a las Exposiciones otros eventos internacionales como los Juegos Olímpicos o los campeonatos de Fut ball como detonadores para promover proyectos de renovación urbana en los que una campaña publicitaria anunciará las ventajas y atractivos que la ciudad en cuestión puede ofrecer a los inversionistas dentro de un marco de competencia propio del mundo globalizado, generando espacios placenteros conforme a ciertos criterios homogeneizados que hacen a las ciudades cada vez más iguales entre sí: por esta razón percibimos la ciudad contemporánea en imágenes cinematográficas, televisivas o vía internet, como un fondo neutro en el que todo se acerca: la Torre Eiffel, la Estatua de la Libertad, la Plaza Roja y el Palacio de Bellas Artes de la ciudad de México se ofrecen yuxtapuestos a nuestra mirada en armonía y sin contradicción alguna. Así se instituye para todos la ilusión de habitar una ciudad cosmopolita. En consecuencia, las empresas transnacionales colocan fácilmente sus productos y servicios en un mercado capitalista mundial siempre en expansión y drásticamente fluctuante. Ocultamiento de las contradicciones en este vecindaje de lo lejano que no constituye para los seres humanos de nuestros días una experiencia en sentido estricto.* Otrora eran ciertos los dichos populares "Cuando se sale de viaje, bien se puede contar algo" o "Los viajes instruyen" ¿en qué medida siguen siendo ciertos? Los espacios para visitar la ciudad dificultan la interacción real de los seres humanos entre sí que hace posible el intercambio de experiencias. Los usos de los espacios son dislocados con noticias breves y fáciles, sin historia ni contexto, causando la impresión de poder suceder en cualquier parte o en ninguna.

La exhibición del enorme desarrollo de la técnica que la ciudad muestra a sus visitantes los atrapa en una aparente riqueza de ideas y materia al alcance de todos que trasluce la "pobreza de experiencia" que Walter Benjamin ya denunciaba en su generación

Nos hemos hecho pobres. Hemos ido entregando una porción tras otra de la herencia de la humanidad, con frecuencia teniendo que dejarla en la casa de empeño por cien veces menos de su valor para que nos adelanten la pequeña moneda de lo "actual" (…) La humanidad se prepara para sobrevivir si es preciso a la cultura. [11]

Las maneras y los medios a través de los cuáles se organiza nuestra sensibilidad y acontecen los modos de experimentarnos en el espacio citadino se estaban transformando. Benjamin entendió estas modificaciones como "desmoronamiento del aura": la perfección del mecanismo había tenido la capacidad de desvincular los lugares de su ámbito histórico, reprimiendo en ellos los valores culturales provenientes de la tradición y haciendo caso omiso de su función social con su reproducción masiva y exhibiendo su representación. Nuestras experiencias en los espacios de la ciudad han perdido el carácter de presencias y encuentros únicos en lugares singulares y perdurables. "Quitarle su envoltura a cada objeto, triturar su aura, es la signatura de una percepción cuyo sentido para lo igual en el mundo ha crecido tanto que incluso, por medio de la reproducción, le gana terreno a lo irrepetible. [12] 

Asimismo, poner de moda a las ciudades embelleciéndolas para venderlas con mayor facilidad resultaría una cristalización paradójica entre la experiencia inmediata de novedad para sus visitantes y la pronta experiencia de hastío para quienes se quedan a vivir en ella. La experiencia del aburrimiento se generalizaba, no sería fácil escapar de ella

"Francia está aburrida" anunció Lamartine en 1839. La remodelación de Haussmann no ayudaba mucho "Estas grandes calles, las grandes estaciones, los grandes edificios, los grandes desagües, con su fisonomía mal copiada o mal imaginada (…), exhalan aburrimiento" [13]

Benjamín llama al aburrimiento un "índice de participación en la somnolencia colectiva" [14] Pobreza de nuestra experiencia cuando no sabemos qué estamos esperando o cuando esperamos la repetición de lo mismo. Lo que pretendía ser nuevas formas y medios para experimentar la modernidad como una aventura sucumbió ante el peligro inminente de utilizar e institucionalizar el proyecto moderno en un sistema de inexorables necesidades y aplastantes rutinas.

