Revista Cubana de Filosofía. Edición Digital
No. 29. Noviembre - Junio 2017. ISSN: 1817-0137


 
 

Estudio sobre pensamiento Cubano

Título: Estudio teórico crítico del racismo. Un modelo de análisis epistemológico y político para el contexto cubano
Autor(es): Gisela Arandia Covarrubias
Fecha de publicación: 01 de Noviembre de 2016

El racismo se ha manifestado como praxis y concepción antihumanista desde las primeras formaciones sociales en la historia, pero es a partir del colonialismo y el capitalismo que se acentúan sus efectos planetarios. El capitalismo monopolista transnacional impone sobre diversos grupos humanos y los pueblos del Sur global todo tipo de discriminaciones y exclusiones. Evaluando esta característica, Ana Esther Ceceña apuntaba: “El enemigo en verdad es, en este siglo XXI, la otredad bajo cualquiera de sus formas. Y el otro, por virtud de la competencia y el correspondiente imaginario de campo de batalla que la acompaña, debe ser dominado o negado; convertido en –o tratado como- objeto. Posible de ser manipulado, usado, pero también desechado”.[1]

Pensar desde la filosofía el racismo es un reto que debemos asumir para develar las rutas de conocimiento que nos permitan fundamentar nuevos patrones de reflexión crítica, consenso y movilización que agrieten el patrón dominante de saber/poder y (re)orientar nuestro hacer/sentir/pensar y la construcción de alternativas civilizatorias, sociales, políticas, epistémicas, éticas, metodológicas, teóricas para enfrentarlo. Nuestra sociedad en tránsito socialista no escapa a los efectos negativos del racismo, específicos desde las claves de nuestra historia y contexto cultural e identitario. Intentaremos demostrar que negarlo es la manera más ingenua de perpetuarlo y mantenerlo al margen de la reflexión crítica desenajenadora.

La investigaciónEstudio teórico crítico del racismo. Un modelo de análisis epistemológico y político para el contexto cubano” ofrece una propuesta teórica metodológica desde donde ir creando un corpus conceptual que contribuya a desmontar aquellos pensamientos que rechazan asumir el racismo como parte de una herencia cultura sostenida en los tiempos actuales. Un asunto que impide por falta de consenso la aplicación de un programa de equidad social sin límites subjetivos que sea capaz de reivindicar a las víctimas de la primera gran violación de los derechos humanos, las poblaciones africanas y sus descendientes, quienes como personas esclavizadas contribuyeron a consolidar los cimientos económicos para el surgimiento del gran capital financiero que hoy controla el planeta.

La pretensión fundamental es servir de llamado de alerta hacia un asunto que involucra a la sociedad cubana en su conjunto, un fenómeno que por su magnitud e impacto afecta a sectores de la población afrodescendiente en Cuba después de más de medio siglo del arribo de la revolución. La vigencia de la discriminación racial en medio de trascendentales logros sociales representa, sobre todo, la existencia de un conflicto estructural, que a pesar de estar vinculado al tema de la justicia social, requiere de una atención especializada, donde la academia deberá tener una incidencia importante. La tesis tiene como motivación primigenia hurgar en aquellos aspectos de la formación de la nación en donde se fueron estructurando las ideas racistas en Cuba, a la vez que legitimaban la esencia de una ciudadanía blanca. La fundamentación teórica de este estudio aspira a llenar el vacío que legó la historiografía burguesa y que la actual no ha asumido con la magnitud requerida sobre la verdadera y policromática naturaleza de la cubanidad.

Se trata de una realidad que fue el resultado de propósitos políticos de las clases dominantes, ante el umbral de una república que procuraba excluir al liderazgo afrodescendiente. El modelo la negación del racismo, permite valorar el impacto histórico de acontecimientos poco estudiados y al mismo tiempo adentrarnos en la contemporaneidad; desde una perspectiva que permita entender algunas situaciones históricas poco conocidas y paralelamente convocar a una búsqueda epistemológica que contribuya a esclarecer determinados intríngulis de la formación de la nacionalidad cubana.

En la argumentación filosófica, esta tesis plantea la intención de contribuir al necesario consenso axiológico y epistémico para que el tema de la racialidad ocupe el lugar que le corresponde en la agenda nacional. Resulta difícil justificar la falta de prioridad institucional hacia la discriminación racial en Cuba ante los éxitos obtenidos hacia otras discriminaciones que han ido encontrando espacios y formas organizativas de institucionalidad, que han favorecido su investigación y activismo social para revertir su impacto. Se trata de propuestas creadas con la legitimación de la propia revolución para la deconstrucción de aquellos arquetipos culturales discriminatorios que frenan la equidad social.

