Revista Cubana de Filosofía. Edición Digital
No. 18. Junio - Septiembre 2010. ISSN: 1817-0137


 
 

Estudio sobre pensamiento Cubano

Título: El pensamiento liberal nacionalista de José Antonio Ramos
Autor(es): Juan Carlos Rivera González
Fecha de publicación: 01 de Junio de 2010

José Antonio Ramos perteneció a la primera generación de intelectuales republicanos, aunque algunos autores como Marcelo Pogolotti lo consideran un elemento de transición, que por sus ideas políticas superó su propia generación y se insertó en las ideas políticas de la generación de ruptura que fue la del treinta. Sin embargo, es una figura prácticamente desconocida para los estudiosos del pensamiento político cubano.

Al mismo tiempo Ramos es considerado el iniciador de los estudios de sociología política en Cuba. Su ensayo Manual del perfecto fulanista, escrito en 1914, es valorado, según autores como Ana Cairo, Marcelo Pogolotti y José Antonio Portuondo[1] como un hito en los análisis que sobre las desviaciones de la naciente república se hicieron en todas las épocas. Esta obra marcó pautas en la vida política cubana al mostrar tempranamente lo negativo que resultaba el monopolio político del país por un determinado sector, en este caso, el proveniente del mambisado.

El análisis de la obra de José Antonio Ramos permite apreciarlo como un crítico del concepto romántico de historia, tan habitual en la gestación republicana. Su apreciación de la patria y de la revolución incluía no solo el aspecto político de la cuestión sino la dimensión social. Sus concepciones políticas pueden incluirse en una tendencia reformista pero sus análisis evidencian una postura materialista ante la historia.

José Antonio Ramos pertenece, como ya planteamos, a la primera generación republicana y agrupada preferentemente en la Revista Cuba Contemporánea asumió ante cuestiones colectivas la necesidad de la formación de élites cultas capaces de sustituir el rampante hedonismo de las multitudes incultas y fulanistas por una conciencia nacional culta y espiritualizada.

Esta generación de escritores se vio forzada a plantearse el problema de gobernar a su Patria, de proponer modelos mejores de conducirla al disfrute conveniente de una libertad política que no se apoyaba en una idéntica situación económica, de una soberanía mermada por el derecho de intervención de una potencia extranjera mayor.

La complejidad de este contexto explica, de una parte, la negativa de Ramos, junto a otros intelectuales, a participar de modo directo e inmediato en la administración pública, y por otra parte, su preocupación constante por el problema mismo y las maneras más correctas de plantearlo. Pero no es solo porque los peores se apoderaron de la cosa pública al comienzo de la vida republicana  por lo que los intelectuales no quisieron participar entonces de la política activa; fue también que los mejores, negados a servir de capataces, administradores o delegados en su propia tierra al nuevo amo extranjero, dieron lugar con su retraimiento a que los perores desempeñaran esos cargos con mayor riesgo para los intereses de todos.

La actitud de los escritores cubanos de esta promoción ante el quehacer generacional que les era deparado no fue la del avestruz sino justamente la del francotirador, señalada por Ramos, que quema sus cartuchos en un desesperado acto de heroísmo, con la esperanza un poco ingenua de ir acabando uno a uno con los enemigos.

En el caso de Ramos, lo más valioso y perdurable de su obra no está en esta crítica inmediata y circunstancial, sino en el modo honrado y eficaz de encarar los problemas de lo llevó, más allá de los límites estrictos de su generación, a una progresiva comprensión y compenetración  con los ideales y la concepción de mundo de las más nuevas y renovadoras porciones del pueblo cubano. Su vida y su pensamiento muestran una limpia trayectoria que va desde su crítica adolescente, voltariana, individualista y pesimista, de la recién nacida República, hasta la fe entusiasta de sus últimos años en el ímpetu creador de las masas proletarias.

Ramos  asume con criterios positivistas la solución de los problemas fundamentales de Cuba, apuntando la consideración de tres cuestiones o temas esenciales:

1.     El estudio de los elementos integrantes del organismo social cubano y su comportamiento.

2.     Rectificación de la política en uso y del desorden administrativo por medio de medidas prácticas de aplicación inmediata.