El Emperador Napoleón III y Haussmann concebían una separación a veces tajante entre las personas y las cosas, muy extraña a nuestro parecer, por el grado de abstracción, o mejor, de olvido con respecto a sus entrecruzamientos materiales e imaginarios en múltiples sentidos

El Emperador resumía, de la manera siguiente, la reforma que quería llevar a cabo: --"Para el Prefecto de la policía, la autoridad sobre las Personas; para el Prefecto del Sena, la administración de las Cosas" "Pero, en su aplicación, este axioma que seducía por su nitidez lógica y por su concisión elegante, encontró mil dificultades. [15]

¡Qué bueno que las peores teorías encuentran dificultades en la práctica! Pensaríamos de inmediato. Pero una disección entre personas y cosas arroja luz sobre la ambigüedad entre la aventura y la rutina que los seres humanos empezaron a experimentar en los espacios de la ciudad moderna

Aquel día, Su Majestad me decía, ya no recuerdo a propósito de qué: "¡Cuanta razón tiene en sostener que el Pueblo Francés, que pasa por tan cambiante, es, en el fondo, el más rutinario del mundo!" "Si, Majestad, siempre que le agregue: ¡En cuanto a las cosas!… En efecto, si no nos gusta ninguna turbación de nuestras costumbres, no despreciamos tanto, sin embargo, los traslados de personas que abren nuevos horizontes a la ambición y a los intereses. [16]

"Somos el pueblo más rutinario del Mundo, a pesar de todas nuestras pretensiones de progreso en todas las cosas" [17] ¿Rutina de las cosas y aventura de las personas? O ¿Viceversa? El hilo con el que se anudan los conflictos humanos en la modernidad y que no puede ser borrado por el turismo ha aparecido: Benjamín tenía razón: el progreso. ¿Dónde ubicarlo, con respecto a qué, cuáles son sus coordenadas? ¿Acaso es él mismo el espacio de conflictos que hace la ciudad con sus nuevos usos? ¿es la posibilidad de enriquecimiento de nuestra experiencia con el espectro que persigue a nuestros sentidos inquietando a la conciencia para recordarle que algo no esta bien?

El embellecimiento y la limpieza de las ciudades para recibir a sus visitantes deja fuera todo aquello que choca a los sentidos, lo indeseable. El aseo topográfico ha sido inseparable del aseo social, los pobres, los mendigos, los presos, son relegados a sitios que los buenos turistas no atravesarán. Sin embargo, y pese a todos sus decorados, permite ver cómo en las cristalizaciones espaciales de la ciudad acontecen los conflictos; una población diversa y variada experimentándose desde distintos referentes materiales e imaginarios en un espacio compartido.

El turismo convierte a las ciudades en mero escenario para espectáculos y deja en la sombra los conflictos humanos. Pero cruzando apenas las fachadas grandilocuentes de la ciudad hallamos la historia política en lo cotidiano como una experiencia de nuestro tiempo. Lo cotidiano es una realización histórica, no natural, que como artificio experimentamos los seres humanos de múltiples y variadas formas en la pertenencia a cada grupo humano y en nuestros encuentros con los otros en los espacios citadinos. Cristalizaciones caleidoscópicas, siempre cambiantes de las acciones humanas que se redistribuyen sin cesar entre las esferas de lo público y lo privado. Quienes se han quedado a vivir en algún lugar saben que las ciudades son sus usos. La ciudad es la experiencia humana conformándose por las huellas que lugares y matices de cada día, únicos y distintivos de cada ciudad, dejan en la memoria. No son los proyectos de embellecimiento con sus monumentos conmemorativos, ni los programas de limpieza exclusivos y excluyentes los que enriquecen nuestra experiencia histórica. La supervivencia de antiguas ciudades nos transmite las experiencias del pasado en un caleidoscopio de imágenes en el que las fachadas pintorescas siguen jugando al escondite con las desgracias. Triunfo de una inteligente conservación y fracaso de un ilimitado progreso simultáneamente.

Un espacio en movimiento con habitantes siempre cambiantes que van y vienen como a un gran mercado de consumo, a un inmenso campo de trabajo, a una arena de ambiciones, o solamente, a una cita de placer, ha significado para muchos la experiencia del desarraigo y la devaluación de la materialidad histórica de su ciudad.

