Revista Cubana de Filosofía. Edición Digital
No. 29. Noviembre - Junio 2017. ISSN: 1817-0137


 
 

Filosofando...

Título: Más allá de un consenso político. Ideas que interpelan la viabilidad de un acuerdo en torno al cambio climático
Autor(es): Anisley Morejón Ramos
Fecha de publicación: 01 de Noviembre de 2016

.Resumen:

Los estudios en torno al cambio climático, como problema ambiental de connotación global, alcanzan gran significado desde la dimensión sociofilosófica al develarse la incidencia antrópica dentro de sus principales causas. Ello lleva revisar las bases teórico-conceptuales del pensamiento moderno que colonizaron el mundo y su influjo en la praxis social, como desencadenantes de dicha problemática, y cómo estas bases teórico-conceptuales orientan los procesos de producción y reproducción de la vida e interpelan un real acuerdo en cuanto a mitigación y adaptación frente al cambio climático.

Palabras claves: cambio climático, medio ambiente, filosofía

…el cambio climático es la metáfora de la acumulación de irracionalidades de un sistema económico y un modelo civilizatorio no sólo injustos sino insostenibles…

Armando Bartra[3]

El cambio climático devino en un problema ambiental de connotación global debido a los múltiples impactos previstos tanto en la sociedad como en la naturaleza a escala planetaria.

Los estudios entorno a la temática, en cuanto a sus causas y múltiples efectos, toman relevancia en la arena internacional en el pasado siglo XX, cuando tiene lugar la Primera Conferencia Mundial sobre el Clima en 1979, aunque desde el siglo XIX ya se contaba con estudios y en 1972, fue tratada en la Conferencia Mundial sobre el Medio Humano celebrada en Estocolmo.

La Primera Conferencia Mundial sobre el Clima, celebrada en 1979, ofreció evidencias de la incidencia antrópica en la variabilidad climática, a partir del reforzamiento de los gases efecto invernadero (GEI) debido a las emisiones de dióxido de carbono iniciada con la revolución industrial.

Aunque en dicha Conferencia se realizan las alertas de la incidencia antrópica en la variabilidad climática, se destaca que el efecto invernadero es un proceso natural, el cual hace posible el calentamiento de la superficie terrestre y la atmósfera baja, este efecto se origina por la presencia en la atmósfera de gases que tienden a absorber y reemitir la radiación terrestre, los cuales actúan de forma similar a los cristales de una casa invernadero y sin estos gases la temperatura en la tierra sería de alrededor de menos18 grados Celsius.

A partir de los estudios sobre la variabilidad climática se crea el Panel Intergubernamental de Expertos del Cambio Climático (IPCC), en 1988, el cual analiza la información científica, técnica y socioeconómica relevante, con el objetivo de explicar el riesgo que supone el cambio climático, mediante la exposición de sus posibles implicaciones, así como las indicaciones sobre las acciones a implementar en cuanto a mitigación y adaptación al cambio climático.

Para 1992 se establece el Comité Intergubernamental de Negociación (CIN) que tuvo como colofón la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), esta fue firmada por un total de 154 jefes de estado que se dieron cita en la Cumbre de la Tierra, celebrada en Rio de Janeiro en 1992.

La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) tiene como objetivo aplicar políticas y programas que conlleven a la estabilización de las concentraciones de gases efectos invernadero, para que los ecosistemas y las sociedades se adapten al inevitable cambio climático. Dentro de los resultados más significativos se encuentra el Protocolo de Kioto, el cual se firma en 1997 y tuvo como objetivo reducir las emisiones de gases efecto invernadero en un 5,2%, tomando como referente el año 1990.

