Revista Cubana de Filosofía. Edición Digital
No. 29. Noviembre - Junio 2017. ISSN: 1817-0137


 
 

Artículos

Título: Positivismo, clase media y pensamiento revolucionario: notas para un debate actual a partir de José Ingenieros. [Segunda parte]
Autor(es): Jorge Morales Brito
Fecha de publicación: 01 de Noviembre de 2016

[Segunda parte]

Problemáticas y soluciones universales

Cada etapa del pensamiento de Ingenieros tuvo una forma específica en que se expresaron las cuestiones universales que le motivaron. Es así como la primera etapa se caracterizó por enfocar el problema como crisis integral del capitalismo y búsqueda de opciones económicas y políticas revolucionarias para superarla; la segunda etapa trajo la exacerbación de la importancia de los problemas del conocimiento y de organización social, acordes con el enfoque cientificista, sociológico, psicológico, médico y psiquiátrico que caracterizaba al positivismo. La tercera etapa, por su parte, se centró en el problema del comportamiento moral y el papel de la ética en la instauración de un sistema de normas e instrumentos que permitieran sostener el progreso social, fijando metas y predicciones sobre su futuro.Lo universal en todas las etapas es la búsqueda de determinaciones gnoseológicas, éticas y morales para definir, incentivar o construir el sujeto histórico capaz de transformar la realidad o sumarse a la marcha del progreso humano.

Ahora bien,junto al seguimiento de las transformaciones terminológicas es imprescindible ocuparse del tratamiento dado por Ingenieros a la teoría marxista y socialista. De manera general nos referiremos al papel de la filosofía en la maduración de sus ideas sobre la sociedad existente y sobre su posible transformación.

No resulta una novedad el hecho de que Ingenieros tuvo una formación cultural permeada por las inclinaciones paternas hacia el anarquismo y el socialismo. Sus principales biógrafos hacen referencia a la profusa cantidad de textos de propaganda y de contenido revolucionario que leyó en su juventud. Su primer trabajo teórico de importancia muestra la asimilación de tesis y categorías propias del socialismo utópico, del anarquismo y del marxismo.

Algunos investigadores, como es el caso de Sergio Bagú, consideran que el socialismo de Ingenieros fue una postura juvenil, sin grandes consecuencias para su obra de madurez, la cual identifican con sus textos morales y sociológicos.[1] Esta tesis es refutada de manera determinante por los trabajos políticos surgidos a raíz de la Guerra Mundial y de la revolución socialista en Rusia, los cuales revelan el papel de las concepciones socialistas y marxistas, que reducen considerablemente el carácter enajenado de su visión sobre los procesos sociales y las fuerzas que los determinan.

El primer resultado del contacto de Ingenieros con el socialismo es su enfoque sobre las causas de la crisiscapitalista de fin de siglo. En sus textos formativos este aclara que dichas causas se encuentran en:

[…] la desigualdad de condiciones existente ante los medios de producción entre dos clases sociales; la una de trabajadores que produce y no consume más que una parte de sus productos, y la otra de parásitos que, dueña de la actual organización política y económica, nada produce y consume los producidos por la de trabajadores.[2]

Resulta interesante que sus primeros textos muestren una radicalidad que le permite rechazar la tendencia dominante entre los líderes del socialismo en Argentina, quienes tienden a fusionar el socialismo con las concepciones positivistas, especialmente aquellas que conducían a pactar con la opción política reformadora, en detrimento de la acción revolucionaria de las masas y de su partido de vanguardia.[3] La primera etapa de su pensamiento resulta más concreta en su visión del problema argentino y mundial. La mezcla de influencias del anarquismo, el socialismo utópico y tesis sueltas del marxismo es determinante en este punto.