La racialidad en Cuba ha sido posiblemente el tema más controversial en la formación de la nación y ha marcado un estilo de tratamiento polarizado entre exclusión–inclusión. En una larga trayectoria que va desde el arribo de las primeras personas de origen africano secuestradas en su hábitat original para ser convertidas en fuerza de trabajo como esclavizadas para el enriquecimiento del sistema colonial español, hasta la actualidad.

La explicación de que esta situación, parte de una injusticia histórica creada por la esclavitud, que aun no cuenta con el suficiente reconocimiento público para que las generaciones más jóvenes conozcan el impacto de un modelo de pensamiento cuya esencia epistémica definió a la población de origen africano como seres humanos inferiores, sin inteligencia, carentes de cultura y proclives a la criminalidad. La secuela de esos prejuicios y estereotipos sociales han mantenido en el imaginario social un desprecio por la identidad de origen africana, al tiempo que conserva y promueve desde el imaginario social, búsqueda de la blanquitud como el modelo social ideal de sociedad cubana.

El desafío actual está en utilizar las herramientas conceptuales y prácticas creadas por la revolución para asegurar que en los nuevos contextos de mayor complejidad y riesgo, los sectores afrodescendientes que han quedado a la saga, puedan obtener la equidad que les corresponde. La tarea estaría entonces en crear un modelo de inclusión de racialidad que tenga en cuenta que el racismo no desaparece de manera espontánea, sino que requieren de una deconstrucción cultural, filosófica y una acción política específica. Para poder hilvanar esas acciones en el tejido social es necesario diseñar un programa de reivindicaciones, donde los sectores afrodescendientes todavía marginalizados tengan la oportunidad de asumir un mayor protagonismo social. La idea es priorizar la deconstrucción de un conflicto de matriz histórica y económica que la cultura de la colonialidad promovió desde un pensamiento de exclusión hacia personas no blancas, un fenómeno que demanda ser transformado para garantizar la necesaria equidad de todos los sectores sociales del país.

Esta investigación pudiera facilitar esa epistemología imprescindible que permita comprender el impacto de un conflicto cuya argumentación teórica ha servido para ocultar el racismo. Al negar el conflicto, como un fenómeno heredado del paradigma hispanista, el silencio y vacío político impiden la deconstrucción epistemológica asentado en el mito, según el cual, debatir la racialidad representa una amenaza para la unidad nacional. Al mismo tiempo, la propuesta de tesis visibiliza críticamente las razones de la negación del racismo y enfatiza el carácter global de esa epistemología como un conflicto que es el resultado de la geopolítica capitalista mundial, con implicaciones abarcadoras que trascienden fronteras territoriales, sistemas políticos, modelos económicos, identidades culturales, religiosas y otras variables. La mayor dificultad para la deconstrucción del racismo en el contexto de la hispanidad es su débil cuerpo teórico, lo que incide en la falta de masa crítica científica que tenga en consideración la complejidad epistémica del racismo.

Esta tesis propone como hilo conductor el papel de un imaginario social que niega la existencia del racismo, al tiempo que trata de reproducir el modelo de blanquitud ficticia. No somos pueblos africanos, pero la africanidad nos ha sido legada en su esencia filosófica con saberes que han enriquecido la cultura de resistencia y ofrecen una oportunidad emancipatoria. Como consecuencia de las luchas descolonizadoras alrededor del mundo, la filosofía, junto al resto de las ciencias sociales y humanísticas tienen el reto de enriquecer una producción de conocimiento capaz de explicar el impacto epistemológico de la colonialidad.Este concepto es el resultado del trabajo del grupo Modernidad-Colonialidad que empieza a formarse hacia el año de 1998 con apoyo de la CLACSO. Uno de los tema del grupo fue “Análisis del Sistema-Mundo”, uno de los enfoques más innovadores de las ciencias sociales de la segunda mitad del siglo XX fundado por el sociólogo norteamericano Immanuel Wallerstein. Este acercamiento al sistema-mundo y las teorías latinoamericanas de la colonialidad tuvo un impacto decisivo en la producción de conocimiento de M/C… Durante los años de su mayor actividad pública (1998-2008), el grupo M/C participó en varios proyectos académico-políticos. Algunos de sus miembros estuvieron vinculados con el movimiento indígena en Bolivia y Ecuador, otros organizaron actividades en el marco del Foro Social Mundial. La significación del grupo M/C radica principalmente en haberse convertido en un “tanque de pensamiento” que generó un interesante repertorio de categorías de análisis para pensar críticamente la realidad latinoamericana hacia comienzos del siglo XXI. Las fuentes intelectuales de las que bebió el grupo fueron bastante diversas: la teología de la liberación, la teoría de la dependencia, la Filosofía latinoamericana, los estudios poscoloniales y subalternos, la pedagogía liberadora de Paulo Freire, los estudios culturales, el marxismo, la filosofía afro-caribeña, el feminismo y el posestructuralismo.[2]

