Revista Cubana de Filosofía. Edición Digital
No. 29. Noviembre - Junio 2017. ISSN: 1817-0137


 
 

Estudio sobre pensamiento Cubano

Título: Bosquejo histórico sobre las Reformas Universitarias del siglo XX en Cuba
Autor(es): Anna Lidia Beltrán Marín
Fecha de publicación: 01 de Junio de 2012

Resumen

El trabajo presenta un breve bosquejo histórico de los sucesos acontecidos alrededor de las Reformas Universitarias en Cuba. Se explica la influencia ejercida por el Movimiento Reforma universitaria surgido en la Universidad de Córdoba, sus ecos en el continente y en Cuba. Reseña los hechos ocurridos en los años 20 cuando Julio Antonio Mella y un grupo de jóvenes cubanos protagonizaron la Reforma universitaria y a su calor fundaron la Universidad Popular José Martí. Esboza aspectos del Programa del Moncada y de la Campaña de alfabetización, para finalmente abordar la Reforma Universitaria del 10 de enero de 1962. 

A modo de introducción

El objetivo del presente trabajo es contribuir a divulgar entre el estudiantado universitario cubano los principales antecedentes, aportes al desarrollo educacional del país y los principales planteamientos de la Reforma Universitaria proclamada en la Educación Superior cubana hace ya medio siglo.

Recientemente en la sede del Ministerio de Educación Superior tuvo lugar un encuentro con el propósito de debatir acerca de la Reforma de 1962, contó con la participación, entre otros del doctor Armando Hart y el Profesor de Mérito Juan Nuiry. En sus palabras, Miguel Díaz-Canel, realizó un llamado a la comunidad universitaria a desarrollar un pensamiento colectivo sobre la Reforma.  Al respecto expresó: «Me queda la insatisfacción de que cuando era estudiante y luego profesor universitario nadie me habló sobre ella. Hoy constituye una de las ausencias formativas que tenemos porque no está incorporada al patrimonio de alumnos y docentes. Debemos ser capaces, a partir de ahora, de trasmitir ese legado».

En su primer recorrido del año a la Universidad de Sancti Spíritus, el 11 de enero de 2012, el titular del MES señaló la importancia de que estudiantes y profesores conozcan los sucesos relacionados con la Reforma Universitaria y la historia de la Educación Superior en Cuba y en el territorio.

Para contribuir a esa solicitud se presenta este ensayo que puede servir de punto de partida a futuras indagaciones y esclarecimientos sobre hechos de nuestra historia que no han sido suficientemente plasmados en los textos historia Cuba.

La Reforma Universitaria de Córdoba: antecedente de los movimientos revolucionarios latinoamericanos de los años veinte.

La protesta de los universitarios de Córdoba contra los rezagos coloniales y escolásticos que ensombrecían la enseñanza en los centros de estudios superiores tuvo una honda repercusión no sólo en la esfera académica Argentina, así como en la de la generalidad de los países latinoamericanos, sino también en la esfera política. Fue una clarinada de alerta contra la dependencia económica, la falta de libertad política y la opresión imperialista que después de las guerras por la independencia se habían asentado en los países latinoamericanos.

La Reforma Universitaria de los años 1918-1920 es uno de los hechos que ha quedado más vinculado a las luchas de la clase media en América Latina la que redundó considerablemente en los movimientos universitarios de toda la región. Sus orígenes fueron los conflictos que tuvieron lugar a comienzos del siglo XX, entre la élite criolla y los nuevos grupos emergentes de clase media en torno al acceso a las universidades y más allá de éstas, a las profesiones liberales urbanas. La Reforma Universitaria estuvo vinculada al proceso de tensión social entre los grupos de la clase media, producto de la restricción al crecimiento industrial en la economía primario-exportadora que caracterizaba a estos países, y limitaba su propio desarrollo.

Una de las principales figuras del pensamiento filosófico latinoamericano y posiblemente uno de los primeros en convertirse en ideólogo de la Reforma Universitaria, fue José Ingenieros. Su obra La Universidad del porvenir constituyó una de las más importantes referencias del Manifiesto de Córdoba. Escrita en 1916 luego de ser llevada por su autor, como ponencia al II Congreso Científico Panamericano; en este trabajo, ampliaba los criterios expuestos en una de sus más conocidas obras El hombre mediocre, en la que cuestionaba la actitud burocrática y rutinaria de las universidades.

Desde finales del siglo XIX la penetración del capital extranjero había creado en las grandes ciudades del continente una clase media que pugnaba por ingresar en la universidad. Su pretensión, sin embargo, chocaba con la estructura medieval de éstas, que tenían como función formar a los hijos de las capas más adineradas. Esta contradicción fue la base para que la chispa que se encendió en Córdoba en 1918 prendiera rápidamente hasta expandirse durante más de una década por todo el continente. El fuego sacudió primero al Perú, luego a Chile, Cuba, Colombia, Guatemala y Uruguay. Una segunda oleada, tendría lugar en la década del 30 en el Brasil, Paraguay, Bolivia, Ecuador, Venezuela y México.

Como se planteó anteriormente las reformas universitarias aparecieron en 1918 en la Ciudad de Córdoba, Argentina, y luego en otras Casas de Altos Estudios de la región, en las que se produjeron una sucesión de huelgas estudiantiles. Su objetivo era que se modificaran los planes de estudio y se pusiera fin a la influencia escolástica y clerical en la educación superior. Los reformadores presentaron sus ideas en términos de una filosofía de la educación y la sociedad marcadamente distinta a la del pasado, propagándose la democracia educativa y la participación de los estudiantes en el gobierno de las Universidades. Como expresara Armando Hart: “Las Reformas Universitarias están insertadas en la historia del movimiento de las ideas políticas y sociales del siglo XX. Aparecieron paralelamente al triunfo del leninismo”[1].

El movimiento estudiantil que se inició con la lucha de los estudiantes de Córdoba, por la reforma de la universidad, señala el nacimiento de la nueva generación latinoamericana. El Dr. Hart, expuso claramente la relevancia de la Reforma Universitaria para la presente generación: “Hoy lo más trascendente de las reformas universitarias está en que nos enlazan con la mejor tradición progresista de la educación y la cultura latinoamericanas, nos enlazan históricamente con el movimiento iniciado en Córdoba en 1918, por eso, desde aquí enviamos un saludo a los universitarios argentinos y los invitamos a actualizarnos todos en esta historia. Argentina, Cuba y nuestra América lo necesitan.” [2]

Este movimiento, expandido a toda América, fue una verdadera revolución cultural contra el conservadurismo, el clericalismo y el autoritarismo imperante en los claustros y en la sociedad civil. Su Manifiesto expresa las demandas de los estudiantes argentinos y además invita a los estudiantes de toda la América del Sur, a incorporarse a este movimiento.

