Revista Cubana de Filosofía. Edición Digital
No. 17. Febrero - Junio 2010. ISSN: 1817-0137


 
 

Filosofando...

Título: Aprender para aprehender y comprender críticamente al mundo actual
Autor(es): Lavinia Esther Pérez García; Orlando Cruz Capote
Fecha de publicación: 01 de Junio de 2010

“No quiero que mi casa esté amurallada por los cuatro costados, ni que mis ventanas estén tapiadas. Deseo que la cultura de todas las tierras sople por mi casa con toda libertad, pero me niego a que cualquiera de ellas me lleve de un soplo”.

Mahatma Gandhi

Uno de los problemas más acuciantes de la contemporaneidad es la enorme existencia y afluencia de información sistemática, (in)-coherente, diversa e (in)-adecuada, en muchos casos, que el ciudadano planetario común recibe diariamente y a la cual debe enfrentarse a través de los grandes medios masivos de comunicación, transnacionalizados en su inmensa mayoría. De un denominado “cuarto poder” estos han pasado a ocupar el “primero”, como parte esencial de las dominadoras y hegemónicas clases políticas y socioeconómicas capitalista-imperialistas explotadoras y opresoras.

Los medios de comunicación masivos, que deben constituir una herramienta persuasiva que nos permita mantenernos en continua comunicación con los distintos sucesos sociales, políticos y económicos tanto a escala nacional como internacional, no están cumpliendo cabalmente, sin embargo, su función educativa, cognoscitiva-analítica-reflexiva, demostrativa de verdades aproximadas, de diálogos y debates interculturales constructivos; así como de ayudar a las personas, desde el punto de vista individual y colectivo, a edificar y modificar adecuadamente sus modelos de vida en este mundo aceleradamente interrelacionado.

Al unísono, (contrariamente a la pretensión legítima de ayudar a los seres humanos en la conformación de elecciones acertadas en sus múltiples ámbitos de actuación, de favorecer la defensa de las costumbres, tradiciones, creencias, mitos y folclor que no deben entrar en antagonismos con la denominada (post)-modernidad y la “Otra” heterogeneidad sociocultural sino complementarlas, de fortalecer en los hombres y mujeres sus comportamientos valorativos humanistas, morales y éticos más correctos, de variar las formas de consumo derrochadoras por las ahorrativa-racionales y de apoyar a la conformación de una opinión pública culta y humanística), estos medios de des-información desandan por caminos muy antagónicos a estos propósitos y objetivos honestos y justos.

Están tratando, de manera abierta y encubierta, de homogeneizar y uniformar y, paradójicamente, fragmentar y atomizar a los cuerpos societales con sus informaciones tendenciosas y manipuladoras, construyendo sus imágenes, noticias y comentarios con sensacionalismos de variado tipo, relatos banales, violencias exageradas, mentiras infundadas, coberturas y opiniones parcializadas, censuras de verdades incómodas, terrorismos mediáticos contra agrupaciones, naciones y sistemas ideopolíticamente adversos al capitalismo dominante, fobias paralizantes introducidas con oscuros propósitos políticos, exacerbación de ánimos contraproducentes a una lógica racional humanista, etc. Conociendo que son pocos los “elegidos” para dirigir tales instrumentos de comunicación y muy amplios los destinatarios de los mismos se dan el lujo de hacer y deshacer a su antojo.

La contradicción dialéctica de este proceso es que el hombre de nuestro mundo globalizado -y “glocalizado”- necesita de esa “cascada informática” cada vez más pero, al mismo tiempo, tiene que poseer un criterio electivo y selectivo, crítico en esencia, porque en numerosas ocasiones, los diversos conocimientos y saberes, no tienen un orden de prioridad, jerarquizaciones, ordenamiento y coherencia sistémica, y se desconoce por el ser individual y colectivo (societal también) cuáles son las informaciones que le son válidas para su quehacer laboral, vital y para su satisfacción espiritual. Se vive la constante sensación de que cada vez sabemos más de menos cosas.

Para ello, ese ser humano del presente y del futuro debe y tiene que poseer, imperativamente, un nivel educacional y cultural medio y/o elevado para aprender, aprehender y comprender críticamente esa cantidad y calidad de conocimientos. Pero debemos partir del criterio básico que una parte importante de la población de la Tierra, en especial, la del Tercer Mundo subdesarrollado y los bolsones periféricos del Primer Mundo desarrollado, son analfabetos, semianalfabetos y, en incontables latitudes, analfabetos funcionales, por lo que la tarea que enfrentamos los científicos, educadores, maestros, periodistas, divulgadores y comunicadores todos, hoy en día, es de una importancia elemental y trascendental. Muchos de estos ciudadanos, sin acceso a Internet, porque no poseen siquiera energía eléctrica ni teléfonos, y sin posibilidades de leer e interpretar una simple nota escrita o información oral, son convertidos en hombres y mujeres maleables, sin libertad de selección y elección. A esa parte de la humanidad hay que enseñarles a leer y a escribir, y a realizar esa lectura con sentido crítico-activo.

No estamos en medio de la llamada, eufemísticamente, Sociedad Global de la Información (SGI) -idea surgida en una Cumbre del G-7, en 1995-, sino de múltiples Sociedades del Saber, tal como lo afirmó Armand Mattelard, en las que se pueden aprovechar los elementos técnicos de avanzada, pero desde las diferencias y las culturas heterogéneas.

La mayoritaria información que se brinda a través de las grandes cadenas televisivas, radiales, la prensa escrita y en formato electrónico, verdaderas industrias culturales e informativas, no siempre goza de una calidad estética y educativa, ni humanista y ética que esté a la altura de la solución de los graves problemas de la humanidad. Las realidades virtuales, subliminales, al servicio de la publicidad y la propaganda política, económica y comercial de los poderosos, la selección anticipada de lo que quieren que veamos y escuchemos -y compremos- y el cómo debemos asimilarlo y consumirlo son grandes contradicciones de la época del ciberespacio y las grandes autopistas de la información-comunicación. A veces todo es un engaño mediático, una estafa de realidades que ni siquiera han sucedido y de medias verdades que nos confunden para reconocer los procesos reales en la política y hasta las guerras, la economía, las finanzas y en la cultura, incluida el arte, porque ahora casi toda actividad humana ha sido convertida en pura mercancía que debe garantizar la obtención de ganancias para la poderosa burguesía transnacional.