La novedad de esta investigación está dada por los escasosestudios que tratan la racialidad, un tema insuficiente en la producción de conocimiento científico y prácticamente ausente de la agenda nacional. Pocos proyectos sociales asumen la racialidad como el epicentro de un conflicto donde las desigualdades sociales tienden a crecer, particularmente en los últimos tiempos. Desde una perspectiva epistémica la novedad científica ha colocado algunos conceptos que han facilitado la estructura de esta tesis, tales como:

-La negación histórico-crítica del racismo

-El mestizaje y blanquitud como variable ideológica del racismo

-Impacto de 1492

-La colonialidad

- Significación dialéctica y cognitiva en la polaridad Inconsciente-Consciente

- La africanidad como legado emancipatorio    

Como presupuesto teórico nos proponemos incorporar una terminología que en lo posible evada el uso de aquellas calificaciones o estereotipos cuyo uso habitual coloca a priori a la población de origen africano en un estatus de subalternidad. Se trata un enfoque epistémico que intenta contribuir a des-aprehender una historia impuesta que colocó a este grupo social en la escala más baja de los seres humano. La práctica dentro del activismo social durante un largo periodo de tiempo indica que un aspecto trascendente del proceso de decolonialidad está en el lenguaje y su impacto para la emancipación emocional.

Desde esta perspectiva la denominación “negro” como una terminología promovida por el sistema colonial para establecer una distancia ontológica entre personas de origen europeo y africanas, donde estas últimas han sido consideradas inferiores. La memoria popular ratifica el uso del color negro para referirse a acontecimientos negativos o dolorosos. Con la expresión negro se suele referir a personas cuya tonalidad de piel es más oscura que otras, denominadas por oposición "blancas". Aunque la denominación de una persona como "negra" varía de cultura en cultura, la misma suele estar asociada a las personas de origen africano. La existencia de una población “negra” en América, tiene su génesis en el secuestro de millones de africanos y su traslado forzado al continente americano para trabajar como esclavos, realizado por las potencias europeas coloniales entre los siglos XVI y XIX.

La Tercera Conferencia Mundial contra el Racismo y la Discriminación Racial, propone la categoría AFRODESCENDIENTE, fundamentalmente como una agenda política, no étnica que permite romper con la denominación colonial.[3] El término “negro” no define en realidad un grupo humano como tal, en su lugar es posible usar el nombre étnico o cultural de esa población. Es a partir de ese enfoque que el concepto afrodescendiente fue aprobado en amplia consulta participativa en las Américas. Los pueblos africanos nunca se reconocieron como “negros” sino como africanos y la diáspora utilizó descendientes de africanos o de origen africano. Aunque innumerables cantantes, historiadores, filósofos, políticos, poetas y artistas de origen africano negro se refieren a sí mismos como negros de forma positiva.

De modo similar este enfoque no incluye la denominación “mestizo”, porque en la actualidad resulta demasiado ambigua para el caso cubano. En su lugar la tesis usa la denominación no blanco, propuesta por Richard Dyer. El uso de “mulato” es también circunstancial porque carece desde la perspectiva de esta tesis de la argumentación requerida.

Conclusiones preliminares

La investigación en curso ofrece una propuesta desde donde crear un corpus conceptual que contribuya a desmontar aquellos pensamientos que niegan la existencia del conflicto. Un asunto que impide por falta de consenso la aplicación de un programa de equidad social con políticas públicas específicas para sectores de la población afrodescendiente que se encuentra en un estamento caracterizado por las desigualdades sociales. En este sentido la investigación que presentamos hoy ha concebido el enfoque como un llamado de alerta para el actual contexto cubano.