El Manifiesto de Córdoba, constituye un alegato relevante para la historia Latinoamericana, en uno de sus párrafos finales expone la siguiente afirmación. “La juventud ya no pide. Exige que se le reconozca el derecho a exteriorizar ese pensamiento propio en los cuerpos universitarios por medio de sus representantes. Está cansada de soportar a los tiranos. Si ha sido capaz de realizar una revolución en las conciencias, no puede desconocérsele la capacidad de intervenir en el gobierno de su propia casa. La juventud universitaria de Córdoba, por intermedio de su federación, saluda a los compañeros de América toda y les incita a colaborar en la obra de libertad que inicia”[3].

Los acontecimientos en los demás países del continente mantuvieron una similitud con los ocurridos en Argentina. En Perú, estalló la rebelión estudiantil en 1919. Con su vista puesta en Córdoba, la juventud peruana levantó las banderas de la Reforma Universitaria. Víctor Raúl Haya de la Torre, Gabriel del Mazo y Alfredo Demaría, presidentes, respectivamente, de las Federaciones estudiantiles del Perú, Argentina y Chile, subscribieron acuerdos, en 1920, por los cuales esas organizaciones se comprometían a efectuar propaganda activa por todos los medios para hacer efectivo el ideal del americanismo, procurando el acercamiento de todos los pueblos del continente y el estudio de sus problemas cardinales.

El Congreso Internacional de Estudiantes, efectuado en 1921 en México, tuvo carácter latinoamericano. Aquí se declaraba que la juventud universitaria lucharía por el advenimiento de una nueva humanidad fundada sobre los principios modernos de justicia en el orden económico y político, se condenaron las tendencias del imperialismo y de hegemonía y todos los hechos de conquista territorial.

En Chile, los estudiantes también habían proclamado su lucha por la reforma de las universidades. Decidieron apoyar, para esto, a un candidato liberal, Arturo Alessandrini, que disputaba el poder con el sector más conservador. Luego de ganar las elecciones, Alessandrini siguió el ejemplo de los gobiernos de Argentina y Perú, y negó la posibilidad de cualquier reforma. En Cuba los ecos de la Reforma de Córdoba no tardaron en sentirse; uno de sus más fieles exponentes fue Julio Antonio Mella, quien se convirtió así mismo, en uno de los más ingeniosos representantes del Movimiento de Reforma Universitaria en Latinoamérica.

El Movimiento Estudiantil originado en Córdoba logró irradiarse por América Latina, demostraba que constituía una respuesta a necesidades y circunstancias similares experimentadas en toda la región, fue un movimiento de alcance continental. La publicación del Manifiesto desencadenó una serie de reclamos estudiantiles en casi todos los países, que colocaron el problema universitario en el primer plano de las preocupaciones nacionales.

Al declinar la oleada revolucionaria mundial, que se tradujo en América Latina, con la Reforma Universitaria, a los integrantes de ésta les quedaron dos caminos, en general: adherirse a la Revolución Rusa, tal como lo hicieron transitoriamente muchos reformistas; o, de lo contrario, adaptarse a la realidad económica y política de sus países, reduciéndose a mantener los principios pedagógicos de la Reforma.

En Perú fue donde la Reforma universitaria tuvo mayor despliegue. A partir de la fundación del Centro Universitario de Lima, en 1907, las inquietudes estudiantiles se agudizaron, una visita de Alfredo Palacios[4] precipitó la crisis. Eran los años de la dictadura de Augusto Leguía[5]. Los estudiantes pedían el establecimiento de cátedras libres pagadas por el Estado, la legalización del derecho de tacha(es decir marcar o tachar el nombre de los profesores que ejercían la docencia al margen del progreso científico de momento, los cuales eran catalogados de ineptos), asistencia libre y representación en el Consejo Universitario. La perennidad de las cátedras había creado un sistema feudal universitario, dándose el caso de Facultades que no eran sino la prolongación de determinadas familias. Dirigía el reclamo estudiantil el Presidente de la Federación de Estudiantes, Víctor Raúl Haya de la Torre.

José Carlos Mariátegui, se encontraba estudiando en Europa, y al llegar a Perú en 1923, se sumó enseguida a las luchas universitarias, se propuso la tarea de editar una publicación periódica. Estableció contacto con Haya de la Torre y con la Universidad Popular, por intermedio de Fausto Posadas, quien fuera redactor obrero de La Razón. A los dos meses de su llegada, inició su ciclo conferencias en la Universidad Popular titulado "Historia de la Vida Mundial". E inició su colaboración con la revista Variedades. En 1926 acepta participar en el APRA, pero luego de comprender las posiciones asumidas por Haya de la Torre rompe con dicha organización, dos años más tarde. Su labor política en defensa del sindicalismo y el proletariado fue muy importante, así como su pensamiento político.

En su obra Siete Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana, realiza una valoración crítica de la Reforma Universitaria y las luchas estudiantiles. A su juicio el movimiento estudiantil que se inició con la lucha de los estudiantes de Córdoba, por la Reforma Universitaria señala el nacimiento de la nueva generación latinoamericana. El proceso de la agitación universitaria en Argentina, Uruguay, Chile, Perú, etc., tiene el mismo origen, el anhelo de la reforma se presenta, con similares características, en las universidades latinoamericanas; los estudiantes motivados a la lucha, a través de protestas expresan su malestar ante la repercusión en Latinoamérica de los sucesos posteriores a la guerra.

Según Mariátegui: “El concepto difuso y urgente de que el mundo entraba en un ciclo nuevo, despertaba en los jóvenes la ambición de cumplir una función heroica y de realizar una obra histórica (…) la actitud de la nueva generación era espontánea revolucionaria”; La ideología del movimiento estudiantil careció al principio de homogeneidad y autonomía[6].

El marxista peruano en su obra detalla los reclamos de los estudiantes de su país: “defensa de la autonomía de las universidades; participación estudiantil en la dirección y orientación de sus respectivas universidades y escuelas especiales; derecho de voto por los estudiantes en la elección de rectores de las universidades; renovación de los métodos pedagógicos; voto de honor de los estudiantes en la provisión de las cátedras; incorporación de la universidad de los valores extrauniversitarios; socialización de la cultura: universidades populares etc. “[7]

Su valoración del proceso ocurrido en la Universidad de Lima parte de la explicación de que el movimiento estudiantil peruano recibió influencias ideológicas de la victoriosa revolución estudiantil de Córdoba y de la oportuna participación del profesor Alfredo Palacios. Pero en su origen, constituyó principalmente una rebelión de los estudiantes contra algunos catedráticos de evidente incapacidad.