3.     Creacion de una conciencia nacional por medio de la educación y la propaganda.

En el prólogo de Almas rebeldes (1906) apuntaba Ramos:

Hoy creo que la reforma puede intentarse reforzando los cimientos antes de conmover los puntales, éstos, al perder su falso aplomo, caerán por su peso y lo arrastrarán todo consigo. La leyenda de la impotencia del hombre ha caído ya. Voltaire prendióle fuego y el escepticismo científico sopló las cenizas. De éstos, pues, habrá de  surgir y surgirá el ave fénix de la nueva fe, el dogma humano de la humana potencia.

Para Ramos la solución a los problemas nacionales transitaba por los siguientes pasos:

1.     El primer paso efectivo descansaba en la instrucción pública.

2.     El segundo en reforzar la conducta individual para mejorar y sanear el medio ambiente a vuestros hijos.

3.     El tercero era la asociación, depositando uno o dos centavos diarios en un Banco de Crédito, lo que permitiría a vuelta de poco tiempo reunir un buen capital colectivo, nombrando una directiva bien fiscalizada y proseguir el ahorro. Con ello aspiraba, una vez convertida en rica la asociación, en construir casas, asilos, hospitales, bibliotecas, proporcionar becas universitarias  y sin dejar nunca de ser obreros, se gozaría de salud, confianza en el porvenir incierto, nebuloso y sombrío.

Aún en 1916 conservaba el criterio de que la asociación y organización del elemento obrero no debía hacerse con fines políticos, sino puramente sociales. Para Ramos, el obrero que resultaba favorecido por el voto de sus compañeros, dejaba bien pronto de ser elemento obrero para ir a engrosar el núcleo de la clase media, lo que interesa, según Ramos es que el obrero cubano se diese cuenta de su papel, despertase de su indiferencia y  adquiriera por medio de la asociación, la disciplina y hábitos de civismo, confianza en sus propias fuerzas y mayor ponderación en la inclinación de su influencia sobre tal o cual partido o tal  o cual político.

Y es precisamente en la cuestión obrera donde mejor puede apreciarse las limitación del pensamiento de Ramos en las primeras décadas republicanas, pues encara la misma con criterios  ingenuamente reformistas, ya anticuados en su tiempo, y revela una ignorancia absoluta de la más honda realidad del problema tal como éste se planteaba en su propia tierra. Sus obreros nada tienen que ver con el naciente proletariado cubano que entonces rebasaba apenas la etapa artesanal.   Ya eran viejas y desechadas por inútiles esas ideas ente los overos cubanos que habían librado huelgas justas y estaban aprendiendo a organizarse, dirigidos por hombres como Enrique Roig San Martín y Carlos Baliño, armados ya con las doctrinas marxistas.

Ramos no poseía un concepto cabal de socialismo. Sus “socialistas” eran los teóricos del anarquismo en confusa amalgama con otros teorizantes en materia social. Mientras cita repetidas veces en sus obras de este tiempo  para discutir sus doctrinas a Prudhon y Bakunin, señalándolos como inspiradores de los dirigentes obreros cubanos y llamándoles “socialistas”; jamás aparece en sus páginas una sola mención de Marx, de Engels ni de otros muchos teóricos de la doctrina de la clase obrera.

Pero por encima de su confusión ideológica está el patriótico empeño de poner en claro los problemas esenciales del país, el gesto cubanísimo, de pura estirpe martiana, de señalar los defectos y los vicios insulares para corregirlos, pero sin renegar de la propia nacionalidad que ostentaba con orgullo.

Su nacionalismo queda plasmado en Entreactos (1912) cuando expresa:

Aquellos vicios y defectos… los echo en cara a los míos, pero me duelen como si dentro de mí se dividieran en un momento el pensador que acusa y el cubano que escucha con la cabeza baja. Ante la idea de que mis acusaciones puedan esgrimirse por la pluma extranjera, enconada en contra de Cuba, echo de mí al pensador para quedarme íntegramente cubano, con todos los vicios y todos los defectos de los míos.