Ahora bien, si la presencia del socialismo en esta etapa le permite un inusitado nivel de profundidad que supera posturas reformistas, es preciso reconocer las limitaciones de su interpretación. En primer lugar, resalta la visión moralista que permea su perspectiva, la cual provoca que en sus consideraciones sobre el capital y en su análisis del vínculo con el trabajo, Ingenieros concentre su crítica en el problema de las actitudes y cualidades individuales en el proceso de producción. El hecho de que la clase dominante esté compuesta por parásitos que manipulan las relaciones productivas para colocarse en lugares de privilegio, los cuales no se corresponden con sus acciones ni capacidades, supera en importancia la determinación del capital como una fuerza social mediadora y determinante sobre las relaciones individuales, las aptitudes y acciones específicas de cada grupo humano. Fuerza social que no sólo deforma las relaciones individuales y la libre competencia entre las personas, sino que se enfrenta contra el carácter colectivo de producción, la distribución, la propiedad y el consumo. En otras palabras, Ingenieros se interesa más por el papel de las características de los individuos que concurren a la producción, que por la determinación histórico-social (clasista) de la propia actividad productiva.

En este punto, Ingenieros reproduce la visión del socialismo utópico que se concentraba en el carácter parasitario, alienado, que presentaban las clases dominantes en el feudalismo y en la etapa de tránsito de este hacia la sociedad burguesa. El análisis del conflicto principal, si bien define correctamente a sus agentes específicos, se torna confuso en el estudio de sus fundamentos económicos y materiales. Las categorías de productor y parásito muestran cómo Ingenieros aplica una visión en la cual grandes sectores de la burguesía pertenecen al grupo de los productores, sobre todo aquellos que mantienen un papel en la actividad industrial, agrícola e intelectual, quedando el núcleo de la clase parasitaria en la burguesía comercial y financiera, así como en los restos de las aristocracias feudales.

En esta línea de desarrollo lógico, en sus primeros textos Ingenieros mezcla y contrapone el enfoque individualista y el enfoque clasista sobre el desarrollo del capital y sobre el régimen social destinado a superarlo. Por ello señala que el socialismo “debe implantarse […] como nivelador de las condiciones individuales ante los medios de producción.”[4]En estas afirmaciones se percibe la permanencia de la imagen liberal, conservada por sectores inferiores y medios de la burguesía, sobre la existencia de relaciones naturales de competencia entre los individuos, las cuales se suponen capaces de regular la producción satisfactoriamente y sólo consideran necesaria la intervención de la sociedad en lo tocante al problema de la propiedad sobre los medios para producir.

La fuerza con que se mantienen los principios liberales en el esquema de Ingenieros se pone de manifiesto en la defensa que realiza del derecho del individuo a apropiarse de los frutos íntegros de su esfuerzo, derecho que aparece como límite infranqueable para cualquier proyecto social comunista. Como apunta Ingenieros:

Quitando al individuo productor la libre disposición del producto de su trabajo se comete el más vergonzoso de los atentados contra la libertad individual, base granítica […] de la solidaridad colectiva. A la opresión del burgués o del capitalista se sustituye la opresión de la comunidad.[5]

El problema de la libertad individual del productor para apropiarse del fruto de su trabajo, al que Ingenieros reconoce debilidades prácticas en cuanto al tópico lasalleano del carácter íntegro de esta apropiación,[6] muestra su apego por un proyecto encaminado a sustituir el gran capital por una sociedad de pequeños productores, en la que la concentración de la riqueza entre los más exitosos se transmite a la sociedad en forma de contribuciones. En este caso, la naturaleza de su crítica contra el establecimiento de altos niveles de distribución de la riqueza individual, su consideración de la pequeña propiedad como fundamento de una sociedad alternativa al capitalismo, revela su incapacidad para superar en estos momentos la imagen pequeñoburguesa del socialismo.