Los jóvenes de la generación del veinte se sentían en la necesidad de cambiar el estado de las cosas tal y como tenían lugar en los países de la región, tenían una actitud revolucionaria. Pero solamente a partir de la colaboración con los obreros, podrían alcanzar las vanguardias universitarias, una definida orientación ideológica. El Movimiento de Reforma Universitaria se proponía objetivos que iban más allá de demandas estudiantiles, daban pasos cada vez más certeros hacia una profunda renovación latinoamericana y los estudiantes se incorporaron al movimiento de difusión de las ideas marxistas en la región, la creación de Universidades Populares da fe de ello.

El movimiento Reforma Universitaria en Cuba.

A partir de los reclamos de la reforma de Córdoba, en 1918, se extendieron por América Latina las ideas socialistas del siglo XX. En Cuba esa tarea la llevó a cabo la juventud estudiantil bajo la dirección de Mella. Ellos formaron la vanguardia del movimiento que inició las luchas contra el tirano Machado.

Entre sus acciones más significativas estuvieron las movilizaciones de los estudiantes universitarios, y en especial de las organizaciones juveniles, las cuales se pronunciaban por: el carácter científico de los estudios superiores, por la asimilación de las ideas del marxismo, por el enfrentamiento contra el imperialismo, por la plena identificación con los mejores ideales de la tradición pedagógica cubana, por las radicales y profundas transformaciones sociales. Aspiraban a que los hijos de los obreros y trabajadores del campo estudiaran en las universidades, se plantearon crear la Universidad Popular José Martí, que vinculaba a los estudiantes con la clase obrera y sentaron las bases de la lucha por la unidad continental.

Refiriéndose a estos acontecimientos Armando Hart ha expresado: “La necesidad de la unidad y la cohesión nacional reclaman nuevas formas de democracia. Cuba encontró a partir del pensamiento de Julio Antonio Mella y los que propiciaron, desde los tiempos ya remotos de Córdoba, reformas universitarias radicales y las halló en el entronque de estos principios con las ideas que venían de Lenin. Esto, desde luego, sobre el fundamento de la tradición y el pensamiento de José Martí”.[8]

El movimiento de Reforma Universitaria comenzó en Cuba en diciembre de 1922. El día 4 de ese mes, el profesor argentino José Arce, Rector de la Universidad de Buenos Aires que se encontraba en Cuba en representación de su nación al VI Congreso médico Latinoamericano, recibió la investidura de Rector Honoris Causa de la Universidad de la Habana, en cuyo acto, pronunció una conferencia sobre La evolución de las universidades argentinas, describió el proceso de la revolución en la Universidad de Córdoba, así como el papel que los estudiantes habían desempeñado en ella, y la transformación de dicho centro por la voluntad renovadora de la juventud.

Estas palabras fueron decisivas para el inicio de la Reforma Universitaria en Cuba, pero su mensaje caía en terreno ya abonado. La estancia de Arce en la Universidad de la Habana, fue escena del surgimiento en Cuba de la consigna:”La autonomía universitaria.”

Un incidente ocurrido en la escuela de Medicina fue lo que hubo de prender la chispa de la revolución universitaria en la Habana. Un altercado contra el profesor Rafael Menocal, quien trataba injustamente a los estudiantes, con arrogancia y falta de respeto. Por este motivo los estudiantes comenzaron a pedir su sustitución.

Animados por las palabras de Arce los jóvenes cubanos se dieron la tarea de organizar una Federación Estudiantil. De esta forma, el 10 de diciembre, apareció en el periódico La Discusión un “Manifiesto a los Estudiantes Universitarios” que incitaba a todos los estudiantes a fundar la Federación de Estudiantes de la Universidad de la Habana (FEU), la cual quedó constituida el 21 de diciembre de 1922, fue elegido en su directiva Felio Marinello como presidente y Julio A. Mella como secretario.

La FEU de la Universidad de la Habana, redactó un manifiesto en el que exponía el derecho de la universidad a disfrutar de una amplia autonomía para gobernarse por si misma; el derecho de los estudiantes a intervenir en la administración de la universidad, y el deber en que estaba el gobierno de facilitar los fondos necesarios para la constitución de los edificios docentes y el mejoramiento general de la enseñanza.

La huelga general universitaria estalla el 10 de enero, a ella se suman en los días siguientes, los estudiantes de los Institutos, e incluso de algunos colegios privados, tales como las Escuelas Pías de Camagüey. Por primera vez discuten juntos la situación universitaria algunos profesores, el Rector Carlos de la Torre, Rodríguez Lendian, Varela Zerqueira, Alfredo Aguayo y la representación de la FEU. Otros incidentes conllevaron al nombramiento del Dr. Antolín del Cueto como Rector, el cual decretó la clausura temporal de la universidad. Y el Presidente Zayas admitió la formación de una Comisión Mixta de profesores y alumnos para estudiar la Reforma Universitaria. En la Cámara de Representantes se presentó un proyecto de Ley Orgánica de la Universidad.

En esa misma fecha la prensa publicó las declaraciones del Presidente y del Secretario de la FEU: Felio Marinello expresó: “El momento es grave y decisivo. La universidad está amenazada de clausura y de una ley dictatorial. Hace falta un carácter íntegro que resuelva”; Mella explicó el alcance del movimiento estudiantil: “La revolución universitaria es la continuación del gran movimiento iniciado en Córdoba y que hoy viene por ley histórica a sufrir sus efectos en ésta República. Es en la vida de las Universidades Latinoamericanas, lo que en la vida de los pueblos fue la Gran Revolución. Es un movimiento de libertad y de progreso. Es una formidable revolución de ideas y métodos en la enseñanza y en la sociedad, por eso tiene enemigos, son muchos, los de siempre, los que medran el aparato de la inmoralidad actual, los reaccionarios por temperamento, los mediocres asustados; pero sin diputa la justicia es nuestra y por eso será también la victoria.”[9]

En vista de que la no se resolvían las demandas a situación se agudizó y el 11 de marzo, los estudiantes exigieron al Rector su renuncia. Los estudiantes colocaron un cartel en las puertas del recinto universitario que decía: “Se alquila la Universidad, se necesita un rector.” Al siguiente día el Directorio declaró a la de la Habana “Universidad libre”. Mella asumió el rectorado, anunciando que rápidamente se reanudarían las clases. Los profesores auxiliares suplantarían a los inculpados, en su ausencia, acometerían la labor los estudiantes más adelantados.

