Estudio sobre pensamiento Cubano
Título: La concepción de la revolución verdadera en el pensamiento político de Juan MarinelloAutor(es): Alina Bárbara López Hernández
Fecha de publicación: 01 de Junio de 2010
Los cambios de táctica de los comunistas cubanos, y los errores que en ocasiones se derivaron de tales cambios, han sido explicados tradicionalmente por la historiografía, salvo excepciones muy puntuales, como resultado de la confluencia de dos factores externos al partido: la política de Frentes Únicos orientada por < ="la Internacional Comunista" w:st="on"> la Internacional Comunista ante el auge del fascismo en Europa y la política de flexibilidad de los Estados Unidos y de los gobiernos de la región ante la inminencia y el posterior desarrollo de la Segunda Guerra Mundial.
Sin embargo, si bien varios partidos comunistas latinoamericanos tuvieron este escenario, solo en Chile y Cuba llegaron a alcanzar posiciones de relativo poder al acceder a los mecanismos políticos parlamentarios del sistema capitalista. Sería conveniente entonces abandonar los enfoques que homogenizan las transformaciones tácticas de estas organizaciones y analizar también las particularidades internas, en este caso, la dinámica del partido comunista cubano, y vincular también estos cambios tácticos con las ideas y proyecciones de sus dirigentes.
Una de las principales figuras de este Partido en Cuba fue Juan Marinello, que ocupó el cargo de presidente por espacio de veinte años (1939-1959). Aun cuando en la jerarquía de estas organizaciones, el secretario general era la figura principal y el presidente una figura honoraria, en el partido comunista cubano habría que reevaluar la posición de Marinello. No pretendemos negar la primacía de Blas Roca frente a los comunistas cubanos, pero Marinello se encargaba no solo de las relaciones con la intelectualidad cubana no marxista, junto a Carlos R. Rodríguez y Mirta Aguirre, sino también con el resto de los partidos y organizaciones políticas de Cuba y con la imagen del partido en el exterior. Este activo rol era lógico pues Marinello era un intelectual respetado, conocido, con gran prestigio y capacidad oratoria.
Algunos de los documentos más importantes en la vida del partido fueron redactados en solitario por Marinello. Señalamos en este sentido, por ejemplo, el informe rendido por él en calidad de líder de Unión Revolucionaria Comunista ante la Asamblea Constituyente de 1940; el informe sobre el cambio de nombre del partido en 1944, publicado como folleto bajo la autoría de Marinello con el título El Partido Socialista Popular, por otra parte, en la etapa de mayor represión de la dictadura de Batista, Blas Roca se mantuvo, de manera intermitente, en condiciones de clandestinidad y muchos de los documentos que se conservan en el Archivo del Instituto de Historia de Cuba están firmados solamente por Marinello, o por este y Salvador García Agüero. De ahí la importancia de estudiar las ideas politicas de alguien que, como Marinello, tuvo marcada influencia en las transformaciones que sufrió esta organización a lo largo de dos décadas.
Marinello comienza a militar en el partido comunista en el año 1938 y su cercanía a esta organización se explica, en gran medida, por el hecho de que el cambio de táctica de los comunistas en esa etapa los identificó con las ideas políticas de que era portador Marinello, especialmente con su concepción de la revolución
Desde inicios de los años treinta, Marinello consideraba que la vía revolucionaria era la única capaz de lograr la transformación radical de la sociedad cubana. Sin embargo, entendía que era un error de los revolucionarios “(…) suponer que el movimiento actual tiene una pequeña órbita que hay que recorrer a término fijo” pues estaba convencido de “(…) que la obra ha de ser larga y quizás no esté reservado a ninguno de los que en ella trabajan verle el final”. [1]
La revolución era apreciada por Juan Marinello como un proceso que se dividía en dos fases: una revolución inmediata, de liberación nacional y carácter antimperialista, que conduciría a la total independencia económica frente a los Estados Unidos. Ella serviría para preparar la segunda fase, que sería “(…) el acercamiento de un nuevo orden económico social cuya llegada nadie puede, a término fijo, prever”.[2] Es decir, otra revolución, de carácter socialista que, a largo plazo, sería la encargada de cambiar radicalmente la sociedad. Esto es a lo que Marinello le llamaba “la gran salida”.[3]
Raúl Roa, a pesar mantener criterios más cercanos al marxismo desde inicios de la década del treinta, tuvo una apreciación similar, pues entendía que lograda la emancipación respecto a Estados Unidos, o lo que es igual, la revolución antimperialista, sucedería entonces, “(…) por la mecánica misma del proceso histórico en fase ascendente, la socialización de Cuba (…)”[4]
De acuerdo a esta concepción, denominada por Marinello Revolución Verdadera, el socialismo debía instaurarse como resultado del desarrollo de la sociedad capitalista -libre de obstáculos como el que representaba la dependencia económica extranjera- lo que conduciría a su establecimiento, como una fase inevitable del proceso evolutivo de la sociedad. Esta idea asumía a la sociedad socialista como un peldaño obligatorio en la evolución social, al que se llegaría indefectiblemente mediante un alto grado de organización y concientización del proletariado.