La traspolación o transmutación de los ideales más puros y genuinos de la humanidad hacia una simple mercancía es una de las especialidades de esta industria de la cultura del consumismo. “Les ofrecemos la libertad [...]”, reza una parte del slogan publicitario de una cadena de producción de papas precocidas del Midwest americano, para luego agregar de forma tajante “porque le damos la oportunidad de escoger la salsa acompañante”. No existen comentarios a no ser que se compare ese fenómeno con este otro: “En el planeta Reebook, las fronteras no existen”, que proclama arrebatadoramente la campaña del famoso fabricante de zapatos deportivos.

Las libertades y las fronteras permeables y porosas, de la penetración cultural capitalista, a lo estadounidense, son sinónimos virtuales del consumo de patatas pre-elaboradas y de los tenis. Todo un logro de marketing de venta, de consumo de modas light y de bloqueo de las neuronas, porque una buena parte de los ciudadanos piensan, sin detenerse, que al escoger -sinónimo de comprar- la salsa adjunta autónomamente y las zapatillas de sport son irremediablemente libres y universales.

En esta globalizada y transnacionalizada sociedad capitalista-imperialista de consumismo irracional que es, además, patriarcal, machista, homofóbica, racista y discriminatoria, explotadora y opresora e, increíblemente, paternalista-demagógica que pretende extenderse hacia todas las latitudes; esos medios de comunicación e información, como la prensa escrita que incluyen periódicos, revistas, folletos y libros de variado tipo, la digital, así como la radio, la televisión pública, privada y la de cable, los DVD, los DMD, el Fax, el correo electrónico y la Internet, generalmente, contienen y emiten en cuantiosas ocasiones una desinformación o información manipulada, subproductos estéticos y culturales, y una seudocultura que no demanda de una mente reflexiva. Están concebidos para entretener y ser vistos con pasividad, evitando cualquier visión crítica y conduciendo a una “cultura” del “deseo más instintivo del hombre”. El conocido especialista francés Ignacio Ramonet ha afirmado que “[...] la idea de que los hombres desean ser fascinados, extraviados y embaucados en la confusa esperanza de que alguna satisfacción hipnótica les llevará a olvidar, por un instante, el mundo absurdo, cruel y trágico en que viven”. (1)

La humanidad en su largo decursar histórico parecía haber acumulado conocimientos suficientes para poder superar algunos de los problemas básicos y elementales, por lo menos, de su supervivencia. Sin embargo, los paradigmas de la modernidad, aquellos que tuvieron que ver con los adelantos científico-técnicos, el más puro racionalismo y los ideales del progreso ilimitado, fueron puestos en entredicho, o cuando menos destrozados en parte, porque la expectativa de solución que se esperaba de estos procesos emancipatorios nacionales y sociales, con las ciencias y las técnicas aplicadas, no fue completamente satisfactoria. En la mayoría de los casos, la sobre-suficiencia de la razón instrumental y la penuria de los valores éticos y morales humanistas que enunciaron los mejores exponentes de esa modernidad no fueron cumplidos y se alteraron las vías de los conocimientos científicos y sus resultados. La imaginación y conciencia social, política y cultural de la humanidad no estuvo ni ha estado a la altura de su imaginación científica y tecnológica.

La desigualdad, la asimetría y el desequilibrio de los cuerpos societales a escala internacional, nacional y local, en cuanto a la distribución de la riqueza material y espiritual, la falta de justicia social plena, las desproporciones entre los muchos bienes acumulados por unos pocos países y ciudadanos y la polarización extrema de la pobreza por las muchas otras naciones y pobladores, es decir las deficiencias e insuficiencias de la equidad, la igualdad y la libertad, no han hecho accesible la posibilidad real de poner a disposición de la humanidad toda esos grandes logros y conquistas del Homo Sapiens. Ello es demostrativo de que el modo capitalista de producción definitivamente no triunfó, como han proclamado sus agoreros, porque en la mayoría de los casos, esas causas / consecuencias, han sido fruto de su decursar histórico en más 500 años de existencia, aunque pretendan reafirmar que, a pesar de ello, no existían otras alternativas posibles.

El pensamiento único (2) o el Canal Único, como lo denominan el politólogo Ignacio Ramonet y el zapatista Subcomandante Marcos, respectivamente, se rigen por el principio de la supremacía de la economía capitalista sobre todas las esferas de la vida de la sociedad, defendiéndose ese “determinismo” en nombre del realismo y el pragmatismo. Los conceptos claves de este unicidad son: el mercado, la competencia y la competitividad, el libre cambio, la desreglamentación, la privatización, la liberalización, la moneda fuerte (el dólar, aunque últimamente compartido ese rango con el Euro) y la mundialización.

Todo este vocabulario conceptualizador es sometido a la circulación reiterada por los medios de comunicación -mediáticos- con una fuerza intimidatoria que logra anestesiar las conciencias, convirtiéndose en armas de control, parte de toda una ingeniería de la persuasión invisible, mediante la publicidad, los sondeos y el marketing. Las herramientas futuristas de la información y la comunicación sirven más para el condicionamiento y cerco de los ciudadanos que para su emancipación.

Y aunque el viejo reto contradictorio del ideal burgués ha intentado renacer, pero ahora en las nuevas condiciones del desarrollo del capitalismo y el imperialismo de finales del siglo XX y principios del XXI, con un ambiente internacional muy diferente, éste sigue consistiendo en que la burguesía para llegar a realizar su propio interés de clase, problema histórico inicial y eterno de la misma, tiene que sobrepasarse en su trascendencia ideológica, jugándose el todo por el todo por imposibles y utopías con el fin de lograr lo posible real, el dominio llano y raso de todas las esferas de la vida social y la obtención principalmente de la plusvalía en su beneficio absoluto. Ese excedente ideológico trazado desde la Revolución Burguesa Francesa (1789), con los lemas universales e históricamente revolucionarios, de “la Igualdad, la Fraternidad y la Libertad”, además de su “falsa conciencia” acerca de los ideales del reformismo pequeño-burgués: el librecambismo universal, la autorregulación del mercado y la competencia perfecta pasan, constantemente, a ser manipulados de forma deliberada por la falsedad de la conciencia burguesa - la ideología del mercado total. Ella misma, la ideología burguesa, tiene que ser invertida y también convertida por sus “profetas” o ejército de profesionales en recurso, medio, instrumento y dispositivo ideológico que se arbitra su intencionalidad, expresado en una reproducción espontánea y premeditada, deseada y operacionalmente manipulada. Es entonces que el interés particular de clase -egoísta e individualista- y la “trascendencia” histórica de sus ideales universales se mezclan, sin poder cumplir con los últimos porque su carácter de clase explotadora, expoliadora y opresora a nivel nacional e internacional, se lo impide de forma natural.