Algunos experimentaban la pérdida y eran conscientes de sus implicaciones, por lo tanto, se dedicaron a promover la conservación del pasado.

M. F de Guilhermy escribió Itinéraire archeologique du Vieux Paris, una breve comunicación al tiempo de la Exposición de 1855, "con objeto de enseñar a los huéspedes de Francia lo que aún queda del viejo París, después de tantas vicisitudes, y en cierto sentido para colocar los monumentos de nuestro pasado que merecen eterno respeto bajo la protección de toda Europa". [18]

¿Qué debía conservarse? Lo que quedaba para conservarse era apenas lo pintoresco "La palabra "pintoresco" significa algo así como "que compone un cuadro hermoso." Lo cual es excelente…¡en pintura! Pero ¿en la vida real? Las calles del antiguo París pueden ser interesantes de visitar, pero ningún placer proporciona vivir en ellas" [19] Tal era la opinión de Charles Delon, escritor interesado por la arquitectura y la arqueología en 1880.

Los programas de embellecimiento destruyen barrios, mansiones, casas antiguas, rastros arqueológicos y templos sin miramientos. ¿Cómo conservarlos? ¿Luchar contra el olvido será tarea de escritores y artistas? Tal cosa sucedió hasta la década de 1890 cuando los seres humanos se apropiaron de la experiencia del París anterior a Haussmann mediante el oficio de sus grabadores.

Empero, conservar no es embalsamar el pasado. No queremos que nos digan como de la Comuna de París: "Con ellos se apagó la llama revolucionaria que había desafiado a tiranos, proclamado la libertad y creado repúblicas desde 1789." según apreciaciones de la guía turística Océano Pocket que continúa mencionando las historias populares y las canciones tradicionales que hoy se escuchan en los cabarets, especialmente en Montmartre "hogar de muchos de los revolucionarios y anarquistas que lideraron la lucha," haciendo referencia a la Comuna de París: "Este trágico y amargo final" [20] A la distancia, tal vez ya no podríamos apreciar a "la Comuna como la anexión a Francia de los obreros del mundo entero" [21] como quería Marx. Pero la Comuna de París no puede quedar sepultada en el pasado para servir hoy como recuerdo y nostalgia de lo que, dicen, era imposible que fuera y que durara. Por el contrario, es la cristalización, siempre actual, de los antagonismos en su momento de ruptura. Impone la tarea de su lectura en el contexto específico en el que fue realizada para darle su justo valor y aprender y desaprender estrategias pasadas; en lugar de tener noticia de ella como hecho aislado en el que las clases dominantes han conseguido subsumirla. Su presencia no es una curiosidad para turistas, es el acontecer humano que quiebra las viejas marcas de los espacios de las ciudades, entiéndase de las experiencias contradictorias que en ellos tienen lugar, para dar paso, con nuevas apropiaciones y usos de los espacios, a otras configuraciones que pretenden ser prácticas heredadas de libertad.

Y para marcar nítidamente la nueva era histórica que conscientemente inauguraba, la Comuna, ante los ojos de los conquistadores prusianos de una parte, y del ejército bonapartista de otra, echo abajo aquel símbolo gigantesco de la gloria guerrera que era la Columna de Vendòme*. [22]