El ideal de cambio ordenado propio del positivismo filosófico en que se había formado esta generación, había sido asumido por Juan Marinello que no propone, como parte de su concepción revolucionaria, la toma del poder por medio de la violencia. El poder era considerado por Marinello como corruptor de la revolución.
La visión de una etapa antimperialista, obligatoria y previa a la revolución socialista, había sido desarrollada por otros marxistas latinoamericanos. Aníbal Ponce, cuyas ideas políticas fueron apreciadas por Juan Marinello, era uno de sus artífices.
Cuando Marinello plantea el concepto de “Revolución Verdadera”, explica las razones por las que concebía ambas etapas.
En otras tierras en que las grandes propiedades y las industrias gigantescas son de nacionales, la socialización se producirá, tarde o temprano, de un solo golpe, pasando industrias y propiedades a la masa revolucionaria. En países coloniales como Cuba, el sentimiento de independencia nacional cobra un neto sentido económico porque las fábricas y los fundos no están en manos cubanas. Por ello es fuerza acudir a una etapa intermedia en que ese sentimiento de liberación sirva de camino adecuado a la socialización definitiva. (…) Es, además, un estado de libertad efectiva y de dignificación humana indiscutible. De ahí que ese camino sea el único que deben embocar los cubanos.[5]
En esta concepción de Juan Marinello quedan sin desarrollo los siguientes aspectos:
a) Cuando las tierras y los fundos fueran rescatados de manos extranjeras parece que todavía no pasarán a la masa revolucionaria, entonces a quién?, a una burguesía fuerte y nacionalista de quien, tarde o temprano, se recibieran de manera natural?
b) En esa socialización que se produciría de un solo golpe, no se propone la destrucción de la maquinaria estatal burguesa y por consiguiente, no se concibe la instauración de un nuevo Estado. Tal socialización no parece ser el resultado de la toma del poder.
Marinello consideraba que el poder conducía a la ambición de quien lo alcanzaba y entendía que ello podía corromper a la revolución. Entonces, ¿cómo se concreta la revolución? En este sentido existe ambigüedad en sus ideas politicas, pues consideraba que la revolución no nacía de la toma del poder, sino del “profundo querer popular,” de “la conciencia dinámica de la masa”, del fortalecimiento de la conciencia antimperialista que lograría la unidad.[6]
Es una especie de revolución de ideas, basada en una obra de carácter educativo que, a partir de la mejoría de las condiciones económicas que se lograrían después de la independencia respecto al imperialismo norteamericano, preparara a los explotados para una revolución, incierta y lejana.[7]
Después de las transformaciones que se generaron dentro del Partido Comunista de Cuba, a raíz de condiciones similares en el movimiento comunista internacional, Marinello encontró en esta organización una táctica que se correspondía con su concepción gradual y pacífica de la revolución socialista. [8]
Esta idea no sufre variaciones esenciales en su pensamiento reconocido como marxista. Continúa defendiendo la idea de la revolución como proceso inacabable.[9] Además, se mantiene la percepción de no concebir la toma del poder como un acto de la revolución, la que tampoco debería tener como fin la formación de un nuevo Estado. Como resultado de esta postura, Juan Marinello no apoyó a las organizaciones que en esos años mantuvieron una línea insurreccional. [10]
En 1949, Carlos Rafael Rodríguez calificaba al ideal social de la juventud ortodoxa como socialismo subjetivo. Las razones que esgrimía eran: “(…) aunque el socialismo a que dicen aspirar es un socialismo verdadero, solo se dirigen a él subjetivamente (…) El socialismo parece considerarse como la conclusión de un proceso evolutivo, parlamentario, que ha de gravitar naturalmente, una vez que se conquiste la libertad nacional”.[11]
Esto puede decirse de la concepción del socialismo en Juan Marinello; ella pasa por alto el problema fundamental de la revolución: el problema del poder. Al hablar del Estado, de qué Estado se trata? Quiénes lo dirigirán?