La situación histórico-concreta contemporánea en las ciencias naturales, exactas, aplicadas y las sociales o humanísticas.

En la actualidad ese saber y comprender se ha complejizado de manera extraordinaria porque nos encontramos en una “Época de Perplejidades”, en un momento de crisis transicional-epocal, de civilización, de culturas, ideologías y de la ya mencionada modernidad. Los nuevos saberes científicos, los conocimientos y los métodos para abordar los viejos y nuevos problemas de la humanidad tienen que provocar un cambio esencial en la forma de pensar, reflexionar y accionar de los científicos y del sentido común del hombre cotidiano para poder asimilar y sintetizar esas nociones conceptualizadoras, muchas ya puestas en práctica, no siempre en beneficio de todos. (3)

El despliegue arrollador de la III Revolución Industrial (en sus distintas etapas y aún más en la actual que se inició en la década de los 90), que algunos han denominado Postindustrial, Metaindustrial e Hiperindustrial y sus avances en las comunicaciones, la informática (computación, correo electrónico, Fax e Internet), el transporte, la industria aeroespacial, la robótica, la electrónica y microelectrónica, la biología, la biología molecular, la biogenética, la genética, la nanotología, los recientes descubrimientos de la física, la química, la bioquímica, etc.), no pueden quedar en manos de élites políticas y académicos cientificistas irresponsables, no humanistas y anti-éticos porque corremos los mismos riesgos que sufrió la humanidad desde los tiempos del Renacimiento, la Ilustración y hasta de las anteriores Revoluciones Industriales.

Durante y después de esos procesos históricos se produjeron, entre otros acontecimientos, una enorme e incuantificable cantidad de guerras civiles y de intervenciones militares extranjeras, que hoy continúan ocurriendo a escalas imprevistas, muy a pesar del pregonado fin de la “Guerra Fría”, aconteciendo además, el desarrollo de una carrera armamentista inusitada; así como los incontrolados movimientos migratorios masivos de las zonas rurales hacia las ciudades y de los países más pobres hacia los más opulentos, incluyendo la compra o el robo de los mejores cerebros; el intenso comercio internacional desmedido, desigual y asimétrico para las zonas periféricas; se perpetúan las superexplotaciones de los obreros asalariados y de las naciones del denominado Tercer Mundo geopolítico, agobiadas por la enorme e impagable deuda externa; se multiplican los desempleados y los subempleados, así como los mercados informales, “subterráneos o negros”, que son fuentes inestables y precarias de trabajo; se desarrolló el fascismo -hoy neofascismo- con sus enormes cuotas de conflagraciones bélicas, crímenes, apartheid-racismo, xenofobia y exclusión; se retorna constantemente a la discriminación y marginación de las minorías étnico-nacionales, raciales, de géneros, generacionales y religiosas; se ha provocado la destrucción paulatina de las grandes zonas boscosas y de la fauna que habitan en ellas; se ha producido la agresión continuada a la biodiversidad de la Tierra; se ha incrementado la disminución de la capa ozono de la atmósfera terrestre; ha crecido la salinización y desertificación de los suelos fértiles; ha aumentado la toxicidad de los mares, los lagos y los ríos, entre otras calamidades, todo lo cual ha demostrado que el hombre en su afán de desarrollo a ultranza ha puesto en peligro el entorno, su medio ambiente y su propia existencia como especie. La investigadora Ilya Prigogine ha expuesto de una manera desoladora todas esas realidades de la siguiente forma: “El siglo XX ha transformado todo el planeta de mundo finito de certidumbre en mundo infinito de interrogación y duda”.

En la actualidad que vivimos, también las leyes de la mecánica, de la cuántica, de la termodinámica, la teoría de la relatividad, el “Big Bang”, los “agujeros negros” y los estudios analítico-críticos puros de muchas disciplinas científicas, así como la unilinealidad del progreso y otros paradigmas de las leyes universales del mundo de la física, la biología, la astronomía, la meteorología, entre otras ciencias duras-puras y las aplicadas, incluyendo las denominadas ciencias sociales, han caído en cierta “incertidumbre científica” y tienen abiertos nuevos caminos y enfoques, aunque continúan vigentes sus “núcleos duros” y las bases fundamentales de sus disciplinas. La realidades macro y micro, en muchas o en casi todas las esferas de la vida material y espiritual, han variado afectándose una a la otra de manera irreversible y todo se ha hecho más complejo, los reduccionismos han demostrado su no-validez y los conocimientos si no se adaptan a las nuevas condicionantes de la vida real y el propio desarrollo de las ideas, conceptos y teorías llevadas a la práctica, no podrán explicar y ni siquiera intentar transformar ese entorno.

Por otra parte, la mutabilidad y la reversibilidad de los procesos orgánicos e inorgánicos, los psíquicos y sociales, los políticos y económicos, el equilibrio en permanente desequilibrio, el caos y el orden en coexistencia posiblemente permanente, la difuminación y borrosidad, lo intangible, la influencia del azar en los sistemas regulares y estables, las pequeñas partes alterando el rumbo de los sistemas totales, los múltiples, grandes y pequeños, nodos-redes interrelacionándose más que nunca, así como la precariedad de los sistemas y sus paradojas ante la idea y la realidad de que los entes antagónicos coexisten necesariamente como parte del propio desarrollo, propiciando una dinámica real, tanto en los objetos como entre la intersubjetividad colectiva e individual, han subvertido en una gran magnitud y profundidad a todos los estudios científicos. Ya el todo no se puede sacrificar en el altar de las partes y viceversa. Y las crisis lejos de ser solamente destructoras pueden convertirse en la superación y en la creación de nuevas mutaciones y cambios totalizadores, con su ambigüedad, positiva y/o negativa, porque muchas esencias y fenómenos cohabitan en tensiones y dinámicas constantes.