La herramienta teórica propuesta se enmarca en la terminología de la negación histórico-crítica del racismo, como un conflicto heredado de la hispanidad representa un serio impedimento para la deconstrucción epistemológica del racismo y la discriminación racial. Un asunto donde la falta de consenso impide la visibilidad del tema con su correspondiente proyecto de reivindicaciones. El argumento secular que sigue asentado en el mito, según el cual visualizar las contradicciones de la racialidad representa una amenaza para la unidad nacional.

Nos proponemos hurgar en aquellos acontecimientos que conformaron la inferiorización de las poblaciones de origen africano para eludir su condición de ciudadanía en la formación y participación de la nación. A partir de estructuras racistas que legitimaron formas de exclusión. La argumentación filosófica de la tesis plantea su intensión de transformar el consenso axiológico y epistémico de las identidades de origen africano para que ocupen el lugar que les corresponde en la agenda nacional.

La propuesta enfatiza el carácter global actual del racismo como un fenómeno de la modernidad capitalista que incide en el mapa geopolítico mundial en el caso particular de aquellas naciones donde el trabajo esclavizado, fue la base de la acumulación de riquezas y la explotación indiscriminada de aquellas personas que fueron secuestras en sus países de orígenes para servir como fuerza de trabajo sin remuneración alguna. Se trata de un fenómeno que traspasa fronteras territoriales, sistemas políticos, modelos económicos, identidades culturales, religiosas y otras variables impuestas desde la matriz de dominación.

El desafío actual en el caso de Cuba, está en utilizar las herramientas ideológicas y de prácticas sociales creadas por la revolución, para asegurar un modelo de inclusión que responda al paradigma de justicia social, promulgado en la base del proyecto social. Además de la falta de consenso, el conflicto tiene como obstáculo la baja producción de conocimiento con una débil presencia en los espacios académicos, caracterizado por un imaginario social que rechaza cualquier alusión a la discriminación racial.

La negación del racismo como modelo de análisis facilita la incursión en aquellas epistemologías cosmovisivas, axiológicas y éticas que el discurso canónico ha mantenido oculto para rechazar la existencia del conflicto. Lo que significa la pérdida de oportunidades para encontrar soluciones a las asimetrías de segmentos de la población afrodescendiente, que hoy son apreciables a simple vista. La argumentación teórica de esta propuesta enfatiza su enfoque en aquellas desigualdades sociales donde la pobreza racializada marca diferencias sensibles en sectores de la población afrodescendiente.

Se trata de desventajas sociales cotidianas que se expresan en formas de habitad, con viviendas en franco estado de deterioro donde se observa al mismo tiempo, un descenso del nivel educacional, donde el síntoma más grave es, la persistencia de jóvenes no blancos que no estudian ni trabajan. Situaciones que influyen directamente en la presencia de una población penal numerosa donde se reproduce el discurso de la víctima a partir de situaciones familiares de vulnerabilidad, que impiden que esas comunidades puedan asumir los nuevos desafíos impuestos por el nuevo modelo de desarrollo social donde el subsidio estatal disminuye.

La ausencia de políticas públicas específicas avaladas por discurso público que facilite una comprensión del impacto de la discriminación racial ha conducido a un disenso acerca de la gravedad de un conflicto que pone en riesgo el paradigma de justicia social enarbolado por el proyecto revolucionario. La ausencia de la racialidad como una prioridad en la agenda nacional por incomprensión, desconocimiento o prejuicios raciales ha influido a su vez en el vacío ideológico acerca del peligro que representa en la actualidad la existencia de una discriminación racial que se suponía iría desapareciendo. La falta de una propuesta institucional adecuada como han tenido el resto de las discriminaciones tiene hoy un impacto amenazador, cuando la sobrevivencia misma está en riesgo.

El racismo como matriz de dominación económica tiene sus génesis en un corpus doctrinario filosófico avalado en patrones de comportamiento que no desaparecen de manera espontánea, sino que requiere de una acción de deconstrucción para develar su sinergia mutante. Al explorar la epistemología polimórfica del racismo aparece su manifestación oculta desde el epicentro al discurso cultural como parte de un proyecto nacional que tiene en su imaginario social la inferiorización hacia las personas de origen africano.