A ese cubano, a ese pueblo Ramos  no siempre lo entendió. En 1914 se cuestionaba cómo el pueblo, que no había designado jamás a sus salvadores y que había conocido, según él, tarde a sus libertadores, osaba arrogarse la suprema dirección de sus propios destinos, y condenaba a sus próceres, a sus mejores, a sus sobresalientes, en nombre de una democracia que jamás entendieron.

No debe verse e las palabras anteriores una expresión reaccionaria, sino que debemos entenderlas como reflejo de una posición contemporánea  al autor, en la cual se funden doctrinas de tanta vigencia entonces como las de Le Bon en Francia y en nuestra América las de Ramos Mejías. Aquí está toda la psicología de las multitudes y hasta la sobrestimación del papel del héroe  en la historia. Es decir, que estamos frente a una suma confusa de criterios diversos que se emplean para justificar la necesidad del gobierno de los mejores, de las élites cultas con nuestras incipientes e incultas democracias americanas.

En 1916, en el Manual del perfecto fulanista,  aún parece excluir a los hombres de procedencia humilde, pues plantea que “no es arbitrario deducir que el hombre de humilde extracción, impulsado por las circunstancias fortuitas o por un golpe político de suerte hacia las altas candidaturas y plantado al fin en la Presidencia de la República, aunque haya arribado al poder con la buena fe de un hombre sano, honrado y sencillo, embriagado de ingenuo gozo por su rápido encumbramiento, y sintiéndose lleno de las mejores intenciones, no descenderá de su alto cargo sin haber producido gravísimos trastornos a su patria”.

No obstante estos criterios, el Manual… es considerado por José Antonio Portuondo, junto a “Los negros esclavos” de Fernando Ortiz, los esfuerzos más serios de aquel tiempo por plantearse  de un modo científico los problemas fundamentales -políticos y étnicos- del país.

En 1921 seguía sin comprender a las multitudes y confiaba todavía el poder trasformador a las minorías, a las élites, al tiempo que decía encarar el problema de Cuba como pensador independiente, no como hombre público. Se situaba tan en contra de la corriente general, que mientras  se gestionaban empréstitos y se soñaba con millones otra vez, se aferraba a creer que la solución de Cuba esa otras, y que nos exigiera resolvernos  a ser pobres y a trabajar para nosotros mismos.

Esta demanda de retorno a una economía fundamentada en la satisfacción de las necesidades domésticas implicaba situar a la isla en una posición equidistante del capitalismo y de la revolución. Sin percatarse de ello Ramos contradice sus palabras cuando expresaba su convicción de la necesidad moral de Cuba de ser novelera, de ensayar hasta lo más absurdo en todos los órdenes.

Al mismo tiempo aún creía en la instrucción y la educación pública como único medio de obtener la identidad y la uniformidad de espíritu necesarios para que el ideal tan elevado cunda y se imponga por encima de todos los antagonismo personales inevitables para Ramos.

Las causas de este  reformismo se nos hacen evidentes si consideramos con atención la actitud filosófica de Ramos frente a los problemas. Su procedencia positivista le hace aceptar como dado e inconmovible el fenómeno de nuestro colonialismo con respecto de Estados Unidos. Somos, pues, una colonia destinada al aniquilamiento si osamos revelarnos con procedimientos revolucionarios -socialistas,  anarquistas o simplemente independentistas- o a la absorción si persistimos en el régimen económico de factoría, de grandes productores de azúcar, de hacendados millonarios asociados a Wall Street.

Ello es consecuencia de su aceptación del criterio materialista que ve en el económico el fundamento de los demás fenómenos históricos, pero es hijo también desu desconocimiento del sentido dialectico de lahistoria de la lucha de clases, sin lo cual aquel economismo no puede alentar más que una estéril posición reformista.

Hacia 1927 aún mostraba un desconocimiento de la situación en Cuba al plantear que en la isla no podía operarse el milagro de una revolución social, que el que sabía un poco de eso no podía ignorar que esas cosas no surgían de buenas a primeras, afirmando que de hecho no existían una organización obrera ni líderes. Desconocía o no reconocía la existencia del Partido Comunista y la Confederación Nacional Obrera de Cuba(CNOC), surgidas ambas en 1925 y abocadas a un profundo y convulso movimiento revolucionario.