La interdisciplinaridad, la multidisciplinaridad y la trasndisciplinaridad se han convertido en una urgencia para abordar colectivamente el estudio de cualquier problema científico. De ese modo surgió el marxismo en el siglo XIX y así debió continuar desarrollándose en el XX -aunque en algunos momentos no lo realizó de esa forma-, o sea tomando lo mejor de los avances de las ciencias naturales, exactas y sociales, e imbricándolas como un sistema para realizar un análisis concienzudo y profundo de la nunca simplista realidad que quería transformar. Porque nada debe observase, analizarse y experimentarse sin sus vínculos con otros sistemas y partes internas o externas.

Incluso hoy, el hombre-científico puede simular en los laboratorios situaciones “no normales”, es decir crear estados inestables en los cuales no existen parámetros medibles constantes, temperatura y presión por ejemplo. Asimismo sucede con los experimentos que se realizan en las naves espaciales, en una atmósfera sin gravedad y otras condiciones “extrañas” y especiales, en las cuales se pueden crear nuevos materiales sintéticos, químicos y hasta biológicos, abriendo caminos insospechados para algunas de las investigaciones científicas. La disipación, lo invisible y lo paranormal son acontecimientos reales, así como la autoorganización de los procesos y, todo lo que anteriormente eran polos opuestos y/o antagónicos irreconciliables, hoy no se excluyen en las ecuaciones de las posibles soluciones sino que se toman como complemento de esa realidad que, además de leyes, regularidades y normativas determinadas, tienen en cuenta los posibles quebrantamientos de esas “leyes”, no solo por parte de la subjetividad humana, sino por los propios procesos naturales, físicos y químicos, entre otros. La inclusión de muchas esencias y fenómenos, la heterogeneidad, la diversidad y lo múltiple son necesarios para entender las identidades, la integralidad y la unidad de nuestro mundo. La realidad que describió el marxismo de que el movimiento es eterno se consolida porque ese movimiento, en todas las direcciones y dimensiones, tensiona, induce dinámicas y, en última instancia, crecimiento y desarrollo, aunque también puede provocar desatinos, retrocesos y estancamientos. Aquella frase poética de Paul Eluard, parafraseándola, de que existen muchos mundos, pero todos están en éste, es un parte de esa posible verdad.

Sin embargo, esa síntesis de disciplinas no elimina ni subestima las particularidades de las diferentes ciencias y saberes científicos, que no han extraviado sus propios objetos de estudio y metodologías específicas, sino que deben y tienen que abrirse paso a una “nueva” dialéctica o, lo que es más correcto, hay que repensar dialécticamente la dialéctica. En el afán de desarrollar un nuevo pensamiento o enfoque teórico de la complejidad no puede dejar de preverse el peligro de establecer “teorías” que son mezclas y yuxtaposiciones, nunca síntesis creativas y originales, que retoman y reciclan lo que otras escuelas teóricas y metodológicas ya habían anunciado y enunciado. Aunque no resulta tan negativo investigar seriamente y tratar de forzar algunas de las regularidades y normativas, porque ello también conlleva a una dosis de singularidad creadora, pero siempre que mantengamos el control y la regulación de los proyectos y los procesos en curso.

El hombre-ciudadano, el pueblo y el intelectual revolucionario. Su articulación urgente.

La democratización máxima de los conocimientos científicos puede ayudar a evitar que continúe esta espiral insostenible de acciones violentas contra el ser humano y la naturaleza, que hoy se reconoce son partes de un todo indivisible, como lo determinaron los pueblos originarios. Pero ello solo es posible con un sistema sociopolítico y económico que garantice una educación con igualdad de oportunidades y un acceso libre a lo mejor de la cultura universal de todos los tiempos, incluido el presente, aunque a esta realidad no pueden estar ajenos la voluntad de los políticos y los gobernantes de las naciones, como tampoco la exigencia y participación protagónica de las masas populares en sus múltiples luchas reivindicativas permanentes y en el ejercicio del verdadero poder, léase la participación, representación, toma de decisiones y controlar-regular, verdadera forma de dominar y hegemonizar la nueva sociedad, libre de explotadores y opresores.

La ciencia contemporánea ha entrado en una nueva fase de desarrollo y urge de esa masificación popular de los conocimientos, porque debemos comprender qué es lo que está en juego con la clonación, el descubrimiento del genoma humano, las experiencias investigativas con el ADN, la implantación de las células madres, la eutanasia, hasta con las operaciones de cambio de sexo, y otros problemas que rebasan a la ciencia y caen, por su propio peso, en la ética y la bioética y, como correlato, en la sobrevivencia de la especie humana. Ello debe lograrse con una información y educación para todos y las determinaciones tienen que ser tomadas por una mayoría de forma consensuada, sin omitir y excluir a las minorías que no estén de acuerdo con las decisiones alcanzadas.

Sin embargo, los nuevos saberes y conocimientos requieren de un cuadro o especialista científico comprometido con las causas más elevadas de la humanidad, sea en el ámbito nacional o en el internacional, de un responsable académico maduro con una ética (ahora con una bioética profunda) y humanismo universal, no ajeno a la suerte que pueden correr los desamparados, los desposeídos, hambrientos, los pobres, los marginados, explotados, discriminados y excluidos.