La Comisión Mixta que examinó todos los particulares del conflicto eligió su presidente al profesor Enrique Hernández Cartaza y su secretario, el estudiante Julio A. Mella. Cuatro días después, el Presidente Zayas, rubricó otro Decreto por el que creaba la anhelada Asamblea Universitaria. En los días siguientes se eligieron profesores para sustituir a los encausados y el Directorio Estudiantil acordó restablecer las clases.

No todos los estudiantes se dedicaron a solucionar su situación personal esgrimiendo los acontecimientos propicios. Mella consideraba que era necesario no dormirse en los laureles y obtiene un voto de confianza del Directorio de la FEU para trasladarse hacia las provincias donde se dedica a visitar las Asociaciones de Estudiantes Secundarios con el propósito de promover la realización de un Primer Congreso Nacional de Estudiantes[10].

La sesión preparatoria del Congreso se efectuó el mismo día de la inauguración del nuevo curso escolar en la universidad, y tuvo una gran significación, se puede afirmar que a partir de aquí no se podrá hablar de Reforma Universitaria sino de “revolución universitaria”. El objetivo fundamental del Congreso era decretar las medidas orientadas “al perfeccionamiento de la acción estudiantil en los campos educacional, social e internacional”[11]Se abordaron en este evento problemas relacionados con la falta de instrucción infantil, se aprobó una moción para que se iniciara en el país una campaña de alfabetización, se propuso proscribir la enseñanza religiosa en las aulas, se trató ampliamente la cuestión del acercamiento a los países latinoamericanos, empezando por las uniones de estudiantes, etc.

Se discutieron aspectos relacionados con el sistema de provisión de cátedras, la necesidad del título idóneo para el ejercicio de la docencia privada, la creación de becas de estudios en las universidades hispanoamericanas, la organización de cursos de verano, el establecimiento del día del estudiante, la unificación de la juventud, el análisis de la situación internacional, la lucha contra las dictaduras, el papel del imperialismo, la separación del Estado y la iglesia y la participación de los estudiantes en el movimiento obrero.

Hubo propuestas como la de Alfonso Bernal del Riesgo, jefe del Grupo Renovación, quien además de plantear que el Comité Ejecutivo en la Federación propiciara la formación en el estudiantado cubano de una mentalidad revolucionaria, presentó una ponencia titulada: Los principios, la táctica y los fines de la revolución universitaria. Esa fue una de las proposiciones más importantes ya que estos principios eran los mismos que habían enarbolado las juventudes reformistas del continente: una verdadera democracia universitaria, una verdadera renovación pedagógica y científica, una verdadera popularización de la enseñanza universitaria. La táctica no podía ser otra que lucha única, objetivo único, frente único, pero el estudiantado no debía ceñirse a luchar con una perspectiva puramente universitaria; debía aportar también, su energía, su entusiasmo y su inteligencia a la gestación y advenimiento de una nueva sociedad. En sus conclusiones exigía un proyecto de resolución que proponía que el Directorio de la Federación creara en el alumnado cubano la mentalidad revolucionaria demandada en los tiempos nuevos, así como la formulación  de un programa que contuviera todas las aspiraciones de los estudiantes, que se creara una prensa capaz de mover a las masas estudiantiles y de hacerse oír en la nación, que se gestionara la participación de los estudiantes en todos los organismos universitarios en la misma proporción que lo estaban en la Asamblea Universitaria y que fueran los Consejos de la Facultad los encargados de modificar los Planes de Estudios.

Este Congreso se pronunció contra el imperialismo yanqui y contra la Enmienda Platt. Siendo los tres acuerdos de mayor resonancia: la fundación de la Confederación de Estudiantes de Cuba, la Declaración de Derechos y Deberes del Estudiante y la creación de la Universidad Popular José Martí.

Es conveniente destacar la apreciación de Raúl Roa sobre este importante evento: “El Primer Congreso Nacional de estudiantes constituye la más alta y perdurable contribución del movimiento revolucionario de 1923 al proceso de la reforma universitaria en América.”[12] Además planteó que: “En los albores de 1924, la Federación Universitaria de Argentina lanzó la idea, a propuesta de Gabriel del Mazo, de fundar una Internacional de Estudiantes. De su comunicación a la Federación Estudiantil de la Universidad de la Habana- que respondería afirmativamente por conducto de Julio Antonio Mella- trascribo los siguientes párrafos: “A través de Haya de la Torre y de las páginas de “Juventud”, somos ya como viejos amigos: el mismo idioma, idéntico lenguaje, iguales sueños. Es que hay una hermandad de origen y de ideal entre todos nosotros. Desde México y las Antillas a la Argentina, se afirma inconfundiblemente la nueva generación en un mismo afán de iconoclastia y de justicia. La misma sensibilidad para los problemas del mundo. El mismo divorcio espiritual e ideológico con la generación precedente. La misma intuición del destino mesiánico de nuestra América. Creemos que ha llegado el momento en que los jóvenes debemos crear órganos para el mejor entendimiento y cohesión.” [13]

La posición de Mella, al valorar los sucesos, fue avanzada y precisa: "¿Puede ser un hecho la reforma universitaria? Vemos muchas dificultades se implanten totalmente. Para un cambio radical, de acuerdo con las bases reformistas, es necesario el concurso del gobierno. ¿Es capaz un gobierno de los que hoy tiene América en casi todas sus naciones de abrazar íntimamente los principios de la reforma universitaria? Afirmamos que es imposible. ¿Puede la juventud universitaria imponer ella, de por si, los principios nuevos en las universidades? En algunas de sus partes si, pero en otras no. En lo que a Cuba se refiere es necesario primero una revolución social para hacer una revolución universitaria”[14], quedaba claro que la liberación nacional no podría ser obtenida por la pequeña-burguesía, y los estudiantes solamente, sino por la unidad con la clase obrera.

En respuesta a un periodista que lo entrevistara en 1924 a propósito de la Reforma Universitaria[15], Mella, explica que este movimiento iniciado en Córdoba, en el año 1918, parecía obedecer a un sentimiento instintivo, simultáneo, de los latinoamericanos, por tanto no tiene precedente ni se funda en adaptaciones de iniciativas exteriores. De allí se extendió a Chile, a Uruguay, a Perú, y a otras repúblicas de América. Lo extraordinario de este movimiento, es que ha sido una aspiración común, muestra del espontáneo ímpetu, que la juventud latinoamericana ha sentido.

La valoración de Mella no se queda en el plano del análisis de la situación revolucionaria en Cuba, sino va más allá de estas fronteras y tiene un alcance continental. Entre las exigencias fundamentales goza de particular relevancia la solicitud de los estudiantes en el gobierno universitario, con el propósito de criticar toda reforma en los planes de estudio; la depuración del profesorado, y la autonomía universitaria. En su opinión el objetivo principal de la Reforma Universitaria en Cuba era la obtención de la autonomía universitaria, y para alcanzarla, apelarían a todas las vías, incluidas la violencia si fuera necesario. Había cooperación de los elementos radicales, de izquierda, del proletariado consciente.