En las negociaciones, en torno al cambio climático, desde el ámbito político alcanza gran relevancia los resultados del cuarto y quinto informe del IPCC, según el cuarto informe de evaluación del IPCC, correspondiente al año 2007, se devela que el calentamiento del sistema climático es inequívoco, a partir del incremento promedio global observado en las temperaturas del aire y los océanos, el derretimiento generalizado de los hielos y el crecimiento medio global del nivel del mar. Siendo de gran probabilidad que este calentamiento se explique por el aumento de gases efectos invernadero de emisión antrópica, lo cual tendría como consecuencia un incremento de la temperatura que oscilaría entre 1,1 C[4] y 6,4 C[5]-con un rango de mejores estimados entre 1,8 C y 4,0 C- tomando como referencia el promedio de las últimas dos décadas del siglo XX. Así como un incremento del nivel del mar para la última década del siglo XXI, que oscilaría entre 0,18[6]y 0,59 m[7], tomando como referencia el nivel promedio de las últimas dos décadas del siglo XX. (Pichs, 2012: 175-176)

En el año 2014 sale a la luz el quinto informe del IPCC el cual revela como hecho inobjetable el impacto antrópico en el sistema climático, reflejando que a mayor emisiones de gases efecto invernadero[8], mayor será el riesgo de los impactos severos, intensos y en ciertos casos irreversibles. Contando dentro de estos riesgos la escasez de alimentos y agua, creciente desplazamiento de personas, incremento de la pobreza e inundaciones costeras. (Suárez, 2015)

Los resultados arrojados por ambos informes y su influjo dentro de las negociaciones en torno al tema, no han devenido en un consenso político que se materialice en compromisos reales en cuanto a las acciones a implementar referidas a mitigación y adaptación[9].

Más allá de los resultados del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático y las Conferencias de las Partes. Algunas ideas que interpelan la viabilidad de un acuerdo real y efectivo.

Harto discutida es la temática del cambio climático como un problema ambiental de connotación global, brindando desde numerosas investigaciones disímiles aproximaciones de corte interdisciplinar que muestran inobjetables evidencias sobre el cambio climático en curso, así como las necesarias acciones dirigidas hacia la mitigación y adaptación con el objetivo de frenar los escenarios descritos.

 Si bien estos estudios son de suma importancia en ocasiones queda fuera -o poco revelada- la dimensión sociofilosófica del tema, contando como hecho significativo que una de las principales causas del cambio climático –según los resultados del IPCC- es antrópica, por lo que es necesario un “cambio de estilo y vida” hacia formas sostenibles de producción y reproducción social en armonía con el entorno.

Ello lleva a revisar las causas de dicha problemática ambiental desde una mirada sociofilosófica, con el objetivo de aproximarnos de forma sistémica al funcionamiento de la sociedad en constante interacción e intercambio con la naturaleza, metabolismo que esta mediado por las dimensiones económica, política y social. Así como la necesaria inclusión del cambio climático –como problema ambiental global- a la crisis ambiental de connotación cultural civilizatoria, la cual se enuncia como una crisis social del modelo civilizatorio dominante que degrada el ambiente, subvalora la diversidad cultural y desconoce al otro -al indígena, al pobre, a la mujer-, mientras privilegia un modo de producción capitalista, conjuntamente con un estilo de vida insostenible que se vuelven hegemónicos en el proceso de globalización.[10]

 Ello deriva que hablar de cambio climático y el necesario consenso político que se traduzca en acciones reales, en cuanto a mitigación y adaptación, debe incluir una mirada crítica a nociones arraigadas dentro del sujeto -seres humanos históricos y concretos- y su praxis social erigida bajo la lógica del capital, la cual subsume la naturaleza y los seres humanos dentro de prácticas orientadas a la maximización de ganancias.

La mirada al tema del cambio climático desde la dimensión socio filosófica pone en el centro del debate concepciones claves que operan dentro de los modos de producción y reproducción social que se consolidan dentro de la cultura[11]occidental, los cuales se erigen como válidos e inobjetables mediante la difusión y colonización del pensamiento moderno a lo largo y ancho del planeta.

Desde esta dimensión se hace necesario realizar un breve abordaje teórico-conceptual de dinámicas que operan en la praxis social e interpelan la materialización de un acuerdo real y equitativo entre los países, así como el reconocimiento de la responsabilidad histórica de los países desarrollados en la potenciación del cambio climático.