El científico que depara el futuro debe pensar y reflexionar, ante todo, en cómo transformar el mundo en algo mejor, sin distinción de razas, etnias, sexos, géneros, edades, religiones, ideas políticas y otras diversidades que deben coexistir en el más amplio consenso y con un gran objetivo delineado: hay que salvar a la humanidad y conducirla hacia el futuro con seguridad, sostenibilidad y desarrollo integral real. No se podrá ser, entonces, un buen comunicador y menos un mejor periodista y profesor si continuamos en la parcelación fragmentadora y no integradora de los conocimientos. Se requiere de un Educador con mayúscula y no de un simple maestro o instructor y, además, ser capaces de variar las técnicas de aprendizaje que tienen que ser muy interactivas para desarrollar la capacidad creativa de los que se involucren en el proceso. Y no es que se niegue la especialización, siempre tan necesaria, sino que se demanda también de una educación y cultura casi enciclopédica y holista para hacer posible que los demás aprendan, que sepamos enseñar-aprendiendo y comprendiendo juntos, incluyendo al ciudadano con el más común de los sentidos. En resumen, estamos urgidos de un intelectual revolucionario orgánico, tal como lo denominara el marxista italiano Antonio Gramsci, que sea capaz de “educar filosóficamente” a las masas populares para que no sean, otra vez, adoctrinadas maniqueamente y manipuladas con el propósito de desviarlas del rumbo emancipador nacional y social.

Nos viene a la mente, entonces, una anécdota singular: en la televisión de un hermano país de Nuestra América, salió una entrevista realizada a una cubana de la tercera edad, que versaba sobre la problemática de los ciclones y la meteorología. Al contestar a las preguntas de la periodista, esta mujer de pueblo, sin muchos dientes salvados, aspecto de gente muy humilde y con el trasfondo de una casa medio derruida, le hizo una explicación casi exacta de los problemas climatológicos y de las posibles apariciones de más ciclones en el Caribe y sus terribles impactos en Cuba. Su conocimiento empírico y, más que todo, interpretativo sobre esta temática estaba incorporado a su acervo cultural de forma definitoria gracias a las informaciones serias y rigurosas del Instituto de Meteorología de Cuba y su reflejo en la televisión y la radio del país. Era un símbolo real que rememoraba -con sus diferenciaciones de tiempo, espacio y situación educativa- aquella anécdota del famoso escritor inglés Gilbert K. Chesterton al ver a un grupo de campesinos de su país y que le hizo exclamar lleno de asombro, ante sus comportamientos correctos y adecuados: ¡que cultura tienen esos analfabetos!

El debate ideopolítico esclarecedor y las izquierdas.

En este contexto, las izquierdas resaltan los problemas esenciales de la independencia, la soberanía, la autonomía, la integración solidaria y la urgencia de que se respeten los derechos de las naciones y pueblos (estos últimos casi siempre referidos a pueblos originarios que radican en varios Estados naciones fronterizos) a construir las sociedades colectivas que entiendan -en un marco jurídico que no afecten a terceros-, sobre la base de la mayor democracia participativa-directa posible y necesaria. Una democracia real y justa, de equidad, de libertad y justicia social en donde los individuos y los colectivos construyan sus ordenamientos y normativas jurídicas y éticas.

La movilización de la sociedad civil, en sus múltiples variantes y diversidad, como importante fuerza popular dinamizadora tiene que desempeñar un mayor rol en el proceso integracionista desde un comprometimiento que tenga sus raíces en lo local, lo nacional, tránsito de lo universal. Ello es tan necesario porque la mayoría de los discursos desde el poder han quedado en una promesa postergada, han sido cuestionados y han caído en una incredibilidad frustrante. Sólo con el apoyo decidido de los movimientos sociales y políticos contestatarios -nuevos y tradicionales- al Sistema de Dominación Múltiple del capitalismo se podrá catalizar y rescatar, a partir de las masas populares, la cultura política alternativa de un nuevo y positivo redimensionamiento del Estado-Nación, la Identidad Nacional, las autonomías, las soberanías y la urgencia de la articulación-integración de lo diverso.

La riqueza y complejidad de la realidad nos muestra paradojas que pueden ser aprovechadas, fortalezas que deben ser desafiadas o debilitadas desde dentro del sistema capitalista mundial, para brindar una respuesta y un accionar, no solo diagnosticador y propositivo, sino de tomar la iniciativa histórica. Porque la defensa de lo “local” o lo “nacional”, hasta lo regional, también transita por el riesgo de que esta sea usufructuada y reutilizada por los políticos nacionalistas y/o populistas (algunos de la peor especie, por ejemplo, los fascistoides) y, especialmente, por la denominada burguesía “nacional” y/o la “interior”, que tienen el objetivo de contrarrestar y minar el activismo de la clase obrera o desposeída -en su nueva reconfiguración y dimensión-, y de los movimientos sociales y políticos antiglobalización capitalista neoliberal.

Cualquier iniciativa “nacional” o local, de los “movimientos nacionalistas” y otros, que no tomen en cuenta el poder estructural y los intereses del capital transnacional, fundamentalmente del imperialismo norteamericano, deviene en una falsa dicotomía que puede llevar a la conclusión de que el capital nacional virtualmente es sinónimo de nación. Así, los intentos de los movimientos sociales, los partidos u organizaciones de izquierda y de la intelectualidad progresista de acometer la lucha antiglobalizadora transnacional negando el rol de la lucha de clases o el enfoque clasista de sus plataformas políticas, invalida o tuerce el camino hacia una resistencia y desarrollo activo-efectivo de la alteridad al hegemonismo capitalista neoliberal que es, asimismo, un signo de debilidad de la actual ideología de la izquierda alternativa mundial. Es lo que denomina el estudioso Gerard Greenfield, como el empleo de “[...] la retórica del antiimperialismo sin desafiar al capitalismo.” (4)

En algunos países y regiones, el redimensionamiento del Estado-Nación toma el rumbo de una transformación gerencial del orden público nacional. Esta construcción de un nuevo nacionalismo basado y disfrazado en un modelo gerencial (subordinado o subalterno) de gobernabilidad va más allá de un sistema-método autoritario que defiende únicamente los grandes negocios de la oligarquía burguesa en un país. Se convierte, y es así en la mayoría de algunos modelos nacionales y regionales, en una estrategia para insertar profundamente al capital “local”-nacional, con mixtura regional y transnacional, en la internacionalización capitalista. Y tratan de que esa reorganización del Estado-Nación opere como un agente de primer, segundo o tercer orden, con el fin de sesgar las protestas antiglobalizadoras y, muy especialmente, la omitida confrontación antagónica entre el trabajo y el capital, entre el obrero-asalariado y el capitalista, entre el poseedor y el desposeído.