Lo fundamental de la Reforma Universitaria cubana y lo que la hizo perdurar, fue que respondía a necesidades académicas de transformación radical de los métodos y contenidos de la enseñanza y, simultáneamente, propagaba lo docente para convertirse en una exigencia político-social de extenso alcance. Las ideas de reformas docentes y académicas procedían de la tradición educativa e independentista cubana desde los tiempos coloniales, expuestos en la obra de José Agustín Caballero, Félix Varela, José de la Luz y Caballero y José Martí.

Una acertada valoración de la revolución universitaria de los años veinte fue emitida por Raúl Roa: “La Reforma Universitaria expresa, en pareja medida, la crisis de la economía semicolonial dominante en nuestra América y la crisis de la Universidad que ha generado y sustenta. En eso estriba, precisamente, su profunda significación histórica”[16].

El camino trazado por Mella, si bien él no lo pudo transitar en su totalidad, fue seguido posteriormente por un movimiento dirigido también, en gran parte, por jóvenes universitarios. Fueron ellos los que integraron el Movimiento 26 de Julio, bajo el liderazgo de Fidel Castro, que realizó la primera revolución obrera del continente. En Cuba, la Reforma triunfó como Revolución.

La Universidad Popular José Martí.

Uno de los logros más importantes del Movimiento de Reforma Universitaria fue la creación de las Universidades Populares, su importancia política radica en que  vincularon al estudiantado con la clase obrera.

La fundación de las universidades populares (González Prada, en el Perú; Lastania, en Chile; José Martí, en Cuba, etc.), está estrechamente relacionadas con el surgimiento de una corriente socialista y la aparición de una conciencia de clase en el proletariado urbano, aparecía por tanto, un factor nuevo que modificaba sustancialmente la situación, era el momento en que comenzaron a compenetrarse obreros y estudiantes.

Las primeras manifestaciones de propaganda ideológica revolucionaria fueron en el Perú las suscitadas, por el pensamiento radical de Manuel González Prada (1848-1918), escritor peruano, quien criticó oportunamente las concepciones estéticas y económicas de su tiempo. Liberado de todo academicismo, creó nuevas formas literarias y modernas corrientes ideológicas. En su homenaje los estudiantes revolucionarios del Perú fundaron una universidad popular a la que le dieron su nombre.

El movimiento estudiantil de la reforma universitaria en Perú acercó, en la misma forma que en otros países latinoamericanos, la vanguardia estudiantil al proletariado. El Primer Congreso de Estudiantes del Cuzco, celebrado en 1919, acordó la creación de las Universidades Populares; y en 1921 el grupo de avanzada de este congreso, encabezado por Haya de la Torre, fundó la Universidad Popular González Prada en Lima y Vitarte.

El Congreso Obrero de Lima aprobó un voto de deferencia a la obra de cultura popular de estas universidades. Pero los obreros no confiaban mucho en la perseverancia de los estudiantes; y para no suscitar ningún recelo, las Universidades Populares se abstuvieron de todo trabajo de orientación ideológica del proletariado.

De otro lado, la mayoría de los estudiantes de las Universidades Populares carecía de esta orientación; en lo relativo a la cuestión social iban a aprender, más bien que a enseñar, al lado del proletariado. Un cambio se inicia con la acción del 23 de mayo de 1912, dirigida y animada por la Universidad Popular con el concurso de los obreros organizados. Mariátegui, como se ha dicho, regresa en este tiempo de Europa con el propósito de trabajar por la organización de un partido de clase. Las Universidades Populares que están en su apogeo, con motivo de las jornadas del 23 de mayo, le ofrecen su tribuna y él la acepta.

Mariátegui desarrolló, en la González Prada, un curso de conferencias sobre la crisis mundial, en la que explicaba el carácter revolucionario de la misma. Los anarquistas se mostraron hostiles a esta propaganda, sobre todo por la defensa de la revolución rusa; pero el amauta conquistó la solidaridad de la Universidad Popular y de los miembros más entusiastas de las organizaciones obreras. La revista Claridad comenzó a publicarse en abril de 1923, como órgano de la juventud libre, pero más exactamente de las Universidad Popular, su orientación corresponde, al espíritu de la agitación estudiantil.

La Universidad Popular Manuel González Prada tuvo una gran significación para la trayectoria de las luchas revolucionarias en el Perú, particularmente por la presencia entre su claustro del connotado marxista José Carlos Mariátegui, quien le imprimía un sello distintivo a su labor como precursor de la alianza de los jóvenes, estudiantes e intelectuales con el proletariado.

La sesión de inauguración de la Universidad Popular José Martí se efectuó el 3 de Noviembre de 1923; ella, surgida como institución paralela a la universidad formal, reclamó el derecho de propagar la cultura libre, a sectores imposibilitados de acudir a la universidad por su situación económica, como sucediera con los obreros. Fue dirigida por un Consejo o Junta con Mella al frente y residió inicialmente dentro del propio recinto universitario y también en los locales de los Sindicatos. El proyecto se proponía la formación cultural e ideológica de la clase obrera.

El Heraldo de Cuba publicó entonces las siguientes palabras de Mella las cuales muestran las intenciones de la Universidad Popular. “El Primer Congreso Nacional de Estudiantes al proponer la fundación de la Universidad Popular se había inspirado en el propósito de abrir una senda de luz para la regeneración de nuestros obreros. Aquí nos reunimos para unir esfuerzos a favor del mejoramiento de la cultura del pueblo. La Universidad Popular es una institución para todos y un camino abierto para obtener un futuro mejor.”[17] El líder estudiantil cubano fundamentó que La Universidad Popular no es el instrumento único con que el pueblo cuenta para su emancipación, pero cada nueva institución que se dedique a laborar por la libertad de los hombres es muy útil a la causa independentista.

Por razón de esta iniciativa, a la que se incorporaron estudiantes revolucionarios y valiosos intelectuales, se destruía una parte de las tiranías de aquella sociedad, el monopolio de la cultura, como señalara Mella, y a la vez, se convertía en una escuela de revolucionarios, como él mismo la calificó ya que les entregaba a los trabajadores las poderosas armas de la instrucción para estar en mejores condiciones de luchar por su emancipación social, y conjuntamente adentraba a los estudiantes e intelectuales que fungían como profesores en los problemas obreros, y en su manera de abordarlos.