El socialismo continúa sufriendo adaptaciones y deformaciones en la obra de Ingenieros, en especial, la teoría marxista es fuertemente manipulada por los registros de la teoría liberal posclásica. Sobre el contacto de Ingenieros con el marxismo se ha impuesto el criterio de que se trata de una asimilación de segunda mano y sin impactos significativos[7]. Sin embargo, la persistencia del choque entre tesis revolucionarias y concepciones liberales se debe, entre otras condiciones, a la permanencia de elementos no despreciables del acervo marxista.

En primer lugar, trabajos como “Qué es el socialismo?”, junto a los artículos publicados en La Vanguardia y La Montaña, muestran que Ingenieros utilizó textos como el Manifiesto Comunista, Miseria de la filosofía o Cómo se hace hoy la revolución, este último de Engels. Igualmente, sus textos compilados en Los tiempos nuevos, demuestran su comprensión de ideas y posiciones del pensamiento marxista y leninista presentes en la prensa soviética de la época, ya que Ingenieros accedió a estos materiales en pleno apogeo de Lenin como estratega fundacional del Estado soviético.

A pesar de la precariedad de sus fuentes,el uso sistemático del enfoque marxista sobre el modo de producción social, nociones sobre la plusvalía y el plustrabajo, muy superiores a las alcanzadas por el pensamiento liberal del momento, junto a consideraciones sobre la necesaria extinción del Estado como paso necesario para superar al capitalismo, demuestran la importancia de tesis del marxismo clásico en sus análisis.

Por otro lado, es innegable la fuerte presencia de una lectura economicista en el pensamiento de Ingenieros. La mayoría de los investigadores consideran que esta es la única tendencia en su interpretación del marxismo, cuando en realidad hay momentos libres de economicismo en la primera y en la segunda etapa de su obra.

Se suele achacar la culpabilidad de la deformación economicista en Ingenieros a su lectura de obras de Aquiles Loria. Esta desviación tiene raíces más amplias en Ingenieros, ya que para fundamentar su postura este se apoya en una rica gama de autores provenientes de la sociología, la filosofía y la historiografía de la época. Utilizó, sobre todo, la concepción evolucionista, el industrialismo, las nacientes teorías sobre la psicología de masas, incluso, la corriente revisionista europea impulsada por Berstein. Estas fuentes desfilan en las citas y referencias directas en la segunda etapa de su obra, en la cual Ingenieros intenta probar la superioridad del socialismo positivo, de corte cientificista, economicista y evolucionista, con respecto a las tesis revolucionarias del marxismo clásico.

No fue la vertiente economicista la única interpretación realizada por Ingenieros del marxismo. En sus trabajos sobre la revolución en Rusia y sobre problemas latinoamericanos, desarrollados en la última etapa de su obra, hay presencia de ideas y concepciones directamente asimiladas de los enfoques que presentaban los líderes sovíeticos. Las figuras de Lenin, Lunatcharsky, Máximo Gorki, así como las comunicaciones del gobierno son seguidas atentamente por Ingenieros. No se trata de un marxismo estructurado y consecuente, sino de concepciones sueltas que, a pesar de ello, tienen gran impacto en sus ideas.

Tomemos como referencia el problema del sujeto histórico que en la segunda etapa de su obra había enfrentado desde un enfoque filosófico, desde el cual pretendía resolver la cuestión a partir del vínculo entre una masa inculta, manipulable, apenas objeto de la historia y las minorías intelectuales. A medida que se radicaliza la experiencia soviética, Ingenieros retoma la importancia del papel de las masas sindicalizadas, en tanto productores y actores de toda la vida social. Cierto es que la fuerte presencia del liberalismo en su esquema le hace exagerar en algunos espacios la importancia de la dirección intelectual minoritaria, así como el papel de los técnicos y profesionales como guías del proceso revolucionario, pero estos análisis se justifican por el hecho objetivo de que la revolución necesitó incluir la fuerza social creada por el larvado capitalismo en Rusia.