De forma paradójica muchas demandas de la heterogénea izquierda planetaria contra la hegemonía del capitalismo transnacional coinciden -o la hacen coincidir algunos actores sociales- con los intereses nacionalistas del capital “local o nacional”. El sentido de la contradicción que trata de ocultarse es la existencia de una supuesta burguesía nacional en un mundo cada vez más transnacionalizado, en la que ella es igualmente nacionalista e internacionalizante. Olvidándose la sentencia del politólogo Nicos Poulantzas de “[...] No puede haber duda de que la política burguesa enfrentada cara a cara con la nación está sujeta a los peligros de sus intereses particulares: de hecho, la historia de la burguesía se caracteriza por una continua oscilación entre la identificación con -y la traición- a la nación [...].” (5) Concepción que es reforzada por una afirmación de Bob Jessop cuando explica que, para comprender el sentido de la clase capitalista local transnacionalizada y los cambios que han transformado a la burguesía nacional en una burguesía interior, es necesario saber que “[...] Esta burguesía interior no es totalmente dependiente del capitalismo externo -como lo es la burguesía compradora [importadora]-, la cual carece de una base propia de acumulación y está económica, política e ideológicamente subordinada. Tampoco es lo suficientemente independiente para jugar un rol de liderazgo en ninguna lucha antiimperialista genuina (como lo es la burguesía nacional). Esta posición intermedia no significa que la burguesía interior carezca de algún grado de independencia. Al contrario, tiene su propio basamento económico y sus bases de acumulación locales y externas y mantiene sus propias orientaciones políticas e ideológicas nacionales opuestas al capital norteamericano [...]”, (6) y no solo a éste, según los casos. Esta definición de burguesía interior, es un concepto operacional que permite realizar dos dimensiones críticas de la misma: la integración -paulatina y acelerada- con los circuitos del capital extranjero y, la posesión de su propio fundamento económico y bases de acumulación en el país y en el extranjero.

Todo ello nos conduce a corroborar que es sumamente importante, desde el ángulo táctico y estratégico, que los movimientos sociales y políticos antiglobalización comprendan que el capitalismo transnacional se apropia de la defensa de lo “local” como un medio de re-legitimarse. Por ello una visión estrecha, dogmática y esquemática de la lucha frontal o de posiciones, con las respectivas políticas de alianzas y compromisos, de los diversos movimientos alterglobalizadores, antisistémicos o no, hacia el nacionalismo y las apelaciones a la soberanía nacional, con pretendidas ínfulas de defenderse ante lo extranjero, más la autosuficiencia nacional - entre otras consignas ideológicas donde el pragmatismo parece ser lo dominante - puede promover alternativas que refuerzan la lógica metabólica reproductiva del capital transnacionalizado.

Sin una mirada concienzudamente crítica y clasista cualquier política de izquierda en este mundo tan complejo puede perderse y convertirse en un boomerang más peligroso que la parálisis de pensamiento y acción. Cuando se pierde el enfoque clasista del análisis nacional, regional e internacional y se utilizan términos ambiguos para denominar a los explotados y oprimidos, como: “multitudes”, “gente indigente”, “ordinaria” y hasta “marginales” o “pobres”, se puede identificar a éstos y los explotadores con el ideal y la realidad de la nación, extrayendo la lucha de clases, siempre presente, de la ecuación alternativa que es, indudablemente, un punto de partida fundamental de la problemática del proceso globalizador capitalista transnacional neoliberal.

La historia que se construye debe entonces dejar de ser exclusivamente reflejo de la autoconciencia occidental -del Norte rico- que tanto ha gustado de edificar e imponer metarrelatos de sí misma a partir de sus propios referentes nacionales, culturales e históricos. Las otras historias, las de los pueblos naciones asiáticos, africanos, de Oceanía y las originales de América del Norte, y los grandes pueblos oriundos y mestizos de Latinoamérica y el Caribe -enclaustradas muchas veces en sus propios esquemas tradicionales, en parte por la exclusión y explotación a que han sido sometidas-, y lo más esencial, la historia de los explotados, marginados y excluidos de cualquier relato y protagonismo -los hombres y mujeres sin historia- deben incorporarse como expresiones relevantes de espacios y temporalidades trascendentes para toda la humanidad.

Las realidades del mundo de hoy son algo complejas para ser aprehendidas y comprendidas rápidamente por cualquier ciudadano, son elementos esenciales -aunque no los únicos- de las enseñanzas y aprendizajes necesarios que corresponden asumirse como parte del ideario político, ideológico y cultural de las izquierdas. Esas realidades constituyen piezas indispensables de sus cuerpos teóricos y prácticos que, a su vez, deben ser transmitidas a todo el cuerpo societal con un lenguaje más comprensible y con el propósito de ganar conciencia en las grandes mayorías.

Ejemplos existen de cómo realizarlo, aunque las experiencias a veces no sean las mejores. Muchos canales de televisoras capitalistas internacionales, algunas con cierta seriedad en el campo de la difusión de las ciencias naturales, exactas y aplicadas, sin omitir aquellas que transmiten problemáticas acerca de la psicología en las personas, son capaces de elaborar programas científicos de manera interesante y entretenida para un amplio público, si bien otras, en ocasiones, no logran evadir simplificaciones y parcializaciones y, en no pocos casos, se enredan en laberintos muy distorsionadores.

Sin embargo, los medios alternativos de las izquierdas en el poder y los que se encuentran en la oposición difunden sus mensajes, con cierta persistencia, en la simple y unívoca línea de la agitación-propaganda ideopolítica, olvidándose de la vida cotidiana de los individuos y las colectividades, y de reflejar algunas de sus necesidades que parecieran ser intrascendentes. En otras ocasiones realizan los materiales con un didactismo esquemático que, pensando ponerlos al alcance de todos, rebajan sus contenidos hasta una vulgarización, deficiente calidad y una pobre imaginación-creadora sobre las problemáticas abordadas. Son llanamente aburridos. O, en su reverso, se embrollan en las fraseologías de moda asumiendo o copiando parte del discurso liberal y neoliberal light, sin percatarse que neutralizan sus mensajes y continúan en el peligroso filo imperceptible de la perspectiva reformista en cuanto a los valores axiológicos, la ética y la estética. Existen dudas, entonces, acerca de la vitalidad de una información-comunicativa, educativa y cultural verdaderamente alternativa antisistémica capitalista.