La exclusión que genera el sistema económico dominante borra las huellas de las distancias y de los encuentros únicos e irrepetibles que los seres humanos experimentándose en los espacios han dejado en las ciudades: huellas de su trabajo, de sus sueños, de su resistencia, de su desaparición… Por esta razón, proponemos un modo de experimentar la ciudad acorde con los acontecimientos presentes y con un pasado que ha dejado huellas. "¿No hay ciudades para las personas que quieren vivir en ellas?" [23] pregunta al guía la protagonista de ¿Qué hacer? de Chernichevski, después de haber sido llevada de gira por la Rusia del futuro. ¿Podemos construirnos como seres humanos en una ciudad sin huellas? Consideramos que no. Es insoslayable pensar la ciudad historizando identidades que incluyan las construcciones de lo subjetivo, que recuerden al presente las apropiaciones que los múltiples y variados grupos humanos han hecho de los espacios de acuerdo con sus necesidades materiales y espirituales, aceptando las diferencias y la diversidad de los intereses por el ejercicio de la memoria; en lugar de embellecer nuestras ciudades para vender en ellas los placeres más elementales en el aislamiento individual o en los espectáculos masivos donde la estupidez alcanza su culminación, diciendo muy poco a cada cuál sobre la posible riqueza de sí mismo y de los otros e impidiendo experimentarnos en la extensa gama de entrecruzamientos materiales e imaginarios que nuestra historia nos brinda. ¿De cuantas maneras materiales e imaginarias podríamos experimentarnos hoy en los espacios de la ciudad y a cuántas de ellas hemos renunciado? Apreciamos el espacio como un acontecimiento provisto de cualidades sensibles que se experimenta en su forma material, cuya emergencia abruma con su presencia, pero cuyas significaciones no son fácilmente visibles. Nos hemos vuelto pobres de experiencia. Estamos pugnando por una manera de devolver a los seres humanos la riqueza de experiencias que el devenir histórico ha efectuado en la modernidad. Ensayamos la humanización de nuestro espacio. No contribuiremos a la estetización de la política con el turismo y empresas que lo acompañan en un canto complaciente a nuestra aniquilación. Por el contrario, queremos contribuir a la politización de la estética desde la filosofía generando la participación solidaria por la memoria, como apuntaba Walter Benjamín. Porque "Cuando impera la experiencia en sentido estricto, ciertos contenidos del pasado individual coinciden en la memoria con otros del colectivo." [24]

Convertir en acontecimiento a la tradición. Hacer brotar el continuum de la historia para enriquecer nuestra experiencia de los espacios citadinos Esto quiere decir, sumergirnos en la heterogeneidad temporal que se realiza en un espacio multigeneracional, interfiriéndose, compenetrándose, pues los espacios de la ciudad son construcciones colectivas cuyas formas sedimentadas se acumulan a través del tiempo. Nadie es contemporáneo de la ciudad que habita. De tal modo que, mirar retrospectivamente su proceso de construcción determina a la memoria como actualización, no como recuerdo nostálgico y melancólico. A la dinámica del mercado que nos ofrece nuevos espacios cambiantes y transitorios siempre iguales, la tradición brinda matices y lugares que invitan a una reconsideración del carácter permanente y estable del entorno. Apelar a la tradición como continuo fluyente resurgir de la experiencia de una generación en la superficie de generaciones sucesivas. Revitalización de lo recibido y necesidad apremiante de transmitir. A la manera de Benjamin "La historia es objeto de una construcción cuyo lugar no es el tiempo homogéneo y vacío, sino el "tiempo actual" que es lleno" [25]

La invitación: cuando vaya o no a una ciudad atraviésela con ejercicios de la memoria y experiméntese en el rico espacio de contradicciones de la ciudad moderna. Esperamos que su visita no sea del todo placentera y que algo suceda a su conciencia.. Lo esperamos de nuevo. Por favor, no deje de contar a otros las experiencias de su viaje.
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Bibliografía básica:

Benjamín, Walter, "Cercanía y lejanía" en Dirección única, Madrid, Alfaguara, 1987.

--- Ensayos escogidos, México, Ediciones Coyoacán, 1999.

--- "Experiencia y pobreza", "La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica" en Discursos Interrumpidos I, Madrid, Taurus, 1973.

--- Poesía y capitalismo, (Iluminaciones II), Madrid, Taurus, 1980.

Berman, Marshall, Todo lo sólido se desvanece en el aire. La experiencia de la modernidad, México, Siglo XXI, 1989.

Broch, Hermann, Kitsch, vanguardia y el arte por el arte, Barcelona, Tusquets, 1979.

Buck-Morss, Susan, Dialéctica de la mirada. Walter Benjamín y el proyecto de los pasajes, Madrid, Visor, 1995.

Haussmann, George, Mémoires Du Baron Haussmann,. Vol. II, Paris, Victor-Havard Editeur, 1890.

Marx, Carl, La guerra civil en Francia, Madrid, s/e, 1970.