La penetración del marxismo en esta última etapa del pensamiento de Ingenieros le permitió retomar el enfoque de las contradicciones nacionales y mundiales como lucha de clases, como enfrentamiento concreto de regímenes políticos separados radicalmente por la forma en que se relacionaban con el trabajo colectivo, por las vías concebidas para dar participación a las mayorías, por la organización económica y cultural de la sociedad. En este sentido logra distinguir la socialización de la actividad productiva en un socialismo consecuente y la “falsa socialización”osocializacion contradictoria y limitada en los estados capitalistas avanzados. Estas perspectivas contrastan con su visión filosofante, que concebía a la revolución como el choque entre minorías pensantes y conservadoras, entre castas feudales y modernas.

El marxismo y las concepciones socialistas permiten a Ingenieros descubrir las bases materiales del imperialismo, dadas en los procesos de concentración productiva, en la acumulación y el consumo dirigidos por grandes empresas y países. En definitiva, el vínculo entre imperialismo, burguesía y Estado democrático formal es retomado por Ingenieros gracias a su retorno a estas tesis.

Por su parte, si desde los esquemas positivista-antipositivista Ingenieros había sistematizado su rechazo a la actividad política en tanto terreno de simulación, ámbito del “hombre mediocre”, en otros espacios apenas instrumento de la ciencia para materializar sus estrategias, el pensamiento socialista le permite recuperar la importancia de lo político como espacio de análisis, terreno para el despliegue de las fuerzas y proyectos sociales, campo de materialización de las ideas y sueños humanos. Ciertamente, persiste en su obra cierta dicotomía entre la sociedad civil de los intelectuales, artistas, individuos excepcionales, tradiciones de los pueblos, sentimientos de larga data y la superestructura política creada por el capitalismo. La solución a esta dicotomía no estará siempre a la altura de los registros marxistas en su obra, pero el momento de la crítica despega sin lugar a dudas por la presencia del pensamiento revolucionario.

Filosofía en el pensamiento de Ingenieros

La filosofía de Ingenieros se movió entre la hegemonía positivista y la reacción idealista y voluntarista que ocupó posteriormente el protagonismo en el panorama cultural latinoamericano. Su origen y fundamentos sobrepasan el papel de mera síntesis abstracta de trabajos en especialidades científicas. Su filosofía quiso ser más y, a tono con ello, pretendió encontrar respuestas sólidas para problemas que superaban las cuestiones académicas, gnoseológicas, éticas, estéticas y morales.

Sobre el problema del origen y fuentes teóricas de su filosofía es sólida la tesis de que Ingenieros no elaboró su esquema partiendo de la mera generalización de datos particulares, ni se dejó llevar sólo por la riqueza de las variantes que el positivismo presentó en ciencias biológicas, en las ciencias médicas, en la psicología, la psiquiatría, o la criminología, sino que fueron sus contactos tempranos y constantes con los sistemas generalizadores del positivismo, el pragmatismo y el voluntarismo los que permitieron el encadenamiento constante de sus variadas lecturas, preocupaciones e influencias.

Su esquema filosófico fue un intento por cohesionar posiciones del materialismo ingenuo con el idealismo, del individualismo con perspectivas sobre el papel de las instituciones y organismos colectivos, del cientificismo con el voluntarismo, pero más allá las determinaciones que muestran el carácter contradictorio de su esquema en asuntos específicos, su filosofía fue un intento de construir un cuadro lógico-metodológico y normativo que permitiese fundamentar la unidad nacional, regional y global de grupos y proyectos sociales enfrentados.

Ello se verifica en su tratamiento a la relación sujeto-objeto y teoría-práctica, que en el caso de Ingenieros adoptan la forma de relaciones entre las hipótesis, la experiencia y el comportamiento empírico de la humanidad. Intentando desarrollar estas problemáticas Ingenieros parte de la interacción entre la “personalidad consciente” y el medio que rodea al hombre. Su enfoque psicológico se amplía y tiende a metamorfosear el biologismo y el social darwinismo hacia otros niveles de expresión.