Es pertinente destacar la valoración Fernando Protuondo, que al valorar este suceso apuntaba: “el propósito de la Universidad Popular José Martí se cumplió más ampliamente de lo que podía esperarse, pues si los obreros entraron entonces por primera vez a recibir lecciones sobre cuestiones vivas en la universidad, la universidad, encarnada en sus estudiantes más progresistas, se trasladó a los talleres, y difundió en ellos mensajes de cultura y de aliento para la lucha de clases”[18]

A través de la Universidad Popular José Martí se llevó hasta las clases populares, hasta los obreros gremiales, un saber complejo y flexible, generalizado, consciente, la misma incluía desde los altos cursos, de naturaleza superior, hasta lo más elemental, que era el alfabeto.

La Universidad Popular cubana llegó a tener matriculados alrededor de quinientos alumnos, los profesores eran unos quince jóvenes, que se habían ofrecido a trasmitir sus conocimientos a los obreros. Mella impartía; Legislación Obrera e Historia, Gustavo Aldereguía: Medicina Social, y así cada “profesor” daba aquella asignatura que dominaba mejor. Mella acudía a los centros obreros donde daba charlas sobre los fines de la Universidad Popular y contra el imperialismo.

En su afán por continuar educando a las masas en la comprensión del ideal revolucionario, el líder estudiantil cubano convoca a ocupar sus puestos en ella a obreros y estudiantes y a los jóvenes a incorporarse a la lucha por el progreso social, para de esta forma la clase obrera pudiera instruirse y así marchar unidos a enfrentar las tareas de la revolución.

La Universidad de la Habana cerró sus puertas a la universidad del pueblo, la que se trasladó al Instituto de La Habana de donde también fue expulsada, y entonces buscó amparo en los organismos obreros. Los sindicatos tenían la misión de designar a dos delegados a la Universidad Popular y estos, más algunos de los profesores, constituían la dirección del organismo educativo. La responsabilidad era compartida con los obreros desde los cargos principales, cuando Mella fungía como presidente, ejercía el cargo de secretario el obrero tabaquero José Manuel Acosta. La Universidad Popular José Martí funcionó hasta que la policía de Machado informó que constituía un peligroso foco de propaganda comunista y ordenó su clausura.

A propósito del cierre de esta institución Mella apuntaba: “Las aulas se han cerrado, pero las páginas de los libros se abren. La propaganda continúa. La Universidad Popular ha muerto-grita el gobierno con una satisfacción de analfabeto triunfante. La Universidad Popular vive-grita el proletariado consciente de Cuba. Muchos han caído. Muchos más caerán. Pero todavía no se ha matado una sola idea, un solo principio.”[19] La semilla sembrada dio sus frutos. Los obreros, en quienes se habían infundido el interés por el conocimiento, acudieron a los libros a las revistas, a las conferencias y fueron apoderándose de las ideas que harían más tarde posible el triunfo de la revolución.

La Universidad Popular, que tenía como principios básicos plasmados en sus estatutos el antidogmatismo científico, pedagógico y político y la justicia social. El primero de los estatutos era muestra del "espíritu" que animaba esta idea designada para conseguir la “contrahegemonía cultural” en el seno de las clases  trabajadoras, equilibrando la ideología de las clases dominantes en el aparato escolar y universitario oficial. Indicaba el primer artículo que la clase obrera cubana funda,  ejerce  y  dirige la Universidad Popular José Martí y reconoce al obrero los derechos que el claustro de la Universidad de La Habana niega a los estudiantes.

La Universidad Popular José Martí contó entre sus profesores con un conjunto de prestigiosos jóvenes intelectuales quienes no vacilaron en integrar su claustro. Entre ellos se destacaron el revolucionario y poeta Rubén Martínez Villena quien fuera su secretario y que en la historia de Cuba se destaca por haber iniciado el 18 de marzo de 1923 con la “Protesta de los Trece” el primer acto de rebeldía nacional contra la corrupción política y administrativa y quien relegando a un segundo plano su actividad poética se sumara con todas sus fuerzas a las luchas proletarias, quemando su preciosa vida en aras de la justicia social; el destacado poeta José Zacarías Tallet, quien iniciara en la lírica nacional una nueva modalidad poética; el joven Raúl Roa, quien andando el tiempo sería primero el cronista de las luchas de las generaciones del 30 contra la tiranía machadista y, luego del triunfo del proceso revolucionario encabezado por Fidel, defendiera en los foros internacionales a la Revolución Socialista de Cuba y se ganara el título que le otorgara el pueblo de “canciller de la dignidad” y por supuesto el joven iniciador de la reforma universitaria en Cuba, Julio A. Mella y aunque pudiera añadirse los nombres de otros cubanos ilustres, pero no resulta necesario.

Sobre la importante política de la Universidad Popular José Martí, Mella expresó que su enseñanza revolucionó la conciencia de los estudiantes y de los obreros que se pronunciaron contra la dictadura de turno, contra la injusticia económica y social, contra la penetración. Su existencia no es anacrónica ni utópica sino necesaria y efectiva cumplió una connotada función social.

El programa del Moncada.

En "La historia me absolverá" Fidel Castro señaló como prioridades del programa de la Revolución, el derecho al trabajo, a la tierra, a la vivienda, a la educación y a la cultura y a garantizar la democracia más amplia, la soberanía y la independencia del país. En su definición de pueblo "si de lucha se trata", aparecen esencialmente los sectores trabajadores, explotados y desposeídos del campo y la ciudad y las capas intelectuales. Subrayó el papel de la escuela cubana y de la tradición pedagógica de nuestro pueblo y exaltó la labor de nuestros educadores que recogieron y perpetuaron el sentimiento patriótico de la enseñanza en Cuba.

En lo referente a la educación el programa del Moncada plantea: "Finalmente, un gobierno revolucionario procede a la reforma integral de nuestra enseñanza, poniéndola a tono con las iniciativas anteriores, para preparar debidamente a las generaciones que están llamadas a vivir en una patria más feliz".  Además se e expresa la importancia de la labor del maestro y las limitaciones de la enseñanza primaria y dice: "lo inconcebible es que el treinta por ciento de los campesinos no sepan firmar, y el noventa y nueve por ciento no sepa Historia de Cuba”.

Las primeras medidas revolucionarias: La campaña de Alfabetización.

Desde enero de 1959 se aprobaron las primeras leyes y medidas que fueron modificando la estructura política y social en general. En la educación, los esfuerzos del Gobierno Revolucionario tuvieron como contenido esencial dar solución a los problemas del pasado neocolonial, la reorganización y tecnificación del Ministerio de Educación y la toma de medidas inmediatas para eliminar el analfabetismo y garantizar la extensión de los servicios educacionales.