Uno de los conceptos que alcanza relevancia, a partir de la difusión y colonización del pensamiento moderno, es el concepto de desarrollo, el cual, plantea Escobar en 1996 -según nos refiere Lander, et al, (2000: 30)- coloniza la realidad, mediante “(…) la creación de un dominio de pensamiento y acción por la vía del análisis de las características e interrelaciones de los tres ejes que lo definen: las formas del conocimiento que se refiere a esté y a través de la cuales esté se constituye como tal y es elaborado en la forma de objetos, conceptos, teorías y similares; el sistema de poder que regula su práctica; y las formas de subjetividad gestada por este discurso, aquellas a través de las cuales la gente llega a reconocerse a sí misma como desarrollado o subdesarrollada.” (Ibídem)

El discurso del desarrollo, desde los ejes enunciados, permea la praxis social a nivel global, incurriendo el pensamiento dentro de la trampa generada desde los centros de poder, donde el sentido común considera el subdesarrollo como fase previa al desarrollo y no como el resultado de prácticas de dominio y colonización que conllevaron al saqueo de los bienes comunes, así como a la destrucción de modos de producción y reproducción de la vida en clave no capitalista, donde no existe ruptura entre la sociedad y la naturaleza, ni su mercantilización.

Además de ello, incurre en una desmedida carrera hacia el desarrollo según los estándares de los países denominados como desarrollados, lo cual implica una doble muerte, primero la subvaloración de culturas y cosmovisiones que no entran en estas dinámicas y lógicas de pensamiento y segundo, agudiza la destrucción de la naturaleza, a partir de la inclusión de la integridad ecosistémica en los procesos de valorización del capital.

Adentrarnos en el tema del desarrollo, desde su revisión crítica, con miras a exponer algunas ideas que interpelan un real consenso entre las partes, conlleva a hacer una revisión a su evolución histórica, marcando como hecho significativo el inicio de la llamada “era del desarrollo”, que tuvo lugar después de la Segunda Guerra Mundial y fue impulsada por el Presidente norteamericano Truman, en el “Discurso sobre el estado de la Unión” en 1949,entendiéndose por desarrollo, un cuerpo de práctica y pensamiento que trata de justificar la existencia de la pobreza y el modo de erradicarla.

Estos antecedentes marcaron una impronta nefasta en el camino del desarrollo pues en la tendencia capitalista ha imperado durante mucho tiempo y hasta podría decirse que impera hoy, una concepción esencialmente economicista. A saber: el crecimiento económico es asumido como expresión del desarrollo y la maximización de la rentabilidad a corto plazo como criterio para la ejecución de cualquier acción de desarrollo. La economía desconoce así dos de sus dimensiones fundamentales: la dimensión social y la dimensión ecológica.

Posteriormente en la década de los noventa del pasado siglo XX se redefine el concepto desligándolo de la dimensión puramente económica y apostando por un desarrollo multidimensional, que agrupara grandes transformaciones en las estructuras sociales, las instituciones nacionales, las actitudes de la gente, centrándose el desarrollo en tres cuestiones básicas: la vida digna, la sociedad justa y la relación con el medio ambiente. Y persiguiendo las siguientes metas: bienestar, seguridad, libertad e identidad. Asociadas todas ellas a cuatro niveles: personal, social, mundial y ecológico.

Es necesario destacar, que si bien el concepto de desarrollo se ve sobrepasado por enfoques no lineales al introducir ideas tales como el desarrollo humano y sostenible perdura la impronta economicista, “(…) entendida como el motor del progreso, a partir del cual se dan los avances sociales y políticos”. (Gudynas, 1999)

Para entender los avatares del desarrollo, es necesario hacer alusión a dos ideas de gran raigambre social, las cuales derivan de teorías y posturas asumidas en cuanto al tema del desarrollo. Primero la analogía entre desarrollo y progreso y segundo la idea del ineluctable camino hacia la sociedad moderna, expuesta por la teoría de la modernización, elaborada por Walt Whitman Rostow, en la década de los cincuenta del pasado siglo XX.

 Haciendo alusión al primer punto se infiere que al identificarse el desarrollo con el ideal del progreso este, se intuye como un proceso lineal, material e infinito que se asienta sobre bases científico-tecnológicas en pos del bienestar de la sociedad.