Si en un trabajo tan temprano como Simulación en la lucha por la vida aparece la explicación descarnadamente biologista de la superioridad del individuo en el progreso vital, el términoexperienciaes el encargado de reproducir ese principio en el marco de la producción espiritual. Dicha experiencia, si bien surge a partir de las interacciones fisiológicas entre la conciencia y el medio, al constituirse como “personalidad consciente” se convierte, desde el punto de vista de Ingenieros, en la realidad que identifica al hombre como sujeto.[8]Este sistema de impresiones guardadas a nivel individual constituye la personalidad, a nivel social representa la conciencia colectiva y a nivel filosófico se identifican con el sujeto general del conocimiento.

Las contradicciones de este enfoque aparecen cuando Ingenieros trata de definir el papel del componente subjetivoen los cambios de todo el sistema de relaciones entre el sujeto y la realidad. Al tratar esta cuestión, se revela su inclinación a otorgar un papel fundamental a la “síntesis”, a la transformación que realiza el pensamiento individual sobre las tendencias de sus interacciones con el medio. El problema de la experiencia individual da paso al problema de la experiencia histórica, con la peculiaridad de que, en ambas cuestiones, su esquema presenta similares dificultades para desarrollar una concepción concreta sobre el papel de la producción material en este proceso. Ingenieros reproduce una visión unilateral de la actividad humana en la cual el polo determinante recae sobre el elemento subjetivo o proceso de desobjetivación tanto del mundo físico como de las propias normas de la experiencia colectiva. Ponce, desde una valoración positiva de este proceso, señalaba que el interés de Ingenieros por sobreponerse a la perspectiva descriptiva coincide con una concepción en la que la ciencia es “coordinación: no junta sino relaciona […] Todo progreso efectivo ha surgido, siempre, de una aproximación inesperada”.[9]

La existencia de este proceso en la obra de Ingenieros, aunque no en igual medida los resultados positivos que le atribuye Ponce, se comprueba al analizar lo que Terán ha considerado como “crecimiento de la noción del ideal”. En este punto, en el interior de la personalidad y de la cultura, Ingenieros presume la existencia de dos principios abstractos, de los cuales unose identifica con la formación de reflejos pasivos, mientras que el otro, en este caso la imaginación, se ocupa de transformar las normas que rigen la realidad.

Es fácil advertir—apunta Ingenieros— que el problema puede traducirse en términos lamarckianos, reduciendo el progreso de una sociedad a «una lucha de la variación contra la herencia». En términos de psicología, el contraste sería entre la memoria y la imaginación, entre la rutina y la originalidad.[10]

EnEl hombre mediocreaparecen otras implicaciones de esta la postura. En este texto paradigmático la “imaginación creadora” no solo es capaz de descubrir las relaciones objetivas presentes, sino que puede anticiparse y crear relaciones que aún no se han establecido. “La imaginación —señala— es madre de toda originalidad; deformando lo real hacia su perfección […] tiene, prácticamente, el valor de una realidad”.[11]

Para Ingenieros las transformaciones sociales dependen del trabajo de la imaginación y de la producción de hipótesis. El ideal que de manera general es siempre una hipótesis, tiene su criterio de veracidad a posteriori cuando se convierte en hecho. Pero en El hombre mediocre insiste en las capacidades transformadoras intrínsecas de los ideales, los que al chocar con la realidad presente se convierten en una “sana levadura del porvenir”. Este texto intenta demostrar que existe una veracidad de carácter a priori que legitima los ideales, en tanto estos resultan elementos transformadores que contrastan con el estancamiento de los hechos. Experiencia e imaginación —dice Ingenieros— siguen vías paralelas, aunque va muy retardada aquélla respecto de ésta. La hipótesis vuela, el hecho camina”.[12]

El hombre mediocre marca un momento de inflexión del que no retorna Ingenieros en toda su obra. Esteconsolida las soluciones individualista e idealista de las problemáticas relacionadas con las contradicciones entre la teoría y la práctica, entre el individuo y la sociedad, otorgando un carácter determinante al individuo y a su actividad intelectual. Según Ingenieros, el “alma social es una empresa anónima que explota las creaciones de las mejores «almas individuales», resumiendo las experiencias adquiridas y enseñadas por los innovadores”.[13]El darwinismo social, el evolucionismo y el biologismo confluyen en este esquema para fundamentar un rechazo a cualquier estrategia basada en principios de igualdad política.