De acuerdo con el censo efectuado en 1953, alrededor de 550 000 niños de 6 a 14 años (casi la mitad del total) no asistían a la escuela. A su vez, la Revolución encontró 10 000 maestros desempleados -triste paradoja - y, como consecuencia de todo, un alto porcentaje de analfabetos en la población adulta y cientos de miles de personas que apenas habían rebasado los primeros grados de la Enseñanza Primaria y que, en la práctica, eran analfabetas.

Entre las principales medidas del gobierno revolucionario se pueden sintetizar: La generalización de la Educación Primaria, Reforma Integral de la Enseñanza, Contingente de Maestros Voluntarios, Brigada de Maestros de Vanguardia "Frank País", Plan de Educación para Campesinas "Ana Betancourt", Campaña Nacional de Alfabetización y la Ley de Nacionalización de la Enseñanza.

Como se ha podido apreciar hasta aquí los programas educaciones, culturales y científicos se colocaron entre los principales anhelos y necesidades inmediatas desde 1959. Los cambios profundos en la educación y la cultura debían de ser el fundamento de las reformas en todos los niveles de la enseñanza entre sus principales objetivos se destacan:

La alfabetización de toda la población que no había tenido posibilidades de acceso a la enseñanza y la ampliación de los servicios docentes en todos los niveles. Es decir, lo primero a tomar en cuenta era la necesidad de una ampliación cuantitativa de la educación cubana, incorporando importantes masas de población que no habían tenido acceso a la enseñanza, lo cual se logró desde los primeros años. Al propio tiempo que se garantizaba la continuidad a los que ya habían alcanzado ciertos grados de escolaridad emprender la organización de cursos para obreros, campesinos y trabajadores en general a fin de que pudieran alcanzar niveles superiores.

Una instrucción y educación que sirviera al desarrollo económico-social del país y a los objetivos de la liberación y enfrentamiento al imperialismo y a los enemigos de la Patria.

La educación y la instrucción nacional tenía que alcanzar altos niveles de calidad y para ello fue necesario basarse en la historia pedagógica, científica y espiritual de Cuba, América Latina y enlazarse con las ideas más universales. Estas últimas estaban presentes entonces y ahora en el pensamiento martiano y la mejor aspiración socialista. Se inspiraban en lo pedagógico en la vinculación del estudio con el trabajo y del conocimiento científico con la investigación, así como en la formación de los sentimientos en la solidaridad y en la orientación científica del pensamiento.

La existencia de casi un millón de analfabetos y el bajo nivel escolar general del país exigía comenzar con la Campaña de Alfabetización y la extensión de la enseñanza primaria, media y superior a aquellos que no habían tenido posibilidades de abarcarlas. Se inició un amplio plan de becas en todos los niveles de enseñanza que comenzaron por los brigadistas alfabetizadores de la histórica campaña de 1961. Se ampliaron las tareas educativas a las mujeres, a los trabajadores de diversos oficios indispensables para la Revolución.

La Reforma Universitaria de 1962.

El 10 de enero de 1962, con carácter de Ley, la Comisión Ejecutiva, presidida por el entonces Ministro de Educación Armando Hart, con la presencia de Regino Boti (Vicepresidente), Carlos Rafael Rodríguez, Gaspar Jorge García Galló, entre otras se proclama la Reforma universitaria en homenaje a sus grandes precursores, en especial a Julio Antonio Mella, su símbolo más alto que desde los inicios de los años 20 había levantado esa bandera. Se inició así un movimiento cultural en nuestro país, que junto a la Campaña de alfabetización, recorre 50 años de historia cubana.

Aportes al desarrollo educacional del país

El artículo IV la legislación daba respaldo jurídico a la participación estudiantil en la dirección de la institución: «La Universidad de La Habana será gobernada por sus profesores y alumnos, bajo la responsabilidad de los mismos y por medio de las autoridades y organismos que determinen los estatutos». 

Entre sus acciones se pueden destacar el enfrentamiento al verbalismo, el memorismo y el pasivismo, calificándolos como «una inadmisible prevaricación docente». Para ello emitió rigurosas disposiciones que aseguraban una enseñanza verdaderamente dinámica y eficaz.

Asimismo, dictaminó que los cursos estuvieran divididos en dos semestres, con lo que facilitaba a los alumnos concentrar el esfuerzo en pocas materias y utilizar horarios más sencillos, contra el antiguo sistema de cursos anuales no divididos. Concibió al Departamento, y no la Cátedra, como base de la estructura funcional en cuanto a la docencia y la investigación. Las Facultades serían entonces órganos superiores para la integración de las ramas afines.

En cuanto al tema del ausentismo decidió: «para los alumnos de asistencia cotidiana, la asistencia será obligatoria en no menos del 80% de las clases y trabajos prácticos en cada asignatura. Una asistencia menor implicará automáticamente la imposibilidad de aprobación de la asignatura afectada». 

Un importante logro fue el relacionado con las evaluaciones, pues en lo adelante no se aplicaría un único examen, sino evaluaciones periódicas. De este movimiento nació la idea de alumnos ayudantes, cargos a los que podían aspirar los más aventajados. Asimismo, los profesores extranjeros pudieron impartir docencia en el curso regular, hasta entonces prohibido.

Otro de los beneficios que se obtenían con la Reforma fue la conformación de un sistema de becas al servicio de quienes carecían de recursos económicos para iniciar o continuar sus estudios y el surgimiento de la Extensión Universitaria, responsabilizada en fomentar la cultura, el deporte y la recreación dentro y fuera de los muros de la universidad. 

Sus principales planteamientos

En el sistema nacional de educación, corresponde a la Universidad suministrar la enseñanza superior a sus alumnos y extenderla, en lo posible, hacia todo el pueblo.

Le incumben, además, las tareas de realizar la investigación científica general y difundir los conocimientos y la cultura.  