Segundo la teoría de la modernización elaborada por Rostow, plantea el desarrollo como proceso que se alcanza a través de fases y difunde una serie de ideas que perduran en la subjetividad y enrumba la praxis social hacia ese estadio ineluctable y deseado. Dentro de sus características fundamentales se puede destacar que la modernización es un proceso homogenizador, es decir, tiende a la convergencia entre sociedades, tomando como paradigmas a Europa y Norteamérica, ya que estos países poseen una prosperidad económica y estabilidad política imitable. Además se concibe como irreversible, pues los países del Tercer Mundo que entren en contacto con el Occidente se engancharán al proceso modernizador. Y por último es un proceso progresivo que, a largo plazo, es no sólo inevitable sino deseable.[12]

Tanto el concepto de desarrollo que se difunde y se análoga al ideal de progreso lineal, material e infinito, como la teoría de la modernización, plantean la noción del desarrollo como un proceso no solo deseable sino inevitable. Donde los países en vías de desarrollo deben alcanzar los índices de los países desarrollados, a partir de un crecimiento económico, mediante el cual se lograra la integración y avance de toda la sociedad en un camino ascendente hacia el futuro.

Estas nociones del desarrollo que colonizaron la realidad -como refiere Escobar- responden a la homogenización de prácticas de producción y reproducción de la vida bajo la lógica del capital, lo cual implica la consolidación de una racionalidad económica y “el principio de calculabilidad sobre las demás esferas de la vida social” (Acanda, 2004).

Dentro de esta lógica las acciones, dentro de empresas e instituciones, se coordinan en términos de costos/beneficios, para ser competitivas y rentables, instituyéndose la eficacia y productividad como valores supremos (Hinkelammert, 2006), y quedan como una externalidad dentro de dichos cálculos los daños ocasionados a la naturaleza en los procesos de producción y consumo.

 A partir de la denuncia de la crisis ambiental, la lógica global que sobredimensiona la esfera economía intenta internalizar las denominadas externalidades dentro de los cálculos costos/beneficios bajo el lema “el que contamina paga”. Desde este posicionamiento los daños ocasionados a la naturaleza y el intento de internalizarlo, quedan atrapados dentro de la racionalidad económica y el principio de calculabilidad, los cuales se vuelven irracionales al destruir en nombre de la eficiencia y productiva la integridad ecosistémica de la Naturaleza. Además de la marcada exclusión de los seres humanos de los procesos productivos.

Desde esta mirada la racionalidad económica, que se instituye con el sistema del capital, funciona con una racionalidad a corto plazo que minimiza costos y maximiza ganancias, extendiendo esta lógica al planeta entero, lo que provoca que la naturaleza sea devastada y arrasada. La lógica del capital y la naturaleza no sólo tienen racionalidades distintas sino contradictorias: la racionalidad capitalista, destructora y despilfarradora de energía y materia, choca con la lógica regeneradora de la naturaleza a un punto tal que la devastación capitalista no permite la regeneración natural, amenazando la existencia de la biodiversidad y de la propia especie humana.[13]

La praxis social dentro de la lógica global, que se erige bajo el dominio del capital y emprende una carrera desmedida hacia la valorización del mismo, lleva a la consolidación de las denominadas sociedades de consumo, donde se promueve el consumo excesivo de mercancías, a través una fuerte violencia simbólica que opera mediante signos y lenguaje impulsando más al consumo que al ahorro. Dentro de esta lógica las mercancías no son pensadas, ni creadas para satisfacer necesidades, sino para crear necesidades en los sujetos, por lo que el valor de uso queda supeditado al valor de cambio, diluyéndose dentro de la subjetividad dos ideas importantes, primero la finitud de la naturaleza, la cual es la materia prima en los procesos de producción y elaboración de mercancías, y segundo a mayor producción, mayor consumo de combustibles fósiles y por ende mayor expulsión de gases efecto invernadero los cuales refuerzan el calentamiento global.