Se trata de un fenómeno amparado en una construcción estructural donde el episteme de superioridad blanca identitaria, intenta conservar la supremacía frente a una afrodescendencia que se define subalterna, ubicada en las márgenes y siempre agradecida. En ese espectro del discurso cultural, el racismo agazapado muestra dos tendencias que en el contexto regional de América Latina y el Caribe de la hispanidad, como subterfugios que han servido de contención para desenmascarar la presencia de la discriminación hacia la población originaria y afrodescendiente. Aparece entonces el proyecto del mestizaje como pretexto para evadir el conflicto y la blanquitud como variable ideológica del racismo.

La identidad mestiza, sin lugar a dudas es una realidad social generada por una convivencia de varios siglos donde las propias características de la colonización hispana promovieron interrelaciones, primero con las mujeres indígenas y más tarde con las afrodescendientes. Es decir que se produce una multirracialidad entre grupos que distintos descendencias que van creando un mapa social donde se fusionan personas de diferentes orígenes para crear nuevas identidades.

Pero, la parte negativa de la tesis del mestizaje es que ha fungido como ideología del ocultamiento a las desigualdades sociales a partir de una supuesta pluralidad cultural donde las brechas de pobreza racializada han creado barreras para la movilidad ascendente de quienes parecen menos blancos. El mito del mestizaje ha sido un ardid político para que las elites en el poder puedan conservar su estatus mientras que aquellos grupos que por no parecen blancos fueron excluidos a priori de su participación ciudadana.

Mientras que la blanquitud como categoría epistémica, más que como fenómeno étnica ha servido para promover a ciertos sectores con un fenotipo más próximo a las identidades europeas y al mismo tiempo poder aplicar acciones discriminatorias. La blanquitud como episteme axiológico representa un modo de vida que tiene su fundamento ideológico en la sociedad capitalista que intenta universalizar un comportamiento que trasciende a las identidades para convertirse en un paradigma civilizatorio excluyente.

Se trata del predominio de un sistema de dominación que fue impuesto a la región a partir de la llamada conquista y colonización en 1492. Una fecha que marcó acontecimientos simultáneos en la península ibérica a partir de la expulsión de judíos y musulmanes con el surgimiento de un proyecto de expansión imperialista que tuvo un particular impacto en Latinoamérica y el Caribe. Para la región esa fecha creó las premisas de la colonialidad como proyecto de exclusión más allá del colonialismo. El arribo de los conquistadores – colonizadores significó la destrucción de saberes desconocidos para los europeos que no entendían las culturas y los modos de vidas de esas civilizaciones, en algunos casos muy evolucionados con relación a Europa. La colonización impuso formas de sometimiento económico, político y cultural, para legitimar la conquista. El nuevo modelo existencial promovido por el liderazgo de una iglesia, muchas veces represiva tenía su fundamentación en el centralismo castellano como estructura de poder y toma de decisiones.

La propuesta del triángulo imaginario recorre en sus vértices las corrientes de pensamiento del independentismo como la fortaleza política decisiva frente al colonialismo español y su antítesis el anexionismo como un pensamiento que consideraba la anexión a Estados Unidos como la mejor opción para la nación y el tercer punto Estados Unidos con su política de hegemonía continental. La idea del triángulo plantea que esas tres tendencias siguen vigentes hasta la actualidad.

Mientras que en el centro del triángulo imaginario, la población no blanca está representada por un círculo, sin destino definido donde a pesar de su participación decisiva por la independencia no encontró el protagonismo que le correspondía en la etapa republicana y que aun a pesar de logros importantes obtenidos después de 1959, pero sin ascender en la movilidad ascendente con equidad merecida.

La tesis de la negación del racismo emplea la metáfora de un triángulo imaginario para explorar el racismo antinegro en el caso de Cuba, que sobrevivió a la ideología mambisa en el escenario de las guerras por la independencia que favoreció un contexto de interracialdad para lograr una unidad logística. Dentro del triángulo imaginario esta tesis concede una prioridad a la ausencia de una historiografía que refleje tanto los avances de la población afrodescendiente libre y esclavizada por emanciparse, como aquellos acontecimientos que muestran la presencia de un racismo afianzado en la inferiorización, de los no blancos.

A modo de síntesis hay tres sucesos que demuestran sin tapujos el pensamiento racista de la época. En 1810 el asesinato del precursor por la independencia José Antonio Aponte, cuya cabeza fue colocada en una jaula como símbolo de la represión que el poder colonial estaba dispuesto a realizar. En 1844, la llamada Conspiración de la Escalera, donde fueron asesinados miles de personas, hecho que marcó un segundo hito de la esencia racista. Y el tercer acontecimiento fatídico fue la masacre de los independientes de color en 1912.