El desarrollo de la Revolución del 30, con todas sus contradicciones, divisiones internas de las fuerzas revolucionarias, no dejaron menos que un sentimiento de frustración personal en Ramos.

La convocatoria a “organizar el partido” y la confianza futura en el pueblo cuando reconoce que “los pueblos serán algún día como barcos de vapor, con una ruta, una brújula y un camino recto a seguir·, si bien muestran cierta evolución de sus posiciones anteriores, no constituye aún acercamiento a las ideas revolucionarias y a la ideología del proletariado.

Para noviembre de 1933 se cuestionaba el contenido de la dictadura del proletariado y no comprendía la esencia de la lucha de clases que se libraba en el país. Al respecto interpelaba a Marinello:

“Sería diferente la dictadura del proletariado de los que ha sido el gobierno de “las mayorías” del sufragio? Basta el hecho de trabajar en un taller y no en una oficina  para que el hombre de  humilde origen y grandes ambiciones suba redento de egoísmos?

Era aún un demócrata liberal que se acercaba más en sus posiciones a la tradicional democracia representativa burguesa que a asumir posiciones revolucionarias a partir de la ideología marxista.

Ramos hacia el final de sus días abrazaba las ideas del proletariado y había mostrado inclinación hacia el Partido de la clase obrera. Cuándo se produjo esta evolución de su pensamiento desde posiciones liberal nacionalistas hacia posiciones marxistas y cuán profundo fue la radicalización de sus ideas?,  constituyen temas a profundizar. Lo cierto es que muchos le reconocen su acercamiento a la CTC, a quien le donó su biblioteca personal y su afiliación al Partido, a quienes expresó su simpatía por la actuación en la Constituyente del 40; su apoyo a Blas Roca y defensa de Marinello en 1940.

Bibliografía consultada:

1.      Aguirre, Sergio: “Como en las nuevas generaciones a José Antonio Ramos”, en: Revista Universidad de La Habana; Nos.70-72, enero-junio 1947.

2.      Alvarez Morales, Manuel: “Como en las nuevas generaciones a José Antonio Ramos”, en: Revista Universidad de La Habana; Nos.70-72, enero-junio 1947.

3.      Arroyo, Anita: “Como ven las nuevas generaciones a José Antonio Ramos”, en: Revista Universidad de La Habana; Nos.70-72, enero-junio 1947.

4.       Augier, A. “José Antonio Ramos: un escritor combatiente” en De la sangre en la letra. UNEAC, La Habana, 1972

5.      Henriquez Ureña, Max: “Evocación de José Antonio Ramos”, en: Revista Iberoamericana, junio 1947.

6.      Pogolotti, Marcelo: “El perfecto fulanista”, La República de Cuba al través de sus escritores, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2002.

7.      Portuondo, José  A: “José Antonio Ramos y la primera generación republicana de escritores cubanos”, en: Revista bimestre Cubana, Habana julio-diciembre 1948.

8.       _________________: Historia de la literatura Cubana, Tomo II. La literatura cubana entre 1899 y 1958.  La República. Editorial Letras Cubanas, La Habana. 2003.

9.      _________________: “El contenido político y social de las obras de José Antonio Ramos”, en: Revista de la Biblioteca Nacional “José Martí”, La Habana. Año 60, num. 1, enero-abril 1969.

10. _________________ : “como ven las nuevas generaciones a José Antonio Ramos”, en: “Revista de  la Universidad de La Habana”, Nos. 70-72. enero –junio 1947.

11. Ramos, José Antonio. Manual del perfecto fulanista. Apuntes para el estudio de nuestra dinámica política-social. Biblioteca Studium, J. Montero Editor. La Habana, 1916.

12. Rodríguez, Carlos Rafael: “Como ven las nuevas generaciones a José Antonio Ramos”, en: “Revista de la Universidad de La Habana”, Nos. 70-72. enero –junio 1947.

13.            Suárez Díaz, Ana: “Cada tiempo trae una faena...” (Selección de correspondencia de Juan Marinello Vidaurreta 1923-1940), Editorial José Martí, La Habana, 2004.



[1]Ver: Marcelo Pogolotti: “El perfecto fulanista”

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