Consolidado el esquema filosófico con las soluciones propias del pensamiento liberal, esta teoría sólo se ve minimizada por la irrupción de procesos traumáticos como la Primera Guerra Mundial y la revolución en Rusia. No obstante, la filosofía de Ingenieros estuvo lejos de colocarse a la altura de la complejidad que presentaban dichas realidades, por lo que su permanencia permite el recrudecimiento de sus contradicciones doctrinales.

En cuanto al intento de síntesis entre el pensamiento liberal y los registros teóricos del movimiento revolucionario mundial, en especial con el marxismo y el socialismo, el resultado fue el mismo que el arrojado por intentos similares en latitudes europeas: el esquema salido de este esfuerzo fue el socialismo positivo como otra expresiónnadasui generis de la tendencia revisionista. Por diferentes caminos llegó en la obra de Ingenieros la imbricación del positivismo y el marxismo al mismo destino: la deformación del pensamiento revolucionario y la pérdida de su filo crítico.

En definitiva, la filosofía de Ingenieros no rompió con el proyecto establecido por el pensamiento liberal. Sus oscilaciones entre posturas del grupo oligárquico y posiciones más cercanas a los estratos medios e inferiores no representaron una negación dialéctica, sino una reproducción creativa de las normas y limitaciones que acompañaron a estos proyectos.

Conclusiones

Los estudios sobre la filosofía en Latinoamérica, en especial los que han abordadoel lapso que va desde el siglo XIX hasta las primeras décadas del siglo XX, han utilizado el enfoque que define como desarrollo lógico fundamental el tránsito ascendente de los “precursores”al positivismo y de estos al anti-positivismo, incluyendo entre estos últimos a los llamados “fundadores”. Esta perspectiva reproduce la visión que poseen los mismos autores analizados sobre su papel en la producción cultural, lo que constituye una postura acrítica. Asimismo, este enfoquedespliega presupuestos metodológicos que privilegian los cambios formales, las críticas y superaciones terminológicasen detrimento de la consideración del vínculo entre las teorías y la actividad práctica de los grupos humanos que elaboran el pensamiento. Los choques entre liberales y conservadores, entre positivismo y rezagos de la colonia, entre positivismo y anti-positivismo, pierden sus concreciones al transformarse,en los marcos de una historia de la filosofía con marcado carácter profesoral, enproblemas abstractos del “ser” o del “filosofar”latinoamericano. Bajo este término se oculta una reflexión enajenante, concentrada en un micro o macro mundo intelectual sin salidas a la praxis.

Para superar las limitantes de la perspectiva tradicional es necesario profundizar en los verdaderos cambios universales de forma y de contenido que afectan al pensamiento en Latinoamérica. La línea ascendente que va de los precursores al positivismo y al anti-positivismo, pasaría a ser revisada a partir del estudio de las imbricaciones entre los cambios objetivos de la actividad práctica y sociopolítica de los grupos que la elaboran. Un principio impostergable sería el descubrimiento de las mutaciones concretas de la producción culturalde acuerdo a su relación con las fuerzas sociales que las elaboran, por su imbricación con las transformaciones objetivas del lugar que ocupan estas fuerzas en la actividad histórica. Se propone, con ello, incluir como momento decisivo en los estudios del pensamiento el análisis del vínculoformacional de la producción filosóficacon la actividad, el pensamiento político y las problemáticas del sujeto histórico, estas últimas aparecen hoy como asuntos colaterales, en el mejor de los casos se sitúan en los trabajos altamente especializados y sin conexión sistémica con la totalidad de la producción espiritual. Más que estudiar el pensamiento político, estético, filosófico, ético, como unidades cerradas lógicamente, se trata de valorarlas en sus conexiones sustanciales con la producción social, con los proyectos históricos y concretos de los grupos sociales latinoamericanos.