Un tema casi invisibilizado ha sido el papel de las mujeres afrodescendientes como protagonistas históricas, desde la cimarrona Carlota, que defendió su derecho a la libertad, hasta Mariana Grajales forjadora de la ideología mambisa a la vanguardia de una ética de combate familiar encabezada por Antonio Maceo.

El caso de las mujeres combatientes de esa época libertaria permanecen casi desconocidas. Mujeres negras tuvieron a su cargo escuelas de barrios, como maestras mucho antes de la llegada del siglo XX, compartiendo liderazgos políticos, en redes y múltiples oficios. Para muchas mujeres afrodescendientes, 1959 representó una oportunidad de superarse profesionalmente con acceso al mundo científico, cultural, deportivo y también a determinados estamentos de dirección política. En la actualidad ese ascenso inicial se ha detenido para algunos sectores sociales y su estatus participativo ha descendido encontrándose en ocasiones en la misma trayectoria de jóvenes afrodescendientes que no estudian ni trabajan, con bajo resultado docente como ha mostrado los datos del censo del 2012.

La revolución que irrumpió en la sociedad cubana a partir de 1959 representó un cambio de paradigma social, en lo que puede considerarse el acontecimiento más trascendente del siglo XX. Para los segmentos sociales más desprotegidos su impacto fue decisivo con la creación de múltiples programas de reivindicación para una mayoría de la población blanca, negra, del campo y las ciudades poniendo énfasis en eliminar la pobreza histórica, como nunca antes había existido.

El acceso al trabajo para millones de desempleados fue una de las primeras propuestas. Gratuidad para educación, salud pública y otros segmentos institucionales hizo posible la presencia masiva de gente sencilla que se convirtieron en protagonistas de múltiples historias en la ciencia, la cultura, el deporte. Pero además de revertir injusticias sociales, la aspiración de independencia del proyecto de la revolución hizo posible una ruptura de subordinación y dependencia en su política exterior en especial con Estados Unidos, quien no aceptaba que un país pobre y pequeño alzara su voz.

En mayo de 1959 Fidel hizo un llamamiento para combatir la discriminación racial, calificado por él como uno de los más complejos y difíciles problemas que la revolución debía enfrentar. Sin embargo, esta propuesta fue la única que no tuvo apoyo, un estado de opiniones generalizado mostró un disenso frente al tema. En 1962, se anunció que la discriminación racial había sido erradicada, con esa decisión, sin proponérselo el proyecto revolucionario cerraba las oportunidades para encontrar soluciones estructurales a un conflicto de larga data, donde precisamente Cuba poseía más posibilidades que otras naciones del área.

La falta de consenso para asumir la discriminación racial como un problema decisivo para completar el programa de justicia social, dejó a la racialidad en un espacio del limbo. Mientras que otras discriminaciones contaron con programas específicos apoyados por las instituciones no fue posible organizar una propuesta antirracista. En los momentos actuales este tema del pasado – presente cubano sigue sin definición, donde activistas, académicos, personas no blancas y blancas; quienes padecen la discriminación y quienes no tienen idea de su impacto, siguen sumidos en la histórica dicotomía entre negar o asumir el racismo.

En la actualidad bajo la rúbrica de grupos en desventaja social, llamados también vulnerables o población en riesgo, segmentos de la población afrodescendiente en especial en La Habana se enfrentan a un pasado que creían desaparecido, con desigualdades racializadas. Desventajas sociales como la falta de viviendas o en estado de deterioro, donde a pesar que la educación en Cuba es gratuita, sectores de la población afrodescendiente han descendido en su nivel docente, mientras las universidades muestran un mayor por ciento de estudiantes blancos.

La marginalización, en algunas áreas de la capital y otras ciudades se ha convertido en un modo de vida para familias de origen africano que no cuentan con recursos económicos mínimos, tampoco reciben remesas del exterior y además carecen de capital simbólico, como códigos culturales que les permitan insertarse en el nuevo y difícil contexto actual, donde los antiguos subsidios estatales amenazan con desaparecer o disminuir más aun.