La guerra es ideológica-política y cultural.

Las esencias y manifestaciones fenoménicas, con mediaciones incluidas, no son más simples en la esfera cultural, terreno en el cual se desarrolla la gran batalla contemporánea de las ideas. El estudioso Germán Rey ha escrito categóricamente que “[...] Ya la cultura no es lo valiosamente accesorio, el “cadáver exquisito” que se agrega a los temas duros del desarrollo [...] sino una dimensión que cuenta decisivamente en todo proceso de desarrollo tanto como el fortalecimiento institucional, la existencia de tejido y capital social, y la movilización de la ciudadanía”. Cualquier estudio que se realice del mensaje cultural del Primer Mundo es síntoma de que sus líderes, intelectuales, tecnócratas y especialistas de la propaganda ideopolítica y el marketing publicitario sí conocen diáfana y profundamente todo lo expuesto en los párrafos anteriores.

Un “inofensivo” spot comercial, en la entrada de un restaurante McDonalds, en Indonesia, lo confirma cuando sugiere que: “Alá el Compasivo, el Misericordioso, McDonalds de Indonesia es propiedad de un nativo indonesio musulmán”. Otra valla de la Coca-Cola, enclavada en plena selva de La Lacandona, en territorio zapatista de Chiapas, “deslumbra e invita” ante la miseria y los intentos de reorganización liberadora de los “caracoles” indígenas de la zona. Estos son signos más que evidentes de la capitalización transnacionalizada del planeta a través de la imagen simbólica y real de la “MacDonalización”, la “Disneylandización” la “Cocalización” y la “waltmarkterización” (Walt-Mark), el McWorld de la vida cotidiana frente a toda forma de autonomía, soberanía y democracia. Obsérvese, por demás, cómo en cada película estadounidense se expone al público, más de una vez, la bandera de ese país, constituyéndose todas estas imágenes y mensajes, en verdaderos caballos de Troya, inmiscuidos constantemente en las culturas de los demás países y pueblos. (7)

Por su parte, una famosa estilista en los años 90, Dona Karen, explicaba con una naturalidad-virtual espantosa que era necesario crear consumidores a través de la promoción, la publicidad, la persuasión cultural con miras a absorber la oferta de los industriales, pero no centrándose solamente en el cuerpo sino en el verdadero blanco de la nueva economía de servicios inmateriales que vienen a ser la cabeza: el cerebro y su intelecto. Esa realidad ella la expresaba de la siguiente forma: “No quiero que los clientes tengan la impresión de que deambulan por una tienda de ropa, quiero que piensen que se están paseando por un ambiente nuevo, que los saco de su cotidianidad para hacerles vivir una experiencia que no tiene nada que ver con la ropa y que expresa su identidad como individuos”. El pasaje, que no deja de ser conmovedor, es un artificio holliwoodense de la espectacularidad de la vida porque la apariencia se convierte en una suerte de ideología alienante, que pretende convertirnos en consumidores natos, en unos enajenados de la realidad, extraños a las identidades que nos recorren, al país que vivimos, a nuestra localidad, nuestro pueblo, nuestro barrio, a nuestro propio género, raza y la clase a la que pertenecemos objetivamente. En ese imaginario pero realista supermercado todos somos virtualmente iguales, aunque solo entremos a ese “paraíso” para mirar, soñar o comprar lo más insignificante y barato.

La unidimensionalidad del hombre, de la que escribiera con suma antelación Herbert Marcuse, (8) adquiere un ambiente geoespacial que se palpa en las galerías comerciales lo cual, muy al contrario de lo expresado por la estilista renombrada, está al margen de la mayoría de la sociedad -“esa vulgar, multirracial y peligrosa gente”-, semejando un universo ajeno, calmado, porque está resguardado por un cerrado y eficiente sistema de seguridad. Todo es un efecto de la videoideología (video-ideología) que nos induce, a base de sonidos e imágenes, la insistente repetición del idioma inglés, las marcas, los logotipos, los filmes, los video-clips y los anuncios publicitarios como únicas alternativas para ingresar al mundo más actualizado y que se convierten en una maquinaria de mezclar y comercializar todo. Síntesis inconclusa y confusa (fusión dirían unos y dis-fusión otros) de varias culturas, idiosincrasias y psicologías sociales, pero donde predominan los productos de los gigantescas transnacionales capitalistas.

Y para re-imponer esa hegemonía cultural no fue casual que, sin esperar ni siquiera un segundo, los gurús de derecha arremetieran ofensivamente contra los “restos” del marxismo y el leninismo, el pensamiento social crítico, la filosofía de la liberación y todas las doctrinas sociopolíticas revolucionarias  -incluso aquellas que provenían del Renacimiento, la Ilustración y la Revolución Francesa-, las cuales fueron cuestionadas fuertemente, como la Revolución de Octubre, la China y la Cubana, y “puestas entre paréntesis”, tal como expresara Husserl. El marxismo, como ciencia / saber filosófico, se vio sometido a una pérdida de prestigio y de legitimidad sin precedentes en la historia. Insólitamente bajo los escombros del Muro de Berlín intentaron sepultar los socialismos europeos y, al mismo tiempo, la teoría original y creadora que poco tuvo que ver con esa hecatombe. No querían simplemente oposición práctica orgánica y sistémica ante su modelo dominador hegemónico, sino una destrucción y parálisis del pensamiento de izquierda.

Pero aun, en ese instante de triunfalismo y apología sin límites de la burguesía y, cuando muchos intelectuales y personalidades de izquierda y progresistas se sumaron al desencanto y diagnosticaron la “enfermedad del marxismo” o “la muerte de Marx”, los centros intelectuales imperiales y de la derecha mundial se mostraron mucho más cautelosos y si se quiere realistas. El Times Literary Supplement, de Londres, en 1998, en ocasión del aniversario del Manifiesto Comunista, publicaba una foto del “Prometeo de Trèveris” y una leyenda que decía: “Not dead yet” (Todavía no está muerto), y la revista estadounidense New Yorker culminó su cobertura, en ese mismo año, sobre el creador del fantasma que recorrería el mundo con una pregunta dubitativa, propia de una inquietud pasmosa pero al mismo tiempo diagnosticadora: “ááá¿No será Marx el pensador del siglo XXI?”.