La función global del positivismo que es aceptada por un número apreciable de investigadores no se cumple para una gran parte de las problemáticas importantes del período, como es el caso de larespuesta teórica al problema del sujeto histórico. Este sujeto es identificado por el positivismo con los científicos e intelectuales, dándole papel colateral o excluible las mayorías. Por ello, es posible afirmar que la función global progresista de la teoría y filosofía positivista es demostrable sólo si se enfoca con extrema unilateralidad su impacto en la sociedad de la época. Dicha unilateralidad se basa en la exaltación del conflicto entre el positivismo y los rezagos del colonialismo ibérico, al tiempo que se privilegia el estudio del papel civilizatorio de la filosofía positiva en el tránsito pacífico o convulso hacia la modernidad. En la misma línea, esta vertiente que rescata “lo mejor” de la filosofía en Latinoamérica minimiza el enfrentamiento y la función deformadora del positivismo con respeto a aquella modernidad protagonizada por las fuerzas de avanzada, conjunto incipiente de teorías que se inclinó a preparar teóricamente a las masas para su empoderamiento.

Manifestación palpable del carácter ambiguo y falsamente progresista del positivismo en Latinoamérica lo constituye el socialismo positivoque, en autores como Juan B. Justo y José Ingenieros, mostró los efectos reales de la adaptación del socialismo a la teoría positivista. En Ingenieros esta adaptación llegóa niveles más profundos, de tal manera que su filosofía idealista, de corte mesiánico y profesoral limitó decisivamente su pensamiento.

El pensamiento de Ingenieros se vio unificado por el problema de la determinación del sujeto histórico capaz de transformar la sociedad de su época, este problema también le impulsó a transitar de la teoría política al esquema sociológico y médico para, finalmente, estabilizarse como teoría filosófica sobre el papel de los ideales y de la moralidad en el desarrollo humano.En la base de sumovimientoteóricoestá el reconocimiento del carácter antagónico y crítico del proyecto burgués nacional y del capitalismo mundial. Las sucesivas crisis se expresaron como procesos de auto-descubrimiento de limitantes teóricas y como percepción de la debacle colectiva de distintas expresiones del proyecto liberal y de las opciones revolucionarias o reformistas que lo disputaban, lo que se plasmó en tránsitos y empastes entre el positivismo y otras corrientes. La salida formal a este estado de crisis fue el desarrollo de la filosofía.

Dicha filosofía o idealismo fundado en la experienciaexpresala incapacidad de Ingenieros para lograr una respuesta dialéctica para las contradicciones conceptuales y políticas del momentodesde especialidades específicas como la psicología, la sociología y la criminología,lo que le inclinó a buscar en la filosofía la síntesis no lograda. Por su parte, el contacto temprano y sistemático con los esquemas filosóficos del positivismo y de la reacción espiritualista y voluntarista determinó su tránsito hacia la problemática filosófica. Por su nivel de abstracción el positivismo, el pragmatismo y la filosofía de la vida ofrecían un instrumental para unir la diversidad de corrientes del pensamiento liberal y para intentar una síntesis más ambiciosa que incluyese al pensamiento socialista y marxista.

El condicionamiento social para el desarrollo de un esquema filosófico mediador, intento de síntesis entre posiciones diversas del pensamiento liberal posclásico y tesis sueltas del pensamiento revolucionario, fue el proyecto ideológico encaminado a expandir y popularizar una cultura de “clase media”. Esta cultura debía servir de freno para la radicalización del pensamiento y de la actividad de las mayorías.