Para las familias y comunidades de población no blanca que han quedado atrapadas en este segmento de desigualdades sociales, el estado deberá asumir un protagonismo como nunca antes, debido a que lo que está en peligro es la propuesta de garantía de la justicia social para toda la sociedad sin exclusiones de ningún tipo. Esta tesis se presenta entonces, como un llamado urgente de alerta, para quienes menos tienen ahora mismo. Desde la perspectiva ideológica se trata de una deuda que desde la esclavitud nunca fue compensada debidamente y que de momento representa el eslabón más débil de la pirámide social cubana.

Un conflicto que demanda una atención inmediata con propuestas donde participen quienes desde las ciencias sociales llevan tiempo estudiando el tema y haciendo propuestas, que no han tenido la respuesta que el caso requiere. Hoy una parte importante de la población cubana de todas las identidades desconoce las secuelas éticas y espirituales que dejó la esclavitud en Cuba. Lainclusión de políticas públicas con propuestas emanadas de esos grupos, no preparadas desde arriba, tiene todavía una oportunidad. El desafío para la inclusión de esa africanidad que ha mostrado lo que significa una cultura de resistencia para alcanzar la emancipación plena para toda la sociedad cubana.



[1]Ana Esther Ceceña: Los golpes de espectro completo”. América Latina en Movimiento, No. 495. Quito. 2014: http://alainet.org/publica/495.phtml

[2] Puede decirse que el grupo M/C fue una especie de catalizador que articuló el pensamiento crítico latinoamericano de la década de los setentas con el pensamiento crítico europeo y estadounidense de los ochentas y noventas. Como resultado de todas estas influencias el grupo M/C generó un vocabulario muy particular que logró incorporarse con relativo éxito en el mundo académico. La experiencia de la expansión y colonización europea es fundamental para entender la emergencia de las principales instituciones modernas entre los siglos XVI y XIX: el capitalismo, la ciencia, el arte, el Estado. Las herencias coloniales de América Latina se dejan sentir hasta hoy en por lo menos tres áreas complementarias: el racismo, el eurocentrismo epistémico y la occidentalización (violenta o consentida) de los estilos de vida, que corresponden a las tres categorías centrales elaboradas por el grupo M/C: la colonialidad del poder, la colonialidad del saber y la colonialidad del ser.

Los miembros del grupo suelen hacer una distinción categorial entre colonialismo y colonialidad. “Colonialismo” hace referencia a la ocupación militar y la anexión jurídica de un territorio y sus habitantes por parte de una fuerza imperial extranjera. “Colonialidad”, en cambio, hace referencia a la “lógica cultural” del colonialismo, es decir al tipo de herencias coloniales que persisten y se multiplican incluso una vez que el colonialismo ha finalizado. El colonialismo finalizó, la colonialidad, que persiste hasta el día de hoy. El grupo M/C combate los lenguajes evolucionistas de las ciencias sociales que han ocultado esta mutua dependencia entre modernidad y colonialidad.

La colonialidad del poder opera mediante un tipo de “clasificación social” en las colonias se define conforme a la raza y el fenotipo de los individuos. En la cúspide se encuentran los “blancos”, luego los “indios” y por último los “negros”, y sobre esta base quedará también establecida la división social del trabajo. Ya para finales de la primera década del siglo, el grupo M/C redujo considerablemente sus actividades colectivas, en algunos casos por diferencias políticas entre sus miembros, pero sobre todo debido a que ya no fue posible mantener el consenso teórico entre sus principales focos generadores de categorías. Sus aportes conceptuales, sin embargo, permanecen como una de las herencias más importantes del pensamiento latinoamericano para el siglo XXI.

[3]La Tercera Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia, fue celebrada en la ciudad sudafricana de Durban del 31 de agosto al 8 de septiembre del 2001. La delegación cubana estuvo presidida por el líder histórico de la revolución cubana, Fidel Castro, de la cual tuve oportunidad de formar parte.  El conclave emitió una declaración mundial que plantea los orígenes, causas, formas y manifestaciones actuales del racismo y discriminación racial. Ese texto acordó que la esclavitud y la trata de esclavos son un crimen de lesa humanidad, incluida las tragedias atroces padecidas por las víctimas, especialmente el impacto de su negación y reconocimientos. La Conferencia reconoció que el colonialismo había conducido al racismo y había causado sufrimiento cuyas consecuencias persisten en nuestros días. El evento acordó además un texto conocido como Programa de Acción de Durban acordado por todas las naciones participantes donde se establecen las acciones fundamentales imprescindibles para eliminar cualquier manifestación de racismo, discriminación racial y xenofobia.

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