Marinello, aunque llega a reconocerlas, deja a un lado las contradicciones entre las clases, entre el capital y el trabajo, y coloca en primer plano la contradicción entre la nación dependiente y el capital extranjero, sin percatarse de que una contradicción envuelve la otra. No es que desconozca el doble carácter de la lucha social, pero le presta atención solo a la segunda. Pone en primer término los intereses nacionales cuando considera que la lucha por la liberación nacional debe preceder a la revolución proletaria.
Su concepción contiene medidas esenciales para la liberación definitiva, pero esta liberación se contempla como la obra pacífica, gradual cuya meta será el socialismo cubano. El resultado puede catalogarse de inconsecuencia política, pues no se adecuan los fines que se pretenden con los medios necesarios para lograrlos.
Marinello se queda solo en la exigencia de que la democracia ofrezca -parafraseando a Fernando Martínez Heredia- lo más que pueda de sí misma bajo el capitalismo, lo cual no es un error si se concibe como uno de los escenarios posibles, sin embargo no concibe que la insurrección de masas -entiéndase no solo proletarias- pueda hacer nacer a los actores sociales capaces de crear la sociedad esperada.
El centro del pensamiento marxista revolucionario debe partir siempre del análisis histórico concreto, pero en esta concepción sobre la revolución de la que Marinello es portador no se tienen en cuenta totalmente las condiciones de Cuba, su potencial revolucionario, sus tradiciones independentistas y la necesidad de liberarse de la penetración económica norteamericana, vinculada con una parte importante de la burguesía nacional, lo que podría impulsar, al mismo tiempo que un proceso de liberación nacional, una limitación de los intereses de esa burguesía que podría conducir a transformaciones socialistas.
Por otra parte, esta concepción de Juan Marinello no cree que la misión de la vanguardia política fuera violentar lo que Fernando Martínez Heredia denomina “reproducción esperable de la vida social”,[12] lo que podría propiciar el establecimiento de un poder revolucionario.
La concepción del desarrollo social en Marinello no es dialéctica, no acepta los momentos de ruptura ni la violencia, no lo aprecia como un proceso espiral, sino lineal, y el socialismo sería un momento obligatorio al que la sociedad llegaría en su perfeccionamiento.
La educación y organización de las masas para insertarse en la vida parlamentaria que la sociedad capitalista ofrecía fue su ideal político. No puede negarse que esta es una de las vías en que pudiera manifestarse un proceso de cambios y, en consecuencia, es uno de los escenarios posibles. Sin embargo, en los dos momentos de la república burguesa en Cuba en los que se manifestó una situación revolucionaria, Marinello se mantuvo apegado a la idea de la evolución gradual de la sociedad. En 1948, siendo vicepresidente del senado, le escribió a Salvador Massip: “(…) Lo que queremos los marxistas del PSP es organizar la vida cubana dentro de los cauces democráticos y progresistas que la realidad y la Constitución aconsejan y franquean, porque este es el verdadero entendimiento marxista de nuestro caso. Y solo el PSP puede realizar tal obra en Cuba. El tiempo se encargará de probarlo (…)” [13]
El apego absoluto de Marinello a los cauces institucionales de la democracia capitalista y su sistema parlamentario, aun en medio de una situación revolucionaria, puede ser valorado como una inconsecuencia, pues niega la acción política, la praxis revolucionaria consustancial al marxismo.
Para Juan Marinello, la clase obrera llegaría al poder por “determinismo económico”, por el ansia de justicia nacida de la opresión económica que la llevaría a organizarse para elegir la alternativa socialista, pero nunca por la toma revolucionaria del poder. En Marinello existe una concepción sobre la revolución pero no una práctica y el marxismo, además de ser una teoría que explica la sociedad, es también una ideología práctica para la transformación de la misma.
Estas ideas se manifestaron también en otras figuras consideradas marxistas como el presidente chileno Salvador Allende que dijo, en su discurso ante la ONU en 1972, que el pueblo chileno había demostrado su madurez política para, utilizando los mecanismos tradicionales y apegados a la constitucionalidad de la sociedad capitalista, llegar al socialismo.
El análisis anterior devela que la forma en que se produce la recepción del marxismo en Juan Marinello constituye una demostración de la objetividad del pensamiento, pues este no se sustrae nunca a su época y a las influencias que recibe -logre o no superarlas- cuestión que en Marinello se evidencia porque articula algunos aspectos propios de la concepción positivista en el proceso de evolución de sus ideas políticas hacia una concepción martiana y marxista.
A pesar de que se reconozcan en estas ideas políticas de Juan Marinello algunas inconsecuencias, se considera que ellas tuvieron como centro la realidad de Cuba y es esto lo que lo llevó a reconocer la necesidad de la transformación anticapitalista de la nación cubana y la apreciación del socialismo como un sistema basado en la justicia social y por ello superior. El hecho de que estas ideas políticas hayan madurado en un proceso dinámico de vinculación con lo nacional y a partir de su relación con el movimiento revolucionario, es lo que aporta el elemento de autenticidad en su pensamiento político marxista.