 Dentro de la supeditación del valor de uso al valor de cambio es necesario destacar que las mercancías, desde esta lógica, vienen con su tiempo útil limitado desde la conocida obsolescencia programada, pero esta obsolescencia que acompaña los artículos, la cual limita el uso de los mismos a un tiempo determinado, no solo opera dentro de los objetos, sino también, dentro de la subjetividad de los seres humanos, los cuales, bajo el influjo de ofensivas publicitarias, sobredimensionan la tenencia de bienes materiales por encima de sus necesidades reales y básicas, suplantando objetos –que cuentan con un funcionamiento útil- por ser obsoletos, dentro de las tendencias y modas que necesariamente impone la lógica global con el objetivo de alcanzar la maximización de ganancias.

Otro tema significativo dentro de lo concerniente a materializar un acuerdo real que coadyuve a la mitigación y adaptación al cambio climático es la matriz energética en la que se basan todos los procesos de producción, donde se hace un uso intensivo y extensivo de los combustibles fósiles –petróleo, carbón y gas natural- por lo que se expulsan gran cantidad de dióxido de carbono a la atmósfera. Ello lleva a repensar por qué no se eleva el bajo porciento de Fuentes Renovables de Energía, lo cual conllevaría a una disminución de gases efecto invernadero, y por ende una real mitigación ante el cambio climático. Este hecho se traduce que trasformar megalómanos proyectos basados en combustibles fósiles hacia fuentes renovables de energía implicaría gastos millonarios, los cuales no serían eficientes ni rentables dentro de la lógica global del capital.

A lo antes expuesto se debe agregar la mirada antropocéntrica que se realizan de estos temas, donde el ser humano sigue siendo el centro y la naturaleza un cumulo de recursos para la satisfacción de necesidades, las cuales no son más que las necesidades del capital y sus dueños, creándose la dicotomía entre seres humanos y naturaleza, y sociedad y naturaleza, la cual borra procesos de interconexión y dependencia, así como la necesaria inclusión de los seres humanos a la integridad ecosistémica de la cual formamos parte y es la condición sine qua non de la vida.

Dentro estas ideas que interpelan un real consenso político, e impiden la materialización de acciones concretas, hay que destacar que con el capitalismo, como bien apuntara SamirAmin[14], lo económico se emancipa de la sumisión a lo político y se transforma en la instancia directamente dominante que comanda la reproducción y la evolución de la sociedad. De esta forma, la lógica de la mundialización capitalista es, ante todo, la del despliegue de esta dimensión económica a escala mundial y la sumisión de las instancias políticas e ideológicas a sus exigencias. Ello infiere que si en los sistemas antiguos el poder es la fuente de riqueza, en el capitalismo la riqueza funda el poder.

Estas ideas infieren que a la hora de materializar un acuerdo justo y equitativo en cuanto a mitigación y adaptación al cambio climático, no basta con inculpar a los países industrializados por su gran deuda ecológica e inducirlos a una disminución de gases efecto invernadero, y por otro lado suprimir de cierta responsabilidad a los países en vías de “desarrollo”, ya que ello redunda en una falacia al mantener la concepción de desarrollo –ya sea humano y sostenible- dentro la lógica predatoria del capital, lógica que topa con la finitud del planeta y elude la necesaria mirada crítica a ideologías y prácticas instituidas que responde a las estructuras de poder.

Algunas ideas y prácticas que interpelan la lógica predatoria del capital. Alternativas que se gestan desde América Latina y el Caribe.

Las ideas generales antes expuestas, responden a una estrategia de acumulación global e interpelan acciones viables y efectivas en la búsqueda de un acuerdo real en pos de la mitigación y adaptación frente al inevitable cambio climático.

Frente a la lógica global, la cual se instituye y naturaliza como procesos espontáneos propios del desarrollo de la sociedad, han emergido y visibilizado nociones y prácticas que interpelan la lógica predatoria del capital, las cuales habían quedado invisivilizadas mediante la conquista y colonización del pensamiento moderno.