La perplejidad de estos artículos -sin mucha difusión- no tanto por la posible ironía sino por la lucidez de esas mentes rivales en las que casi nadie creyó, son partes de los ingredientes más sutiles de la batalla ideopolítica y cultural.

Una compleja y difícil realidad para transformar.

En la actualidad, pudiera ser que Fukuyama haya perdido sus falsas apuestas porque las historias no terminaron y regresaron; que Huttington haya cedido espacio porque las ideologías están provocando guerras incesantemente y continúan superando la susodicha confrontación absoluta de culturas y civilizaciones; que las utopías hayan retornado nuevos bríos, fundamentalmente, por las tierras de Nuestra América; que el neoliberalismo esté en tránsito de un rotundo fracaso; que sea inminente una crisis económica del sistema capitalista, entre otros signos de debilitamiento del modo de producción explotador. Pero, ááá¿qué sucede y acontecerá cuando estamos conscientes que la iniciativa cultural se perpetúa en las manos y en esas mentes adversarias?

Los medios de comunicación masiva prosiguen en poder del capital y los alternativos, muchas veces, son escenarios de batallas bizantinas y querellas entre las diferentes escuelas, tendencias y corrientes de las izquierdas. La cultura predominante sigue siendo la de los centros imperiales, aunque hayan llegado al gobierno de algunos países, líderes que representan a las masas populares oprimidas. Una mirada a la Venezuela de hoy, muestra que el verdadero partido de oposición, pro-imperialista además, existente contra el presidente Hugo Rafael Chávez Frías y su proceso hacia un socialismo del siglo XXI, son el terrorismo mediático de las televisoras -incluidas las de cable-, las radios y los periódicos que no están dominados por el proceso revolucionario. Y es tan evidente esa realidad, que son capaces de dar la imagen de un golpe de estado -no tan virtual- que casi le cuesta la vida al dirigente bolivariano, como el ocurrido el 11 de abril de 2002.

Por otra parte, el destacado politólogo argentino Néstor Kohan ha disertado sobre la complejidad de la lucha actual escribiendo recientemente “[...] ááá¿Qué hacer cuando los segmentos más lúcidos de la burguesía intentan resolver la crisis orgánica de hegemonía, legitimidad política y gobernabilidad apelando a discursos y simbología “progresistas”, poniéndose a la cabeza de los cambios para desarmar, dividir, neutralizar y finalmente cooptar o demonizar a los sectores populares más intransigentes y radicales? (9).

ááá¿Cómo cambiar las reglas del juego en el campo cultural? La respuesta siempre ha sido única para los verdaderos revolucionarios: luchar con audacia y valor, con la verdad, la integridad y la inteligencia, con la conciencia, la convicción y la voluntad irreductibles, sumándose a ese catálogo de principios y virtudes, las grandes experiencias y las enseñanzas que la historia les ha brindado en este largo camino de éxitos y derrotas. Las herencias están ahí para convertirlas en fortalezas.

Hay que dar un vuelco radical a esa situación de dominio y hegemonía cultural que pretende volverse eterna. La originalidad y creatividad del socialismo que construyamos, o estemos construyendo, tiene que abandonar esa lógica-racionalista con un trabajo ideopolítico, educativo y cultural integral para sembrar nuevas ideas, principios, valores éticos y morales, construir una nueva cultura o contracultura anti-hegemónica, con una imagineria humanista, ideopolítica y estética. Muy diferente a las armas melladas del capitalismo que de poco servirán para esta larga, paciente y persuasiva batalla, quizás la más larga y difícil de todas las guerras por ganar las conciencias de millones de personas. Ganémosla a pensamiento.

Notas y referencias bibliográficas:

1. Ignacio Ramonet Pensamiento único y nuevos amos del mundo, en Como nos venden la moto. Información, poder y concentración de medios, Editorial Paidos, Barcelona, 1998.

2. Ignacio Ramonet Un mundo sin rumbo, Debate, Madrid, 1997; Como nos venden la moto [...], Ob. Cit.; y, Propagandas Silenciosas, Editorial Arte y Literatura, La Habana, 2000.

3. Pablo González Casanova Las nuevas ciencias y las humanidades, De la Academia a la Política, Anthropos Editorial, México, 2004; Pedro Sotolongo Codina y Carlos Díaz Delgado La Revolución contemporánea del saber y la complejidad social. Hacia unas nuevas ciencias sociales de nuevo tipo, CLACSO, Buenos Aires, 2006.

(4) Gerard Greenfield Bandung de vuelta: Imperialismo y nacionalismo antiglobalización en el sudeste asiático, en El Imperio Recargado, Editores Leo Panitch y Colin Leys, Socialist Register, (2005), CLACSO, 2005.

(5) Nicos Poulantzas State, Power, Socialism, Verso, London-New York, 2000.

(6) Bob Jessop Nicos Poulantzas: Marxist Theory and Political Strategy, Macmillan, London, 1985.

(7) Benjamin Barber Hacia una sociedad universal de consumidores. Cultura McWorld contra democracia, en La Gaceta de Cuba, No. 6, Nov-Dic., La Habana, 2001.

(8) Herbert Marcurse El hombre unidimensional, Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1968.

(9) Néstor Kohan Crisis orgánica y revolución pasiva: el enemigo toma la iniciativa, en Rebelión.org, 22 de agosto de 2008.



[1] Este artículo fue presentado como ponencia al VI Coloquio Científico Internacional de Arte y Estética organizados por el Instituto de Filosofía y el Instituto Superior de Arte, celebrado en La Habana, en diciembre de 2009.

[2] La MSc. Lavinia Esther Pérez García es Profesora Auxiliar del Centro Universitario de Sancti Spíritus José Martí Pérez, MES, Cuba; el Dr. Orlando Cruz Capote es Investigador Auxiliar del Instituto de Filosofía, CITMA, Cuba.

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- Desde Rivera, Uruguay, al terminar de leer la nota, no pude ocultar mi alegría y asombro, sintiendo... 2010-09-01 18:36:37
- Gracias compañeros Cubanos por compartir este tipo de documentos que evidentemente nos hacen reflex... 2010-07-26 01:42:17

 

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