[1] Carta de Juan Marinello a Raúl Roa, 10 de febrero de 1931, Ver: A. Suárez Díaz, Op. Cit. p. 227.
[2] Carta de Juan Marinello a la dirección del DEU, 24 de mayo de 1932, Ver: A. Suárez Díaz, Op. Cit. p. 273.
[3] Marinello opinaba que en el sentido político los mejores son “(…) cuando han visto claro, frente a la perenne crisis que es el hecho humano, las vías de salida temporal, afluentes de la gran salida que el hombre quiere”. Juan Marinello: “Acción y comentarios,” en: El País, 6 de julio de 1931, p. 8.
[4] Raúl Roa: Op. Cit. p. 207.
[5] Juan Marinello: “ < ="la Revoluciáá¿án Verdadera" w:st="on"> La Revolución Verdadera”. Carta a Pedro Alejandro López, 17 de noviembre de 1933. Ver: Ana Suárez. Op. Cit. p. 812.
[6] “ La R [sic] (…) no es el instante de la insurrección sino la conciencia dinámica de la masa. De ahí que se nos imponga como un deber inaplazable organizar y fortalecer en ella la conciencia antimperialista y unirla firmemente en esta conciencia. Sólo si la masa está penetrada (…) de su rol antimperialista, podrá nulificarse o atenuarse en el momento decisivo de la lucha, la agresión del Norte”. Juan Marinello: Carta a Ramón Grau San Martín, 29 de julio de 1935, Ana Suárez: Op. Cit. p. 513.
[7]Según se infiere de sus palabras a José Antonio Ramos: (…) mucho te he oído decir sobre la decisoria influencia del medio; sobre la obra prodigiosa de la educación. Pues en esa obra, en ese medio transformador lo fiamos nosotros todo. Y ese medio, esa medicina, esa educación para que los idiotas sean menos, (…) esa obra de “posibilidad de transformación,” solo es posible rompiendo una realidad económica que la impide porque deja sin tratamiento superativo a las más. (…) Pero sabiendo la magnitud de la obra, hay hombres en esta islita que saben medir sus fuerzas y su responsabilidad y atemperar la obra inmediata –como ya queda dicha- a lo que debe y puede hacerse en esa enorme obra de mutación universal”. (Carta a José Antonio Ramos, abril 29 de 1935. Ana Suárez: Op. Cit. p.488)
[8] Para profundizar: Angelina Rojas: Historia del Primer Partido Comunista de Cuba, Editorial Oriente, 2004.
[9] Citado por Luis Pavón en las notas a Juan Marinello: Cartas a Pepilla, (Recopilación y Notas de Luis Pavón), Editora Política, La Habana, 1989, p. 140.
[10] “(…) Esa Revolución, me dirás, ya la están preparando algunos cubanos sin hoz ni martillo. En efecto, los guiteristas, gente decidida y de empuje, hablan de una revolución agraria y antimperialista para plazo brevísimo. Tienen sin duda gentes valientes y dinero. Quizás compren algunos coroneles y ametralladoras y en un buen instante lleguen a Palacio. Nada podrán hacer. Nada, porque el yanqui sabrá (…) que no es esa Revolución nacida de ese profundo querer popular que te decía, sino la obra de un grupo esforzado –y cegado por un afán heroico y una ambición vulgar- y no tendrá inconveniente alguno en derribarlos”. Juan Marinello: Carta a José Antonio Ramos, abril 29 de 1935. Ana Suárez: Op. Cit. pp.487-488. // Tampoco simpatizaba con los apristas pues creía que desfiguraban el marxismo “(…) con vista a una oportunidad rápida de mando que, por venir sin hondura revolucionaria será perdida para la liberación de nuestra masa miserable (…)”. Carta a Navarro Luna, 28 de junio de 1935, Ana Suárez: Op. Cit. p.506.
[11] Carlos Rafael Rodríguez: “El pensamiento de la juventud ortodoxa,” Verlo en: Letra con filo, t I, Editorial de Ciencias sociales, < ="La Habana" w:st="on"> La Habana, 1983, p. 73.
[12] Fernando Martínez Heredia: “Guiteras y el socialismo cubano”, La Revolución Cubana del Treinta. Ensayos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2007, p. 113.
[13] Ver: Carta a S. Massip de 11 de junio de 1948, (Fondo personal del Dr. José Alfredo León Méndez, Santi Spíritus, inédita).
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