Sutcliffe, Anthony, Ocaso y fracaso del centro de París, Barcelona, Gustavo Gili, 1970.

"Historia y cultura" París, Guías Océano Pocket, Barcelona, Océano/Discovery, 2002.

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Notas y refrerencias:

[1] Anthony, Sutcliffe, Ocaso y fracaso del centro de París, Gustavo Gili, Barcelona, 1970. p. 38.

[2] Ibid. p. 162.

** Las cursivas aparecen en el texto original.

[3] George, Haussmann, Mémoires Du Baron Haussmann,. Vol. II, Victor-Havard Editeur, París, 1890. p.p. 262-263.

[4] ibid, p.p. 271-273.

[5] Citado en Susan, Buck-Morss, Dialéctica de la mirada. Walter Benjamín y el proyecto de los pasajes, Visor, Madrid, 1995. p.p. 108-109.

[6] Citado en ibid, p. 102.

[7] Ibidem.

[8] Susan, Buck-Morss, Dialéctica de la mirada. Walter Benjamín y el proyecto de los pasajes, Visor, Madrid, 1995. p. 98.

* Cf. Hermann, Broch, Kitsch, vanguardia y el arte por el arte, Tusquets, Barcelona, 1979.

[9] Citado en Susan, Buck-Morss, op. cit. p.100.

[10] Walter Benjamin, "Cercanía y lejanía" en Dirección única, Alfaguara, Madrid, 1987. p. 94.

* La complejidad sociocultural de cada ciudad descubre para nuestra experiencia el ocultamiento de las contradicciones, pero para quienes éstas se han vuelto imperceptibles se pueden hacer evidentes por múltiples recursos en la construcción artística: las vanguardias, sobre todo el surrealismo, ennumeraron algunos medios ingeniosos que se nutren de la arbitrariedad para tal fin. Cf. André Breton, Manifiestos del surrealismo, Guadarrama, Madrid, 1974. p.p. 59-60; otras veces se patentizan las contradicciones con sarcasmo como en la canción de Luis Eduardo Aute La guerra que vendra; y algunas más la falta de recursos económicos o la torpeza del montaje plasman con humor las diferencias, tal es el caso del director de cine Juan Orol que en su intento por acercarnos Nueva York para envolvernos en un ambiente gansteril presenta en sus películas la Alameda Central o el Paseo de la Reforma de la Ciudad de México.

[11] Walter Benjamin, "Experiencia y pobreza" en Discursos Interrumpidos I, Taurus, Madrid, 1973. p. 173.

[12] Walter, Benjamín, "La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica" en Discursos Interrumpidos I, Taurus, Madrid, 1973. p. 25.

[13] Citado en Susan, Buck-Morss, op. cit. p. 122.

[14] Citado en ibid. p. 123.

[15] George, Haussmann, op. cit. Vol. II, p. 222.

[16] George, Haussmann, op. cit. Vol. II, p. 18.

[17] George, Haussmann, op. cit. Vol. II, p. 363.

[18] Citado en Anthony, Sutcliffe, op. cit. p. 191. 

[19] Citado en Anthony, Sutcliffe, op. cit. p. 194. 

[20] "Historia y cultura" París, Guías Océano Pocket, Océano/Discovery, Barcelona, 2002.

[21] Carl, Marx, La guerra civil en Francia, s/e, Madrid, 1970. p.p. 75-76.

* La Columna de Vendòme fue erigida entre 1806 y 1810 en la plaza del mismo nombre en París para inmortalizar las victorias de la Francia napoleónica. La Columna de Vendòme fue demolida el 16 de mayo de 1871 por decisión de la Comuna de París.

[22] Ibid. p. 76.

[23] Citado en Marshall Berman, Todo lo sólido se desvanece en el aire. La experiencia de la modernidad, Siglo XXI, México, 1989. p. 253.

[24] Walter Benjamin, Poesía y capitalismo, (Iluminaciones II), Taurus, Madrid, 1980. p. 128

[25] Walter, Benjamin, Ensayos escogidos, Ediciones Coyoacán, México, 1999. p. 49.

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Lic. Elizabeth Valencia Chávez. Universidad Nacional Autónoma de México. Facultad de Filosofía y Letras
 

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