En consecuencia, será obligación de la Universidad:

a) Formar profesionales de nivel superior en el número y calidad que demanden las necesidades de la nación.

b) Organizar y difundir los estudios de la ciencia y las humanidades

c) Realizar investigaciones científicas, desarrollar el espíritu de investigación en los universitarios y colaborar con las instituciones científicas y organismos extra-universitarios.

d) Completar la formación cultural, moral, política y corporal de los estudiantes, de modo que constituyan ciudadanos de las más altas cualidades, dispuestos a servir siempre a la Patria y a la Humanidad con la eficiencia, el desinterés y la abnegación necesarias. 

e) Contribuir a elevar, mediante actividades de extensión universitaria, el nivel cultural del pueblo cubano.

f) Fomentar el intercambio científico y cultural entre Cuba y los demás países del mundo. [20]

Testimonio de Armando Hart Dávalos en la Mesa Redonda sobre la Reforma Universitaria en la Televisión Cubana del 10 de enero de 2002(http://www.nodo.org.cubasigloXXI

Es importante subrayar que las demandas de reformas académicas universitarias iban acompañadas en la conciencia intelectual del país con las exigencias de la reforma general de la enseñanza que entonces veníamos también promoviendo, y que junto a esto se hallaban las aspiraciones de reforma agraria, los reclamos de trabajo para todos y, por tanto, la superación del desempleo y la miseria. De igual manera, estaba presente en aquellos años en la conciencia intelectual de la vanguardia revolucionaria la necesidad de la reforma urbana. A todo esto se unía el reclamo de superar radicalmente el gigantesco déficit en la salud pública que existía en nuestro país. Cuando recorríamos campos y ciudades en los primeros días de enero de 1959, el pueblo nos pedía maestros y médicos. Ya la revolución se los ha dado y continúa haciéndolo.

En el orden académico universitario se aspiraba a que los hijos de los trabajadores ingresaran en las universidades, es decir, que no fueran instituciones para las minorías privilegiadas. Se aspiraba, también, a darle una orientación científica fundamentada en la mejor tradición pedagógica cubana y ampliar las carreras de este carácter junto a las tecnológicas, como así se hizo. Al propio tiempo, se aspiraba a situar el pensamiento socialista como orientación fundamental en la enseñanza universitaria y, en especial, de las Humanidades.

Siempre es difícil brindar la relación de nombres que participaron activamente en aquella gesta, debo mencionar algunos, pero sé que me quedo muy corto porque hay muchos compañeros más que también merecen estar en esta lista. Entre los estudiantes permítaseme recordar dos nombres: José Rebellón y Ricardo Alarcón. Entre el profesorado, mención especial merecen para mí Carlos Rafael Rodríguez, Regino Boti, Pedro Cañas Abril, Héctor Garcini, José Altzshuler, Abelardo Moreno, Manuel Aguilera Barciela, Roberto Soto del Rey, Gaspar Jorge García Galló, Diosdado Pérez Franco, Ruth Daisy Henríquez, José Antonio Portuondo, Juan Marinello y Salvador Vilaseca. También quiero recordar a Juan Mier Febles, quien nos ayudó en aquellos años en la política a seguir en las universidades.

Orientando desde la dirección del gobierno estaban el Presidente Osvaldo Dorticós y, desde luego, Fidel Castro, que se mantenía al tanto de la marcha de todo este trabajo.

Lo esencial de la reforma universitaria cubana y lo que la hizo perdurar, está en que respondía a necesidades académicas de transformación radical de los métodos y contenidos de la enseñanza y, a la vez, que trascendía lo específicamente docente para convertirse en una exigencia político social de vasto alcance. Las ideas de reformas docentes y académicas -como se ha insistido- venían de la más profunda tradición cubana desde los tiempos de José Agustín Caballero, Félix Varela, José de la Luz y Caballero y José Martí, entre otros.

Bibliografía mínima

Agosti, Héctor La Reforma Universitaria. Selección de escritos. Disponible en: http://www.asociacionagosti.com. Consultado: mayo, 2005.

Castro, Fidel. Palabras a los intelectuales. Departamento de Ediciones de la Biblioteca Nacional José Martí, La Habana, 1991.

Hart, Armando Sobre la reforma universitaria en Cuba y América Latina. Disponible en: http://www.prensa.unc.edu.ar. Consultado: mayo 2004.

Ingenieros, José. La universidad del porvenir. Editorial Vértice, Barcelona, 1930.

Mariátegui, J. C. Obras, Editorial Casa de las Américas, La Habana, 1969.

_________. Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana. Editorial Casa de las Américas, La Habana, 1973.

Mella, J. A. Documentos y Artículos. Editorial de Ciencias Sociales, Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1975.

Pichardo, Hortensia. Documentos para la historia de Cuba. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1978.

Portuondo, Fernando. “La revolución universitaria de los años veinte. Mella y el Primer Congreso Nacional de Estudiantes.” ISLAS. No 38, 1971.

Notas y referencias

[1] Hart A. Discurso pronunciado en el acto de entrega del Título de Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Córdoba (20/05/03) en http://www.prensa.unc.edu.ar/  

[2] Hart A.: “Sobre la reforma universitaria en Cuba y América Latina”. Obra Citada.

[3] Manifiesto de Córdoba. En el sitio web: www.universidadnacionaldecórdoba.ar

[4] Alfredo Lorenzo Palacios (1880-1965) Líder socialista, intelectual, legislador; escritor y educador argentino, fue el Primer Diputado Socialista de América.

[5] Augusto Leguía (1863-1932) Gobernante peruano, en 1919 protagonizó un golpe de estado, instauró un régimen dictatorial.

[6]Mariátegui. Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana. Obra citada. Pág. 132

[7]Ibídem. Pág. 140

[8] Hart. A. Texto citado

[9] Portuondo F. La revolución universitaria de los años veinte. Mella y el Primer Congreso Nacional de Estudiantes. ISLAS No 38, enero-abril de 1971. Pág. 16

[10] Primer Congreso Nacional de Estudiantes se celebró en La Habana del 15 al 25 de Octubre de 1923.

[11]  Pichardo H. Documentos para la historia de Cuba. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana. 1978.Pág. 222

[12] Citado por Roa en La revolución universitaria en 1923, que a su vez aparece en Documentos para la Historia de Cuba. Obra Citada. Pág. 224.

[13]Idem.

[14] Idem.

[15] Ver trabajo: Una conversación con Mella. Arturo A. Roselló. "Nuestras Entrevistas", en CARTELES, vol. III, Nº 30, pp. 10 y 30. La Habana, 23 de noviembre de 1924.Tomado de http://www.lajiribilla.cu.

[16] Roa R. La revolución universitaria en 1923. En Documentos para la Historia de Cuba. Obra Citada. Pág.206

[17] Mella J. A. Citado por Documentos para la Historia de Cuba. Obra Citada. Pág.189.

[18] Portuondo F. La Revolución Universitaria de los años veinte. Mella y el Primer Congreso Nacional de Estudiantes. En ISLAS No.38 enero-abril de 1971.Pág. 19

[19] En un folleto titulado” El cuarto aniversario de la Universidad Popular “José Martí” impreso en México a fines de 1927. Citado por Portuondo F. en el mencionado artículo. En ISLAS No.38 enero-abril de 1971.Pág. 19

[20]  (La Reforma de la Enseñanza superior en Cuba. Consejo superior de Universidades. 10 de enero de 1962)

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