Los manotazos dados al freno de emergencia a la locomotora en la que está montada la sociedad, tomando prestada la expresión de Walter Benjamín, corresponde a los gobiernos plurinacionales instituidos en Ecuador y Bolivia, al reconocer otras formar de relacionarse, producir y comprender el mundo, desde la cosmovisión del “Buen vivir” que se traduce en vivir todas y todos en paz y colectividad.

El Buen vivir, que se erige como la política a aplicar, expresa la necesidad de vivir en armonía con la naturaleza. Donde el ser humano es y se siente parte de la comunidad y en armonía con la naturaleza, de esta forma la naturaleza se comprende como fuente de vida y no como un cumulo de recursos y materia. Desde esta perspectiva se pretende construir formas colectivas y solidarias de organización societal. Además refleja la complejidad y diversidad de la experiencia social, lo cual implica pasar de un individualismo a vivir bien entre nosotros, desde una convivencia comunitaria intercultural, que incluya la participación social en la actividad, y las decisiones políticas, económicas y culturales. (Seoane, et al, 2012)

 La política del Buen vivir implica una ruptura con nociones consolidadas y enraizadas durante el período de conquista y colonización del pensamiento moderno, al reconocerse la naturaleza como sujeto de derecho, alcanzando rango constitucional. Dentro de esta mirada también se debe destacar que los denominados recursos naturales pasan a comprenderse como bienes comunes.

 Otra idea significativa es la deconstrucción del concepto de desarrollo planteado la diferencia entre formas diversas de comprender las alternativas del desarrollo, y las alternativas al desarrollo. La primera mantiene un concepto de desarrollo centrado en el “progreso” de los pueblos, este progreso es lineal, material e infinito, con la distinción dentro de las experiencias históricas del papel que ha jugado el Estado o el Mercado; y la segunda centra las discusiones y prácticas en alternativas al desarrollo que se asientan en el Buen vivir, la ecología profunda y el ecofeminismo, las cuales reconocen los límites naturales del planeta, los valores intrínsecos de la Naturaleza y proclaman la justicia ambiental. (Gudynas, et al, 2011)

 Ello lleva a distinguir entre alternativas del desarrollo y alternativas al desarrollo, el primero sirve para las distintas opciones de rectificación, reparación o modificación del desarrollo contemporáneo, donde se aceptan sus bases conceptuales, tales como el crecimiento perpetuo o la apropiación de la Naturaleza, y la discusión se enfoca en la instrumentalización de ese proceso, y las alternativas al desarrollo apuntan a generar otros marcos conceptuales a esa base ideológica y explora otros ordenamientos sociales, económicos y políticos de lo que veníamos llamando y comprendiendo como desarrollo. (Ibídem)

 Otro hecho significativo fue laConferencia Mundial de los Pueblos sobre Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra, realizada en Cochabamba en el año 2010. En dicha Conferencia se denuncia la lógica del capital centrada en la competencia, el ideal de progreso y el crecimiento ilimitado, así como la dominación que se establece del ser humano sobre la naturaleza, y de ambos al capital, al convertir la integridad ecosistémica en mercancía.[15]

 La Conferencia Mundial de los pueblos tuvo como colofón el Acuerdo de los Pueblos y el Proyecto de Declaración Universal de Derechos de la Madre Tierra, donde se denuncia la conversión de la Madre Tierra en fuente de materias primas y a los seres humanos en medio de producción y consumidores, así como lapotente industria militar que requiere el capitalismo para su proceso de acumulación, control de territorios y recursos.

 Además demanda un nuevo sistema que restablezca la armonía con la naturaleza y entre los seres humanos, así como la recuperación, revaloración y fortalecimiento de los conocimientos, sabidurías y prácticas ancestrales de los pueblos indígenas y la propuesta de Vivir Bien, reconociendo a la Madre Tierra como un ser vivo, con el cual tenemos una relación indivisible, interdependiente, complementaria y espiritual.

La Conferencia Mundial de Cochabamba no solo apeló a una negociación para la reducción de gases efectos invernadero, sino proclamó la necesidad de una acción cooperativa desde una visión integral y equilibrada, en cuanto a lo referente a medidas financieras, tecnológicas, de adaptación, de desarrollo de capacidades, patrones de producción y consumo, así como el reconocimiento de los derechos de la Madre Tierra.