Como componente de esta teoría mediadora la solución filosófica desarrolla la concepción del individuo como creador y como modelo de las relaciones sociales, ya sean de tipo económico, moral, político o cognoscitivo. La aparente dialéctica entre la personalidad y el medio, entre las aptitudes y la educación, entre la cultura colectiva y las creaciones individuales, se reduce a una relación entre el sujeto individual y la objetivación de sus cualidades. Las obras de Ingenieros sobre el papel de las minorías ilustradas, de la juventud y de los ideales queda alejada de una teoría dialéctica sobre la vanguardia revolucionaria, en la medida que no logra establecer las conexiones concretas entre los líderes, el partido y el sujeto colectivo, sino que busca crear el sujeto histórico como alter ego de los individuos extraordinarios. Los componentes de su trilogía de la moral extrapolan el papel de la actividad intelectual en la historia. Las vertientes cientificistas, individualistas o moralistas de su utopismo no logran aprehender los problemas reales de los sujetos en la etapa.

El pensamiento socialista y marxista no logra el mismo nivel de sistematicidad formal que su esquema filosófico, el primero se ve sometido a un fuerte proceso de manipulación al insertarse en los esquemas positivista y espiritualista. De esa manera, existen vertientes de socialismo utópico, pequeño burgués y de socialismo marxista en su producción. En cuanto a la presencia más específica del marxismo en Ingenieros, esta no se redujoa la deformación economicista y las distintas gamas del revisionismo: hubo espacios determinantes en las primeras y últimas etapas de su obra que permitieron el despliegue de concepciones del marxismo clásico. Los enfoques sueltos de la teoría marxista sobre la contradicción capital-trabajo, la plusvalía, la lucha de clases, la revolución y el Estado, superaron ampliamente a la teoría liberal que predomina en el resto de sus textos. Siempre que sus provechosos acercamientos a la ideología, a la actividad y el pensamiento revolucionario se interpretaron o adaptaron al esquema filosófico, el resultado fue la pérdida del carácter dialéctico y crítico de la teoría.



[1]Sergio Bagú: Vida ejemplar de José Ingenieros, Editorial Librería El Ateneo, Buenos Aires, 1953.

[2] José Ingenieros: “Qué es el socialismo?”, en: José Ingenieros: Antimperialismo y nación, Siglo Veintiuno Editores, México, 1979,p. 127.

[3]Como señala Bagú, el rechazo de Ingenieros y Lugones a la línea reformista de Justo provocó un fuerte debate y la posterior aprobación de un estatuto que señalaba literalmente: “Serán expulsados del Partido las agrupaciones o afiliados que acepten alianzas con los demás partidos”.Citado por Sergio Bagú: Vida ejemplar…,p. 27

[4] Ibídem, p. 122.

[5] Ibídem, pp. 139-140.

[6] Ibídem, pp. 140-141.

[7] En este sentido, Bagú hace referencia al hecho de que en Argentina nadie había tenido, en ese momento, un trato frecuente con la obra de Marx y Engels, a lo que este autor suma la tendencia de Ingenieros a interpretar el marxismo desde el enfoque de Aquiles Loria, conocido representante del economicismo. Cfr.: Sergio Bagú: Vida ejemplar…, p. 42.)

[8] “Las excitaciones no son conscientes —aclara Ingenieros— cuando no son relacionadas con la experiencia precedente (…) son conscientes, es decir, son sensaciones, cuando son relacionadas a esa personalidad, cuya experiencia es conservada y sistematizada por la memoria.” José Ingenieros: Principios…, pp. 112-113.

[9] Aníbal Ponce: José Ingenieros. Su vida…, p. 31. (Revisado hasta aquí)

[10] “José Ingenieros: Principiosde psicología biológica, Daniel Jorro, Madrid, 1913, p. 212.

[11] José Ingenieros: El hombre mediocre, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2001, p. 9.

[12] Ibídem.

[13] Ibídem, p. 38.

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