Ideas finales.

Las necesarias acciones a implementar por los diferentes países, desde la llamada “voluntad política” a la que se apela en lo referente a un real acuerdo, en cuanto a mitigación y adaptación al cambio climático conlleva a la revisión crítica de conceptos arraigados en el hacer y sentir de los sujetos difundidos mediante la colonización del pensamiento moderno.

 Las críticas al desarrollo como proceso de crecimiento económico capaz de alcanzar un derrame hacia lo político y lo social que imbrique a toda la sociedad y la orientación de la praxis social bajo la lógica predatoria del capital constituyen un referente insoslayable a la hora de tratar el tema del cambio climático.

 Las cosmovisiones y praxis que interpelan la lógica predatoria del capital, que alcanzan visibilidad desde América Latina, promueven el respecto por la vida y la diversidad de modos de producción y reproducción en clave no capitalista, apelando a la subversión del sistema imperante.

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[1]Este texto fue elaborado a partir de la ponencia presentada en el Panel “Cambio climático y desarrollo sostenible” en el IV Congreso sobre Cambio Climático. En el marco de la X Convención Internacional sobre Medio Ambiente y Desarrollo. La Habana, 2015

[2] Anisley Morejón Ramos. Licenciada en Filosofía. Master en Medio Ambiente y Desarrollo. Investigadora Agregada del Grupo de Estudios sobre Medio Ambiente y Sociedad (GEMAS) del Instituto de Filosofía. CITMA. Correos: anisley@filosofia.cu; anisley.morejon82@gmail.com

[3] Bartra, Armando (2010): Tomarse la libertad. Ítaca, México.

[4] Límite inferior del escenario bajo evaluado en este estudio

[5] Límite superior del escenario alto evaluado en este estudio

[6] Límite inferior del escenario bajo evaluado en este estudio.

[7] Límite superior del escenario alto evaluado en este estudio.

[8] Las emisiones de GEI entre 2010-2011 fueron mayor que en las tres décadas anteriores.

[9] Hecho que se refleja en Copenhague 2009, donde no se llegó a un consenso para concertar un acuerdo efectivo para hacer frente al cambio climático, este hecho estuvo marcado por la falta de voluntad política de los países desarrollados y el intento de imponer un acuerdo que beneficiaría a dichos países, según analistas Copenhague significó un retroceso con respecto a lo logrado en el Protocolo de Kioto. En Cancún 2010 se logró mantener aduras penas el proceso negociador y en la Conferencia de Durban 2011, se postergó la posibilidad de concretar un acuerdo legal para enfrentar el cambio climático para el 2020. (Pichs, 2012)

[10] Manifiesto por la Vida Por una Ética para la sustentabilidad [en línea] Disponible en: http://www.pnuma.org/educamb [Consultado: 7/10/12]

[11] La cultura no como “(…) el mero inventario de comportamientos, costumbres, lenguas, conceptos de un momento presente, sino además todos los elementos materiales espirituales producidos por un grupo social y que en sí, trasmiten información…” García, S; “La aculturación en América Latina y los problemas de la identidad nacional” Colectivo de autores; Ponencias, I encuentro de intelectuales por la soberanía de los pueblos de Nuestra América, Ciudad de la Habana, 1985, p. 9.

[12] Sierra Castañer, Manuel; Desarrollo y cooperación internacional. [en línea] Disponible: http://www.etc.upm.es/isf/clase3.pdf [Consultado: 10/05/2013]

[13] Lund Medina, Andres, Ecocidio y cambio climático desde la izquierda radical. Ante una nueva era

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[14]Amin, Samir; Capitalismo, imperialismo, mundialización. [En línea] Disponible en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=4553 [Consultado: 20/04/13]

[15] Conferencia Mundial de los pueblos sobre el cambio climático y los derechos de la madre tierra. Acuerdo de los pueblos. Proyecto de Declaración Universal de Derechos de la Madre Tierra. En Pichs Madruga, Ramón (coordinador); (2011): Cambio climático: enfoques desde el Sur, Instituto Cubano del libro, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana.

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